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Una llamada especial: Entre la noche y la madrugada (2)

Preparándonos para la Eternidad  •  Sermon  •  Submitted
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El reino de Dios es nuestra mayor necesidad. NO debe preocuparnos la vida porque Dios nos ha entregado el reino. Los tesoros del cielo no se agujerean. En Dios nuestro tesoro está seguro. Ningún ladrón podrá robarlo y ninguna polilla, destruirlo. Donde esté tu tesoro, allí estará tambien los deseos de tu corazón. Entonces, estén preparados, listos para el momento en que nos llame porque seremos recompensados.

Notes & Transcripts

El reino de Dios

Búsqueda

1. En algún momento hemos buscado algo. Buscamos algo cuando lo necesitamos. Se busca con seriedad y con intensidad. Es por eso que la mejor versión para traducir “buscar” es perseguir intensamente.
2. Mientras buscamos el reino de Dios somos recompensados por su cuidado. Su abundancia espiritual, física, etc., no nos faltará lo necesario para vivir diariamente.
3. Cuando tenemos a Dios, tenemos todo, sin él, aún en la vida física sentimos temor y ansiedad.

Preocupación

no temas, es una expresión cariñosa. Dios se agrada de darnos el reino. El tamaño de la manada no condiciona la acción de Dios sino que es amada. Es así porque el reino es un don (un regalo).
Comentario al Nuevo Testamento: El Evangelio Según San Lucas Advertencia contra la ansiedad terrenal (12:22–34)

Un ejemplo de la naturaleza aclarará esto. Un árbol no tiene poder por sí mismo para mantenerse. Sus raíces son como manos vacías extendidas hacia el ambiente. Depende del sol, del aire, de las nubes y del suelo. Ni siquiera tiene la fuerza necesaria para absorber la nutrición que necesita. El sol es la fuente de su energía. ¿Pero significa esto que el árbol permanece inactivo? De ningún modo; sus raíces y hojas, aunque completamente receptivas, son enormemente activas. Por ejemplo, se ha estimado que la cantidad de trabajo realizado por un árbol grande en un solo día elevando agua y minerales desde el suelo hacia las hojas equivale a la cantidad de energía gastada por una persona que lleva trescientos baldes de agua, de a dos a la vez, subiéndolos por una escalera de más de tres metros. Las hojas también son verdaderas fábricas. También son tremendamente activas.

Lo mismo vale con respecto a los ciudadanos del reino. Reciben el reino como un regalo. Sin embargo, después de recibir el principio nuevo de la vida, los receptores se vuelven muy activos. Trabajan árduamente, no por medio de algo que les es inherente sino por el poder que continuamente les está dando el Espíritu del Señor. Ellos se “ocupan en su propia salvación” y pueden hacerlo porque “Dios es el que está obrando en ellos tanto el querer como el hacer por su beneplácito” (Fil. 2:12, 13.

Es decir que la dádiva de Dios aumenta con la búsqueda.

Un tesoro que no se agota

Seguir los principios del reino serán la razón por la que nuestro tesoro no se gastará. Es un cambio de lo terrenal a lo celestial. lo pasajero por lo permanente. Lo que alcanzamos en Dios no es transferible.
Por ello, donde esté nuestro corazón estará nuestro tesoro. A su vez donde estén nuestros tesoros para allí se encamina nuestro corazón. Se ama con el corazón y se ama lo que es un tesoro para nosotros. Dios es nuestro amor y nuestro lugar de deposito es el cielo. Este pasaje nos amonesta a cuidar el que nuestros intereses sean más terrenales que celestiales. Hay que evaluar nuestra vida y calibrar nuestra manera de vivir con la búsqueda de Dios. La gracia está tejida en nuestra alma.
Nuestro tesoro no lo pueden robar, pues en Dios todo está seguro. NO es un tesoro que se echa a perder con el paso del tiempo. ¿Si es tan excelente el tesoro de Dios, porqué hay quienes olvidan buscar a Dios? Cuando nos acercamos a algo es porque nos gusta y nos atrae. Colocamos nuestro corazón en lo que más nos interesa.
El “ladrón” del versículo representa una pérdida repentina y violenta, la “polilla” una pérdida o destrucción más gradual y silenciosa.
Los tesoros terrenales por más que los almacenemos siempre caducan y están en constantes amenazas.
Ryle, J. C. (2002–2004). Meditaciones sobre los Evangelios: Lucas. (E. F. Sanz, Trad.) (Vol. 2, p. 119). Moral de Calatrava, España: Editorial Peregrino.
La lección de Pablo a Filipo fue: «Todo lo que es verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buena reputación; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad» (Fil. 4:8).
Henry, M., & Lacueva, F. (1999). Comentario Bı́blico de Matthew Henry (p. 1304). 08224 TERRASSA (Barcelona): Editorial CLIE.

