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Notes & Transcripts

 

¿HAN CESADO LOS Milagros?

Un milagro, como el término es usado en la Biblia, es un acto de la sobreseída o suspendida ley natural de Dios.  No debe ser confundido con una obra de la naturaleza, la cual es en efecto, resultante de la ley natural de Dios; ni tampoco debe ser confundido con una obra de la providencia, que es un efecto producido por un acto especial de Dios a través de medios naturales.  Un ejemplo del obrar de las leyes de la naturaleza es el nacimiento de los niños resultando de la unión física de los hombres y las mujeres.  El nacimiento de Samuel, el profeta, en respuesta a la oración de su madre Ana es un ejemplo de las leyes de la naturaleza siendo usadas en el obrar providencial de Dios.  Véase .1 Samuel 1:1-20.  El nacimiento virginal de Jesús es un ejemplo de la ejecución de un milagro, en eso, este fue un acto de Dios desalojando las leyes naturales pertenecientes al nacimiento biológico.

No es el propósito de este tratado presentar evidencia en favor de la confiabilidad y validez de los milagros registrados en la Biblia.  El escritor supone que los lectores firmemente creen en estos milagros.  Pero este estudio se propone contestar a la luz de la revelación de la Biblia la pregunta pertinente:  ¿Han cesado los milagros?

Hay un innumerable número de personas en el mundo hoy día, representando muchas organizaciones religiosas, que declaran creer que los milagros están corrientemente siendo ejecutados por el poder de Dios.  Por las varias formas de comunicación obtenidas  por una gran parte de la población—en los periódicos y revistas, en la radio y la televisión, y los libros y tratados—los hombres están haciendo atrevidas y vocingleras afirmaciones de que Dios está haciendo milagros a través de ellos en actos tales como sanar al enfermo, hablar en lenguas, predicando por inspiración directa, viendo visiones, y resucitando muertos.  Escudriñemos cuidadosamente las Escrituras para averiguar si estas declaraciones son dignas de aceptación o no por los creyentes racionales y reverentes de la Biblia.

Para entender la enseñanza del Nuevo Testamento sobre el tema de los milagros, es necesario enterarnos de las varias medidas en la operación del Espíritu Santo; porque es únicamente a través de la influencia del Espíritu Santo que los individuos han sido capaces de ejecutar milagros por el poder de Dios.  Las diferentes medidas del Espíritu Santo serán presentadas a medida que la discusión sea desarrollada.

Los Milagros del Señor

Jesús, el Hijo de Dios, fue dotado con el Espíritu en un grado ilimitado.  «Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla; pues Dios no da el Espíritu por medida.  El Padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado en su mano» (Juan 3:34-35).

Todos los milagros de Jesús (ya fueran milagros tales como el de la sanidad del enfermo o el milagro de la inspiración) fueron ejecutados a través de la influencia del Espíritu Santo.  En Lucas 4:18-19 Jesús se aplicó a sí mismo el pasaje del libro de Isaías, una profecía que exponía el poder del Espíritu en Su vida:  «El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor.»  Además de eso las citas Bíblicas que declaran el poder del Espíritu en las obras milagrosas de Jesús son las siguientes:  «Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra alrededor» (Luc. 4:14), «He aquí mi siervo, a quien he escogido; mi Amado, en quien se agrada mi alma; pondré mi Espíritu sobre él, y a los gentiles anunciará juicio» (Mat. 12:18), y «Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios» (Mat. 12:28).  Comp. Mateo 4:1.  En vista de que Jesús recibió el Espíritu sin límite, Su poder en la ejecución de los milagros fue ilimitado.

El propósito básico de los milagros del Señor está expresado en Juan 20:30-31 - «Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro.  Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.»  Juan afirma en este pasaje que los milagros de Jesús prueban que El es el Hijo de Dios.  Comp. Juan 3:2 y Hch. 2:22.

Antes de que el Nuevo Testamento fuera escrito, fue necesario que los hombres creyeran en Cristo sobre la base de la enseñanza verbal concerniente a Sus milagros (de esta manera la importancia de la predicación de los apóstoles, lo cual consideraremos en la fase siguiente de este estudio).  Pero ahora que el Nuevo Testamento ha sido escrito completamente, la base de la creencia en Jesús como el Cristo, el Hijo de Dios, son las señales o milagros ejecutados por Jesús que están escritos, así como Juan lo afirma.  Los hombres hoy día están para creer en Cristo a causa de Sus milagros que están registrados en el Nuevo Testamento.  Aquellos que creen que la gloria y divinidad de Cristo no puede ser defendida hoy día sin la corriente ejecución de milagros niegan la validez de Juan 20:30-31.  

