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Quién fue (y quién no fue) María Magdalena, parte 2 de 3

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Se distingue entre María Magdalena y los relatos de las mujeres con las que se le confunde comúnmente.

Notes & Transcripts
Este es el segundo de tres artículos acerca de María Magdalena. En esta segunda entrega separaremos la identidad de María Magdalena de la identidad de otras mujeres con las que indebidamente se le confunde.
A mi entender, son tres las mujeres de la Biblia con las cuales se confunde a María Magdalena. Estas son:
la mujer adúltera,
la mujer pecadora en casa de Simón el fariseo y
María de Betania.
Veamos cada uno de estos casos por separado.
El relato de la mujer adúltera se encuentra únicamente en . Después de soportar la burla de sus propios hermanos (ver ) Jesús había viajado desde Galilea a Jerusalén. En este viaje (la primera Pascua mencionada por Juan) tuvo ya la osadía de enseñar en el templo (), aunque con gran riesgo de su vida. Al segundo día volvió al templo y, mientras se hallaba en enseñanza, le llevaron una mujer sorprendida en adulterio. La ley de Moisés indicaba que ella era reo de muerte. Para provocarle, le ofrecieron a Jesús el juicio. Si él decía algo contrario a la ley, el reo de muerte sería él. Pero Jesús les sorprendió con una corta e impactante respuesta, tan completa y tan poderosa en sus efectos que los acusadores se dispersaron y logró salvar la vida de ella. Jesús no la perdonó, como usualmente se cree, sino que la alentó a arrepentirse, con la frase “Ve y no peques más”. Jesucristo le dio una segunda oportunidad y la invitó a reconciliarse con Dios a través de un arrepentimiento completo.
Este relato es sumamente bello e instructivo, lleno de pequeñas enseñanzas y digno de ser repasado una y otra y otra vez. Sin embargo este no es un relato sobre María Magdalena. Este relato, el de , es el único que tenemos sobre la mujer adúltera, por lo que toda la información que podríamos tener está en ese pasaje. No se menciona en él el nombre de la mujer, sus antecedentes o cosa alguna sobre lo que hizo después de salvar su vida. No hay nada entonces que nos permita conocer la identidad de esta mujer y, como veremos un poco más adelante, tiene, de hecho, grandes diferencias con el carácter y la personalidad de María Magdalena. En síntesis, y me voy a permitir ponerlo en negritas, María Magdalena no era la mujer adúltera.
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A veces los fariseos procuraban ganarse a Jesús por el lado de la diplomacia. Un fariseo llamado Simón invitó a Jesucristo a comer en su casa. Estas casas eran grandes, los fariseos eran influyentes y pudientes y una invitación a comer en casa de un fariseo era invitar a un festín (un detalle curioso es que los invitados se reclinaban, más bien que sentarse). A veces se agregaban a este festín personas de la calle, que podían entrar con cierta libertad. Una mujer fue a este lugar y, trayendo un frasco de perfume, se colocó detrás de Jesús (porque él estaba reclinado, como todos) y “llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con los cabellos de su cabeza, y besaba sus pies y los ungía con el perfume” (Nuevo Testamento | ).
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Jesús aprovechó la reacción interior despectiva del fariseo, que sabía que se trataba de una mujer pecadora, para dar una brillante lección sobre el arrepentimiento, las buenas costumbres y la tolerancia. El relato completo está en (tenía que ser en Lucas, que es el evangelista de los pasajes más conmovedores sobre perdón y tolerancia) y es en verdad una obra maestra de la enseñanza.
Sin embargo, en cuanto al tema que nos compete, no hay tampoco manera de relacionar a esta mujer de Capernaúm (ver ) con María de Magdala. Nuevamente, no se menciona el nombre, antecedentes o vida posterior de la mujer en cuestión, así que habrá que remitirnos a la información que se nos proporciona en este pasaje, sin hacerle agregados. En síntesis, otra vez en negritas, no hay forma de identificar a la “mujer arrepentida” y esta mujer no era María Magdalena.
Por último, habría que mencionar a María de Betania. Jesús entró triunfalmente a Jerusalén, montado en un asno blanco, un domingo. El día anterior a ese domingo (o, a lo sumo, el jueves anterior) se encontraba todavía en Betania, una aldea cercana, descansando un poco y preparándose, sabiendo que pronto moriría, en tanto que sus discípulos esperaban que fuese coronado y reinase sobre Israel desde ese momento. Las expectativas, pues, eran diversas, y la ansiedad debió ser mucha. Era un momento de tensión, como la calma que precede a la tormenta.
