Jesus y las mujeres.

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Notes & Transcripts

 

Jesús y las mujeres

 

Lucas 8:1-3

 

Introducción

 

Historias hay miles, la mayoría permanecen ocultas. Son las historias de mujeres maltratadas, algunas torturadas, por su propia pareja hasta provocarles la muerte. El rostro escuálido de Ana, de 68 años, tenía una expresión de tristeza y desconsuelo. Había soportado todo lo que podía soportar. 50 años de salvajes golpizas, insultos y amenazas de muerte. Muestra sus brazos con cicatrices que los atraviesan transversalmente. Mercedes es pequeña, tiene 28 años y se estremece fácilmente. En una ocasión a su marido no le gustó la comida, tomó un cuchillo de cocina y se lo clavó en los brazos, la golpeó con los puños al tiempo que le gritaba que era estúpida, una vieja y fea mujer que ya no servía ni para cocinar.

 

A María de 48 años, su marido le arrebató a sus dos hijos. Llevaba trenzado el pelo gris y vestía una bata sucia de tela floreada. Su rostro era marchito y sombrío, pequeñas bolsas pendían debajo de sus ojos inexpresivos y tenía la boca semiabierta y los labios caídos. En sus manos aprisionaba con fuerza un catálogo de perfumería pirata. Al sentarse apenas ocupa un breve espacio, sin levantar la mirada, clavada en el piso, pide ayuda a un abogado de oficio para que su marido ya no la golpee y le devuelva a sus hijos.

 

En 1975 las Naciones Unidas estableció el día 8 de marzo como el “Día Internacional de la Mujer”. En esta fecha se recuerda un 8 de marzo de 1908, cuando decenas de trabajadoras de una fábrica textil de Nueva York murieron calcinadas después de encerrarse para reivindicar una mejora de sus condiciones laborales. Pero este solo ha sido un solo ejemplo de las múltiples injusticias que las mujeres han vivido a lo largo de la historia de la humanidad. Pero el plano espiritual no ha escapado ha esta horrenda manera de tratar a las mujeres, si bien no llega a esos niveles si existe una manera muy sutil en como son maltratadas las mujeres por ser mujeres en algunas movimientos cristianos. Sin embargo nuestro modelo que es Jesús nos muestra en Su Palabra como debemos tratar a aquellas que son nuestras compañeras y también enseña a las mujeres a como deben esperar ser tratadas por parte de los hombres.

 

 

También en la época de Jesús, la sociedad de los hombres desvaloraba a las mujeres. Eran seres sin importancia, hasta se creía que ellas no tenían alma. Las restricciones sociales y religiosas les impedían vivir una vida más libre como la de los hombres. Sin embargo violando la tradición religiosa prevaleciente, Cristo se atreve a devolver la dignidad a la mujer. Aunque Jesús no vino a proponer justicia social; si fue un personaje revolucionario; pues Él vino a restaurar la dignidad de todas las personas, hombres y mujeres. En el pasaje de Lucas 4:18,19 Jesús revela su misión en este mundo: Dar libertad a los cautivos. La humanidad entera (hombres y mujeres) estaba oprimida, esclavizada y sin esperanza a razón del pecado; pero Cristo viene a liberarnos a todos, mujeres y hombres. Jesús favoreció de alguna manera la libertad de las mujeres y restauró su dignidad ante sus propios ojos y de los hombres, aprendamos hoy esta importante verdad!

 

I. Jesús y la dos mujeres enfermas de flujo (Mt. 9:18-26, Lc. 13:10-17)

 

 Adbul Mahbathul fue uno de los suicidas que estrello los aviones en las torres gemelas en Nueva York en el 2002. Pues este hombre musulmán dejo su testamento escrito el 11 de abril de 1996 para que se cumpliera al pie de la letra y llama la atención dos puntos del testamente referente a las mujeres: “No quiero que me despidan mujeres embarazadas ni personas impuras. Lo rechazo. Y a mi muerte, que ninguna mujer pida perdón por mí”. Dentro de la religión Islámica las mujeres no juegan ningún papel importante; dentro de la cultura islámica un hombre vale el equivalente a dos mujeres; y aún en nuestra cultura occidental, para algunos las mujeres solo son objetos de diversión sexual. Dentro de los judíos existía un dicho que rezaba así “Gracias Dios por que no me hiciste perro, ni mujer” Pero Cristo trato de manera diferente a las mujeres; su ejemplo esta muy lejos de estas manifestaciones de soberbia y odio hacia las mujeres.

