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Cómo Agradar al Señor

Notes & Transcripts

Autor: Pastor Efraim Valverde Sr

“Porque la Gracia de Dios que trae salvación a todos los hombres, se manifestó, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo templada, y justa, y píamente, esperando aquella esperanza bienaventurada, y la manifestación gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo, que se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad, y limpiar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras” (Tito 2:11-14).

Si tú, mi estimado hermano lector, eres contado entre el número de los que el apóstol Pablo aquí menciona, vas a estar de acuerdo conmigo en todo lo que en este escrito digo, y vas a forzar tu mente y tus sentimientos para tratar de apreciar más cada día la maravillosa Gracia de Dios.

Ahora nosotros amamos al Señor pero es porque Él nos amó primero, y por Su sublime amor nos brindó de Su Gracia redentora para cultivar en nosotros, en turno, una gratitud y un amor profundo en nuestras vidas para Él. Nuestro Dios está cansado de liturgias, de ceremonias, de rituales, de todo aquello superficial y de una mera apariencia que su pueblo ha hecho tratando de agradarlo con ello. Por eso David dice: “Porque no quieres tú sacrificio, que yo daría; no quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado: al corazón contrito y humillado nodespreciarás tú, oh Dios” (Sal. 51:16-17).

Las ofrendas que Dios anhela y espera de parte de sus hijos son las que están envueltas con el perfume de la gratitud y de amor hacia Él, producidas por el efecto que ha causado en nuestro ser esa Gracia salvadora que nos ha brindado. Quiere la ofrenda de amor de vidas dedicadas a Él. Vidas en quienes Su Gracia ha producido humildad, sinceridad, nobleza, justicia, y todas las virtudes que son ahora fruto de Su Espíritu Santo. De ese don maravilloso que también por Gracia Él ha querido dar a sus hijos. Quiere sentir el gozo de ser reconocido y adorado no por ley, mas por el amor de un pueblo especial que haentendido que, “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Jn. 4: 24).

En resumen, preguntémonos una vez más: ¿Qué es la Gracia? Es la suprema manifestación del amor de Dios. Es el don por excelencia ofrecido por Dios a los mortales. Es el regalo más valioso del Creador para sus criaturas humanas. Es la esencia de la sublime e infinita misericordia de Dios. Es la acción misteriosa y profunda de Dios que por más que razonemos nunca podremos comprenderla en su plenitud. Es Dios mismo humillándose ante su propia creación, que somos nosotros, tratando de convencernos para que creamos qué tanto es lo que Él nos ama (Fil. 2:6-8). Es Jesucristo el Señor mismo.

Nunca nos hagamos el tremendo daño de tener en poco la sublime Gracia de Dios. Nunca demos por hecho lo que hemos recibido, olvidando que solamente por Gracia fuimos alcanzados. Nunca pensemos que en alguna forma o que por algunos de nuestros propios méritos podríamos ser justificados, pues solamente la Gracia de Dios es la que puede valernos. No permitamos que las mismas cosas que Dios por Su Gracia nos ha dado, sean usadas por nuestro enemigo para que la vanidad y la soberbia se introduzcan en nuestras vidas. No permitamos que ningún ser, ni ninguna cosa, ni nada en esta vida, nos influya para que mengüe en nosotros el profundo aprecio para esa Gracia maravillosa que Dios nos ha querido brindar.

Y así, al estar embargados continuamente por una profunda gratitud hacia el Señor Jesús por su Gracia Divina, vamos a ser movidos en forma continua para “dad de Gracia”, lo que por Gracia hemos recibido (Mt. 10:8). Vamos a ser inspirados para bendecir y no maldecir (Ro. 12:14). Vamos a estar dispuestos a seguir con gozo las mismas pisadas de sangre que marcó nuestro Señor y Maestro (1 P. 2:21). Vamos también a aceptar con todo reconocimiento como nuestra, la expresión del Señor para el apóstol Pablo cuando le dijo: “Bástate mi Gracia” (2 Co. 12:9). Pues si nada más hubiéremos de tener en esta vida, siendo poseedores de la Gracia de Dios nos sería más que suficiente.

launicidad.com

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