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En esas circunstancias, María, la hermana de Marta y de Lázaro, tomó un perfume carísimo y ungió a Jesús con él. Esto atrajo la aprobación de Jesús y el disgusto de Judas Iscariote (). Jesús dio una interpretación a esta acción diciendo que María le ungía “para su sepultura”. Evidentemente, sus pensamientos ya estaban fijos en este punto: la culminación que su ministerio tendría a través de su expiación.
Por fin tenemos un relato detallado. Porque, a diferencia de los otros relatos, en esta ocasión todos los personajes, el lugar y el momento están claramente identificados. La reunión es en Betania, la semana anterior a la Pascua, y con la presencia de Jesús, los apóstoles, María de Betania, Marta y Lázaro (que no hacía mucho acababa de revivir). Juan el evangelista es tan cuidadoso en esta identificación que identifica a María con mucha anticipación, desde el inicio del capítulo anterior (ver ).
El relato de Juan sobre la unción en Betania guarda cierto parecido con el relato de Lucas sobre la unción en casa del fariseo. ¿Se trataba, entonces, de la misma ocasión? Veamos en qué consiste el parecido:
En las dos ocasiones se realizó una reunión en casa de alguien llamado Simón.
En las dos ocasiones, una mujer se acercó a Jesús, derramó perfume sobre sus pies y los enjugó con sus cabellos.
Hasta ahí terminan las similitudes. Veamos ahora las diferencias.
Uno de los “Simones” había sido un leproso, el otro era un reconocido fariseo.
El perfume usado en Betania era “nardo puro, de mucho precio”. No hay indicación sobre el tipo de perfume utilizado en casa de Simón el fariseo (excepto que el envase era de alabastro).
Fuera de los nombres de Jesús y de Simón el fariseo no se identifica a ninguno de los demás participantes en la reunión relatada por Lucas. En la reunión en Betania, relatada por Juan, se detalla, en cambio, que estaban presentes Marta, María, Lázaro, “los discípulos” y, entre estos, se destaca la presencia de Judas Iscariote.
Lucas ubica su relato en Capernaúm, al norte del país, en Galilea. Juan ubica su relato en Betania, al sur del país, en Judea.
El relato de la “mujer pecadora” ocurre al principio del ministerio de Jesús en Galilea. El relato de la unción por María de Betania ocurre en la semana anterior a la crucifixión de Jesús, al final de su ministerio.
Es decir, no coinciden ni el tiempo, ni la ocasión, ni el lugar, ni los participantes, ni los detalles, ni las circunstancias. En cuanto a las coincidencias cabe decir que el nombre de Simón era un nombre extremadamente común (aparece 77 veces en el Nuevo Testamento). Sería muy poco probable que “Simón el leproso” fuese el mismo que “Simón el fariseo”. Lo que podemos sentirnos tranquilos de pensar es que fueron dos eventos totalmente distintos, uno ocurrido al principio del ministerio de Jesús, con ciertos participantes, y otro ocurrido al final del ministerio de Jesús, con participantes distintos. Por lo tanto, e insisto en mis negritas, no hay forma de relacionar a María de Betania con la “mujer pecadora” y mucho menos a María Magdalena.
Llegados a este punto hagamos un resumen, juntando todas las negritas anteriores, para concluir claramente en que:
María Magdalena NO ERA la mujer adúltera cuya vida fue salvada por Jesús al principio de su ministerio. María Magdalena NO ERA “la mujer pecadora” cuyos pecados fueron perdonados por Jesús en casa de Simón el fariseo. María Magdalena NO ERA la mujer que ungió los pies de Jesús con nardo puro al final de su ministerio, a quien con toda claridad Juan identifica como María de Betania, la hermana de Marta y de Lázaro.
En ninguna de las tres ocasiones se menciona siquiera el nombre de María Magdalena y no hay ningún dato que nos permita relacionarla con las mujeres que en estos relatos aparecen. María Magdalena no era ninguna de estas mujeres que, de hecho, son tres mujeres totalmente distintas entre sí.
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