Preparados/as

Comentario al Nuevo Testamento: El Evangelio Según San Lucas A. La parábola de los siervos vigilantes

El significado de la expresión usada en el original, a saber: “Estén ceñidos vuestros lomos”, es que los mantos largos y holgados de los siervos no deben colgar sueltos, dificultando o imposibilitando el trabajo (cf. Hch. 7:58). Estos mantos debían ser arremangadas en el cinto, de modo que los siervos pueden trabajar cómodamente y están preparados para atender a su señor.

Espiritualmente es estar siempre preparados para recibir al Señor. ¿Lo estamos? ¿Estarán nuestras lámparas encendidas? Si no lo están entonces tienen que preparase. Todos debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para recoger según hayamos hecho.
No podemos vivir dormidos. Ese es un de los riesgos de caer en una vida superficial, mecánica, rutinaria… con el tiempo se acaban los proyectos, los sueños, las metas. ¿Quién puede liberarnos de ese mundo en riesgo sino Jesús que nos lo advierte. Es por ello que Jesús reitera la vigilancia. Esos dormidos viven la fe como una tradición familiar, una herencia, una costumbre, pero no descubren la fuerza del Evangelio que humaniza.
Jesús nos convoca a vivir vigilantes ante la indiferencia, la pasividad o el descuido que vivimos con frecuencia nuestra fe. Para vivir la fe de manera lúcida es vital conocerla con profundidad. Es confrontar la fe de Jesucristo con nuestras actitudes ante la vida. Es por eso que la fe nos inspira para actuar.
Es fácil vivir durmiendo. Se imita a los demás, nos amoldamos, nos ajustamos a lo que existe, buscamos seguridades terrenales como las que Jesús señala aquí. Defendemos nuestro pequeño terreno. Ya no sabemos cómo responder. Tenemos pero no estamos completos. Una vida vacía busca ser llenada con lo inmediato. Gastamos la vida haciendo cosas pero no viviendo. Si lo que haces te tranquiliza pero no te da vida estar dormido. NO pases la vida sin enterarte que estuviste en ella. Hoy la gente piensa que sabe mucho pero sino descubre a Dios en su vida no tuvo mucha lucidez. Vivir velando nos hará dichosos.
Entonces, ¿Qué buscamos? ¿Qué esperamos? Muchos piensan que da lo mismo. El que busca a Dios sabe que el tiempo nos puede traicionar.

No sabemos el tiempo - seamos fieles

Entre la noche y la madrugada indica tiempo impreciso. Es dichoso a quien el Señor encuentre con sus vestiduras ceñidas y sus lámparas encendidas. No podemos tomar esto livianamente. El cristiano nunca debe descuidar su luz. No dejes que se acabe tu aceite. Serle fiel a Dios conservará la lámpara del alma ardiendo brillantemente. No sabemos ni el cuando ni el donde pero sí sabemos que nos llamará. No hay nada que hacer ante su llamada.

Conclusión:

Buscar a Dios es más que una necesidad. Buscar a Dios es aceptar con gratitud el regalo del Reino de Dios. Buscar a Dios arroja el temor de nuestras vidas en las ruinas terrenales para que vivamos en las mansiones celestiales. Es Vivir disfrutando, de la gracia que se tiene en Jesús, los tesoros del Cielo. Cuando buscamos a Dios en Jesús descubrimos un tesoro que no se agota. En esa búsqueda nos alineamos a la voluntad de Dios para prepararnos. Preparados en Jesús seremos capaces de esperarle sin temor.
Preguntas para la vida:
1. ¿Qué buscamos?
2. ¿Por qué tenemos temor?
3. ¿Tendremos tesoros en el cielo?
4. ¿Estoy preparado?
5. ¿Vigilo o duermo?
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