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Una llegada atribulada

Notes & Transcripts

Cuando pensamos en la navidad vienen a nuestra mente imágenes de alegría. Probablemente la frase más escuchada en estas fechas es “Feliz Navidad”. Nos imaginamos fiestas alegres, cenas con mucha comida… Y es cierto que es un tiempo para festejar con alegría. Porque recordamos el evento más grande en la historia de la humanidad: el nacimiento de Jesús. El verbo encarnado que vino a vivir con nosotros y como nosotros. Dios hecho carne, que vino a entregar su vida en rescate de todo aquel que en Él crea. El Mesías prometido vino para traernos libertad, para restaurar nuestra relación con Dios la cual nosotros habíamos roto cuando pecamos. La navidad es tiempo de alegría. La Navidad es tiempo de celebración. Es tiempo de gozo.

Pero también en estas fechas existe otra cara de la moneda. Mientras que unos identifican la navidad con alegría, otros la pasan en dolor. Paradójicamente, los intentos de suicidios aumentan en estas fechas. Al no obtener la felicidad prometida por los medios de comunicación y por las fiestas que ven por doquier, muchos entran en depresión. Al compararse con la alegría de otros, ven agrandada su miseria. Para otros, aunque no intenten suicidarse o entren en depresión las navidades son tiempos de tristeza, pues es cuando más recuerdan a sus seres queridos que ya no están con ellos. Son momentos en los que más sentimos la soledad cuando nos falta alguien a quien amamos. Quizás no sea la muerte lo que nos separa de ellos, también la lejanía geográfica puede ser motivo de tristeza. O, a lo mejor son rencores y resentimientos lo que nos aleja de aquellos que deberían estar a nuestro lado.

También en la navidad se pasan momentos difíciles. Pues aunque este sea tiempo en que hasta los ejércitos hacen tregua, que muchos dejan de lado sus diferencias por unos días, lo cierto es que la vida no tiene por qué ser fácil o darnos un respiro momentáneo. En realidad la primera Navidad, fue un tiempo de prueba. Pensemos un poco en la historia que acabamos de leer. José y María tienen que viajar desde Nazaret hasta Belén. Hoy en día, no es un viaje tan largo, si vamos por tierra, podríamos tardar unas dos horas, si vamos en avión, muchísimo menos. Pero tener que hacer más de 150 km en aquella época no era cosa tan fácil. Y mucho menos con una mujer embarazada. Normalmente los médicos recomiendan andar para tener un parto más fácil, pero… ¡150 kilómetros es demasiado! Cuando llegan a Belén no encuentran un lugar decente para hospedarse. María comienza a dar a luz. Pero en esta historia siguen las dificultades. Tienen que huir a Egipto porque los perseguían y en medio de esto miles de niños fueron asesinados por los soldados de Herodes.

La historia de la Navidad es un tiempo de prueba y de dificultad. Y en este pasaje que hemos leído nos da tres verdades que no debemos olvidar en momentos de este tipo. Lucas nos da en estos pocos versículos tres enseñanzas que nos ayudarán a sobrellevar el tiempo de la prueba.

Dios tiene todo bajo control

Lo primero que nos enseña Lucas es que Dios tiene todo bajo control. A Él no se le van las cosas de las manos ni hay nada que le sorprenda. No fue casualidad que hubiera un censo en la época en que María salía de cuentas. Tampoco fue casualidad que el censo se hiciese de la manera judía, en el lugar de procedencia, y no de la manera romana, en el lugar de residencia. Dios movía los hilos de la historia. Dios estaba detrás de todo, tenía un plan y un propósito. Jesús nacería en Belén, en la ciudad del rey David, tal como los profetas habían predicho siglos antes. Dios cuidó hasta el más mínimo detalle, pues aquel que es el Pan de Vida, nació en Belén, cuyo significado es la casa del pan.

A pesar de que era un viaje difícil. A pesar de que había muchos inconvenientes. A pesar de que la oposición sería fuerte, Dios tenía un plan perfecto y todo estaba bajo su control.

Nadie puede impedir su voluntad

Por mucho que quiera el hombre, jamás podremos parar la voluntad de Dios. Cuando Él obra nadie puede detenerle. El salmo 135 dice Todo lo que Jehová quiere, lo hace, en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos.[1] Es por ello que por mucho que en todas las épocas han intentado exterminar al pueblo judío, Dios lo ha preservado. Es por ello que por mucho que han intentado destruir la Biblia, la Palabra de Dios ha llegado hasta nuestras manos. Es por ello que por más persecución que haya sufrido la iglesia, el Reino de Dios sigue creciendo y cumpliendo con la misión que Dios le ha encomendado.