Los Milagros de los Apóstoles

Entre las últimas palabras que Jesús dijo a los apóstoles antes de Su ascensión a los cielos estaban:  «Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días» (Hch. 1:5).  El cumplimiento de esta promesa está registrada en el segundo capítulo de Hechos.  La medida bautismal del Espíritu Santo dio a los apóstoles poder para ejecutar varios milagros:  hablar en lenguas (Hch. 2:4), sanar al enfermo (Hch. 3:6-8), resucitar al muerto (Hch. 9:36-41), predicar por inspiración directa (Juan 14.26), etc.  Véase Hechos 1:8; 5:12.

Con muy pocas excepciones, los modernos obradores de milagros sostienen que ellos han sido bautizados con el Espíritu Santo.  Si ellos están en lo correcto en esto, entonces tienen el mismo poder recibido por los apóstoles:  hablando en lenguas, resucitando al muerto, etc.  Pero ¿por qué estos demandantes obradores de milagros cuando van a un país extranjero deben estudiar el lenguaje local para comunicarse con los habitantes?  Ciertamente, debieran tener el mismo poder así disfrutado por los apóstoles en ser capaces de hablar en idiomas no previamente aprendidos.  Cuidadosamente lea Hch. 2:4-11.  Además, ¿por qué deben estos obradores de maravillas leer y estudiar la Biblia para saber algo acerca de lo que esta enseña?  Obviamente, si ellos hubieran sido bautizados con el Espíritu Santo, debieran ser capaces de expresar «toda la verdad» (como lo hicieron los apóstoles) sin la necesidad de algún estudio previo de la Biblia cualquiera que sea.

El fracaso de los modernos obradores de milagros en repetir los milagros de los apóstoles es prueba indisputable de que ellos no han recibido la medida bautismal del Espíritu Santo.  Y, en efecto, ningún hombre vivo en el mundo hoy día ha sido bautizado con el Espíritu Santo.  Pablo, escribiendo a los santos en Efeso cerca del 64 D.C, varios años después de la administración del bautismo del Espíritu Santo a los apóstoles, dijo, «...un bautismo» (Efe. 4:5).  Que este un bautismo es el bautismo en agua  es claramente evidente en consideración de los siguientes hechos:  la gran comisión es para estar en vigor durante la totalidad de la dispensación actual, a los hombres se les debe administrar el bautismo ordenado en esta comisión,  y el único bautismo administrado por los hombres así registrado en el Nuevo Testamento es el bautismo en agua.  Lea Mateo 28:18-20 y Hechos 8:36-39.  El bautismo en el Espíritu Santo fue prometido en Mateo 3:11, pero acorde a este pasaje el Salvador sería el administrador, no los hombres.  De esta manera el bautismo en el Espíritu Santo no puede ser el bautismo de la gran comisión.  La administración del bautismo del Espíritu ocurrió muchos años de Pablo declarar que hay «un bautismo.»  Pero al momento de este escrito la gran comisión está en vigor, y lo estará hasta el fin del tiempo;  y el único bautismo ordenado en este, es el bautismo en agua.1 

Cuando los apóstoles iniciaron su obra de guiar las almas a Cristo, no estaba en existencia un Nuevo Testamento escrito del cual pudieran predicar.  Acorde a la promesa de Jesús, serían capacitados para proclamar el evangelio por la inspiración directa del Espíritu Santo:  «Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho» (Juan 14:26).  «Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad...» (Juan 16:13).  El lector observará que los apóstoles serían guiados por el Espíritu Santo a toda la verdad.  Esta completa verdad que predicaron fue eventualmente puesta en escritos para componer los libros del Nuevo Testamento, el último libro fue escrito para el tiempo de la muerte del apóstol Juan aproximadamente en el 96 D.C.

Los modernos obradores de milagros que sostienen que son divinamente inspirados en sus predicaciones, que declaran recibir nueva revelación por el Espíritu Santo, niegan que la promesa que Jesús hizo de guiar a Sus apóstoles a toda la verdad por la inspiración del Espíritu Santo haya sido cumplida.  Niegan la auto-suficiencia de las santas escrituras, de esta manera haciendo que salga una mentira de tales pasajes como .2 Timoteo 3:16-17 y Corintios 4:6.  Niegan la verdad expresada por 2 Pedro 1:3 - «Como todas las cosas que pertenecen a la vida  y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia.»

