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Adoración, el propósito de la redención

La iglesia que Dios quiere  •  Sermon  •  Submitted
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Notes & Transcripts
Ephesians 1:13–14 LBLA
En El también vosotros, después de escuchar el mensaje de la verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído, fuisteis sellados en El con el Espíritu Santo de la promesa, que nos es dado como garantía de nuestra herencia, con miras a la redención de la posesión adquirida de Dios, para alabanza de su gloria.
Ephesians 1

Colosenses 3:1-17

Colossians 3:16–17 LBLA
16 Que la palabra de Cristo habite en abundancia en vosotros, con toda sabiduría enseñándoos y amonestándoos unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales, cantando a Dios con acción de gracias en vuestros corazones. 17 Y todo lo que hacéis, de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias por medio de El a Dios el Padre.
Colossians 3:1–17 LBLA
1 Si habéis, pues, resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. 2 Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. 3 Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. 4 Cuando Cristo, nuestra vida, sea manifestado, entonces vosotros también seréis manifestados con El en gloria. 5 Por tanto, considerad los miembros de vuestro cuerpo terrenal como muertos a la fornicación, la impureza, las pasiones, los malos deseos y la avaricia, que es idolatría. 6 Pues la ira de Dios vendrá sobre los hijos de desobediencia por causa de estas cosas, 7 en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas. 8 Pero ahora desechad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, maledicencia, lenguaje soez de vuestra boca. 9 No mintáis los unos a los otros, puesto que habéis desechado al viejo hombre con sus malos hábitos, 10 y os habéis vestido del nuevo hombre, el cual se va renovando hacia un verdadero conocimiento, conforme a la imagen de aquel que lo creó; 11 una renovación en la cual no hay distinción entre griego y judío, circunciso e incircunciso, bárbaro, escita, esclavo o libre, sino que Cristo es todo, y en todos. 12 Entonces, como escogidos de Dios, santos y amados, revestíos de tierna compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia; 13 soportándoos unos a otros y perdonándoos unos a otros, si alguno tiene queja contra otro; como Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. 14 Y sobre todas estas cosas, vestíos de amor, que es el vínculo de la unidad. 15 Y que la paz de Cristo reine en vuestros corazones, a la cual en verdad fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos. 16 Que la palabra de Cristo habite en abundancia en vosotros, con toda sabiduría enseñándoos y amonestándoos unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales, cantando a Dios con acción de gracias en vuestros corazones. 17 Y todo lo que hacéis, de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias por medio de El a Dios el Padre.
Colossians 3:1–17 LBLA
1 Si habéis, pues, resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. 2 Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. 3 Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. 4 Cuando Cristo, nuestra vida, sea manifestado, entonces vosotros también seréis manifestados con El en gloria. 5 Por tanto, considerad los miembros de vuestro cuerpo terrenal como muertos a la fornicación, la impureza, las pasiones, los malos deseos y la avaricia, que es idolatría. 6 Pues la ira de Dios vendrá sobre los hijos de desobediencia por causa de estas cosas, 7 en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas. 8 Pero ahora desechad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, maledicencia, lenguaje soez de vuestra boca. 9 No mintáis los unos a los otros, puesto que habéis desechado al viejo hombre con sus malos hábitos, 10 y os habéis vestido del nuevo hombre, el cual se va renovando hacia un verdadero conocimiento, conforme a la imagen de aquel que lo creó; 11 una renovación en la cual no hay distinción entre griego y judío, circunciso e incircunciso, bárbaro, escita, esclavo o libre, sino que Cristo es todo, y en todos. 12 Entonces, como escogidos de Dios, santos y amados, revestíos de tierna compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia; 13 soportándoos unos a otros y perdonándoos unos a otros, si alguno tiene queja contra otro; como Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. 14 Y sobre todas estas cosas, vestíos de amor, que es el vínculo de la unidad. 15 Y que la paz de Cristo reine en vuestros corazones, a la cual en verdad fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos. 16 Que la palabra de Cristo habite en abundancia en vosotros, con toda sabiduría enseñándoos y amonestándoos unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales, cantando a Dios con acción de gracias en vuestros corazones. 17 Y todo lo que hacéis, de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias por medio de El a Dios el Padre.
Colossians 3:1–17 ESV
1 If then you have been raised with Christ, seek the things that are above, where Christ is, seated at the right hand of God. 2 Set your minds on things that are above, not on things that are on earth. 3 For you have died, and your life is hidden with Christ in God. 4 When Christ who is your life appears, then you also will appear with him in glory. 5 Put to death therefore what is earthly in you: sexual immorality, impurity, passion, evil desire, and covetousness, which is idolatry. 6 On account of these the wrath of God is coming. 7 In these you too once walked, when you were living in them. 8 But now you must put them all away: anger, wrath, malice, slander, and obscene talk from your mouth. 9 Do not lie to one another, seeing that you have put off the old self with its practices 10 and have put on the new self, which is being renewed in knowledge after the image of its creator. 11 Here there is not Greek and Jew, circumcised and uncircumcised, barbarian, Scythian, slave, free; but Christ is all, and in all. 12 Put on then, as God’s chosen ones, holy and beloved, compassionate hearts, kindness, humility, meekness, and patience, 13 bearing with one another and, if one has a complaint against another, forgiving each other; as the Lord has forgiven you, so you also must forgive. 14 And above all these put on love, which binds everything together in perfect harmony. 15 And let the peace of Christ rule in your hearts, to which indeed you were called in one body. And be thankful. 16 Let the word of Christ dwell in you richly, teaching and admonishing one another in all wisdom, singing psalms and hymns and spiritual songs, with thankfulness in your hearts to God. 17 And whatever you do, in word or deed, do everything in the name of the Lord Jesus, giving thanks to God the Father through him.

