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Conectados A Cristo

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Notes & Transcripts

                                                                                          C/Teruel, 25

                                                                                           19/09/2010

 

CONECTADOS A CRISTO

(Juan 15:1-11)

No se si habréis oído hablar de una película que se titula “French Connectión” (Contacto en Francia). En esta mañana os voy a hablar de otro contacto: “Contacto en Cristo”. Jesús cuando hablo de la vid y de los pámpanos se estaba refiriendo precisamente a este contacto, al que tiene que haber entre Él y nosotros.

A veces podemos cometer el error de en nuestra vida cristiana dar más importancia a otras vivencias como muestra de nuestro cristianismo y no dar la importancia que realmente tiene al hecho de que nuestra vida este conectadas con Cristo. Cómo dice James Baird: “ Es solamente cuando Cristo ocupa el centro que se da una fuerza dinámica y vivificante capaz de sostener prolongadamente los principios del vivir cristiano que la Biblia exige. Es solamente cuando definimos el vivir la vida cristiana en términos de una relación personal con nuestro Salvador, que hay una sensibilidad espiritual para odiar verdaderamente el pecado y para ser capaz de una entrega y sacrificio cristiano”.

Otro autor cristiano Rue Porter dice: “Que a veces los predicadores  ponemos más el énfasis en el evangelio de Cristo que en el Cristo del evangelio. Es verdad que es necesario conocer el evangelio para conocer a Cristo, pero es igualmente necesario que lleguemos a conocer al Cristo cuya vida y carácter nos son presentados por medio del evangelio”.

Nuestra fe no es meramente un asunto de doctrina. Tampoco es meramente un asunto de hacer el bien y ayudar a los demás. Tampoco es meramente un asunto de hacer rituales en el edificio de una iglesia. Si en verdad nuestra fe consiste en agradar a Dios, fundamentalmente lo que tiene que implicar es una relación íntima con nuestro Señor. Cristo debe de ser el centro, la circunferencia que todo lo rodea, el comienzo y el final, el autor y el consumador de nuestra vida como cristianos. Si no estamos viviendo cerca de Él, siendo conscientes de su centralidad en nuestra vida, entonces nuestra fe no es la que debería ser.

Vamos para ayudarnos a acercarnos más a Cristo lo que Juan 15:1-11 nos enseña acerca de estar conectados a Cristo.

Leer el texto Juan 15:1-11

¿Qué cerca esta Cristo de ti? ¿Tan cerca como está el pámpano de la vid? Jesús comienza diciendo: “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador” (v.1). Más adelante dice: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos” (v.5). ¿Qué es un pámpano? Es una rama de la vid, un sarmiento, que recibe la sabia, la vida, de la vid, si estuviera separado de la vid estaría muerto. Pensad en una vid; ¿Cómo están de cerca los pámpanos, las ramas, de la vid? Están tan cerca que es difícil distinguir una de la otra.  Pregunto ¿Así de cerca esta nuestra vida de Cristo?

En muchos pasajes, el Nuevo Testamento resalta esta cercanía. Cuando nos hacemos cristianos, somos “bautizados en Cristo Jesús “, y en el bautismo somos “sepultados juntamente con él”. Pablo también dice que de “Cristo estamos revestidos” (Gálatas 3:27). La atención del texto de Juan 15 se centra en los que ya han aceptado a Cristo y tienen como mandato permanecer en aquel en quien han depositado su fe.

Debemos darnos cuenta de que la permanencia, la cercanía de la que habla Juan es un asunto personal. ¡Cada cristiano es un pámpano! Observemos lo que dice Jesús en 15:6: “El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan al fuego, y arden”. Habla en singular, es decir el pámpano somos cada uno de nosotros. Todo cristiano es en forma individual una rama y por tanto la conexión con Cristo no depende de nadie más que de cada uno de nosotros; no estamos conectados a Cristo como iglesia, sino como individuos. No tenemos que ir a Cristo por medio de un sacerdote que ha sido ordenado como tal, ni tampoco tenemos que tener buenas relaciones con el pastor o el predicador de la iglesia para llegar a Cristo. Vuestra relación con Cristo no depende de mí, ni del resto de los ancianos de la iglesia, ni de nadie más. Depende única y exclusivamente de ti. Depende de nosotros mantener esa conexión. Cristo lo dice una y otra vez:

      “Permaneced en mi…” (Juan 15:4)

     “Yo soy la vid, vosotros los pámpano; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto” (Juan 15:5).

     “El que en mi no permanece, será echado fuera” (Juan 15:6).