Los apóstoles en la predicación de toda la verdad necesariamente proclamaron los milagros de Jesús, también como Su vida perfecta y muerte en sacrificio, por ejemplo, Pedro en Hechos 2:22; 10:38.  Pero el sólo hecho de ellos fielmente predicar las obras milagros del Señor no probaría a los incrédulos que el testimonio de ellos era verdadero.  La palabra de ellos sola no era suficiente para probar a la satisfacción de hombres inteligentes que su comisión de predicar era del Hijo de Dios y que el mensaje presentado por ellos era de origen divino; en consecuencia, fue necesario que ellos ejecutaran milagros para confirmar su predicación.  Cuidadosamente note Hebreos 2:3-4 - «¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?  La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron, testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu según su voluntad.»  La referencia aquí a «los que oyeron» es a los apóstoles.  Véase .1 Jn 1:1.  El mensaje de los apóstoles fue confirmado, como lo afirma el escritor de Hebreos, por los milagros que ellos ejecutaron.  En otras palabras, estos milagros probaron a los incrédulos que el mensaje de los apóstoles era de origen divino y que las declaraciones que hicieron para comprobar los milagros de Jesús eran dignos de confianza.

No sólo los milagros de los apóstoles tuvieron por objeto confirmar la palabra de Dios a aquellos que recibieron su enseñanza verbal sino también a todos aquellos de los siglos subsiguientes que leerían el Nuevo Testamento.  La palabra confirmar es definida por Webster como significando «hacer firme, establecer, dar certeza, veracidad, corroborar.»  Aquellos que creen que los milagros están aún en vigencia niegan que los milagros de los apóstoles fueron suficientes en la confirmación de la palabra divina.  Pero con el Nuevo Testamento completamente escrito a la muerte de Juan, plenamente confirmado por los milagros de los apóstoles, la palabra del Señor estaba establecida, verificada, corroborada, y hecha firme por todas las generaciones que siguen.  Los Milagros terminaron con la desaparición del último apóstol.  

Los Dones Espirituales

Durante los primeros años de la iglesia, mientras los apóstoles estaban aún vivos y la escritura del Nuevo Testamento estaba en acción formativa, muchos Cristianos fueron dotados con poderes especiales, llamados dones espirituales en .1 Corintios 12:1.  Estos poderes o milagros fueron necesarios en el sostenimiento de la obra de la iglesia antes de que la escritura del Nuevo Testamento fuera completada.

En .1 Corintios 12:8-10 nueve dones espirituales son mencionados, incluyendo el de profecía, lenguas y ciencia (sobrenatural).  En el capítulo siguiente, versículo 8, el escritor declara «...pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará.»  Pablo afirma en este pasaje que los milagros se acabarán.  En la declaración que sigue, versículos 9 y 10, nos dice cuándo sucedería esto:  «Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará.»  En ese tiempo Pablo escribió lo anterior, el Nuevo Testamento estaba en el proceso de ser escrito.  Ningún hombre inspirado entre los Cristianos a quienes Pablo se está refiriendo estaba dotado con todo el conocimiento; pero cuando la escritura del Nuevo Testamento (llamado por el apóstol «lo perfecto» y designado en Santiago 1:25 como «la ley perfecta, la de la libertad») fue completado, entonces eso que era en parte (los varios dones espirituales mencionados en 1 Corintios 12, incluyendo la ciencia sobrenatural) se acabó.  El Nuevo Testamento escrito proporciona ahora a la iglesia con todo lo esencial para que sus miembros aceptablemente sirvan a Dios.

En el último versículo de 1 Corintios 13 Pablo dice, «Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero mayor de ellos es el amor.»  Después que los nueve dones espirituales nombrados por el apóstol se acabaron  en la terminación de la escritura del Nuevo Testamento, sólo la fe, la esperanza y el amor permanecieron, «Estos tres.»  Si los milagros fueran perpetuos para la dispensación del evangelio, Pablo hubiera dicho, «Y ahora permanecen...estos doce» (los nueve dones espirituales mas la fe, la esperanza y el amor).

Los dones milagrosos recibidos por varios miembros de la temprana iglesia, también como los milagros de los apóstoles, fueron manifestaciones del Espíritu Santo.  «Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo...Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho.  Porque a éste le es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu,...etc.» (1 Corintios 12:4,7-8 y Sig.).  La medida particular del Espíritu Santo en Pablo aquí es descrita que fue impartida por la imposición de las manos de los apóstoles. Lea Hechos 8:17-18; 19:6; Romanos 1:11; y .2 Timoteo 1:6.  La diferencia entre esta medida del Espíritu y la medida del bautismo fue principalmente un asunto de grado antes que de clase.  Mientras que la medida bautismal del Espíritu le concedió a cada apóstol el poder para ejecutar todos los milagros que Dios obró a través de los hombres, la medida de la imposición de las manos de los apóstoles le dio a cada persona recipiente únicamente un poder milagroso limitado.  Véase .1 Corintios 12:8-11.

