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Las respuestas de Dios ante los Problemas cruciales de la vida moderna: III. La Culpa: El azote de todos los tiempos.

Notes & Transcripts

INTRODUCCIÓN: El tema de la culpa es tan amplio como complejo, el cual debe ser considerado como un problema común que está presente desde la entrada del pecado y que, como todo lo malo que hay en nosotros, únicamente sirve para: (1) Juzgarnos. (2) Juzgar a los demás.

En el primer uso, la culpa es el soporte para victimizarnos y tratar, la mayoría de las veces en forma errónea, de reparar los daños que supuestamente hemos hecho. En su segundo uso, para tomar venganza y responsabilizar a los demás de nuestras propias faltas.

Estos conceptos están claramente demostrados en la Biblia. La culpa entró por el pecado y ella dio paso a las excusas.

Meditemos en el cuadro de Génesis 3:8-13. “Dios se paseaba en el jardín. Adán y Eva se escondieron. Dios llamó al hombre y él respondió: Oí tu voz en el jardín y tuve miedo, porque estaba desnudo. Le preguntó Dios: — ¿Quién te dijo que estabas desnudo? ¿Acaso has comido del árbol del que te mandé que no comieses? El hombre respondió: —La mujer que me diste por compañera, ella me dio del árbol, y yo comí. Entonces Dios dijo a la mujer: — ¿Por qué has hecho esto? La mujer dijo: —La serpiente me engañó, y comí.".

¿Qué observamos en el relato bíblico?: (1) Ninguno de los dos quiso asumir su culpa. Adán de inmediato señaló a la mujer. Eva, por su parte, acusó a la serpiente. (2) Ambos le echaron la culpa a Dios, Adán por haber creado a la mujer y Eva, por haber dejado que la serpiente estuviera en el huerto.

Definitivamente la culpa, en todos los enfoques, es parte de la naturaleza humana que lo hereda desde la concepción y que se manifiesta en diversas maneras. Sin ignorar que siempre trae lamentables consecuencias.

Hoy, con la ayuda del Señor, usando Su Palabra, abordaremos este tema y lo que Dios nos ofrece, no solamente para vencer la culpa, sino para que, en lugar de un veredicto de culpabilidad, recibamos del Padre la declaración de inocentes, que nos permitirá, con su auxilio, llevar una vida libre de la culpa y sus consecuencias.

1. LA CULPA ES UNA REALIDAD. 1ra Juan 1: 6,8,10

¿Qué es la culpa? Es un sentimiento de responsabilidad o remordimiento por alguna acción que genera ofensa, daño o equivocación con la que hemos lesionado, bien sea a nosotros mismos o a otras personas. También es la conciencia que nos confronta y nos condena por pensamientos, palabras y malas obras.

Bajo estos conceptos, vamos a reflexionar en el pasaje de 1ra. de Juan 1, para entender cuál es, según la Palabra de Dios, el origen de la culpa.

6 Si decimos que tenemos comunión con él y andamos en tinieblas, mentimos y no practicamos la verdad. (1) Tenemos culpa cuando presumimos poseer lo que no tenemos. La mayoría de las personas se consideran buenas y en armonía con Dios, pero nuestra conducta refleja una vida oscura, en tinieblas, lo que es mentira.

8 Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. (2) Somos esclavos de la culpa al negar que somos pecadores, eso es auto engañarse.

10 Pero si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros. (3) Confesamos nuestra culpabilidad, en ambos casos, porque estamos diciendo que Dios miente.

Los tres enunciados anteriores nos deja mal parados y confirman que la naturaleza pecaminosa la padece todo el mundo. “Todos somos pecadores, destituidos de la gloria Dios”.

El pecado o separación de Dios se manifiesta en la manera en que nos comportamos: Caminamos en las tinieblas, practicamos la mentira, somos deshonestos. Ser esclavos del pecado y de las culpas e insistir en negarlo, lo único que hace es sumar más culpas y vivir en una mentira, sin posibilidad de ayuda interna ni externa. Interna por no contar con la presencia del Espíritu Santo en nosotros. Externa porque Dios no es nuestro Padre que está en los cielos, porque decidimos ponerlo a un lado, calificarlo de mentiroso y rechazar su perdón, su gracia y la esperanza de la salvación.

Ser pecador es igual a ser culpable delante de Dios y para los culpables condenados no hay salidas. En un juicio nadie se levanta para decirle a un condenado: “Te felicito por los 20 años de cárcel que te dieron”. Tampoco el gobierno le otorga una medalla a un padre o madre que fue negligente con la educación de sus hijos, por el contrario recibirá criticas, pero además vivirá con la culpa de su irresponsabilidad.

Nuestra negativa de aceptar que lo somos, de acuerdo con la Palabra: “Pecadores con la muerte como sentencia”, es guiarse por sus propias decisiones, preferir la opinión del mundo y vivir como la gente quiere, excluyendo a Dios de su vida. La verdad es, según la Biblia, que lo quiera o no, lo crea o no, Dios dice que todos somos pecadores, culpables de desobediencia y condenados es estar separados de él, ahora y eternamente.