Vemos claramente por tanto que el permanecer en Cristo es algo que depende de nosotros. Permanecer es un acto del corazón y de la voluntad, debemos querer permanecer en Cristo, por tanto permanecer es acción y no pasividad. Es más que el simple hecho de dejar que Cristo gobierne nuestra vida es buscar ese gobierno. Permanecer en Cristo es un mandato, no una opción, Cuando el Señor manda algo es porque sabe que podemos hacerlo. Permanecer en Cristo es posible, o el Señor no lo hubiera ordenado. Permanecer es continuar valga la redundancia continuamente y no sólo durante un período más o menos largo de tiempo. Si uno deja de permanecer deja de estar en Cristo. Por tanto que quede claro que el estar conectados a Cristo depende no de Cristo, sino de nosotros. Si nos sentimos alejados de Cristo, podemos estar seguros de que no es porque Cristo quiere que sea así, es porque nosotros consciente o inconscientemente no hemos logrado permanecer en Él, nos hemos alejado de Él.

¿Os gustaría saber como podéis mantener una conexión más cercana con el Señor? Voy a sugeriros varias maneras:

Lee más acerca de Cristo y medita en lo que lees. Leyendo los evangelios regularmente aprenderemos más de Cristo y aprenderemos a amarle más y más. Cuanto mejor se conoce a alguien o algo más se le ama. (Cuanto mejor se conoce a España…más se la ama)

Alaba a Cristo en los cultos de la iglesia y en tus propios devocionales. La alabanza es la expresión externa de lo que adoramos en nuestro corazón. Tendemos a convertirnos en el que adoramos. (Elvis Presley, Michael Jackson).

Asiste a los cultos y actividades de la iglesia donde seguro que aprenderás más de Cristo, esto es a los estudios bíblicos, los cultos de adoración de los domingos. No puedo imaginarme a alguien que desee acercarse más y más a Cristo, y que al mismo tiempo no asiste deliberadamente, es decir sin causa justificada, de las reuniones donde Cristo es predicado y donde su Palabra es enseñada.

Frecuenta la amistad de aquellos que están tratando de ser como Cristo. Te contagiaras del ejemplo de ellos. No hay duda que si tu mayor parte del tiempo lo pasas con personas que viven de espaldas a las enseñanzas de Cristo, tendrás tendencia de seguir el ejemplo de ellos. Dice Pablo en 1ª Corintios 15:33: “las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres”.

Haz esfuerzos conscientes para modelar tu vida con la de Cristo, es decir seguir sus pasos. Como los personajes del libro de Charles Sheldon titulado “En sus pasos” toma la determinación de jamás hacer nada sin antes preguntarte ¿Qué haría Jesús en esta situación?

Piensa en Cristo. Las personas que dan charlas a otros acerca de cómo tener éxito les dicen que ellos se convierten en aquello en lo que piensan durante todo el día. Si piensan en triunfar serán triunfadores, si piensan en derrota serán fracasados. Si nuestro pensamiento esta durante todo el día puesto en Cristo llegaremos por tanto a ser como Él.

Pero para todo lo anterior son necesarios dos requisitos en particular:

En primer lugar, requiere que permanezcamos en las palabras de Cristo. Somos hechos limpios por las palabras de Cristo, pues así lo dice Juan 15:3: “Ya vosotros estáis limpios por las palabras que os he hablado”. Para permanecer en Cristo antes de nada lo que debemos hacer es estar conectados a Él y la única manera de estar conectado a Él es que permanezcamos en su Palabra y dejar a la vez que la Palabra de Cristo permanezca en nosotros. Jesús dice: “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho” (Juan 15:7). Que quede claro que no hay una verdadera unidad con Cristo, ni una verdadera vida espiritual sin entender la Palabra de Dios y obedecerla.

En segundo lugar el otro requisito es que guardemos los mandamientos de Cristo, pues dice Juan 15:10 : “Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Si deseamos estar conectados a Cristo es absolutamente esencial hacer lo que Jesús dice.

Todos conocemos a personas que dicen que son muy religiosas, muy creyentes, que se sienten muy de cerca a Cristo, que dan “testimonio” de su salvación regularmente. Pero vemos sus frutos y sus actitudes y nos preguntamos ¿Han obedecido realmente al Señor? Si así fuera ¿Por qué no hacen sus mandamientos? Nos recuerdan a aquellos de los cuales Jesús hablo en Mateo 7: 21-23 donde dice: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”.

