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04-15-12 Tratando con nuestras deficiencias

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Notes & Transcripts

CORRIGIENDO LO DEFICIENTE..                                                          TIT 1:3  SAL 103:2

En L.A. no llueve mucho tampoco hace mucho viento, cuando llueve un poco fuerte algunas calles se inundan un poco, hay partes del  fwy que parece que siempre se inundan, incluso a veces la lluvia y el viento pareciera ser la noticia del momento.

Algo que llama la atención a veces en las noticias no se si ha notado, cuando los árboles se desparrama y a a veces lo hacen sobre propiedades y vehículos. Lo interesante de estos árboles es que se ven sanos, fuertes, verdes, llenos de ramas y con vida. 

Cualquiera esperaría que un árbol que se ve desarrollado no cayera tan fácilmente, más muchos de ellos a pesar de que se ven grandes y fuertes la verdad es que no han aun desarrollado raíces profundas y por eso cuando caen, son arrancados de raíz.   

Otros árboles que caen están completamente desarrollados son arboles maduros que deberían soportar cualquier lluvia y fuertes vientos, más a pesar de estar desarrollados aun así caen, estos también aparentan vida, están verdes y grandes, llenos de hojas.         

Pero estos a diferencia de los que les falta raíz, son árboles enfermos, que llevan años sufriendo deficiencias, que han aparentado estar vivos por lo exterior, más poco a poco han ido muriendo. 

No se podía saber que caerían tan fácilmente porque su apariencia era de vida.  De lo contrario si su enfermedad hubiera sido detectada o se hubiera tratado de hacer algo para que se recuperara o se hubiera cortado antes que causara daño alguno.  

Pero nuestro mensaje hoy no tiene que ver con botánica, ni con nuestras enfermedades físicas, más bien hablaremos de nuestras deficiencias espirituales, encararemos algunas de ellas, para así poder permitir al Espíritu Santo que las corrija.

Ya que es su intención el día de hoy usar su cayado con su pueblo.  El está buscando a la perdida, y quiere hacer volver al redil a la descarriada, El quiere vendar a la perniquebrada en medio de nosotros y fortalecer a la débil.   

Notemos entonces que a veces somos como algunos de estos árboles.  Como individuos e incluso como iglesia nos podemos ver,  verdes y fuerte, lleno de vida más por dentro podemos estar muriendo lentamente y poco a poco y no tener raíz alguna. 

Al tratar con nuestras deficiencias evitaremos entonces el estar propensos a caer.    El Salmista en el Salmo alaba al Señor con toda libertad con todo su ser por lo mucho que el Señor ha hecho por él. 

Y trae a memoria sus deficiencias, de las cuales ha sido rescatado, las cuales han sido corregidas en su vida, de estas tres emanan de este verso.      1.  Iniquidades    2. Dolencias      3. Situación

 

I      TRATANDO CON NUESTRAS INIQUIDADES

Debo de decir que no hay perfecto en medio de nosotros, más está declaración no debería de ser una excusa para no buscar una completa santidad.  Pablo nos exhorta a esto  2 cor 7:1 “Procuremos alcanzar una completa santidad porque tememos a Dios”

·      La Gloria de Dios anhelada

Si hay algo en lo que estamos de acuerdo, algo que anhelamos en medio de nosotros es que El Espíritu Santo derramare su gloria como nunca antes lo ha hecho sobre su pueblo, queremos ver su Gloria en medio nuestro.   

Anhelo su visitación, Anhelo como muchos de ustedes servicios llenos de la Gloria de Dios, donde no podamos verdaderamente parar de adorarle y de bendecirle, anhelo contemplar la hermosura de su santidad y que descienda la nube de su Gloria en este lugar.

Quizás estoy comenzando a entender el deseo del salmista:   “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía.  2 Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo;  (Ps 42:1-2).  Tengo sed de Dios. 

Anhelo el entrar a su casa y salir de ella lleno de la Gloria de Dios, para ser bendición en mí hogar en mí comunidad y a aquellos que me rodean.       

Más sin embargo podemos anhelarlo, proclamarlo y anunciar un cambio más estar lejos de tal.  Ya que a veces se nos olvidan principios básicos, somos tan maduros que hemos olvidado lo básico para que su Gloria se derrame en medio nuestro.

·      Quien entrara en su lugar santo  

A que nos referimos.  El Salmista preguntaba: (Sal 24:3-4)  ¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su Lugar santo?, quien entrara en su santuario.  Quien entrara a aquel lugar donde la Gloria del Señor se derrama. 

Quien entrara en lo profundo de su morada, quien ministrara delante de su presencia, delante de la presencia de un Dios Grande y Temible, quien podrá levantar sus manos y ofrecer delante un sacrificio digno de su majestad.     La respuesta.

“El limpio de manos y puro de corazón; El que no ha elevado su alma a cosas vanas, Ni jurado con engaño.”    No olvidemos ante quien ofrecemos  sacrificios de alabanza.  El es grande y temible, nos presentaremos entonces ante el con manos sucias y la ligera.   

