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El élder Dieter F. Uchtdorf enfatiza el valeroso carácter de Nehemías

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El élder Dieter F. Uchtdorf, miembro de la Primera Presidencia de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, basó su discurso “Estamos haciendo una gran obra y no podemos ir”, de la Conferencia General de mayo 2009, en el ejemplo de Nehemías. En especial, enfatizó su constancia, su fe y su perseverancia en medio de la oposición.

Nehemías recibe el encargo de reconstruir Jerusalén

Para el momento en que Nehemías entra a escena, los persas se habían impuesto sobre Babilonia. Los persas tenían una política mucho más benigna en cuanto a los territorios conquistados, fomentando la identidad de cada pueblo y favoreciendo la construcción en lugar de la destrucción. Nehemías, por ejemplo, recibió un gran apoyo en sus deseos por participar en la reconstrucción de  Jerusalén (que ya había sido iniciada por Esdras):
“Nehemías, el profeta del Antiguo Testamento, es un gran ejemplo del permanecer centrado y dedicado a una importante tarea. Él era un israelita que vivía exiliado en Babilonia, donde servía como copero del rey. Un día, éste le preguntó por qué estaba tan triste y Nehemías le respondió: “¿Cómo no estará triste mi rostro, cuando la ciudad, casa de [las tumbas] de mis padres, está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego?”.
“Al oír estas palabras, el rey tuvo compasión y autorizó a Nehemías a regresar a Jerusalén y reconstruir la ciudad”

Nehemías se enfrenta a una gran oposición

De esta manera, Nehemías unió sus esfuerzos a los de Esdras para conseguir la reconstrucción de Jerusalén. Así como Esdras se había preocupado por la reconstrucción del templo, Nehemías se concentró en la construcción de los muros. El caso es que eso no contribuyó a hacerle de muchos amigos.
“Sin embargo, no a todos les agradó ese plan. De hecho, a varios gobernantes que residían cerca de Jerusalén les disgustaba en extremo “…que viniese alguno para procurar el bien de los hijos de Israel” y “…se [enojaron] y se [enfurecieron] en gran manera, e [hicieron] escarnio de los judíos”.
“Con valor, Nehemías no permitió que la oposición lo distrajera, sino que organizó sus recursos y la mano de obra, y siguió adelante con la reconstrucción de la ciudad “…porque el pueblo tuvo ánimo para trabajar”.

Nehemías: un ejemplo de valor y de fe

El élder Uchtdorf explica cómo Nehemías se convirtió en un gran ejemplo para nosotros de liderazgo, de valor y de fe, al enfrentar peligros que incluso pusieron en riesgo su vida y la de sus seguidores.
“Pero a medida que empezaron a levantar las murallas de la ciudad, aumentó la oposición. Los enemigos de Nehemías lo amenazaron, conspiraron contra él y lo ridiculizaron. Tan reales e intimidantes fueron sus amenazas que Nehemías admitió: “…todos ellos nos amedrentaban”. Pero a pesar del peligro y de la constante amenaza de ser invadidos, la obra progresaba. Fue una época de mucha tensión, pues cada obrero “…tenía su espada ceñida a sus lomos, y así edificaban”.
“A medida que continuaba la reconstrucción, los enemigos de Nehemías se desesperaban más. En cuatro ocasiones trataron de que abandonara la seguridad que le brindaba la ciudad para que se reuniera con ellos bajo pretexto de resolver el conflicto; pero Nehemías sabía que sólo procuraban dañarlo. Cada vez que se le acercaban, él siempre les daba la misma respuesta: “Yo hago una gran obra, y no puedo ir”.
“¡Qué gran respuesta! Con ese claro e inmutable propósito en el corazón y la mente, con esa gran determinación, las murallas de Jerusalén se levantaron en un tiempo asombroso de cincuenta y dos días.
¡Cincuenta y dos días! Es decir, que la monumental obra de reconstruir los muros de Jerusalén, merced a la perseverancia de un líder, pudo ser realizada en menos de dos meses. Es increíble lo que se puede lograr bajo la fe.
Hasta aquí el comentario del élder Uchtdorf sobre el carácter ejemplar de Nehemías y lo que podemos aprender de su persona. Puedes leer aquí el resto del discurso del presidente Dieter F. Uchtdorf para aprender otras lecciones.
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