Notes & Transcripts

Por J O Tejeiro R.

Lo dijo el sabio hace siglos atrás: la envidia es carcoma de los huesos . Cervantes la llamó raíz de infinitos males. La envidia es entristecerse por el bien ajeno. Es uno de los pecados más comunes, practicados y tolerados entre la gente cristiana, ayer y hoy. Es un pecado tan estéril como un desierto y costoso de comprender y de confesar. Puede estar en el corazón de una persona de manera tan imperceptible que dificilmente ésta lo notará.

Se me hace a mi que el envidioso es el más pobre y miserable de todos los mortales, por que sufre mientras se ahoga en el entristecimiento más inútil y más amargo: el causado por la felicidad ajena. Él es infeliz y desdichado cuando los demás son felices y dichosos. El envidioso procura aquietar su dolor disminuyendo en su interior los éxitos de su prójimo. Cuando ve que otros son más alabados piensa que la gloria que se tributa a los demás se la están robando a él, e intenta compensarlo despreciando o desprestigiando a quienes sobresalen o poseen más cualidades que él. Pero un alma verdaderamente pura se alegra sinceramente con los éxitos de un amigo.

La envidia suele ser un pecado practicado en la familia y entre amigos. Se dice que al patriarca José sus hermanos le tenían envidia y que por eso conspiraron contra él para matarle. La envidia los arrastró al odio y los tornó en asesinos de su propio hermano. La envidia proviene de un corazón dañado y torcido, y para arreglar tal imperfección es necesaria una circuncisión en el alma. Los que estudian el comportamiento humano afirman que la envidia es un pecado que afecta a temprana edad a las personas. Se manifiesta primero en esas envidias tontas de niños y muchachos, cuando no se quieren prestar un juguete, o cuando se entristecen por que a su amigo le han comprado algo que él no tiene. O por que su compañero sacó mejor nota que él, etc.

El apóstol Pablo da en el clavo cuando escribe que el amor no tiene envidia, por que lo único que puede curar al hombre de este mal, es el amor, pues el amor no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor. Salomón descubrió que toda excelencia de obras despierta la envidia del hombre contra su prójimo, y hallamos en Romanos 1:18-32 acerca de aquellos que habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido, por lo cual Dios los entregó a una mente reprobada para hacer cosas que no convienen; estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia ... Quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte.

A menudo nosotros los predicadores hablamos del adulterio, la fornicación, las embriagueces etc, pero tenemos una falta grave al no señalar y denunciar otros pecados como este horrible pecado mortal de la envidia , ¿ o es que no queremos hablar de algo que nos está carcomiendo los huesos, a nosotros mismos dentro del liderazgo ?

La envidia lleva también a pensar mal de los demás sin fundamento suficiente. A interpretar las cosas aparentemente positivas de otras personas, siempre en clave de crítica. Asi el envidioso llamará interesado y ambicioso a áquel que lo trata de corregir o que desea que las cosas mejoren en su entorno mutuo. Llamará ladrón y sinvergüenza a cualquiera que tenga éxito material. Como sucedió con el rey Saúl le ocurre al envidioso cuando ve que su amigo y su hermano hace cosas que él no puede hacer, cuando oye que la gente habla mucho de su amigo y de su hermano y no habla tanto de él, entonces piensa que su amigo quiere quitarle del puesto, usurpar sus funciones, y le sobrevienen entonces al envidioso los más malignos pensamientos, contra su propio hermano o amigo. Puede ser que los demonios ocupen entonces la mente y el corazón de tal persona, trayéndole odio, rabia, celos, e intentos homicidas contra alguien que le ama de veras.

Los envidiosos no admiran a nadie. Los dones o cualidades es un sentimiento natural que los envidiosos ahogan llenos de rabia, en la estrechez de su corazón. Isaías dice que se avergonzarán los que envidian a tu pueblo. Y tú no tengas envidia de los hombres malos, ni desees estar con ellos; por que su corazón piensa en robar, e iniquidad hablan sus labios. ( proverbios 24:1 ).

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