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“Ponle sabor a tu vida: sazonando a los demás”

Notes & Transcripts

INTRODUCCIÓN: Esta semana conversé con un medico especialista en el dolor físico. Él es judío, así que cada vez que voy a su consulta, él o yo, siempre llegamos al mismo tema: La fe. En esta ocasión hablamos más de la Iglesia y él me narró el último sermón de su rabino el Día del Perdón o Yom Kippur, una festividad hebrea en el que se hace penitencia y caridad para expiar los pecados, basados en los preceptos que Dios dio a Israel y que aparece en el libro de Levíticos 23. El punto es que me dijo que no había estado de acuerdo con lo expuesto por el rabino, porque el contó la historia poco creíble y en su criterio errónea. Yo escuché y quiero compartir con ustedes esa historia.

“Un hombre estaba en un autoservicio de una venta de comida rápida. Mientras esperaba ser atendido el chofer que venía detrás de él, al parecer estaba muy apurado y tocaba insistentemente la bocina. El hombre le dijo al dependiente: “Yo me voy a estacionar. Aquí tiene mi tarjeta de crédito. Cuando el conductor de atrás quiera pagar, usted le dirá: Ya su cuenta fue pagada por el chofer del vehículo que estaba delante. La reacción fue inmediata. Este hombre pagado la cuenta del carro de atrás y así sucesivamente. Total ese día la caridad fue tan grande que todos fueron pagando las cuentas de otros”.

Al terminar la historia, le pregunté al doctor: ¿Por qué la historia es errónea? De inmediato me respondió: Porque en este tiempo nadie hace nada sin interés y porque la desconfianza, la ventaja y el egoísmo, han sustituido la caridad.

Tuve que reconocer que el doctor tenía razón, no tanto en lo increíble del gesto, pero si, en la realidad de la condición humana: Por causa de la maldad multiplicada, el amor se ha enfriado.

El evangelio de Marcos nos trae una maravillosa enseñanza que nos declara de parte de Dios, Cómo un cristiano con sabor espiritual puede llevar una vida productiva que se refleje en el servicio a los demás. Una vida sazonada por el Espíritu Santo, que nos impulse a mostrar que la sal de Cristo está en nosotros y lo confirmamos al amar a nuestros semejantes.

1. SAZONANDO A LOS INSIPIDOS EGOISTAS. Marcos 9: 38-41

38Juan le respondió diciendo: —Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera demonios, pero él no nos sigue, y se lo prohibimos porque no nos seguía.

El egoísmo ciega. Durante su experiencia de anunciar la Palabra de Dios, los discípulos encontraron muchos casos que les causó asombro. Ellos contaron que habían visto descender rayos del cielo, sanado enfermos y librando a personas del poder del diablo.

Pero vieron también a un hombre que, en nombre de Jesús, echaba fuera demonios.

¿Cómo reaccionaron los discípulos? se lo prohibimos porque no nos seguía. La razón de esta prohibición parece lógica, pero muestra una actitud errada, egoísta. Dicho en palabras llanas: “Como no anda con nosotros, no es del grupo de los 12, entonces no puede hacer eso, porque no es de los nuestros”.

Olvidaron que este hombre no actuaba ni por su propio nombre ni poder, sino que la liberación la hacía en el nombre y el poder de Cristo, lo que muestra que el hombre, aunque no era del grupito, era creyente.

A veces el egoísmo, que está presente en nuestra vida y por supuesto en la Iglesia, formada por personas, nos impide ver más allá de las paredes y bancas, olvidando que “El Señor no mira lo que mira el hombre, porque el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero el Señor mira el corazón”.

El Señor corrige esta mala actitud, y nos motiva a salar, es decir, sazonar a los demás, en lugar de criticarlos.

39Pero Jesús dijo: —No se lo prohíban, porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre, que luego pueda hablar mal de mí, 40pues el que no es contra nosotros, por nosotros es.

Es claro Jesús. Nadie puede hacer obras maravillosas, en nombre de Jesús, sin ser propiedad de Jesús, es decir sin creer en él. Este hombre recibió en lugar de un Dios te bendiga hermano, una prohibición para que no lo siguiera haciendo. El egoísmo en vez de sumar, resta; en lugar de multiplicar divide; en lugar de atraer personas, las corremos de la Iglesia. El egoísmo que es pecado, nos hace actuar en forma inadecuada y contra la voluntad de Dios.

Cristo nos da una manera de ponerle la sal de Dios a los que están sirviendo aunque no tengan cargos en la Iglesia, o no sea reconocidos lideres. Dando la sazón del amor y el servicio. Así lo dice el Señor: 41Y cualquiera que les dé un vaso de agua en mi nombre, porque son de Cristo, de cierto les digo que no perderá su recompensa. Nuestro Dios promete recompensas a quienes actuemos motivados por el amor, donde hoya amor, no hay lugar para el egoísmo.

2. SAZONAMOS PRACTICANDO LA VIDA CRISTIANA. Marcos 9: 42-48

El texto nos muestra advertencias a quienes, aún siendo creyentes, deciden ocupar el lugar de Dios y servir con discriminación. Notemos la sanción de Dios para aquellos que reservan la sal del amor para darla a quienes les caigan bien o sean de su grupito. 42A cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le sería que se le atara una piedra de molino al cuello y se le arrojara al mar.

