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Jesús es el Señor del consuelo perfecto

Notes & Transcripts

INTRODUCCIÓN: En nuestros países, los funerales son muy diferentes a la manera en que los hacen en Estados Unidos, pero lo que si tienen en común, por lo menos entre los hispanos, es el dolor, la tristeza y el llanto que embarga a los familiares y amigos.

Hace algún tiempo asistí a un funeral de un joven. La gente reunida estaba rezando y en las oraciones repetían con frecuencia: “Dale, Señor, el descanso eterno. Y brille para él la luz perpetua. Descanse en paz. Amén”.

El rezo me llamó la atención. La razón tenía que ver con que el difunto era una persona muy joven, al lado de la urna estaba una madre llorando desconsolada, todos pedían por el fallecido, pero nadie rezaba por la ella, ni por el padre o los familiares, quienes en ese momento estaban afligidos. Los que somos padres y han pasado por esa experiencia, para la que nadie está preparado, pueden saber el dolor que se siente al perder un hijo.

El evangelio de Lucas relata un episodio en la vida de Jesús que, con claridad, nos muestra que el Señor se ocupó, tuvo compasión, no por el difunto, sino por aquella mujer desconsolada, triste, además viuda, quien presidía una caminata fúnebre, para llevar al cementerio los restos de “su hijo único”.

La Palabra de Dios enseña que en Jesús tenemos al Señor del consuelo perfecto, al Señor vencedor de la muerte, al Señor dador de la vida. Una historia real que sirve para ayudarnos a entender que en Cristo están el consuelo y la ayuda segura, porque en Él, realmente todos los problemas tienen solución, incluyendo a la muerte misma.

1. JESÚS SIEMPRE ESTÁ PRESENTE. Lucas 7:11-12

11 Poco después Jesús, en compañía de sus discípulos y de una gran multitud, se dirigió a un pueblo llamado Naín. 12 Cuando ya se acercaba a las puertas del pueblo, vio que sacaban de allí a un muerto, hijo único de madre viuda. La acompañaba un grupo grande de la población.

No necesitamos mirar una película para poder imaginar la escena. Hay dos filas de gente: (1) Nuestro Señor caminaba, junto a él, sus discípulos y detrás “una gran multitud”. (2) La otra, era una fila de personas, que cargaban una camilla con los restos de un hombre joven que, como en muchos funerales, era seguida por un grupo grande.

Vamos a mirar en detalles esta pintura escrita, para extraer de ella, lo que Dios nos quiere enseñar a todos nosotros.

(1) En español, como en cualquier idioma, no hay una gran diferencia entre “una gran multitud” y “un grupo grande”. De hecho, el texto griego del Nuevo Testamento, usa las mismas palabras para describir la cantidad de personas que seguían, tanto a Jesús como al entierro, “ὄχλος τῆς πόλεως

(2) Otra definición del cuadro, nos muestra una fila de personas que celebraban la vida, la salud, la fe, la salvación, pero en la otra no había esperanza, alegría, ni salud, por el contrario, había dolor, llanto, desasosiego, estaban cara a cara con la realidad que acompaña a toda la humanidad: ¡La muerte!

(3) Es interesante saber que tanto en los momentos de alegría y esperanza, el Señor está con nosotros, pero también lo vemos en esos tiempos, donde el dolor y la angustia, se hacen presentes, así que podemos esperar en esas situaciones la compañía y la cercanía de Cristo.

2. JESÚS TIENE COMPASIÓN Y CONSUELO PARA NOSOTROS. Lucas 7: 13 Al verla, el Señor se compadeció de ella y le dijo: —No llores.

Este versículo enseña la grandeza de Cristo y su amor para nosotros:

(1) Voy a traducir directamente: καὶ ἰδὼν αὐτὴν κύριος= y al mirarla con atención, el Señor. El texto está diciendo que Jesús, estaba pendiente de todo. De sus discípulos, de la multitud que le seguía, pero también, de aquellas personas, de aquella mujer, quien primero perdió a su esposo, ahora perdía a su único hijo, para mirarla con atención, para saber el gran dolor que estaba presente en el corazón de ella.

En esos momentos que creemos que Dios nos ha abandonado, que estamos solos en la isla de la amargura, la Biblia enseña, que el Señor tiene el control y que sus ojos y amoroso cuidado, están pendientes de nosotros, cercano a nosotros.

(2) Su reacción es propia de un Señor de amor: se compadeció de ella. Jesús no era un simple espectador que miraba la tristeza de esta mujer, como el llanto la ahogaba, él tuvo compasión, el texto ἐσπλαγχνίσθη significa que el sentimiento de Jesús, la totalidad de su ser, fue movido a una gran simpatía por aquella dama que sufría.

El Señor actúa de la misma manera con nosotros, con toda la humanidad, su amor es activo y efectivo, el deseo de Jesús, es secar todas nuestras lagrimas, llenarnos de su esperanza, darnos su calor, su aliento de vida, de perdón, de salvación.