La escritura nos exhorta, “sed santos porque yo soy santo”, en otras palabras no podemos esperar la Gloria de Dios en medio de nosotros cuando hay iniquidad en el pueblo.  Se nos puede profetizar que así será, lo podemos proclamar.

Pero mientras no tratemos con nuestras iniquidades, con nuestros errores, con todo aquello que contrita El Espíritu Santo en medio de nosotros, será muy difícil que veamos la Gloria de Dios. 

·      Las apariencias a su tiempo se revelan

No podemos aparentar o fingir que todo está bien cuando por dentro estamos muriendo, no podemos seguir levantando manos llenas de iras y de contiendas ante su trono.  No podemos seguir haciéndolo, contristamos a su Espíritu cuando lo hacemos.  

Oiga las  palabras del Espíritu “ 8 Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda” (1 Ti 2:8) 

Hay contiendas, hay ira, hay enojo, hay resentimiento en su corazón.  No siga levantando sus manos al cielo, sin antes tratar con esta deficiencia.    Contritas al Espíritu cuando lo haces. 

Tratemos con nuestras iniquidades, no sea que extendamos nuestras manos al arca de Dios como lo hizo Uza en el A.T. y se encienda la ira de Jehová contra nosotros por nuestro atrevimiento al tomar su Gloria y presencia en su pueblo a la ligera. 

·      Como tratamos con nuestras iniquidades

A la iglesia de Éfeso el Señor le dijo en Apo.   Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras (Rev 2:5)

Trae a memoria que eres hijo de Dios, redimido por la sangre de Cristo, pueblo de Dios, la iglesia de Cristo. Llamados a brillar a ser Santo.   Porque no entonces, sufrir más bien el agravio, porque no considerar a los demás como superiores a ti mismo. 

Hemos sido llamados a ser como el manso y humilde, quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba (1 Pe 2:23) se nos ha llamado siervos porque eso precisamente somos, somos criados en su casa.  

Y cuando hayamos hecho lo que hemos sido llamados a hacer no podemos darnos unas palmadas en la espalda y decirnos que bien los haz hecho, sino más bien considerarnos y decir siervos inútiles somos porque lo que hemos sido llamados a hacer hicimos.   

Como tratar con nuestras iniquidades, arrepientes y haz las primeras obras.   Con arrepentimiento sincero, de nada nos sirve venir a este altar llorar por unos minutos y al salir seguir haciendo lo mismo eso no es arrepentimiento. 

Más si nos arrepentimos con todo nuestro corazón estaremos tratando con esta deficiencia y El perdonara todas nuestras iniquidades y veremos la Gloria de Dios en este lugar y seremos bendecidos.      Otra deficiencia con las que debemos tratar.   

II     TRATANDO CON NUESTRAS DOLENCIAS

Todos en alguna ocasión hemos sido heridos no hablo físicamente, pero a veces somos heridos por palabras  actitudes hacia nosotros, en realidad muchas veces estas heridas son más difíciles de llevar que una herida física.  

Estas heridas nos afectan personalmente más hay heridas y dolencias que nos afectan a todos, la escritura nos compara a la iglesia como un cuerpo y cuando en este cuerpo un miembro ha sido lastimado o herido todos en este cuerpo padecemos  

·      La dolencia impide nuestra labor

Físicamente cuando estamos enfermos podemos pretender que nada está pasando pero la realidad es que todo nuestro cuerpo nos dice que nos es así.   Hace algunas semanas me dio un poco el flu, no tan fuerte pero hasta tuve que salirme del trabajo un viernes. 

Salir temprano del trabajo cualquier otra viernes cuando están mí esposa e hijo en la casa es una bendición, pero en está ocasión estaba enfermo.  Quise hacerme el fuerte, los muchachos estaban en casa y llegue temprano y decidimos ir a almorzar. 

Ellos estaban teniendo un buen tiempo, si usted tiene jóvenes muchachos sabe que si hay algo que les gusta hacer es comer.   (e.g. Andy) Estábamos comiendo hablando, más yo no me sentía bien, si bien estaba en la conversación no era lo mismo.  

Cuando nos trajeron nuestro almuerzo, estos muchachos estaban disfrutándolo más para mí a pesar que era un platillo que me gusta no tenía el mismo sabor, comí sin ganas, un poco a la fuerza me sentía enfermo.   

No puede hacer mí trabajo, no puede tener comunión con mí familia, no tenia ganas de venir a la iglesia y vine pero difícilmente entone alabanzas, en realidad la enfermedad afectaba todos los aspectos de mí vida.  

·      La dolencia afecta todo el cuerpo

Ahora lo interesante es que no todo mí enfermo estaba enfermo, no estaba mal del estómago, ni de los ojos, ni de la vista ni de mis músculos, más sin embargo todos y cada uno de mis miembros se sentía enfermo.   

