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IGLESIA - Devocional de Aniversario - Octubre 3 del 2010

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Notes & Transcripts

Devocional

VAYA A LA IGLESIA

Tres puntos de vista humanos, debidamente aclarados

Mateo 16:18

Jesús se refirió solo en dos ocasiones a la iglesia (Mt 16.18; 18.17).

2 Pedro 2:4-10

UN SOLO PUEBLO Y NO GRUPOS.

·         Dios está formando un pueblo y no pequeños grupos por ahí y por allá.

·         Todo radica en que hay un pueblo que está siendo formado por Dios, que puede que no tengamos nada en común pero todos estamos bajo la gracia de Dios que ha obrado en las vidas de cada uno a través de Cristo.

SACERDOTES QUE SACRIFICAN Y NO RECEPTORES DE BENEFICIOS.

·         Pedro nos recuerda que es para dar y no para conseguir que nos reunimos en el culto en nuestra congregación.

·         “No recibo nada” = queja más común. Significa que usamos un criterio intelectual. (Parece que el sermón no me llenó tanto como estoy acostumbrado a recibir – Este sermón no fue tan estimulante para mi nivel de pensamiento.

·         “No siento ninguna diferencia después, mis sentimientos no han cambiado nada” = criterio emocional.

·         “No me gusta el estilo, no es el ambiente propicio para que pueda adorar” = criterio estético. Nuestras expresiones estéticas van a dejar a unos satisfechos y a otros vacíos

·         Pero el propósito de nuestra reunión no es intelectual, emocional o estética. En este pasaje Pedro llama a la iglesia “sacerdocio” a la iglesia.

·         Pedro nos dice: “como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo”.

·         Como todos los que salieron de Egipto “esta bandada harapienta de pecadores perdonados, se reúnen para ofrecer sacrificios espirituales a Dios”. Y es por eso que lo que damos es lo importante en la reunión de adoración semanal.

·         No nos engañemos disfrazando el egoísmo con ropas de amor, buscando solucionar nuestros problemas y finalmente inútilmente tratando buscar la felicidad. La felicidad vendrá solo como subproducto de la verdadera adoración a Dios y el servicio a los que son de Dios.

·         La idea de que adoramos para ser cambiados es pedir a nuestro culto algo que nunca estuvo en los planes de Dios para el culto, sino sólo como subproducto de la devoción y alabanza a Dios por lo que ÉL ha hecho.

·         Si nos quedamos solo con ser receptores de beneficencia, renunciamos a ser sacerdotes de una adoración regular.

o   Adoramos poniendo la mira hacia abajo. (como esperando que caigan las dádivas de Dios, que finalmente son la razón de nuestra adoración) ¿Adoraría usted a Dios, si ÉL no le diera todo lo que le ha dado? Adore con la mirada puesta hacia arriba… con su mente y corazón en la persona de Dios, y no en sus beneficios.

UNA REALIDAD DIVINAMENTE ORDENADA Y NO UNA EMPRESA SENTIMENTAL.

·         ¿Ha pensado usted que lo que la Biblia dice de la iglesia, en realidad es lo que la iglesia es? Lo teológico no remplaza a lo que existe.

·         Frecuentemente tratamos de hacer algo de la iglesia. Y lo que sentimos que la iglesia debiera ser es una empresa sentimental, gobernada por la tiranía de las emociones.

·         Lo que la Biblia dice que la iglesia es; es lo que la iglesia es en concreto. Las cosas que no se ven son eternas y la verdadera naturaleza de la iglesia es eterna, invisible.

·         La iglesia es el conjunto de personas que han hecho la tremenda elección de edificar sobre el fundamento/roca que es Cristo; en lugar de rechazarle como piedra angular.

·         La iglesia es el conjunto de aquellos que han mirado a Cristo y han declarado precioso a Aquel que algunos “altamente capacitados”, “profundamente sensitivos”, “extremadamente preparados” han rechazado.

·         Es la compañía de aquellos que sólo tienen en común esta fe y esta elección.

