Homosexualismo

Gustavo Ordaz  •  Sermon  •  
0 ratings
Notes & Transcripts

EL PROBLEMA DEL HOMOSEXUALISMO: UN DELICADO RETO PARA LA IGLESIA.
Padre Thomas Euteneuer
Presidente de Human Life International
El homosexualismo se ha convertido en una especie de “epidemia” en los tiempos actuales. No tengo espacio aquí para elaborar el tema de las causas de este mal ni del peligro que constituye el avance sin precedentes del movimiento en pro del homosexualismo. Voy a limitarme a contraponer el problema de la actividad homosexual a la visión de la persona humana, de la sexualidad y del matrimonio, que se desprende de la enseñanza de la Iglesia y de la reflexión serena de la recta razón. Espero que ello ayude a arrojar luz sobre el porqué el homosexualismo no sólo constituye un grave desorden moral, sino que implica también una concepción equivocada de la sexualidad y de la persona humana.
La persona humana es una unidad sustancial —no accidental— de cuerpo y alma. El cuerpo no es un “vestido” que me quito y que me pongo; es parte intrínseca de quien yo soy como persona. (cf Concilio Vaticano II Gaudium et spes, 14).
De esta verdad se desprende el hecho de que el cuerpo tiene una gran importancia moral. Pero además de ello, hay otra implicación inherente a la unidad sustancial de cuerpo y alma de la persona humana. En efecto, si el cuerpo es parte intrínseca de la persona humana, a través del cual la persona se expresa y manifiesta, entonces se sigue que el cuerpo, además de su gran importancia moral, tiene también una gran importancia hermenéutica. ¿Qué quiere decir esto? La palabra “hermenéutica” se refiere a la interpretación de algo. Aquí estamos refiriéndonos a la interpretación de lo que significa ser persona humana. Es decir, por ser parte intrínseca de la persona humana, el cuerpo humano expresa lo que la persona es en sí misma. Dicho de otro modo, en el cuerpo podemos “leer” (=interpretar, entender) lo que la persona es. En cierto modo, el cuerpo es el primer mensaje natural que Dios le da al ser humano acerca del ser humano. La forma en que Dios ha creado el cuerpo del hombre y de la mujer ya nos dice mucho acerca de qué es la persona humana (dimensión hermenéutica) y por ende de cómo debe comportarse la persona humana (dimensión moral).
En cuanto al tema de la sexualidad humana, es un hecho ineludible que la naturaleza humana se manifiesta en la creación de dos modos y sólo de dos modos: masculino y femenino. Ello es perfecta y sencillamente constatable observando el cuerpo del hombre y de la mujer.
Pero la cosa no termina ahí. Si profundizamos nuestro estudio del hombre y de la mujer por medio de las ciencias de la medicina, la psicología y la sociología, nos damos cuenta de que el hombre y la mujer son distintos pero complementarios. Y esta complementariedad se da no sólo a nivel físico, sino incluso a nivel psíquico y espiritual. Ello no debería sorprendernos para nada, puesto que, como ya hemos señalado, la persona humana es un todo, una unidad integrada de dos dimensiones esenciales: el alma y el cuerpo.
En la Biblia, por supuesto, la diferencia y la complementariedad del hombre y la mujer se expresan de forma mucho más sencilla, al igual que la igualdad en dignidad de ambos: los dos han sido creados a imagen de Dios (cf Gén 1:27).
Lamentablemente hoy en día no se distingue claramente entre igualdad en dignidad y diferencia complementaria. Se piensa, erróneamente, que las diferencias necesariamente implican desigualdades injustas. De ahí el tan equivocado esfuerzo, por parte de ciertos movimientos feministas, de hacer que las mujeres “sean iguales” a los hombres por medio de una eliminación de la reproducción femenina —a través de la anticoncepción, la esterilización y el aborto— a la que consideran un “obstáculo” para lograr la “igualdad”.