La redención de Israel en Egipto

El libro del Éxodo nos cuenta la historia de un pueblo oprimido por la esclavitud. Este pueblo sufría bajo el arduo trabajo impuesto por los egipcios y el maltrato de sus capataces, llegando incluso a ordenar el asesinato de sus hombres recién nacidos para que no se hicieran un pueblo numeroso. Es en estas circunstancias que el Dios de Israel, el Dios de Abraham, Isaac y Jacob se aparece a Moisés y lo envía como su intermediario para liberar al pueblo de Israel de la esclavitud.
El libro del Éxodo nos cuenta la historia de un pueblo oprimido por la esclavitud. Este pueblo sufría bajo el arduo trabajo impuesto por los egipcios
Moisés, habiendo huido de Egipto en su juventud, vuelve a Israel para cumplir el mandato del Señor. Numerosas veces se presenta delante de Faraón y le dice que deje ir al pueblo para que le sirva a su Dios, para que le celebre fiesta en el desierto, para que le ofrezca sacrificios, para que sea su pueblo y Él sea su Dios. Una vez son librados y salen de Egipto, Moisés y todo el pueblo levantan un cántico a Dios celebrando sus proezas y su victoria.
El libro del Éxodo nos cuenta la historia de un pueblo oprimido por la esclavitud. Este pueblo sufría bajo el arduo trabajo impuesto por los egipcios
Una vez
La cúspide del libro llega cuando Dios revela su majestad al pueblo y desciende sobre un monte. Es ahí dónde Dios les manda a consagrarse y a santificarse, porque Él descenderá para mostrarles su majestad. Es ahí donde Él les enseña como han de servirle y cómo han de adorarle, porque desde la rebelión de Adán, el ser humano ha decidido adorar y servir a otros dioses antes que servir al Dios verdadera, al Dios creador.
Mark Dever, en su libro El mensaje del Antiguo Testamento escribe: Ese es el mensaje de Éxodo: El Señor, Jahweh, es más grande que todos los otros dioses. Dios obró soberanamente para salvar a un grupo especial de personas para que nosotros contempláramos su grandeza. Él no es otra simple proyección de esperanzas humanas o ideas filosóficas. Dios actuó en el tiempo y el espacio, para que pudiéramos ver su poder y adorar su majestad.
Así como Dios redimió al pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto, Dios ha redimido a su iglesia de la esclavitud del pecado para que adoren su nombre y Él sea glorificado.
Ephesians 1:13–14 LBLA
En El también vosotros, después de escuchar el mensaje de la verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído, fuisteis sellados en El con el Espíritu Santo de la promesa, que nos es dado como garantía de nuestra herencia, con miras a la redención de la posesión adquirida de Dios, para alabanza de su gloria.
El propósito de Dios en la redención de la iglesia es la exaltación de Su gloria a través de la adoración de Su pueblo.
Es común que se defina el propósito de la iglesia como el bien social, la evangelización o las misiones, pero la verdad es que todas esas cosas un día dejarán de ser y lo único que permanecerá es la adoración a Dios de todos sus redimodos. John Piper, en su libro Alégrense las naciones: "Las misiones no son el objetivo último de la Iglesia. El objetivo último es la adoración. Las misiones existen porque no hay adoración. La adoración es el objetivo último, y no las misiones, porque Dios es la realidad última, no el Hombre."
Una vez más, estudiaremos este texto recordando que:
El propósito de Dios en la redención de la iglesia es la exaltación de Su gloria a través de la adoración de Su pueblo.
Ésta es la razón de existir de la iglesia.
Con esto en mente, veamos entonces el contexto de este pasaje.