Como he dicho, aquí es donde había venido antes, pero no hay forma de que salga. Dios me ha escogido para ser parte de su iglesia. Soy parte de la iglesia, no por elección mía sino suya. Continúo en la iglesia, no a mi discreción sino por su insistencia.

No tengo otro lugar adonde ir (Juan 6:68/Mateo 16:18). Este es el pueblo de Dios y el mío. Esto es lo que Dios está haciendo en la historia. Este es el misterio del universo. Este era el propósito por el cual todo fue creado: el pueblo para servir, ala­bar y glorificar a Dios.

La salida de la iglesia ya ha sido establecida; su perfección está asegurada; su destino final está plenamente determinado.

Los últimos capítulos de la Biblia retratan cómo será. Y allí se ve a gente sin diferencias —sin grupos, sin categorías, sin círculos cerra­dos— un pueblo indiferenciado delante de un trono, no mirando hacia abajo, no peguntándose cómo se sienten en relación con los demás, sino elevando sus voces en adoración al Dios todopoderoso y cantando: "Al que está sentado en el trono y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria, y el poder, por los siglos de los siglos" (Apocalipsis 5:13).

Lo que la iglesia está haciendo en el cielo es lo que debe hacer en la tierra. Su único estilo definitivo debería ser su condición de interino.

Dios es el centro del universo. Dios es el punto focal de nuestra vida. Dios es el recipiente de toda adoración y gloria. Y Dios, que está por en­cima de nuestros ojos, debe ser Aquel que mire­mos cuando vamos a la iglesia semana a semana, allí donde estamos.

Espero que me haya hecho claro. Mi preocu­pación más profunda no es que su no participa­ción destruya la iglesia. Mi preocupación es por usted y es más que algo trivial. No me limito a ser el eco de las notas de advertencia que le han sido dadas domingo a domingo desde los maestros de la escuela dominical hasta los grandes predicadores. Mi punto no es que ir a la iglesia mejo­rará la moral cívica y reducirá la tasa de críme­nes o estabilizará su matrimonio y promoverá la prosperidad de la vocación que haya elegido. Muy bien puede hacer todo eso. Pero si no lo hace, usted debe seguir yendo.

Su participación regular en la adoración con su congregación local es la mejor indicación de que usted ha captado el corazón del mensaje cristiano. Ir a la iglesia no le hace cristiano. Pero la consagración cristiana pierde su sig­nificado si no va. La adoración con los demás es lo que más se acerca para describir lo que significa ser humano por encima de cualquier cosa que usted haga. Alejarse de este deber, pri­varse de este privilegio es hacer flamear la ban­dera de la vida humana a media asta, no im­porta lo brillantes que parezcan sus colores.

Padre celestial, te agradezco por tu pueblo, por aquellos que me gustan y aquellos que ni siquiera conozco. Pertenecer a Jesús y a su iglesia es el mayor privilegio de la vida. Ayúdame a creer esto realmente a expresar mi fe por la participación regular en la adoración con tu pueblo, que ahora ha llegado a ser mi pueblo. Por Jesucristo, Amén.

Las Dimensiones de la iglesia

 

Diversidad en unidad (Ef 4.1–6)

Esta se deriva de su vida común en Cristo, donde media el mismo Espíritu Santo. Se expresa en la coordinación de los diversos → Dones y servicios de la iglesia cuyo fin es «perfeccionar a los santos para la obra del ministerio» y la edificación del → Cuerpo de Cristo (Ef 4.12). Porque está basada en Cristo mismo y en la voluntad soberana de Dios, esta relación es un hecho que ningún miembro del cuerpo por sí solo puede establecer o bien disolver (cf. 1 Co 12.15, 16, 21).

Santidad (Ef 4.17ss; 5.25–27)

Pablo con frecuencia llama → Santos a los cristianos (Ef 1.1; Flp 1.1, etc.), porque han sido redimidos por Cristo y caminan hacia la plenitud e imagen de Cristo (Ef 4.13).