No podemos parar a Dios. No podemos detener su obra. No podremos cambiar sus planes. Aunque parezca que la situación se ha descontrolado. Aunque parezca que no tiene propósito lo que estamos viviendo recordemos que Dios tiene un propósito y nada se le escapa de sus manos.

Dios controla los gobiernos

Los gobiernos están bajo su control. Es por ello que nosotros debemos orar por aquellos que dirigen nuestro país. Dios llevó a José y María a Belén por medio de los que le gobernaban. Fue el gobierno que estaba en ese momento en Judea el que hizo que se movilizasen todos aquellos que estaban viviendo en otros lugares de los cuales no procedían.

El Señor está por encima de cualquier institución humana. Él es el Rey de reyes y Señor de señores. Por ello los cristianos sabemos que tenemos que sujetarnos a los que nos gobiernan, ya que si ellos tienen autoridad es porque el Rey de los cielos se la ha dado. Aún cuando los gobiernos se vuelven en contra nuestra, recordemos que siguen estando bajo la autoridad de Dios y tendrán que responder de sus malas gestiones.

Dios controla nuestro camino

Dios dirige la historia, pero también tiene bajo su control y cuidado nuestras vidas. Él guía nuestro camino. Como dice el libro de proverbios El corazón del hombre se propone un camino, pero Jehová endereza sus pasos.[2] Por ello nos recordaba Santiago que no debíamos ser jactanciosos y planificar sin consultar a Dios. Siempre tendríamos que tener presente la voluntad de Dios. “Si Dios quiere…” debe estar presente en nuestras mentes cada vez que queramos hacer planes de futuro.

Dios es soberano y nada se puede escapara de su voluntad. Así que no pensemos nunca ni por un solo instante, que Dios no sabe cómo manejar la situación, que se le ha descontrolado o que se ha olvidado de nosotros. El cuida hasta los más mínimos detalles.

Dios no nos dio la promesa de una vida fácil

Otra enseñanza que podemos sacar en este pasaje que hoy estamos estudiando es que Dios nunca nos ha prometido una vida fácil. No encontraremos en la Biblia la promesa de un camino de color rosa allá donde vayamos. María y José tenían muchas promesas. Sabían que su primer hijo sería el Mesías. Sabían que era el que traería redención a todos los pueblos. Sabían que Dios les protegería y les ayudaría a criar a este niño tan especial. Pero nunca recibieron la promesa de que sería un camino fácil en el que todo se lo dieran masticadito. Tuvieron que viajar en la parte final de la gestación. Tuvieron que huir de su tierra con un niño que apenas tenía dos añitos. Tuvieron que vivir exiliados en tierra de Egipto. De nuevo mover la familia a Nazaret. María tuvo que ver a su propio Hijo colgado de una cruz.

No fue fácil. Pero Dios nunca falló a sus promesas. Pues aunque Dios no nos haya prometido una vida sin problemas sí que nos ha dado otras promesas. Recordemos sólo dos de ellas especialmente útiles cuando la vida se vuelve dura.

Nos ha prometido que él estará a nuestro lado

La primera de ellas es que Dios siempre estará a nuestro lado. El ha prometido estar con nosotros. No nos abandonará ni nos desamparará. Qué bueno que podemos contar con Dios en los momentos difíciles. Cuando pasamos una circunstancia dura en nuestra vida y nos sentimos solos es algo desesperante. Podemos soportar el dolor, lo que no podríamos soportar es la soledad. Porque Dios nos ha creado como seres sociales. Y por ello necesitamos de alguien a nuestro lado.

Aunque las personas nos abandonasen, aún cuando nuestros propios padres se olvidasen de nosotros Dios permanecerá a nuestro lado si nosotros no nos apartamos de Él y de su voluntad. Dios estará con nosotros. Dios estará caminando a nuestro lado aunque pasemos por el fuego. Aunque las aguas intenten anegarnos siempre podremos contar con Él. Dios es nuestro pronto auxilio y nuestro refugio en la tribulación. Y por grande que sea la prueba siempre podremos refugiarnos en Él.

Nos ha prometido que lo que nos pase nos ayudará para bien

La segunda promesa que Dios nos ha dado es que todo los que nos pase a los que le amamos será para nuestro bien. Con lo cual podemos estar confiados en que aquello que vivimos tiene un propósito y un fin. Dios es soberano y por mucho que nos quieran perseguir, por más mal que nos quieran hacer, Él ha decidido que será para nuestro bien y así será.