2. LOS ESTRAGOS DE LA CULPA 1ra. Juan 1: 5

De Dios, por Su Palabra, hemos recibido un claro mensaje que la Iglesia proclama: 5 Y éste es el mensaje que hemos oído de parte de él y les anunciamos: Dios es luz, y en él no hay ningunas tinieblas.

Basta ver el estado del mundo de hoy para reconocer que la luz de Dios no está presente en los corazones de las personas. Un mundo condenado, encontrado culpable, que rechaza el perdón divino. Los seres humanos, por el pecado, mantienen rotas su relación con Dios Santo y Perfecto, una ruptura hacia arriba, pero también con el resto de las personas que le rodean. La culpabilidad nos roba la paz y crece la desesperanza. Si la luz de Dios no está presente, entonces hay tinieblas y la culpa comienza a azotar su vida en todas las esferas.

¿Cómo sabe que la culpa está azotando su vida? Toda dolencia interna y espiritual, como la culpa no perdonada, se refleja de inmediato en la actitud que asume frente a la vida.

El azotado por la culpa se siente responsable de todo lo que sucede: Estos son excelentes candidatos a vivir una vida monástica medioeval, les gusta azotarse con sus propias cargas y tormentos, no razonan, buscan con quien descargar toda su amargura, disfrutando que lo vean como victima y sientan lastima por él.

Otros en cambio, descargan su culpa sobre los demás: Son los perfectos, los acomplejados, lo hacen para sentirse bien, pero llevan la culpa que consideran ajena. A estos les gusta chismear, criticar, señalar a otros como responsables de todo lo malo que le ha sucedido.

También están los que se autoconsuelan “Nadie tiene la culpa”: Su reacción más común es decir “al mal tiempo buena cara”, esos terminan en el simplismo irresponsable.

Leí la historia de un hombre que tenía una hija pequeña a quien le encantaba sentarse junto a la ventana. Era verano y con los niños entrando y saliendo de la casa, las moscas eran un problema y a las moscas les gustaba el vidrio de la ventana. La niña, fascinada con las moscas, intentaba atraparlas. Eso no le gustaba al papá que día tras día se lo prohibía. Un día, se las arregló para atrapar una justo al momento su padre entraba. Rápidamente, ella colocó la mosca en su boca. Cuando el papá le preguntó dónde estaba la mosca, meneó la cabeza. Su cara era un retrato de la culpa, pero el padre pudo escuchar a la mosca zumbando dentro de sus cerrados labios. Él libertó a la mosca apretando boca de la niña para que la abriera y la mosca pudo salir. La culpa es como esa mosca, permanece zumbando hasta que nosotros la enfrentemos.

Dios es luz y el que está en Dios no anda en tinieblas. La culpa puede ser ocultada ante los hombres, pero Dios no puede ser engañado. Es necesario ser libres de la culpa, permitir que el Señor obre, pero para eso debemos confesar arrepentidos que somos pecadores, que necesitamos con urgencia el perdón, ser liberados, sanados de la culpa y eso únicamente puede hacerlo Dios, por medio de Cristo.

3. LA SANIDAD DE LA CULPA. 1ra Juan 1: 7,9

Para ser sanados de la culpa, debemos seguir el consejo de Dios: 9 Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. El Señor invita a un mundo que es culpable de pecado y reo de juicio al arrepentimiento verdadero y a la confesión de la culpa y nos otorga la mejor terapia, la terapia perfecta, la medicina infalible que está en su Palabra: 9 Confesar nuestros pecados. Dios responde con perdón, gracia y misericordia a la confesión: 9… Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.

El resultado de la confesión es maravilloso, Dios nos da la absolución o perdón, quita la culpa. (1) Con la absolución, con el perdón nos lleva a su luz admirable. 7 Pero si andamos en luz, como él está en luz. (2) Con la absolución, con el perdón restablece la relación perdida por causa del pecado, para tener comunión con Él, pero también estaremos en paz, en comunión con nosotros mismos y con nuestros prójimos.7… Tenemos comunión unos con otros. (3) La fuente del perdón, de la reconciliación, de la paz verdadera, la obra de quitar la culpa, es un regalo que Él ofrece en Jesucristo: 7… La sangre de su Hijo Jesús nos limpia de todo pecado.

(4) Dios cumplió lo que prometió: “Cargó sobre Cristo el pecado, la culpa, de todos nosotros. Cristo sufrió el castigo por nuestra paz. Cristo es la encarnación del ministerio de la reconciliación, entre Dios y los hombres, entre cada persona con sus semejantes”

No importa el tamaño de la culpa, ni la cantidad de tus pecados, todos quedaron borrados en la Cruz. Jesús mediante su sangre limpia todas nuestras culpas y nos justifica, nos hace inocentes frente a Dios, pero también nos ayuda a vivir sin esa pesadas cargas que han arruinado su vida y las de sus semejantes.

CONCLUSIÓN

Nuestro Padre Amoroso sacó “la mosca de la culpa” que zumba en el interior de tu alma. El Señor borró el pecado que te destruye. Cristo llevó todas las culpas que te roban la paz, que bloquean tus relaciones con él y con los demás. Jesucristo pagó con su vida para romper las cadenas de la amargura que atan tu corazón, que te tienen amarrado a la desesperanza. Dios desea que tu “arrojes sobre Cristo todas tus culpas y descanse en Él”. Amén

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