 

Se nos dice que Una mujer que hacía doce años estaba enferma de flujo de sangre buscó de manera persistente la sanidad al tocar el manto del Señor Jesús (v. 20) Esta mujer había gastado todo lo que tenía en médicos y charlatanes que abusando de su condición de enfermedad y de ser mujer la empobrecieron hasta hacerla un mendiga que buscaba la sanidad por las calles; pero llego el día tan anhelado en el que Jesús pasó a su lado y esta mujer social y religiosamente impura lo toca (v.21) Inmediatamente el Señor Jesús se percata de que Poder ha salido de Él y busca quién le ha tocado. La reacción del Señor es contraria a lo establecido por los HOMBRES religiosos de la época:  “Ten ánimo, hija; tu fe te ha salvado” (v. 22) El Señor en lugar de reprenderla o rechazarla, le afirma su fe y la recompensa con la sanidad.  

 

Es Lucas quien nos dice que el Señor Jesús puso su atención a una mujer que hacía 18 años que estaba encorvada a causa de un espíritu de enfermedad, Y Lucas nos dice que Jesús la llamó y le dijo: “Mujer, eres libre de tu enfermedad” (v. 12); pero lo que debemos notar esta en el v. 13; el Señor Jesús “…puso las manos sobre ella; y ella se enderezó…” Cristo pudo haber sanado a la mujer sin necesidad de tocarla; pues ya lo había hecho antes a muchos otros; es más resucitaría a Lázaro con tan solo pedirlo con sus labios. Pero él quiso tocarla son sus manos; tocar a una mujer era considerado inadecuado; pero para Cristo esto no fue así; sino que lo hizo no solo para sanarla, sino para hacerle sentir que para Él, ella era importante, y lo hizo para enseñarnos a nosotros que Cristo da su bendición a todos lo que le buscan, sean hombre o mujeres. Jesús sano y sana a las mujeres en todos los sentidos posibles; pues para él la mujer es igualmente valiosa y merecedora de la restauración física, emocional y espiritual.

 

II. Jesús y la mujer Adultera (Jn. 8: 1-11)

 

 

La nigeriana Amina Lawal, fue condenada a muerte por lapidación, castigo que la ley islámica impone a las personas que halla culpables de adulterio. Su vida se prolongó gracias a que el tribunal aplazó la ejecución para permitirle cuidar a su hija, nacida fuera del matrimonio, en sus primeros dos años de vida. En los últimos 10 años han llegado a la atención internacional una docena de casos de mujeres con la misma pena por tener sexo fuera del matrimonio en seis países gobernados por leyes musulmanas. Otro caso es el de Safiya Huseini, una campesina de 35 años de edad acusada de adulterio. Sin embargo dicho adulterio no fue tal sino que fue una violación por parte de uno de sus primos.

 

En febrero de 2002, en Sudán, el apoyo internacional logró que la sentencia a muerte por lapidación de la joven sudanesa Abok Alfa Akok fuera conmutada por una penalización más leve. En el 2001, también en Nigeria, Bariya Ibrahim Magazu, de 18 años de edad, recibió 100 latigazos por estar embarazada fuera del matrimonio.

 

En el reino de Fujairha, el más conservador de los Emiratos Árabes Unidos, una migrante de Indonesia que laboraba como empleada doméstica también fue condenada a ser muerta a pedradas por adulterio. Igualmente, ese mismo año dos mujeres afganas bajo el régimen talibán fueron muertas a pedradas en estadios abiertos y repletos de gente, en un lapso de seis meses. Esta costumbre en el medio oriente de castigar de manera ejemplar a las mujeres adulteras no es reciente. Ya en los tiempos de Jesús se practicaba, a razón de cumplir las leyes religiosas.

 

Jesús estaba enseñando en el templo (v. 2) cuando de pronto los hombres religiosos le llevaron a jalones y empujones a una mujer que había sido sorprendida en el acto mismo del adulterio (v.4), lo curioso es porqué no llevaron al hombre con quien adulteraba; cuando esto ocurre, de manera casi generalizada la mujer lleva más de perder; pues según la mentalidad misógina las mujeres son las que se meten con los hombres. Llevan a esta mujer ante Jesús no porque les importara tanto la moralidad de su comunidad, sino por dos razones importantes; Una fué poner a prueba al maestro y la otra manifestar su odio hacia una mujer pecadora.