1. Causar tropiezos a nuestros hermanos genera pecado y el pecado nos aleja de Dios.

Lo primero es que el termino de pequeñitos que creen en mi no se refiere a niños, aquí se aplica a los creyentes que somos los pequeñitos de Dios. La siguiente palabra que debe llamar nuestra atención es tropezar, que viene del griego σκανδαλίσῃ (escandalise) Una palabra que si conocemos bien, aunque en castellano se escriba con "C" y no con "S". Para no abundar en detalles, Jesús está advirtiendo a quienes provoquen el escándalo, el tropiezo, el daño a sus hijos: … mejor le sería que se le atara una piedra de molino al cuello y se le arrojara al mar.

¿Qué es esto de la piedra de molino? En la antigüedad los molinos no eran como los de ahora. Eran piedras muy pesadas, que hacían el trabajo de triturar el grano. Para esta tarea usaban esclavos, burros y bueyes. Jesús dice a sus discípulos y a nosotros también, que Dios castiga a quienes hagan caer a sus pequeños hijos. Imaginen a una persona lanzada al mar con semejante piedra en su cuello, moriría ahogada, fuera de la fe.

Me causa tristeza cuando uno alerta a una persona de su pecado y se muestra indiferente, pero no falta quienes esa indiferencia los lleva a despreciar las advertencias de la Palabra para quienes puedan convivir tranquilamente pecado, sin responder con arrepentimiento, sino desafiando, despreciando, no los alertas de los creyentes, sino de Dios. Miremos con detalles lo que les espera a los que caen de la gracia del Señor:

43Si tu mano te es ocasión de caer, córtala, porque mejor te es entrar en la vida manco, que teniendo dos manos ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado, 44donde el gusano de ellos no muere y el fuego nunca se apaga. 45Y si tu pie te es ocasión de caer, córtalo, porque mejor te es entrar en la vida cojo, que teniendo dos pies ser arrojado al infierno, al fuego que no puede ser apagado, 46donde el gusano de ellos no muere y el fuego nunca se apaga. 47Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo, porque mejor te es entrar en el reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser arrojado al infierno, 48donde el gusano de ellos no muere y el fuego nunca se apaga.

Aunque siga pensando en Dios como el abuelito de Heidi, el viejito alcahuete, lamento decirle que Dios nos es así. La Palabra de Dios nos manda a quitar de nuestra vida todo el egoísmo insípido, para dar lugar al amor y el servicio por la causa de Cristo. Dios dice que cortemos todo lo podrido que haya en nuestra vida y actitud para que sea salado por el evangelio. No podemos jugar a ser creyentes de la boca para afuera, sino que la boca exprese la pureza que Dios ha dado a nuestros corazones, mediante la fe en Cristo.

Quizás me diga, pero es que lo malo es delicioso. Recuerde que todo lo malo es pecado, y el pecado perjudica su vida espiritual. Hay quienes pueden insistir en decir: “No puedo dejar de hacer lo malo”. ¿De que hablamos? De viejas amistades que dan malos consejos o quieren que se vaya de la iglesia. Del hábito del chisme. De la falta de sensibilidad y amor por los débiles. De un trabajo que le paga bien, pero le impide asistir a la Iglesia. Si eso le parece difícil de dejar, aunque corra el riesgo de caer de la gracia, entonces piense en lo que le espera: ser arrojado al infierno, donde el gusano no muere y el fuego nunca se apaga.

La mejor decisión es mantenernos en la fe, exhortar duramente a los que juegan con su salvación y la descuidan, y también ayudar a otros a perseverar en la fe.

3. NUESTRO SABOR ES LA SAZÓN DE DIOS. Marcos 9: 49-50

49 Todos serán salados con fuego, y todo sacrificio será salado con sal. 50 Buena es la sal; pero si la sal se hace insípida, ¿con qué la sazonarán? Tengan la sal en ustedes mismos, y vivan en paz los unos con los otros.

La Escritura es la sal de que Dios usa para hacer arder la llaga del pecado en nosotros y sus terribles consecuencias: el infierno, donde el gusano no muere y el fuego nunca se apaga.

Pero la misma Palabra de Dios es la sal que Dios usa para preservarnos en la fe, para mostrarnos que es Dios de misericordia y amor, que envió a Cristo para que por medio de él tengamos el perdón, la salvación y la seguridad de una vida eterna en el cielo.

Esta Palabra de Dios es una sal muy especial. Por la Ley nos muestra el pecado. Por el evangelio nos da, ofrece y sella para nosotros el perdón.

Dios nos sazona con su Palabra obrando en nuestras vidas, nos capacita para amar y servir a los demás y a estar en paz con nuestros prójimos, porque Cristo es nuestra paz. Así que nuestra sazón viene del cielo y con ella, nosotros al predicarla, el Espíritu Santo motiva y sazona otros por el poder del evangelio.

De esta manera el Señor nos ha congregado para ser sazonados por su palabra y compartir sin dudas ni egoísmo la sal purificadora de Dios.

CONCLUSIÓN:

Ciertamente, como decía el médico, el amor se ha enfriado y pocos quieren servir y amar. La humanidad está llena de egoísmo y envidia. Todo el mundo es insípido porque no tiene la sal de Dios. Lo que sabemos y debemos anunciar es que Cristo es real y él, motivado por el amor, pagó la cuenta de todos los pecadores del mundo. Los creyentes somos sazonados por la gracia de Dios, purificados por la sal del evangelio, también somos la sal de la tierra, proclamemos esta buena noticia y dejemos que la sal del Señor sazone muchas vidas con el sabor de la gloria y la vida eterna. Amén.

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