¿Qué motivos nos mueven para estar conectados a Cristo? Lógicamente necesitamos estar cerca de Él debido a las consecuencias que nos esperan al no permanecer conectados. Si no permanecemos en Él se producen tres consecuencias en nuestra vida: 1ª) Nada podemos hacer y si algo hacemos lo haremos mal: “…porque separados de mí nada podéis  hacer” (Juan 15:5) 2ª) Seremos cortados: “El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano…” (Juan 15:6). Aquí el Señor no se refiere a la vida eterna, ni a la seguridad de la salvación. En ningún momento dice que Dios quitará de entre los redimidos a los que no llevan fruto. De manera que el hecho de ser quemado no equivale al infierno. Si por propia voluntad rehusamos caminar con Él diariamente, si nos negamos a vivir una vida limpia, habremos sido descartados en lo que a fruto se refiere. El pámpano que no produce uvas no puede ser usado ni para fabricar muebles, ni para estacas. Sólo sirve para ser echado al fuego pues no vale para otra cosa. El pámpano que se echa al fuego es el cristiano inútil que no produce fruto para la gloria de Dios, y por consiguientemente experimentará vergüenza y bochorno. 3º) Si no permanecemos en Él no podemos llevar frutos: “Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí” (Juan 15:4). En este texto “fruto” no significa ganar almas para Cristo. Eso puede ser uno de los resultados del fruto del Espíritu. ¿Por qué queremos estar cerca de Cristo? ¿Para poder presumir de que somos muy espirituales? ¿Para disfrutar solos de esa relación sin compartirla con nadie? NO. El propósito de nuestra relación cercana con Él es llevar fruto. ¿Cuál es la razón de ser del pámpano en la vid? Tener uvas, sino tiene uvas no cumple su propósito, igual ocurre con el cristiano si no llevamos fruto, no cumplimos con nuestro propósito.

Sabiendo esto, debemos preguntarnos lo siguiente: ¿Cuál es el fruto que debemos llevar? Hay varias respuestas posibles. El Nuevo Testamento habla del “fruto del Espíritu” (Gálatas 5.22, 23), del “fruto de la luz” (Efesios 5.9) y de “frutos de justicia” (Filipenses 1:11). En el texto que estamos desarrollando “fruto” se refiere a una vida en la que Jesucristo tiene el control de nuestra vida hasta el punto que su carácter divino comienza a mostrarse en nosotros. El Señor no desea solamente que seamos “buenos”. Puede que seamos “buenos”, pero “buenos para nada”. Los resultados de nuestra permanencia en Cristo debe de notarse tanto por nosotros como por los demás y ello se produce cuando el carácter de Cristo va imponiéndose al nuestro debido a la cercanía que tenemos con Él.

Pero el texto dice algo más y es que Jesús no desea simplemente que llevemos un pequeño fruto. Cuando un cristiano lleva fruto, el siguiente objetivo del Padre es que lleve más fruto aún. En el pasaje hay cuatro niveles de cómo se lleva fruto: 1º) Ningún fruto: “Todo pámpano que en mi no lleva fruto, lo quitará” (v.2) 2º) Algún fruto: “… y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará…” (v.2). 3º) Más fruto: “…para que lleve más fruto” (v.2) 4º) Mucho fruto: “…el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto” (v.5); “En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto y seáis mis discípulos”(v.8) ¿Dónde os encontráis vosotros en esta escala de niveles? El Señor no está totalmente satisfecho hasta que hayamos alcanzado el cuarto nivel.

¿De qué modo nos capacita el Señor para llevar “más fruto”? Juan 15.2 dice: “…todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto”. Nos limpia y eso puede ser doloroso. Cuando no hay fruto nos corta, pero cuando hay algún fruto nos limpia para que demos más (Ej. La poda de los arboles). Algunas de las cosas que os han sucedido pueden ser maneras en que Dios os está limpiando para que podáis llevar más fruto. Enfermedad, muerte, paro, decepciones, crisis personales: estás pueden ser cosas en la  que Dios os está ayudando para ser más fructíferos. Para que haya más fruto en los cristianos tiene que haber limpieza. Tenemos que ser purificados intelectual y espiritualmente, en el alma, el corazón y todo nuestro ser.

Para terminar si permanecemos en Cristo, ¿cuál será el resultado?: 1º) Jesús dice que llevaremos mucho fruto. 2º) Tendremos lo que pedimos, pues Juan 15:7 dice: “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis y os será hecho” 3º) Dios será glorificado: “En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos” (v.8) 4º) Permaneceremos en el amor de Cristo (V.10). Cristo ama a todo el mundo, sin embargo los que guardan sus mandamientos y permanecen cerca de Él son los que se benefician de su amor. 5º) Nuestro gozo será completo: “Estas cosas os he hablado, para que mi gozo este en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido” (v.11) Jesús desea que seamos felices y sólo podremos serlo si mantenemos siempre nuestra conexión con Él.

Permanecer cerca de Cristo constituye para los cristianos un asunto de vida o muerte. ¿Puede un hombre vivir sin corazón? ¿Puede un coche andar sin motor? ¿Puede una rama vivir sin estar conectada a la vid que la provee de sostén? Pues tampoco puede el cristiano sobrevivir sin estar conectado a Cristo. Él es la fuente de nuestro poder, el que nos capacita, el elemento esencial para la existencia espiritual, el origen y el propósito de nuestra vida, nuestro corazón mismo. ¡Permaneced cerca de Cristo!  ¡No os desconectéis! Para el cristiano el soltarse de Cristo significa perecer.

Para los que todavía no estáis conectados a Cristo hoy podéis empezar a experimentar una comunión cercana con Él; ¡podéis estar tan cerca de Cristo como lo está un pámpano de su vid!.

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