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Jesús es el Señor de la verdadera libertad

Notes & Transcripts

INTRODUCCIÓN. En Los Estados Unidos de América cada 4 de Julio, como el 5 de Julio en Venezuela, los ciudadanos celebran una fecha que es inolvidable para ellos: “Es el Día de la Independencia” “Día de la libertad”. Es curioso, ambas naciones eran colonias de monarquías europeas, la primera de la corona inglesa, la segunda de los reyes de España.

Sobre la libertad hay dos conceptos enfrentados: (1) “Es lo que permite a las personas decidir si quieren hacer algo o no”. (2) “Ser libre no es excusa para no asumir la responsabilidad por lo que haga”.

Porqué decimos que son conceptos enfrentados. Si soy libre y actuó usando mi libertad, no hay razón para que tenga que asumir la responsabilidad de ser acusado por usar mi derecho a ser libre. La conclusión a esta paradoja es que la libertad es una utopía y que nadie es verdaderamente libre.

Frente a este concepto social y político, encontramos al Señor decirnos en el Evangelio según Juan 8: “Si el Hijo les hace libres, serán verdaderamente libres”. Las palabras de Jesús nos llevan a una conclusión: Hay una libertad falsa y una auténtica, esta libertad verdadera, según el evangelio, solo puede darla el Hijo de Dios, quien a través de San Pablo nos recuerda que: 1 Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no se pongan de nuevo bajo el yugo de la esclavitud.

En este día, el texto de la carta paulina a la Iglesia de Galacia, nos sirve de marco para hablar del concepto falso de libertad, que maneja el mundo y aún algunos creyentes, frente a la verdadera libertad que nos ofrece Dios por medio de Jesucristo.

I. LO QUE EL MUNDO LLAMA LIBERTAD ES FALSO.

Es falsa porque lo que se desea es ejercer el libertinaje para pecar. Claramente Jesús nos advierte: De cierto, de cierto les digo que todo aquel que practica el pecado es esclavo del pecado.

Es falsa porque la realidad es que sus conductas muestran que son prisioneros de todas las manifestaciones de maldad, veamos el texto bíblico: 19… Estas son: fornicación, impureza, libertinaje, 20 idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, ira, contiendas, disensiones, herejías, 21 envidia, borracheras, orgías y cosas semejantes a éstas…

El mundo dice soy libre para llevar una vida sexual irresponsable, pero fomento organizaciones para ayudar a las personas que son contaminadas con enfermedades de transmisión sexual. No estoy diciendo que esté en contra de las fundaciones que ayudan a los niños que padecen Sida, ni a quienes han resultado contagiados, luego de una transfusión de sangre.

Dios en su Palabra está señalando a quienes propician mayor libertad en la vida sexual desordenada y contra su propósito, quienes luego se escudan en los derechos de las victimas, sus victimas, victimas de su irresponsabilidad y con sus caras sin vergüenza, demandan ayuda para ellas, sin que asuman que son los verdugos de los niños, de muchas personas enfermas.

Otros argumentan la libertad religiosa, dictada en la Constitución, para propiciar la idolatría, la hechicería que ha causado tanto daño. Nadie va con deseos de 14 Amarás a tu prójimo como a ti mismo cuando acude a brujos para que les de pociones o preparaciones que les facilite su plan de destruir familias o causar enfermedades.

También hay que incluir a quienes usan el derecho a la libertad de expresión, muy popular entre nosotros los periodistas, para propiciar que haya entre las personas 19… enemistades, pleitos, celos, ira, contiendas, disensiones.

En resumen, tenemos que reconocer que en los conceptos mencionados no hay nada que se parezca a una libertad verdadera, sino todo lo contrario, hay una evidente esclavitud, esclavos para dañar, no solo a nuestros semejantes, sino ofender a Dios que ordena: 14 Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

No hay que ser un erudito en la Biblia para, motivados por el Espíritu Santo, confesar que Jesús tiene razón cuando sentencia: Todo aquel que practica el pecado es esclavo del pecado. Tampoco necesitamos ser doctos en teología, para entender las advertencias del Señor: (1) “13 No usen la libertad como pretexto para la carnalidad”. (2) “21 Les advierto que los que hacen tales cosas no heredarán el reino de Dios”.

II. LA LIBERTAD EN CRISTO NO ES LIBERTINAJE

1 Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no se pongan de nuevo bajo el yugo de la esclavitud.

Nosotros, por las Escrituras, creemos que los dos pilares sobre los que descansan nuestra doctrina, son la predicación de la Palabra distinguiendo Ley y Evangelio.

Erróneamente algunos, no dicen ni enseñan, pero viven como si los cristianos no necesitamos la Ley, eso es horrible, porque seguimos siendo pecadores, debemos tener presente en nuestros corazones lo que agrada o desagrada a Dios para descansar siempre en Cristo, en su gracia y en su ayuda para fortalecernos. Por eso debemos estar siempre cercanos a la Biblia para escuchar de parte de Dios, cual es el deseo del Señor para cada uno de sus hijos, para cada uno de nosotros.

