Yo Soy La Luz Del Mundo

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Notes & Transcripts

YO SOY LA LUZ DEL MUNDO

(Juan 8:12)

 

Durante estos días al recorrer las calles y las tiendas de Madrid y ver todo tan iluminado, tan lleno de luz, tan bonito todo decorado, en un principio sentí alegría, pues nadie negara que la luz a diferencia de la oscuridad produce alegría, da como fuerzas a la vida, pero inmediatamente pensé que todo esto era meramente superficial, que solamente eran un reclamo para incentivar el consumo, que esas luces estaban destinadas a apagarse y que todo volvería a la situación de oscuridad pasados unos días. También pensé que esas luces estaban muy lejos de reflejar la Luz de la vida que supuso la venida de Jesús al mundo, que pocas de esas luces se habían puesto realmente pensando en que un día, de hace más de dos mil años, se produjo el nacimiento de Aquel que iba a derrotar a la muerte.

Todo ello me llevo a pensar en quien era la Luz autentica, esa luz origen de toda luz y ello me llevo al evangelio de San Juan al capítulo 8 al versículo 12 que nos dice: "Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida".

Cuando Jesús hizo esta declaración estaba en el templo, en el lugar de las ofrendas (Jn.8:20), se estaba llevando a cabo la ceremonia de la iluminación. A cada lado del Atrio del templo había un gran candelabro de oro. Estos candelabros se encendían después del sacrificio de la tarde durante cada día de la fiesta de Los Tabernáculos. Se decía que esos candelabros eran tan potentes que una vez encendidos su luz se esparcía por toda la ciudad. Con toda seguridad fue ver toda esa luz lo que llevo a Jesús a pronunciar que Él era “la Luz del mundo”. Toda esa luz que los judíos estaban viendo allí encendida en esos candelabros no eran nada en comparación con El, El si que era la verdadera Luz del mundo.

Jesucristo es realmente “la Luz del Mundo” las otras luces no tienen ni punto de comparación con el Señor. Las otras luces que podamos ver en nuestra vida, los demás dioses que el hombre ha creado: el dinero, la fama, la posición social, la vanagloria, son solamente comparables a la luz de una vela que no ilumina toda la casa sino solo el sitio más cercano al cual esta y que además tiene una existencia limitada, no puede existir por mucho tiempo, al final todas las velas terminan apagándose bien porque se acaban o porque alguien las apaga, pero sin embargo la Luz de Cristo no sólo no se apaga nunca, sino que además nadie la puede apagar.

Cuando Jesús dice “Yo soy” esta señalando el carácter personal de la verdadera luz. Él es la luz en sí mismo. Él no recibe la luz de nadie y de nada. Él es la fuente de la luz, Él es el origen y es Él quien la reparte. Precisamente uno de los nombres que se le da al Mesías, es decir al esperado, a Jesús, era justamente el de luz: "Yo Jehová te he llamado en justicia, y te sostendré por la mano; te guardaré y te pondré por pacto al pueblo, por luz de las naciones." (Isaías 42.6).

De la misma manera en que el mundo moriría si el sol se apagara, el ser humano en su mundo espiritual tampoco puede existir sin la luz de Cristo. La vida en la tierra no puede florecer sin la luz del sol y nuestra  vida espiritual tampoco puede dar sus frutos si no dejamos que la Luz de Cristo ilumine y despliegue sus rayos en nuestro corazón.