Mis manos no estaban levantadas de gozo, ni mis pies se sentían con ganas de correr o caminar, cuando somos miembros del cuerpo de Cristo lo que le pasa al cuerpo nos afecta, podemos sentirlo y no somos ajenos a ello.

Quizás a eso se refería Pablo cuando decía: “De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él”  (1 Co 12:26)  Por eso cuando hay algún malestar o dolor no podemos ignorarlo porque pronto todo el cuerpo se comenzara a dolerse.

·      El dolor nos detiene

Las dolencias impiden el avance del cuerpo, impide que este haga lo que ha sido llamado a hacer, cuando hay dolor, no hay gozo, cuando hay dolor no hay libertad, cuando hay dolor no avanzamos, cuando hay dolor no queremos hacer nada.  

Cuando el cuerpo está dolido incluso nuestras reuniones se hacen difíciles de llevar, a veces aparentamos estar bien pero por dentro nos estamos derrumbando.   Necesitamos tratar con nuestras dolencias con nuestras heridas para poder seguir adelante. 

No las escondamos, no pretendamos que no están allí antes bien hagamos lo que Oseas exhorto al pueblo:   Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará.  (Ho 6:1-2).

Necesitamos ser vendados, necesitamos ser curados, la exhortación es volvamos a Jehová, anda pueblo venid y volvamos a Jehová, pues ya que es El quien sana todas tus dolencias.    

Todas tus dolencia no solamente de aquellos miembros que parecen ser más importantes sino las dolencias de todos los miembros del cuerpo de Cristo.   Por cierto en el cuerpo de Cristo todos somos importantes.  Tu eres importante y necesario en el cuerpo de Cristo.

Quizás digas pero lo que yo hago es tan insignificante comparado con lo que otros hacen, déjame decirte que no importa que tan insignificante sea tu obra, es importante y necesaria en el cuerpo de Cristo. 

No fue esto lo que dijo el  Señor:   Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros. 22 Antes bien los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios  (1 Co 12:21-22)

Usted hermano que parece más débil, si usted que quizás para muchos parece el menos necesario en el cuerpo, que no tiene títulos,  déjeme afirmarle por la palabra del Señor que es el más necesario que ninguno de nosotros aquí en este lugar.       

No hay más importante en nuestros medios, no hay más fuerte, no hay más sabio, no hay más poderoso, no todos somos miembros del cuerpo de Cristo, y nos necesitamos los unos de los otros.                 

Volvamos entonces a Jehová y el Sanara nuestras heridas, quitara nuestros dolores. El vendara a la perniquebrada y El Espíritu Santo ungirá nuestras heridas y sanara nuestras dolencias. 

III   TRATANDO CON NUESTRA SITUACIÓN

El rescata del hoyo tu vida, otras traducciones dicen “me redime de la muerte”  si alguien había sido perseguido hasta la muerte había sido David, en varias ocasiones la vio bien cerca, y en algunas literalmente se escondió en cuevas, hoyos para librar su vida.  

·      Donde te encuentras hoy.

Has cavado un hoyo, te has escondido, o quizás has sido engañado por el enemigo para que salir del redil del señor y al hacerlo te has encontrado que caíste en un hoyo, en un situación de la que parece no hay salida. 

Se recuerda de Elias, tuvo una gran victoria, fuego del cielo había descendido, pero después de aquella gran vino la persecución, y había derrotado a los profetas de Baal más Jezabel lo amenazó de muerte y salió corriendo..   (“patitas para que te quiero”)

Y después de huir y haber estado en el desierto dijo basta Señor quítame la vida pues no soy mejor que mis padres, y se acostó a dormir y un ángel vino a él lo levanto y le dice levántate, largo camino te resta. 

Después se metió precisamente en un hoyo, en una cueva, allí estaba escondido, y el Señor le hablo y le dice que haces aquí Elías, y el le dice he sentido un celo por Jehová y a todos los profetas han matado y solo yo quedo…..        

La divina respuesta le dice, no eres tú solo, me he reservado siete mil hombres que no han doblado su rodilla ante Baal. Ciertamente una cueva no es el lugar en el que Dios había llamado a su siervo para estar.  

Estaba en un lugar equivocado, quizás te encuentres hoy en un hoyo y haz sentido un celo grande por el Señor y pienses que estás haciendo la obra del Señor.   Pero considera tus acciones y los frutos de ellas.   

El árbol bueno por sus frutos se reconoce, pregúntate es esto verdaderamente lo que Dios quiere, de lo contrario considera que tan bajo has caído y arrepiente.    

Exhortación.   Corrijamos nuestras deficiencias entonces.

o   Arrepintámonos y confesemos nuestras iniquidades y el nos perdonara y limpiara.

o   Pedimos su unción y está sanara todo dolor, malestar de nuestro cuerpo. 

o   Si no podemos salir de la situación que nos encontramos clamemos y el vendrá y nos sacara con su cayado.      

Solo entonces podremos como el Salmista proclamar, “ Bendice alma mia a Jehová y bendiga todo mí ser su santo nombre” 

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