Le insistían que les dijese que hacer y como castigar la adultera. Jesús sin embargo inclinado hacia el suelo, escribía en la tierra con el dedo (v. 6) ¿Qué escribiría el Señor? Hay quienes dicen que estaba escribiendo cada uno de los pecados de todos los que acusaban a la mujer y que por eso ninguno se atrevió a tirar la primera piedra. Cuando Jesús esta a solas con la mujer; Jesús no la justifica; pero la trata con dignidad y misericordia. Cristo no toma en poco su pecado; pero Él mira al ser necesitado de perdón y restauración; más que un ser perverso y pecador. El Señor la trata son suavidad “…Ni yo te condeno” pero a la vez le exhorta con firmeza “…y no peques más” (v.11)

 

III. Jesús y las mujeres que lo seguían (Lc. 8: 1-3)

 

Este pasaje es crucial para todos aquellos que consideran que las mujeres no deben ocupar liderazgo en la iglesia. Pues hay iglesias que mal entienden los principios de la Biblia y han relegado a las mujeres a papeles de relleno pensando que Dios no se agrada de ellas. En algunos lugares las mujeres son violentadas a ocupar solo puestos de enseñanza infantil, no pueden dirigir las celebraciones o cultos, deben vestir de una manera determinada o no pueden opinar y participar en las decisiones del reino de Dios y no porque éstos sean oficios malos; sino que limitan a las mujeres y se pierde la iglesia de grandes bendiciones y dones que Dios ha dado también a las mujeres. Pero nuevamente es Lucas quien nos dice que Jesús iba por aldeas y ciudades anunciando el evangelio del reino de Dios y que le acompañaban sus doce discípulos más cercanos (v.1) pero además iban otros personajes más e igualmente importantes “Y algunas mujeres…” (v.2) ¿Cómo? Mujeres en las caravanas evangelísticas del Señor Jesús? Sí, el Reino de Dios y sus asuntos no son cosas de hombres sino de todo aquel que cree en el Señor Jesús. Esas mujeres habían sido sanas física y espiritualmente (v.2) y esa era la razón por la que seguían a Cristo. Pero considero que también le seguían porque habían sido sanadas emocionalmente; pues por primera vez eran tomadas en cuenta para cosas de importancia; por fin no eran discriminadas; los doce probablemente tuvieron que aprender a tratarlas conforme a la visión que su maestro les estaba enseñando.

 

 

Se nos mencionan unos ejemplos de estas mujeres que fueron sus colaboradoras: Maria Magdalena a la que habían liberado de siete demonios; Juana la mujer de un trabajador de Herodes, Susana y otras muchas. El nombre de estas se suman a las de aquellas que encontraron en Cristo la salvación, la sanidad y la restauración de su dignidad. Jesús fue un hombre en toda la extensión de la palabra; creo que no ha habido otro hombre como Él y aún así Cristo supo recibir ayuda de las mujeres, en el v. 3 dice: “…que le servían de sus bienes” Los machistas no saben aceptar la ayuda de las mujeres; pero los verdaderos hombres no solo la reciben sino que la aprecian y la valoran en todo. Hoy como ayer las mujeres han demostrado que son no solo las más fieles a Cristo; sino las más entregadas y las atrevidas en los asuntos del Señor. Porque fueron las mujeres las únicas que estuvieron con su maestro en su crucifixión, fueron las mujeres las primeras en llegar al sepulcro el día de resurrección y han sido las mujeres las que más han trabajado por el avance del reino de Dios en todos los tiempos. No es justo pensar que solo los hombres tenemos el privilegio de trabajar para Cristo; ellas pueden y quieren hacerlo y no podemos impedírselos.

 

 

No puedo terminar este pequeño comentario sin hablar de más mujeres importantes halladas en la Biblia: La mujer samaritana, la mujer siro fenicia, Martha, Maria, la mujer que derramo perfume a los pies de Jesús. Y que decir de aquellas que participaron en las iglesias en casa: Apia en Colosas (Flm 2), Ninfas en Laodicea (Col. 4:15), Priscila en Roma ( Rom. 16:5), Cloé en Corinto (1ª Cor. 1:11). Pablo reconoce en su carta a los Romanos los esfuerzos de Maria, Trifena, Trifosa, Pérsida. Se refirió a Junia como apóstol y alabó su ministerio, a Febe como diaconisa, etc.

 

El propósito de este mensaje es demostrar que en Cristo hay igualdad de condiciones, de oportunidades y de bendiciones; aprendamos a valorar a las mujeres cercanas y a crear una cultura de respeto y honra a las mujeres que durante años han sufrido y padecido el odio y la violencia por simple hecho de ser mujeres.  Cambiando de actitud, estaremos dando un homenaje a todas las victimas mujeres que han dado sus vidas por serlo. Honor y agradecimiento eterno a nuestras compañeras del camino!!!

 

Les ama,

Luis Echeverría, Anciano

Comunidad Bíblica Rhema.

 

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