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NECESITAMOS HABLAR CON DIOS

Notes & Transcripts

INTRODUCCIÓN: El hermano Ambrosio Ramírez, miembro de la Iglesia en la que soy Pastor, siempre ha hecho énfasis en la necesidad de que la congregación aprenda a orar. La insistencia de este fiel puede ser interpretada por algunos como una necedad, hasta les puede parecer increíble que este hermano insista al pastor sobre la imperante necesidad de enseñar cómo dirigir nuestras suplicas a Dios.

La verdad que no hay nada de necio ni de ignorancia de parte de este hermano, en razón de que los mismos discípulos de Cristo, le pidieron al Señor que los enseñara a orar.

Estoy convencido de que los discípulos fueron motivados a hacerlo por razones poderosas. La primera porque Juan el Bautista lo había hecho con sus seguidores. Otra es que ellos mismos sentían necesidad de aprender y, la tercera, muy importante, fue porque Jesús les había enseñado con el ejemplo de orar constantemente.

Voy a partir en esta ocasión del texto del evangelio de Mateo, para explicar las razones por las cuales Necesitamos Orar y, orar no es otra cosa sino comunicarse, hablar con Dios, una necesidad que cada persona debe tener y, a la vez, enseñar, cuál debe ser nuestra actitud al momento de hablar con Dios.

1. HABLARLE SINCERAMENTE. Mateo 6: 5-6

Mateo 6: 5 Cuando oren, no sean como los hipócritas, que aman orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres. De cierto les digo que ya tienen su recompensa.

Algunos líderes espirituales en tiempos del Señor habían perdido el enfoque espiritual de la oración. Su motivación no era la de satisfacer su necesidad interior de hablar con el Padre Nuestro que está en los cielos, tampoco pedir que Dios santificará sus vidas; ni darle gracias ni pedir ayuda.

Su deseo era obtener la aprobación de aquellos que los veían orando, por esta razón amaban orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres. Querían la admiración y el respeto de los escuchas, y de paso, satisfacer su vanidad, orgullo, presentarse como gente religiosa, piadosa.

Como esa era su motivación y actitud, el Señor los califica claramente como hipócritas, carentes de sinceridad.

Además Jesús dice claramente que se podían dar por servidos, De cierto les digo que ya tienen su recompensa. Ellos buscaban la admiración humana, eso recibían, la admiración de la gente, pero no la bendición de Dios.

Cristo enseña a sus discípulos que necesitamos hablar con Dios en una forma sincera que es todo lo contrario a la hipocresía y les da la pauta de cómo ser diferentes:

6 Pero tú, cuando ores, entra en tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en secreto te recompensará.

La necesidad sincera de hablar con Dios nos guía a buscar la intimidad con el Padre y no el reconocimiento humano. Dios que puede escudriñar nuestras mentes y corazones, atiende la totalidad de nuestras demandas y las responde todas, conforme a su Santa Voluntad, dándonos públicamente la, por nosotros anhelada, recompensa celestial: Su inagotable bendición.

2. HABLARLE CLARAMENTE. Mateo 6: 7-8ª

7 Y al orar, no usen vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que serán oídos por su palabrería. 8a Por tanto, no sean como ellos,

Hablar con Dios es un acto sublime, maravilloso, edificante. No se trata de darle ni un sermón, ni un discurso, menos una orden a nuestro Padre Celestial, quien tiene la obligación de atender nuestras demandas.

Es conversar con él. Reconociendo que somos pecadores, que necesitamos de su gracia y de su ayuda.

Hay gente que está equivocada en su concepto de la oración. Algunos pegan gritos como si el Señor fuera sordo, otros creen que por repetir o cantar palabras bonitas, casi poéticas, el Señor escucha. Nada de eso es cierto, Dios quiere que le hablemos sencillamente, con nuestras palabras, exponiendo nuestras peticiones y destacar que nos sujetamos a su voluntad, porque siempre la voluntad de Dios es lo mejor para nosotros y, usar la llave que abre las puertas del cielo para nosotros: En el nombre y por los méritos de Jesucristo.

El Señor nos exhorta a no ser como los hipócritas, sino claros y sinceros a la hora de hablar con él, porque es nuestro amigo fiel y porque sabemos que el Padre no deja sin respuesta ninguna de nuestras oraciones.

Recuerdo que cuando murió mi padre, como es costumbre en américa latina, se hacen nueve días de oraciones. Confieso que estaba asustado con tantos días de rezos, pero aún más porque cada noche, a la misma hora, se reunía la misma gente a repetir lo mismo de la noche anterior. Lo que me llamó la atención, tanto que no lo puedo olvidar es que en una ocasión hicieron una oración dirigida a Santa Ana, quien según la tradición era la madre de la Virgen María. En esta plegaria suplicaban a Santa Ana, que le pidiera a su hija María, que ella hablara con su Hijo Cristo para que le salvara el alma.

Yo me preguntaba si era necesario para ir al cielo hablar con tantas personas, buscar tantos padrinos. Gracias al Señor hoy entiendo que es solo por los méritos de Cristo que somos perdonados y que Jesús nos promete: “Todo lo que pidan en mi nombre será hecho”. 8a Por tanto, no sean como ellos,

3. HABLARLE CONFIADAMENTE. Mateo 6: 8b

8b… el Padre de ustedes sabe de qué cosas tienen necesidad antes que ustedes le pidan.

Este texto puede prestarse a tener ideas equivocadas. Si Dios sabe lo que necesito, ¿Por qué orar o rezar?

Sostener que no necesitamos orar en base a la sapiencia divina, es rechazar el mandato de Cristo a orar sin cesar, a velar y orar para no ceder a la tentación. Oramos no por Dios, oramos por nosotros, por nuestros semejantes, intercedemos ante Dios, a través de Cristo, porque nos estamos sometiendo a lo que Él enseñó y porque no hay nada más hermoso que conversar con un Padre amoroso que nos escucha atentamente.

Cuando oramos estamos confesando que dependemos de él, de su gracia, de su ayuda, le decimos que descansamos confiadamente en él, porque él no solo nos da protección y nos defiende. Confiamos en Dios, le alabamos con la seguridad de que “Él nos suplirá de todo los que nos falte, conforme a sus riquezas en gloria”. La provisión de Dios es ilimitada y está a nuestra disposición.

CONCLUSIÓN

Todos sin excepción, desde el pastor hasta el miembro más sencillo necesitamos comunicarnos con Dios. Estoy seguro que la vida de las personas fuera diferente si en lugar de hablarse a sí mismas, o entre ellas mismas, hablará con Dios.

Hablar con Dios es muy fácil, muy sencillo, el Señor nos anima a conversar con él en forma sincera, clara y confiada.

Si nosotros siendo imperfectos, podemos dar buenas cosas a los demás, tengamos la seguridad de que nuestro Padre Dios, nos da por medio de Cristo todas las cosas.

Lo primero es la fe para creerle, el perdón para saldar nuestras deudas, la certeza de la vida eterna en el cielo y, su maravillosa compañía, todos los días, para darnos protección y ayuda hasta el final de los tiempos. Amén.

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