Jesús nos dice a nosotros que jamás, la libertad cristiana, puede ser usada como pretexto para hacer lo malo, porque ya no somos libres, sino que regresamos al yugo, a la esclavitud del pecado. Prestemos atención al texto: 15 Pero si se muerden y se comen los unos a los otros, miren que no sean consumidos los unos por los otros. 16 Digo, pues: Anden en el Espíritu, y así jamás cumplirán los malos deseos de la carne. 17 Porque la carne desea lo que es contrario al Espíritu, y el Espíritu lo que es contrario a la carne. Ambos se oponen mutuamente, para que no hagan lo que quieran.

Nuestra vieja naturaleza siempre va estar luchando contra la nueva criatura que ha formado el Espíritu Santo en nosotros. ¿Cuál es la ventaja que, por gracia de Dios, tenemos los creyentes en ese combate entre el pecado y la santidad? Tenemos la Palabra de Dios, que es un freno para impedirnos hacer lo malo, pero esa misma Palabra la usamos para que el Espíritu, con Él que andamos, nos lleve de nuevo a Cristo, a su perdón.

No estamos, como parte de la Iglesia, para mordernos, para comernos, los unos a los otros, tampoco para ser consumidos por los malos deseos de la carne. No hemos sido comprados con Cristo para hacer lo que nos de la gana, en nombre de la libertad cristiana, estamos en la Iglesia para 13 servirnos los unos a los otros por medio del amor.

Es el amor de Cristo, en la dulzura del evangelio, son las promesas del Señor, es la presencia del Espíritu de Dios en nosotros, las que nos estimula al amor, en razón de que es el amor de Cristo, el que nos ayuda a vivir conforme a la Palabra de Dios, en amor los unos por los otros, en amor por todas las personas.

III. LA LIBERTAD VERDADERA Y SUS EFECTOS.

Por la Palabra aprendemos que es en Cristo que tenemos la verdadera libertad, “Así que, si el Hijo les hace libres, serán verdaderamente libres”.

La libertad en Cristo no está sujeta a la ley, ni a la carne, sino que es dirigida por el Espíritu de Dios y, “donde está el Espíritu de Dios, allí hay libertad”

La libertad que Cristo nos ha dado ha roto las cadenas del pecado y sus consecuencias, y esa libertad, se manifiesta de otra forma a la que el mundo y la carne la conciben, de qué hablamos. Vamos a la Palabra: 22 Pero el fruto del Espíritu es: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 23 mansedumbre y dominio propio. Contra tales cosas no hay ley,

Sobre cada uno de estos frutos podemos hacer muchos sermones, voy a resumir cada enunciado divino diciendo que tenemos, de parte de Dios, en Cristo: Su amor por nosotros que lo llevó a la cruz y lo manifiesta cuando movidos por él compartimos el evangelio con otros. El gozo que sentimos al sabernos hijos de Dios. La paz de haber sido reconciliados con Dios, en paz por Cristo, quien hizo la paz para nosotros. La paciencia que Dios tiene con nosotros, porque aunque pecamos, en Él seguimos teniendo su perdón. La bondad de Dios que nos contagia para hacer las buenas obras que el preparó para que andemos en ellas. La fe que nos ha dado para confesar su nombre como nuestro Salvador, pero también como el Salvador de la humanidad entera. La mansedumbre del Señor, que enseña que debemos aprender de él que es manso y humilde a pesar de que es verdadero Dios.

Esta es sin lugar a dudas la verdadera libertad, que no hay ley para ella, ni está sujeta a ninguna consecuencia, porque Cristo se hizo cargo, se hizo responsable, por todos nosotros.

CONCLUSIÓN:

Amados en el Señor, para los creyentes el Día de la Independencia no tiene que ver con una fecha en especial para celebrar una vez cada año. Para los hijos de Dios el Día de la Independencia es continuo, es una celebración constante. Todos los días tenemos en Cristo la libertad verdadera, libertad del pecado, de la muerte y del infierno.

Cada vez que acudimos a la fuente del perdón, arrepentidos, hay fiesta en los cielos y levantamos las banderas del evangelio de Jesucristo.

Si le gusta tener una fecha especifica para celebrar el Día que Cristo lo libertó, recuerde el día de su bautismo, celebre su bautismo, porque a partir de ese día, el Señor le hizo libre y de su propiedad.

Vuelva a tomar para usted las promesas que están en su Palabra, sepan que son suyas, no por la que merecíamos, sino porque Dios la regaló en Jesús.

No proclamamos la libertad por un día, sino la libertad eterna, que en el cielo nos esperan para entrar en el gozo infinito de nuestro Señor.

Salgamos de este lugar proclamando que somos libres, porque Cristo nos hizo verdaderamente libres. Vamos a nuestras casas, con nuestros familiares a compartir esta libertad que también esta disponible para ellos. Vamos con nuestros amigos a invitarlos, a darles a conocer que Hoy 4 de Julio, que mañana 5 de Julio, que todos los días por el evangelio, es el tiempo aceptable, el día de salvación, el día de libertad. Amén.

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