(3) Su consuelo es claro: No llores, deja de llorar. Para aquella madre, para cualquier madre que ha perdido un hijo, esas palabras podrían resultar extrañas, la respuesta lógica sería: ¿Cómo no voy a llorar si mi único hijo está muerto? Pero la palabra de Cristo no es una simple frase de simpatía, tampoco de regaño, por el contrario, es una palabra que nacen en el corazón de Dios que, por amor a nosotros, por amor a toda la humanidad, por causa de nuestra salvación, entregó a su único Hijo, para que diera su vida: “Dios muestra su amor para nosotros en que, a pesar de que somos pecadores, Cristo murió en nuestro lugar”.

Es Jesús, quien experimentó el dolor de los clavos y la corona de espinas, el que cargó una pesada cruz, que fue muerto, pero también es vencedor de la muerte, para darnos la vida. Este mismo Jesús, habla a nuestros corazones, para decirnos: No llores, deja de llorar. “Yo estoy aquí contigo, tranquilo yo me hago cargo. Soy el Señor”.

3. JESÚS MUESTRA SU PODER. Lucas 7: 14-16

14 Entonces se acercó y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron, y Jesús dijo: —Joven, ¡te ordeno que te levantes! 15 El muerto se incorporó y comenzó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre.

Vemos a Cristo demostrando que es Dios. El mismo Dios que por su Palabra hizo el mundo completo, quien está hablando con la misma autoridad que leemos en Génesis y dice: —Joven, ¡te ordeno que te levantes! Sus palabras tuvieron el mismo efecto que cuando dijo: “Hágase la luz y la luz fue hecha”, porque el fallecido de inmediato obedeció, comenzó a hablar.

El milagro no terminó allí, el amor de Dios quedó demostrado cuando Jesús se lo entregó a su madre.

Quienes han perdido un hijo, una madre, un familiar, un amigo, y que estos murieron en la fe de Cristo, pueden estar seguros de que esa separación es temporal, es un hasta luego, porque Jesús nos dice, “El que oye mi Palabra y cree en el que me envió, tiene vida eterna”.

Tu que tienes un gran problema, una pesada carga, una insoportable situación, Cristo te dice, me dice: “Tranquilo yo estoy aquí todos los días. Conmigo puedes contar, yo tomé tus pecados, yo morí por ti, yo estoy a cargo, esta palabra que te dejé es verdad, en ellas te doy mi consuelo, como te lo doy en los santos sacramentos”.

Hay poder en su Palabra, hay seguridad en sus promesas, ellas son verdad y son vida.

La reacción que el Espíritu Santo va a provocar en los corazones es la fe por escuchar y creer la Palabra de Cristo: 16 Todos se llenaron de temor y alababan a Dios… Dios ha venido en ayuda de su pueblo.

El deseo del Señor es que no te quedes triste ni postrado en el dolor, sino que la respuesta al evangelio sea reconocer la grandeza de Jesús. Dios se hizo hombre para venir en nuestro auxilio, él es nuestro amparo en las tribulaciones. El deseo del Señor es que le alabes, porque el vive y por él también nosotros viviremos, como dijo San Pablo, “Para mi el vivir es Cristo, el morir es ganancia”.

La reacción que el Espíritu Santo también pone en nosotros es el de dar a conocer la buena nueva, el evangelio: 17 Así que esta noticia acerca de Jesús se divulgó por toda Judea y por todas las regiones vecinas.

Hoy estamos predicando, compartiendo contigo, el evangelio, para que aún en los momentos más duros confíes en Jesús, no tengas miedo. Él es vencedor, Él es tu consuelo, Él es tu única y segura esperanza. Esta Palabra de verdad que compartimos debes darla a conocer a otras personas: A tu familia, vecinos, ciudad, país.

CONCLUSIÓN

Las almas de la personas cuando fallecen van a Dios que las dio, el justo Juez que ha dado a Jesucristo toda la potestad, él dice: “Yo soy la resurrección y la vida, todo el que cree en mi, aunque haya muerto vivirá”. El Señor espera por los suyos en el cielo para darles la Bienvenida a todo ser humano que haya confesado su nombre para salvación y expresarles: “Entra en el gozo de tu Señor”.

La Palabra de Dios tiene ese maravilloso consuelo, cargado de la esperanza. Pero también tiene promesas para los que sufren una perdida o atraviesan momentos difíciles. La voz de Cristo resuena con la dulzura de un amor ilimitado: “No llores, yo estoy contigo para darte la paz que necesitas, el aliento para tu alma y mi ayuda para salir adelante”.

Nuestras oraciones, nuestras palabras de consuelo, no son por los muertos, sino para los que viven, ese consuelo está basado en lo que Jesús promete, esas promesas de Jesús hay que darlas a conocer para que todas las naciones, conozcan la Palabra, reciban la fe y juntos alaben a Dios por su gracia y su misericordia.

Ese es el deseo de Dios y también el nuestro, que su evangelio sea predicado. Dios nos de su ayuda para hacerlo y oremos para que sea él, quien haga la obra en muchas vidas, como la ha hecho en las nuestras. Amén.

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