Contexto

Pablo le escribe a los colosenses para protegerlos de falsos maestros que están tratando de imponer reglas estrictas con respecto a comidas, bebidas y fiestas religiosas. Pablo los exhorta a mirar hacia Cristo y a poner su vista en las cosas celestiales y no en las terrenales. ¿Cuáles son estas cosas celestiales?
Ya sea por tradiciones o filosofías humanas la iglesia ha impuesto reglas humanas a la adoración desde sus inicios. Que si hay que reunirse el sábado o el domingo, que si se toma vino o jugo de uva en la santa cena, que si se pueden usar instrumentos modernos o sólo los antiguos, que si hay que vestirse con saco y corbata o si un pantalón corto y una camiseta están bien, que si se cantan himnos o música pop, que si se usa la traducción de la Reina Valera o la Nueva Versión Internacional… . Es necesario decidirse como iglesia en muchas de estas áreas y ser sabio, pero ¿podemos juzgar la santidad de unos u otros en éstos términos? ¿Son éstas las cosas celestiales que hemos de buscar? O como los fariseos, ¿hemos olvidado las cosas importantes: la justicia, la misericordia y la humildad, y nos hemos enfocado en lo secundario?
Ahora, veamos cómo Pablo describe la adoración en este pasaje.
Para comenzar a hablar de la adoración en la iglesia, es necesario primero recordar quién es la iglesia.

1. La iglesia es la comunidad de los que han resucitado con Cristo

Como seguro ya han oído antes, la iglesia no es un edificio. Es cierto que así llamamos también al edificio dónde la iglesia se reúne, pero la iglesia la conforman aquellos que están en Cristo. Pablo comienza afirmando a quién se está dirigiendo. Es obvio que la carta es a la iglesia en Colosas, pero el apóstol hace más explícita su audiencia. Él comienza diciendo:
"Si habéis, pues, resucitado con Cristo" (v. 1)
Esto quiere decir que lo que sigue es un mandato para los que han resucitado con Cristo. Para adorar al Dios verdadero es necesario nacer de nuevo. No se puede adorar a Dios si no se le conoce. Hebreos nos recuerda que para agradar a Dios es necesario tener fe y es a través de la fe que nacemos de nuevo y de la fe en el sacrificio de Cristo en la cruz que tenemos acceso a conocer a Dios. En el capítulo 2 versículo 13, la Escritura nos recuerda que antes de venir a Cristo estábamos muertos en nuestros delitos y pecados. Un muerto no puede adorar a Dios. Por eso, para adorar a Dios es necesario resucitar primero.