Pero Jesús no sólo dice “Yo soy la Luz “, sino que añade “del Mundo”. Jesús es la luz de TODO el mundo, no sólo de una nación y por ende no solo de unos pocos sino de todos. Su Luz se reparte sin limitación alguna. Su Luz llega al lugar más recóndito, a lo más íntimo. Lo único que hay que hacer es abrir las puertas de nuestra mente y de nuestro corazón para que ella penetre. Y si así lo hacemos esa Luz entrara de una manera natural, al igual que entra en nuestras casas cuando subimos las persianas de nuestras ventanas, e iluminara toda nuestra vida. Al igual que la luz del sol no hace discriminación alguna sino que se proyecta por igual sobre todos, así también la Luz de Cristo se proyecta igual sobre todos. Los únicos obstáculos para la luz, tanto del sol como de Cristo, son los que uno pone para impedir que esa luz se reparta generosamente. Pero a pesar de ello la luz sigue estando ahí y en el momento en que uno retira el obstáculo la luz se vuelve a derrochar con todo su generosidad.

Pero por desgracia hay personas que rechazan la Luz de Cristo sin ni siquiera probarla al igual que hicieron los fariseos en el versículo 13 de este capítulo 8 de Juan: "Entonces los fariseos le dijeron: Tú das testimonio acerca de ti mismo; tu testimonio no es verdadero."  No se molestaron en comprobar si la declaración era cierta o no, simplemente no la aceptaron ya que el testimonio procedía de el mismo y no de dos,  testigos que era lo mínimo que se exigía en la ley de aquella época para dar credibilidad al testimonio de alguien. Ni siquiera se molestaron en preguntarle ¿cómo puedes demostrar que eso que dices es cierto?, sino que se limitaron a decirle sin mas que su afirmación era mentira:”tu testimonio no es verdadero”.

Hoy en día hay personas que siguen sin probar la Luz de Cristo, ni siquiera se han acercado a la Luz y ya la están rechazando, pero es más la rechazan desoyendo el testimonio de aquellos que si han experimentado las bendiciones y el poder de  esa Luz que no son ni dos, ni tres, sino millares los que si dan testimonio de que la afirmación de Jesús es verdadera por que así lo han experimentado en sus propias vidas.

Pero no sólo hay personas que rechazan a Jesucristo como la “Luz del Mundo” y esa es una opción de la libertad del hombre, aunque una mala opción,  sino es que además no quieren que Jesús sea la “luz de Mundo”, no sólo para ellos,  sino para nadie. Y eso es por desgracia lo que está pasando en algunas naciones del Mundo, entre ellas nuestra España. Y poniendo como excusa el respeto a los demás lo que hay detrás de todo ello es un ataque en toda regla al cristianismo. En esta Europa descristianizada, que niega hasta sus raíces, todo el mundo tiene derecho a que se le respete en sus creencias, menos aquellos que  sus creencias coinciden con las raíces cristianas de nuestra civilización. Todo se hace pensando en no ofender a aquellos, que en muchos casos en sus países, no respetan a los que manifiestan creencias distintas a las suyas. Y así en Bruselas se quita un árbol de navidad (signo cristiano para algunos)  por si ello pudiera molestar a los no cristianos. Y en España vemos que se están intentando socavar todos los valores cristianos: el respeto a la vida, la familia, valores morales en las relaciones entre parejas, la fidelidad, la honestidad, en la educación etc. Yo estoy a favor de la laicidad de la sociedad, es decir de la separación de lo religioso y lo social, pero no del laicismo que lo que pretende es expulsar a Dios no sólo de la sociedad, sino también del corazón de las personas. ¿Yo me pregunto que tiene el cristianismo que tanto les molesta? ¿Qué daño les hace  ser cristiano? Yo pienso al contrario que sido todo el mundo fuera cristiano la mayoría de los problemas que hay en el mundo no existirían: No habría ni hambre, ni guerras, menos familias rotas y habría mucha más solidaridad en todos los ámbitos que los que hay en la actualidad.

Pero por mucho que se empeñen la gran cantidad de ciegos espirituales que existen de no reconocer a Jesús como la “Luz del Mundo” eso no significa que su luz no siga brillando con todo su esplendor. Porque un ciego físico no pueda ver la luz eso no significa que ella no exista y la luz sigue haciendo su obra aunque él no la pueda ver. La luz cumple su función independientemente de cada unos de nosotros y cuando llegue su tiempo se verán las obras de la luz.