Pero quisiera aplicar esta reflexión acerca de la implicación moral y la implicación hermenéutica de la unidad de la persona humana al tema del homosexualismo. En efecto, si la persona humana es una unidad sustancial de alma y cuerpo y si, por ende, el cuerpo es parte intrínseca de la persona al punto de que me indica en gran medida qué significa ser persona, entonces de todo ello se sigue que no puede existir el ser homosexual. El ser-homosexual es una imposibilidad antropológica. Dios nos ha creado hombre y mujer, no homosexuales, ni lesbianas, ni transexuales, ni ninguna otra cosa que no sea masculino y femenino. La confusión en la identidad sexual es una de las grandes tragedias de nuestro tiempo.
Entendamos claramente lo que estamos diciendo. Evidentemente existen personas con sentimientos homosexuales. Lo que estamos diciendo es que esos sentimientos no definen lo que la persona es. Una cosa es sentir y otra cosa es ser. Al margen de las causas, el fenómeno de la homosexualidad es un desorden emocional por medio del cual la persona confunde su identidad sexual —es decir, su verdadero género, el que corresponde a su corporeidad masculina o femenina— hasta el punto de creer erróneamente que su complementariedad está en los que pertenecen a su propio sexo, en vez del sexo opuesto. En este contexto, los sentimientos homosexuales se presentan como un encubrimiento de problemas más profundos, cuya solución conducen a la curación de la homosexualidad o, al menos, a una atenuación de la misma.
La Iglesia nos enseña a distinguir entre la inclinación homosexual —que no es pecado en sí misma, aunque inclina al pecado y a actos antinaturales, y por tanto es un desorden objetivo— y los actos homosexuales, que sí son actos intrínseca y gravemente inmorales y que constituyen pecados graves cuando se comenten con pleno conocimiento e intención (Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración Persona humana sobre algunos aspectos de ética sexual, 8).
Aquí estamos señalando que la visión de la persona humana que se desprende del esfuerzo, por parte del movimiento a favor del homosexualismo, de insistir en que la homosexualidad es un modo de ser de la persona, es una visión antropológicamente equivocada y que tiene, por esa razón, implicaciones morales funestas, no sólo para la persona misma, sino también para el matrimonio, la familia y la sociedad. En efecto, la actual campaña, que se lleva a cabo en muchos lugares, para legitimar las “uniones” homosexuales y los presuntos “derechos” que las acompañan (adopción de niños, etc.), no sólo constituyen en sí mismas un grave desorden moral y social sino que, incluso, tienden a crear una gran confusión en la conciencia colectiva, acerca del sentido verdadero de la sexualidad humana y de la institución del matrimonio. Ello es grave; porque la sexualidad es parte importante del matrimonio, y éste es el fundamento de la familia, base de la sociedad.
Es por ello que tengo el convencimiento de que el problema del homosexualismo tiene que recibir una respuesta amplia y profunda de parte de la comunidad cristiana. Esta respuesta debe ser multifacética y, por falta de espacio, me limito simplemente a señalar sus líneas de acción generales:
1. Una presentación científica de las verdaderas causas de la homosexualidad y la refutación de los mitos en torno a ella;
2. Una acción legislativa, sobre todo por parte de los laicos, para impedir la aprobación de leyes a favor del homosexualismo y para aprobar o fortalecer leyes a favor del matrimonio y la familia;
3. Una profundización en la transmisión de la doctrina cristiana sobre la sexualidad humana y sobre la homosexualidad, sobre todo por parte de los ministros ordenados y otros agentes pastorales a cargo de la enseñanza de la religión y la moral, y;
4. Una profesionalización de la pastoral hacia las personas con inclinaciones homosexuales, lo cual implica la armonización de los esfuerzos por parte de los pastores y los profesionales de la salud mental, todo ello en un contexto de fidelidad absoluta al Magisterio de la Iglesia y guardando siempre el equilibrio entre compasión sincera y comunicación de la verdad. Es decir, se trata de comunicar la verdad con amor.
Nada menos que eso, en mi humilde opinión, podrá contrarrestar el dañino movimiento en pro del homosexualismo, así como lograr la conversión y la curación de las personas implicadas en este problema. Si de verdad amamos a estos hermanos nuestros, debemos humildemente ayudarlos a salir de este grave mal.