2. Morir al pecado y deshechar sus frutos

Pero, ¿por qué resucitar? Para poder resucitar es necesario morir primero. Romanos nos recuerda que a pesar de que estábamos muertos en pecado, muertos para Dios y muertos a la libertad, estábamos vivos bajo el yugo de esclavitud del pecado. Estábamos casados con el pecado y éramos deudores a él. La paga del pecado es muerte, por eso todo el que vive para el pecado está muerto. Es fácil minimizar nuestra condición y olvidar de dónde vinimos, olvidar de dónde nos sacó Dios.
Una de las razones por la cuál nuestra adoración se vuelve débil y terrenal es porque olvidamos de dónde nos sacó Dios. Como los israelitas en el desierto, olvidamos las grandes proezas de Dios. Olvidamos quiénes éramos y cómo pensábamos. Olvidamos el pecado en el que estábamos hundidos. Olvidamos cómo tratábamos a las personas, en especial a las más cercanas. Olvidamos que éramos egocéntricos, buscando planitud en placeres pasajeros y en cosas de este mundo. Oh que Dios nos recuerde de dónde nos sacó. Si el día de hoy puede hacer una cosa en mí y en tí, quiera Dios que sea recordarnos el poder y la majestad de Dios al salvar y dar vida a un pecador como nosotros. Pues si vemos la gloria y la majestad de Dios, ¿cómo no hemos de mirar hacia arriba a las cosas celestiales?
Si hemos resucitado con Cristo, miremos hacia arriba. No olvidemos las proezas de nuestro Dios, su poder y su majestad. No seamos como el pueblo de Israel que no tardó en comenzar a quejarse contra el Dios que lo liberó y que juzgó a los egipcios con grandes plagas. No seamos como ellos que cuando les faltó agua quisieron volver a Egipto. Que cuando se cansaron del maná desearon las cebollas y los pepinillos de Egipto, olvidando que Dios los llevaba a una tierra que fluye leche y miel.
Pongamos nuestra mira en la vida eterna que Dios ha prometido. En una eternidad a Su lado, en una eternidad sin lágrimas, sin dolor. Una eternidad de gozo en la presencia de Dios y el Rey que Él nos ha dado, gobernando con justicia sobre su pueblo y proveyendo para todas sus necesidades.
Una vez hemos resucitado con Cristo somos parte de la iglesia, de su pueblo. Ahora somos parte de aquellos que le adoran y viven vidas de adoración a él. Pero para adorarle, es necesario:

2. Morir al pecado y deshechar sus frutos (v. 5):

No es necesario dar muchas explicaciones de este versículo. Pablo nos manda a no usar nuestro cuerpo para el pecado: fornicación, impureza, pasiones, malos deseos y avaricia. Nos dice que dejemos la ira, el enojo, la malicia, la maledicencia y el lenguaje soez, y que no mintamos. Estas cosas representan el pecado de la vida a la que hemos muerto y Pablo nos motiva dándonos varias razones por las cuales hemos de morir al pecado y desechar sus frutos:
Pablo nos ayuda y nos da varias razones por las cuales hemos de morir al pecado:

I. La ira de Dios viene por causa de estas cosas (v. 6):

El juicio de Dios, el infierno y la muerte eterna se deben a nuestra adoración de otros dioses. Es porque el hombre no ha adorado al único Dios viviente, al único que merece adoración que el juicio de Dios se revela justamente desde el cielo.

2. Morir al pecado y deshechar sus frutos

I. La ira de Dios viene por causa de estas cosas.

II. Hemos desechado al viejo hombre (v. 9):

Si hemos sido adoptados en una nueva familia, si es cierto que pertenecemos a un nuevo reino, los hábitos del reino de las tinieblas y de la familia del mundo deben ser desechados

III. Nos hemos vestido del nuevo hombre (v. 10):

Entonces, si ahora hemos sido adoptados en la familia de Dios y le llamamos padre, ¿no hemos también de vivir conforme a los valores de nuestra nueva familia?
Es extraño que Pablo nos diga que desechemos estas cosas porque hemos desechado al nuevo hombre. Que nos vistamos de estas otras porque nos hemos vestido del nuevo hombre. ¿Qué significa esto? Si ya nos hemos vestido, ¿porque tenemos que continuarnos vistiendo? Si ya lo hemos desechado, ¿por qué hemos de continuar desechando?