Hoy en día afortunadamente todavía en muchas partes  el hombre sigue reconociendo que necesita luz en su vida. Por eso busca en libros, en filosofías, en ciencias y en cosas extrañas llenar ese vacío interior que le hace ir de un lado para otro. Quiere conocer, quiere aprender porque siente que está desorientado y no se da cuenta que la Luz está ahí delante de él y que lo único que tiene que hacer es sencillamente  dejar que ella le ilumine dándole a  conocer al Dios verdadero, al “YO SOY EL QUE SOY “, al único que afirma “Yo soy la Luz del Mundo” y entonces y sólo entonces toda la luz se derramara abundantemente en él.

La frase de Jesús “Yo soy la Luz del Mundo” aparte de una afirmación es también una promesa. Una promesa ofrecida para aquellos que se encuentran encarcelados en la oscuridad  de sus vidas debido a los problemas que les agobian y que les hace sentir que están en un túnel en el cual no hay salida, para aquellos que se encuentra en la oscuridad que produce el pecado y que les lleva a pensar en sus mentes  que no hay perdón, ni liberación del mismo. Las tinieblas de la vida son oscuridad y la oscuridad produce desorientación, confusión, temor y tropiezo, pero una vez más nuestro Señor Jesucristo nos da palabras de aliento cuando nos dice en el mismo versículo 12 “el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. Esto significa que si Cristo es nuestra luz, nuestro guía,  a su lado todas las tinieblas desparecerán de nuestras vidas. ¡Ojo! No estoy diciendo que desparecerán todos los problemas, sino que desparecerán todas las dudas, porque Su luz representa:

a) Su protección frente a los problemas de la vida diaria y por ello no  sentiremos el agobio de los mismos, pues la carga será compartida con Él. b) Su  presencia que echa fuera todo temor, confirmándonos que Él sigue teniendo el control de todas las cosas.

c) Su  dirección ante las decisiones que debemos tomar.

Es imposible encontrar luz en la oscuridad.  Es decir para encontrar luz tenemos que buscarla donde la hay. A veces buscamos Luz con mayúsculas donde no es posible hallarla. Ya he dicho que aparentemente hay muchas luces que a veces nos deslumbran, que otras veces nos atraen, pero son simplemente luces que después de un tiempo se apagan o nos las apagan. Por ello si en realidad queremos encontrar la Luz con mayúsculas se hace necesario que estemos en la autentica luz y entonces se cumplirá lo que dice el salmista en el Salmo 36: 9: “En tu luz veremos la Luz”. Sólo estando en Cristo encontraremos la Luz, porque solamente El es la Luz con mayúsculas, lejos de Él solo hay tinieblas. ¡No aceptes ninguna otra luz!

La Luz de Cristo nos ayuda en nuestro caminar diario como cristianos:

1º) La Luz no sólo nos revela la vida y nos conduce a ella, sino que además es la fuente de la vida. Sin esa Luz no podríamos vivir espiritualmente.

Dicen que cuando los primeros cristianos se bautizaban antes de hacerlo en primer lugar miraban hacia el oeste renunciando a Satanás, es decir Satanás para ellos había llegado al ocaso de sus vidas y después miraban hacia el este  y profesaban fidelidad a Cristo como Luz del Mundo que nacía en sus vidas.

2º) En medio de la inmoralidad y del pecado de los hombres la Luz de Cristo es la que arroja los rayos brillantes de la Justicia de Dios para el hombre, es decir las normas por las cuales nos debemos conducir.

3º) La Luz de Cristo es la verdad de Dios que nos ilumina para reconocer por un lado nuestros pecados y así poder salir de ellos  y por otro lado nos ayuda, a reconocer  para  no caer en ellos,  los errores de los muchos falsos profetas que existen hoy en día.

4º) La Luz de Cristo actúa como un faro cuyos haces de luz señalan el peligro a los que están perdidos y se dirigen hacia el abismo de la condenación.