Autoridad (Mt 16.18, 19)

Al estar sujeta a Cristo y al Espíritu Santo, la iglesia recibe la autoridad para proclamar el evangelio (Mt 28.18–20; Hch 2.14), celebrar los sacramentos u ordenanzas (Hch 2.41s; 1 Co 11.17–34), exponer la verdad (Hch 15.28), denunciar el pecado (Hch 5.1–11), confrontar los poderes malignos, → Dolencias, → Demonios, → Principados, → Potestades, opresión (Hch 3.1–11; 16.16–18; Gl 4.8–11; Col 2.15–23), levantar a los caídos (Col 3.12; 1 P 3.8) y disciplinar a los errados (Mt 18.15–18; 1 Co 6.16).

Fe

En respuesta a la confesión de fe del apóstol Pedro, Cristo prometió establecer su Iglesia (Mt 16.18), la cual es, ante todo, la congregación de los creyentes o fieles. «Los que creyeron» o «los creyentes» son expresiones sinónimas que se refieren a la comunidad (Hch 2.44; 4.32; 5.14; 1 Ti 4.12). Esta fe se expresa en el bautismo (Hch 2.41; 8.12, 36; Ro 6.4; 1 Co 12.13).

Compañerismo

Si cada creyente está unido vitalmente con Cristo, se sigue que los creyentes se relacionan en forma vital unos con otros (Ro 12.5; 1 Co 12.12). La koinonı́a y comunidad de bienes de Hechos (2.44; 4.32) se fue reduciendo al compañerismo del ministerio (2 Co 8.4). La máxima expresión de la koinonı́a (compañerismo) era la → Cena del Señor.

Por lo visto no le plugo ni a Cristo, su fundador, ni al Espíritu Santo, su paracleto, proporcionar a la iglesia alguna forma explícita o rígida de gobierno u organización universal que fuera aplicable a todo caso. En Hechos se distingue entre el ministerio de la palabra y el ministerio de las mesas (2.44; 4.32). Pablo reconoció y explicó esta distinción como la posesión de diversos → Dones y la ejecución de varios ministerios (profecía, evangelización, enseñanza, servicio, administración, etc.) que aparecen en respuesta a desafíos históricos particulares (Hch 6.2, 4; Ro 12.6–8; 1 Co 12.28; Ef 4.11–13). Sin embargo, ni Pablo ni los demás apóstoles dejaron una pauta clara o rígida para la estructura gubernamental de la iglesia. Se prefirió más bien destacar su carácter dinámico y sobrenatural.

A lo largo de la historia la iglesia ha asumido una gran variedad de formas y prácticas en respuesta a los desafíos de la → Misión dentro de diversas culturas y contextos sociales. Cuando la iglesia se acomoda a su forma de ser y se cierra dentro de un determinado patrón social o molde cultural, surgen movimientos de renovación eclesial que cuestionan el statu quo y convocan al pueblo de Dios a sumarse otra vez a la misión del Reino.

Misión

La iglesia está en el mundo, por decirlo así, para hacer las veces de Cristo, extendiendo su → Encarnación y su ministerio en este mundo hasta que Él venga a arrebatarla en su Segunda Venida. La simple presencia de la iglesia, en la cual mora el Espíritu Santo (2 Co 6.16), refrena el mal en el mundo, a la vez que da testimonio de la justicia y el amor de Dios. Su misión es predicar el evangelio de Cristo en toda su plenitud y con todas sus implicaciones personales y sociales (Mt 28.18–20; Hch 1.8), reflejando así la vida de Cristo y el Reino de Dios.

Realidad histórica

Más que una doctrina precisa, el concepto de iglesia es una galería de casi cien figuras retóricas, cada cual con su aporte a la totalidad (por ejemplo, → Pueblo de Dios, Reino de Dios, cuerpo de Cristo, nueva humanidad, siervos, sacerdotes, familia, hijos de Dios, hermanos, esposa, casa, templo, Jerusalén, éxodo, viña, primicias, rebaño, Adán, etc.). En diferentes contextos históricos, la iglesia ha enfatizado una o más de estas figuras respondiendo creativamente a los desafíos y a las amenazas del peligro de reducir su esencia a formas muy limitadas.

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