Hay dos analogías que me han servido inmensamente para entender esta realidad. En el momento de nuestra conversión, el día que pusimos nuestra fe en el sacrificio de Cristo para perdón de nuestros pecados, ocurrió algo milagroso. Nuestra ciudadanía fue transferida de un reino a otro, del reino de las tinieblas al reino de la luz, del reino de Satanás al reino de Dios. Es como el latino que viene a los Estados Unidos y obtiene la ciudadanía americana. Desde el día en que se le otorga la ciudadanía, esa persona tiene todos los derechos y deberes de un americano. Es posible que no sepa hablar inglés muy bien, pero ya es americano. Puede ser que no celebre el 4 de julio o el día de acción de gracias, pero es un americano. Ahora, como americano, su nueva ciudadanía le exige que aprenda nuevos valores y que celebre otras fiestas, pero su identidad mexicana, colombiana, peruana, venezolana, guatemalteca, o de cualquier otro país aun permanece en él. Porque, aunque su identidad oficial ha cambiado, sus hábitos y costumbres aun han de adaptarse a su nueva identidad. Así es la vida cristiana. Hasta que no veamos a Cristo cara a cara, aun batallaremos con los hábitos y las costumbres de nuestra vieja identidad.
Ahora, una vez hemos resucitado con Cristo y desechado y muerto al pecado, entonces podemos:

3. Vestirnos del nuevo hombre en el cual adoramos a Dios (v. 12):

Esta es la verdadera adoración. Fíjense que Pablo describe lo que sigue como lo opuesto a "preceptos tales como: no manipules, ni gustes, ni toques". Les manda que nadie los juzgue "con respecto a comida o bebida, o en cuanto a día de fiesta, o luna nueva, o día de reposo". Todas estas cosas eran preceptos para adorar. Pero Pablo les dice a los colosenses: nuestra adoración no tiene que ver con estas cosas terrenales. Nuestra adoración tiene que ver con las cosas celestiales.
Una vez más, este pasaje no es difícil de explicar. Si hemos resucitado con Cristo, somos nuevas criaturas. Nos hemos vestido con las túnicas del hijo del Rey y por lo tanto, debemos vivir a la altura de esas ropas. Hermanos, no quiero que ignoremos que lo estamos llamados a hacer está basado en lo que Dios ya hizo. Él ya nos adoptó, ya somos sus hijos. El viejo hombre está muerto y nos hemos vestido del nuevo. Su espíritu ya vive en nosotros y nos da el poder para revestirnos de compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia. Para vestirnos de amor, que comprende todas estas cosas. Hermanos, nuestra lucha es difícil, dejar el pecado y vestirnos de virtud requiere energía y esfuerzo diarios, pero tenemos al Espíritu de Dios en nosotros y tenemos acceso al Rey soberano en oración. Oremos y seamos llenos de Su Espíritu para poder vivir como lo que somos, hijos del Dios viviente.
Al hacer esto, Pablo nos dice que tendremos dos cosas:

I. Unidad (v. 14):

II. La paz de Cristo (v. 15):

Además de perseguir todas estas cosas, Pablo también nos dice que adoramos a Dios cuando le damos gracias. Este mandato lo ha repetido en varias partes de su carta (vv. 1:12, 2:7, 3:15, 16, 17), debemos concluir que agradecer a Dios por su bondad es una forma importante de adorarle.
Por último, quiero que veamos en el texto cómo le adoramos de manera corporativa.
Hasta este punto, se nos manda a todos los que hemos resucitado con cristo a morir al pecado, desechar sus frutos y vestirnos del nuevo hombre. Estas cosas las debemos hacer todos, pero cada uno es responsable de hacerlas.
En la siguientes sección, Pablo nos dice aquello que debemos hacer unos a otros.

3. Enseñarnos y amonestarnos unos a otros (v. 16):

a. Revestirse de los frutos del espíritu y de amor

La primera exhortación que recibimos es que “la palabra de Cristo habite en abundancia en” nosotros.
En el Comentario Pilar del Nuevo Testamento, Douglas Moo dice: “Probablemente Pablo no se refiere a ‘la palabra o el mensaje que Cristo proclamó’ sino ‘al mensaje que proclama a Cristo’… Pablo usa esta frase para resumir la enseñanza auténtica acerca de Cristo y su significancia, de lo cual tenemos un ejemplo inmediato en los primeros dos capítulos de Colosenses”.
La palabra que debemos hacer habitar en nosotros en abundancia no es sólo lo que Cristo dijo, sino todo el mensaje que proclama a Cristo, es decir, toda la palabra de Dios, la Biblia. Hermanos, no hay libro como éste, con poder para dar vida, para cortar hasta las coyunturas y los tuétanos, que sea útil para enseñar, reprender, corregir e instruir en justicia. Hermanos, el mensaje de este libro es un tesoro que debemos hacer habitar en nuestros corazones. Una de las más grandes expresiones de adoración a Dios es guardar su palabra en nuestro corazón.

