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Ciudades de refugio

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Notes & Transcripts

Ciudades de refugio

  Y de las ciudades que daréis a los levitas, seis ciudades serán de refugio, las cuales daréis para que el homicida se refugie allá; y además de éstas daréis cuarenta y dos ciudades.

Núm 35.11 os señalaréis ciudades, ciudades de refugio tendréis, donde huya el homicida que hiriere a alguno de muerte sin intención.

Núm 35.12 Y os serán aquellas ciudades para refugiarse del vengador, y no morirá el homicida hasta que entre en juicio delante de la congregación.

Núm 35.13 De las ciudades, pues, que daréis, tendréis seis ciudades de refugio.
Núm 35.14 Tres ciudades daréis a este lado del Jordán, y tres ciudades daréis en la tierra de Canaán, las cuales serán ciudades de refugio.
Núm 35.15 Estas seis ciudades serán de refugio para los hijos de Israel, y para el extranjero y el que more entre ellos, para que huya allá cualquiera que hiriere de muerte a otro sin intención.
Núm 35.25 y la congregación librará al homicida de mano del vengador de la sangre, y la congregación lo hará volver a su ciudad de refugio, en la cual se había refugiado; y morará en ella hasta que muera el sumo sacerdote, el cual fue ungido con el aceite santo.
Núm 35.26 Mas si el homicida saliere fuera de los límites de su ciudad de refugio, en la cual se refugió,
Núm 35.27 y el vengador de la sangre le hallare fuera del límite de la ciudad de su refugio, y el vengador de la sangre matare al homicida, no se le culpará por ello;
Núm 35.28 pues en su ciudad de refugio deberá aquél habitar hasta que muera el sumo sacerdote; y después que haya muerto el sumo sacerdote, el homicida volverá a la tierra de su posesión.
Núm 35.32 Ni tampoco tomaréis precio del que huyó a su ciudad de refugio, para que vuelva a vivir en su tierra, hasta que muera el sumo sacerdote.
Deut 33.27 El eterno Dios es tu refugio, Y acá abajo los brazos eternos; El echó de delante de ti al enemigo, Y dijo: Destruye.
Jos 20.2 Habla a los hijos de Israel y diles: Señalaos las ciudades de refugio, de las cuales yo os hablé por medio de Moisés,
Jos 20.3 para que se acoja allí el homicida que matare a alguno por accidente y no a sabiendas; y os servirán de refugio contra el vengador de la sangre.
Jos 21.13 Y a los hijos del sacerdote Aarón dieron Hebrón con sus ejidos como ciudad de refugio para los homicidas; además, Libna con sus ejidos,
Jos 21.21 Les dieron Siquem con sus ejidos, en el monte de Efraín, como ciudad de refugio para los homicidas; además, Gezer con su ejidos,
Jos 21.27 A los hijos de Gersón de las familias de los levitas, dieron de la media tribu de Manasés a Golán en Basán con sus ejidos como ciudad de refugio para los homicidas, y además, Beestera con sus ejidos; dos ciudades.
Jos 21.32 Y de la tribu de Neftalí, Cedes en Galilea con sus ejidos como ciudad de refugio para los homicidas, y además, Hamot-dor con sus ejidos y Cartán con sus ejidos; tres ciudades.
Jos 21.38 De la tribu de Gad, Ramot de Galaad con sus ejidos como ciudad de refugio para los homicidas; además, Mahanaim con sus ejidos,
1 Crón 6.57 De Judá dieron a los hijos de Aarón la ciudad de refugio, esto es, Hebrón; además, Libna con sus ejidos, Jatir, Estemoa con sus ejidos,
1 Crón 6.67 Les dieron la ciudad de refugio, Siquem con sus ejidos en el monte de Efraín; además, Gezer con sus ejidos