5º) La Luz de Cristo nos descubre frente a los demás, nos hace transparentes frente a los que nos observan y ello no estimula a no pecar, a  ser testigos fieles de Cristo para que a través de nuestras vidas Él pueda ser glorificado.

Y después de todo esto ¿Cuál es el desafío para nosotros? Recordemos lo que Jesús les dijo a sus discípulos en Mateo 5:13 y 16: " Vosotros sois la luz del mundo… Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”.

Jesús nos está diciendo un cumplido, un piropo “Vosotros sois la luz del mundo”. En otras palabras nos está diciendo que como cristianos que somos, no sólo participamos en los planes y propósitos de Dios, sino que, hasta cierto punto también somos participes de las características de Dios y de Jesús. Nosotros los cristianos somos la Luz de este mundo. Esto debe de ser un motivo de orgullo para nosotros, un motivo que nos haga andar con la cabeza bien alta, pero siendo conscientes de eso, de que somos luz espiritual para algo, ¿para qué?  Para hacer  que las tinieblas de nuestro alrededor se disipen.

Como seguidores de Jesús debemos hacer que nuestra luz alumbre. Hacemos que alumbre cuando vivimos la vida como se debe vivir conforme a los principios cristianos. Hacemos que alumbre  cuando enseñamos la Palabra de Dios. Hacemos que alumbre cuando somos honestos en nuestras responsabilidades como estudiar, trabajar, educar. Hacemos  que alumbre cuando damos ejemplo de una familia en la cual el respeto y el amor están presentes. Hacemos que alumbre cuando la generosidad y la solidaridad son percibidas por otros. Hacemos que alumbre cuando la misericordia y el perdón se manifiestan en nuestras relaciones con los demás.

Ahora bien no pensemos que esa luz que irradiamos es nuestra, no se debe a que tengamos algún poder iluminador inherente a nosotros. Antes bien somos luz por nuestra relación con las fuentes de la luz: Dios y Jesús. Nosotros los cristianos lo que hacemos es lo que hace la luna, la cual la luz que refleja es la luz del sol y la luz que nosotros reflejamos no es nuestra sino de Dios.  Somos como bombillas cuya luz alumbra debido a una fuente de energía externa a ella. De ahí la importancia de estar siempre conectados a Jesús si en verdad queremos alumbrar a los demás.

Pero las palabras de Jesús no son sólo un cumplido sino también un desafío, es decir debemos de ser no sólo luz, sino hacer que esta alumbre, ya que esta puede dejar de alumbrar. ¿Cómo puede llegar a suceder esto?, pues muy sencillamente ocultando la luz, poniendo algún obstáculo que la impida expandirse. Lamentablemente muchos que afirman seguir a Jesús han escondido su luz debajo de la ignorancia, debajo de lo mundano o de la indiferencia.

Por eso las palabras de Jesús son un desafío porque Él quiere que la luz que de él hemos recibido alumbre “delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras”.  Cuando hacemos buenas obras (viviendo como se debe vivir cristianamente y ayudando a los demás) estamos haciendo que nuestra luz alumbre. No hacemos buenas obras para ser alabados nosotros, sino para que a través de ellas como sigue diciendo el versículo 16:”… glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”. El propósito de nuestra  luz nos es hacer que la gente vuelva su atención a ella, a nosotros, sino que la gente  vuelva sus ojos hacia Jesús, fuente de la luz, para que a través de él glorifiquen a Dios.

Por eso, aunque la Navidad para nosotros los cristianos tiene que producirse todos los días, aprovechemos la excusa que estos días “navideños” nos presentan para alumbrar a la gente que nos rodea, para que vuelvan sus ojos de las luces  de las calles y de las tiendas a la fuente de toda luz, a la luz de la vida: a JESÚCRISTO LA LUZ DEL MUNDO.

HIMNO 241

 

 

 

 

 

 

 

 

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