3. La adoración corporativa

Esta verdad puede ser difícil de comprender en nuestros tiempos de email y mensajes de texto, pero cuán real era esto para aquellos que vivían en el tiempo de las cartas. Las cartas desde tierras lejanas de amigos cercanos, parientes, esposos o esposas, cuán valiosas eran. Muchos memorizaban las palabras y guardaban las cartas en lugares seguros. Cuán importante es para un hijo escuchar las palabras de aprobación o ánimo de un padre o una madre, y cómo atesora un joven los consejos de los mayores. Si así atesoramos las palabras de aquellos que vemos y que nos hablan de nuevo, cuánto más hemos de atesorar las palabras del Dios que no vemos, y que se hace presente en medio de nosotros por medio de su palabra.
Moo continúa explicando que “el resto de este versículo, con su enfoque en la adoración del cuerpo colectivo, sugiere que Pablo está instando a la comunidad como un todo a poner el mensaje sobre Cristo en el centro de su experiencia corporativa”.
Cuando nos reunimos como cuerpo, como iglesia, el centro de nuestra reunión debe ser la palabra de Dios. Nuestra adoración es en base a lo que Dios a revelado y en base al evangelio de su hijo Jesucristo.
Algunas características de esto se nos dan en el pasaje:

I. Con sabiduría

El principio de la sabiduría es el temor de Dios.
Sólo podemos ser sabios y entender su palabra, por medio de Su espíritu.

II. Enseñando

La crianza de los hijos. Cómo trabajar. Cómo lidiar con conflictos. Cómo ser un bueno hijo. Cómo ser un buen esposo. Cómo ser una buena esposa. Cómo ser un buen ciudadano. Cómo orar.
Quién es Dios. Quién es Jesús. Qué es la iglesia. Cómo somos salvos del pecado. Qué es pecado. e
Quién es Dios. Quién es Jesús. Qué es la iglesia

III. Amonestando

IV. Cantando

En el tiempo de la reforma, la música de himnos era la música popular. Muchos rechazaron los primeros himnos porque eran música del pueblo.
El piano fue por mucho tiempo un instrumento del mundo y el órgano no era apropiado para servicios de la iglesia.

4. Nuestra adoración es todo lo que hacemos, de palabra o de hecho.

Aplicación

Para los que no han puesto su confianza en el sacrificio de Cristo.
Para nuestros servicios de adoración.
Cantarla
Leerla
Memorizarla
Reflexionar en ella
Cantarla
Exhortarnos con ella
Adorar:
Memorizarla
Conocer
Reflexionar en ella
Para nuestra vida personal.
Exhortarnos con ella
Para nuestra vida personal.
Para nuestra vida personal.
Adorar:
Conocer
3. Para nuestra vida personal.
Hermanos, si hemos resucitado con Cristo, busquemos las cosas de arriba. Recordemos la obra que Dios hizo cuando nos salvó y esperemos con paciencia la consumación de su reino. Y mientras seguimos aquí, busquemos ser santos en las cosas celestiales: amor, bondad, compasión, humildad, mansedumbre y paciencia. No juzguemos conforme a lo terrenal: si baila o no baila, qué come, si tiene tatuajes o no, cuántos aretes tiene, si usa la batería y la guitarra eléctrica o el violín y el piano. Que como dice Miqueas: “practiquemos la justicia, amemos la misericordia y andemos en humildad con nuestro Dios” esa es la verdadera adoración.
¿A qué se refiere Pablo con "la palabra de Cristo"?
PNTC:
¿Qué significa hacer habitar su palabra en nosotros?
Leerla
Cantarla
Memorizarla
Reflexionar en ella
Exhortarnos con ella
Adorar:
Conocer

a. Con sabiduría

b. Enseñando

c. Amonestando

d. Cantando

5. Nuestro servicio a Dios

Redención - Santificación - Adoración - Alabanza - Glorificación
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