Seis de

 las ciudades levitas serían ciudades de refugio (v. 6), tres a cada lado del Jordán (v. 14). La persona que mataba a alguien podía huir a una de esas ciudades buscando asilo. Huiría del vengador. El término heb. para vengador es go’el, “pariente redentor” (vv. 12, 19, 21, 24, 25, 27). Era una costumbre antigua que el familiar más cercano a una víctima de homicidio vengara a su familiar. Esto pudiera haber conducido a una serie de asesinatos de “diente por diente”. Un ejemplo gráfico de esto se encuentra en el caso de Abner (2 Sam. 2:8–28; 3:19–39).[1]

El acto de proveer ciudades de refugio muestra que Dios ama la justicia. Por este medio él impuso la ley sobre la costumbre de disputas sangrientas. En una disputa de este tipo se podía matar al homicida aun por un asesinato accidental. Por lo tanto, se hizo la distinción entre asesinato y homicidio impremeditado. El asesinato es un acto premeditado, llevado a cabo por hostilidad y alevosía (vv. 16–21). El homicidio es matar a alguien pero sin premeditación (vv. 22–24). Esto hace recordar la diferencia entre el pecado deliberado y el pecado por inadvertencia (ver material sobre 15:22–31). Alguien que había cometido un homicidio accidentalmente era protegido de la venganza de algún familiar, aunque perdía su libertad (vv. 28, 32). Por otro lado, a ningún asesino se le permitía seguir viviendo (vv. 21, 31). No había rescate por la vida de un asesino, de la misma manera que no había expiación por el pecado deliberado (15:30, 31). La ley no evitaba que el familiar tomara venganza donde la ley lo permitía. Por supuesto, en el caso de las viudas que no tenían familiar alguno, Dios mismo tomaba ese papel (Exo. 22:22–24).[2]

36Después envió el rey e hizo venir a Simei, y le dijo: Edifícate una casa en Jerusalén y mora ahí, y no salgas de allí a una parte ni a otra; 37porque sabe de cierto que el día que salieres y pasares el torrente de Cedrón, sin duda morirás, y tu sangre será sobre tu cabeza. 38Y Simei dijo al rey: La palabra es buena; como el rey mi señor ha dicho, así lo hará tu siervo. Y habitó Simei en Jerusalén muchos días.

39Pero pasados tres años, aconteció que dos siervos de Simei huyeron a Aquis hijo de Maaca, rey de Gat. Y dieron aviso a Simei, diciendo: He aquí que tus siervos están en Gat. 40Entonces Simei se levantó y ensilló su asno y fue a Aquis en Gat, para buscar a sus siervos. Fue, pues, Simei, y trajo sus siervos de Gat. 41Luego fue dicho a Salomón que Simei había ido de Jerusalén hasta Gat, y que había vuelto. 42Entonces el rey envió e hizo venir a Simei, y le dijo: ¿No te hice jurar yo por Jehová, y te protesté diciendo: El día que salieres y fueres acá o allá, sabe de cierto que morirás? Y tú me dijiste: La palabra es buena, yo la obedezco. 43¿Por qué, pues, no guardaste el juramento de Jehová, y el mandamiento que yo te impuse? 44Dijo además el rey a Simei: Tú sabes todo el mal, el cual tu corazón bien sabe, que cometiste contra mi padre David; Jehová, pues, ha hecho volver el mal sobre tu cabeza. 45Y el rey Salomón será bendito, y el trono de David será firme perpetuamente delante de Jehová. 46Entonces el rey mandó a Benaía hijo de Joiada, el cual salió y lo hirió, y murió.

[3]


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[1]Carson, D.A. ; France, R.T. ; Motyer, J.A. ; Wenham, G.J.: Nuevo Comentario Biblico : Siglo Veintiuno. electronic ed. Miami : Sociedades Biblicas Unidas, 2000, c1999, S. Nm 35.34

[2]Carson, D.A. ; France, R.T. ; Motyer, J.A. ; Wenham, G.J.: Nuevo Comentario Biblico : Siglo Veintiuno. electronic ed. Miami : Sociedades Biblicas Unidas, 2000, c1999, S. Nm 35.34

[3] Reina Valera Revisada (1960). Miami : Sociedades Bı́blicas Unidas, 1998, S. 1 Re 2.36-46

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