No olvidemos esta gran verdad. Porque si la perdemos de nuestra mente perderemos la perspectiva. Perderemos el rumbo y la confianza en nuestro Dios. Recordemos que Dios siempre cumple sus promesas. Todo lo que prometió, lo cumplió y se cumplirá. No olvidemos con quien tratamos. Dios mantiene su Palabra para siempre, pues es eterna.

Dios nos comprende porque vivió como uno de nosotros.

La tercera verdad que podemos encontrar en este pasaje la encontramos en el propio nacimiento de Jesús. El Verbo eterno, también vivió esta historia. Él también sufrió las incomodidades del viaje. La tercera verdad que encontramos en este pasaje es que tenemos un Dios que nos comprende porque vivió como uno de nosotros. Podríamos estar tentados a pensar que Dios no sabe por lo que estamos pasando. Que Dios conoce nuestros sentimientos ni nuestro sufrimiento. Pero la Biblia nos enseña que no sólo lo conoce sino que también lo experimentó. Porque se hizo como uno de nosotros. El Dios eterno se hizo un hombre. Un verdadero hombre. Por eso nos comprende.

Comprende nuestra humanidad

Comprende lo que significa ser humano. Nació como otro cualquiera. Y vivió como cualquiera de nosotros. No hace falta que expliquemos con detalle para qué sirven los pañales. Todos lo sabemos y todos los hemos usado, aunque ni nos acordemos de ello. Jesús tuvo que vivir como un niño cualquiera. Le tocó llorar cada vez que estaba sucio su pañal. Lloró cuando tenía hambre. Pero la humanidad de Cristo no finaliza ahí, sino que aún de adulto, seguía siendo humano. Tuvo hambre, lloró ante la pérdida de un ser querido, fue tentado como cada uno de nosotros, sufrió y sintió el dolor en sus propias carnes. Dios comprende nuestra humanidad porque la ha experimentado. Comprende nuestros sentimientos, nuestras limitaciones, nuestras miserias.

Comprende nuestra forma de aprendizaje

También comprende que estamos en un proceso de aprendizaje. No espera que lo sepamos todo desde que nacimos porque él también tuvo que aprender. Lucas nos dice en dos ocasiones que Jesús tuvo que crecer y “llenarse de sabiduría”. Como cada uno de nosotros tuvo que aprender. Aprendió la ley de Dios, aprendió a socializarse, aprendió someterse, igual que tú y yo, su vida fue un aprendizaje. Por ello él no espera de nosotros que sepamos resolver cada problema o conflicto. Quiere ayudarnos y guiarnos para enseñarnos. Tenemos al mejor maestro posible y está dispuesto a formarnos.

Comprende cuando pasamos momentos de necesidad

Jesús también vivió, como muchos de nosotros, una vida donde la abundancia no era la norma. De hecho en el mismo momento que nació, ya tenía carencias. No hubo lugar para Él, pues el mesón estaba lleno y tuvo que conformarse con un pesebre, el comedero de los animales. Vivió de una forma humilde. Trabajó, como cada uno de nosotros. Y tuvo que pagar por aquello que quería. Vivió sin mucho, él mismo reconoció que el Hijo del hombre no tiene donde recostar su cabeza.[3] Vivió practicando el contentamiento. Y por eso nos comprende cuando a nosotros nos toca vivir momentos de escasez. Sabe lo que es el no tener recursos, conoce lo que experimentamos cuando tenemos carencia de algo. Se identificó con nosotros hasta el punto de limitar sus recursos materiales a los nuestros.

Conclusión

Hoy hemos visto tres verdades que no debemos olvidar cuando pasemos por dificultades. Tres verdades que tenemos que tener presente siempre que tengamos que estar pasando por tribulaciones. La historia de la Navidad no fue un cuento de hadas. Fue una historia real, y como tal hubo momentos buenos y no tan buenos. Hubo momentos de alegría, pero también dificultades. No obstante, Dios tenía todo bajo control. Estaba presente en cada detalle de esta historia. Así que recordemos que, aunque Dios no nos ha prometido una vida sin problemas, el nos ha prometido su ayuda y que toda circunstancia nos ayudará para bien. Recordemos que él se identifica con nosotros porque vivió siendo uno de nosotros. Recordemos que en cada momento de nuestra vida Dios nos ama, nos comprende y nos prepara el camino. Confiemos plenamente en Dios.


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[1]Reina Valera Revisada (1995) Bible Text. 1998 (Sal 135.6). Miami: Sociedades Biblicas Unidas.

[2]Reina Valera Revisada (1995) Bible Text. 1998 (Pr 16.9). Miami: Sociedades Biblicas Unidas.

[3]Reina Valera Revisada (1995) Bible Text. 1998 (Mt 8.20). Miami: Sociedades Biblicas Unidas.

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