Aquellos que recibieron el poder del Espíritu Santo por la imposición de las manos de los apóstoles no pudieron transferirlo a otros, por ejemplo, Felipe, el evangelio, podía obrar milagros, pero estaba incapacitado para impartir este poder a otros.  Lea Hechos 8:13-18.  Todos los poderes milagrosos terminaron con la muerte de los apóstoles.  La revelación de Dios estuvo entonces total y completa en el Nuevo Testamento escrito y los milagros no fueron necesarios por más tiempo.

Prueba Solicitada

Todos los que se exponen a sí mismos como obradores de milagros deben positiva y plenamente probar el poder para obrar milagros o de otra manera serán marcados como impostores.  Tan sólo sus afirmaciones vociferadas de la capacidad para sanar enfermos, resucitar muertos, hablar en lenguas, etc., no le prueba a la gente inteligente que ellos tienen el poder para obrar verdaderos milagros.  Aquellos que verdaderamente respetan a Dios y Su palabra listos a seguir el mandato de .1 Jn 4:1 para probar las afirmaciones de los modernos obradores de milagros:  «Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo.»

Cuando se presiona por una prueba del actual poder milagroso, el contemporáneo obrador de milagros invariablemente cesa su alardeo y asume un aire de modestia.  Piadosamente expresan su renuencia y disgusto en «sacar a lucir» sus poderes milagrosos.  Observe .2 Corintios 12:12 - «Con todo, las señales de apóstol han sido hechas entre vosotros en toda paciencia, por señales, prodigios y milagros.» Ningún hombre hoy día puede obrar milagros por el poder de Dios.  La incapacidad de todos los modernos obradores de milagros se respalda en sus atrevidas afirmaciones con verdaderas pruebas que los marcan como falsos profetas.

Características

Ya en esta discusión hemos aprendido que los milagros cesaron con la terminación de la perfecta ley, el Nuevo Testamento;  y sólo sobre esta base podemos estar seguros que ningún hombre hoy día puede obrar verdaderos milagros.  Pero para entender aun más enfáticamente ese hecho de que los milagros han cesado, observemos las características de los milagros del Nuevo Testamento en contraste con la charlatanería que los hombres de hoy día intentan para imponerse sobre el público como siendo milagrosos.

1. Los milagros del N. T. eran para convencer a los no creyentes también como a los creyentes.

En Hechos 3:1-10 está registrada la historia de Pedro y Juan sanando al cojo en la puerta de la Hermosa en Jerusalén.  La noticia de este milagro fue esparcida fuera de la ciudad, siendo finalmente llamada la atención del Sanedrín.  Hechos 4:14-16 declara, «Y viendo al hombre que había sido sanado, que estaba en pie con ellos, no podían decir nada en contra.  Entonces les ordenaron que saliesen del concilio; y conferenciaban entre sí, diciendo: ¿Qué haremos con estos hombres?  Porque de cierto, señal manifiesta ha sido hecha por ellos, notoria a todos los que moran en Jerusalén, y no lo podemos negar.»  La ciudad entera, incrédulos también como creyentes, habían admitido que un milagro había sido obrado por los apóstoles; y aun el Sanedrín, cuyos miembros podían difícilmente ser acusados de tener una predilección hacia los apóstoles, no negaron este milagro.  Pero ¿a quién convence los milagros modernos? ¿A los escépticos como los miembros del Sanedrín?  No en absoluto.  Aquellos que son convencidos por estos falsos milagros son las únicas personas que tercamente sostienen la idea, aparte de la enseñanza de la Biblia, de que Dios aún obra a través de milagros.

Refiriéndose al milagro de Pedro en la resurrección de Dorcas de la muerte, Hechos 9:42 dice - «Esto fue notorio en toda Jope, y muchos creyeron en el Señor.»  ¿Qué tan esparcidas están las noticias ocurrentes del supuesto caso de uno siendo resucitado de los muertos?  Tales noticias viajan exactamente tan lejos como el alardeo fanfarroneador del impostor que declara que ha obrado tal milagro.  ¿Cómo pueden muchas personas inteligentes, distinguidas creer en el Señor como resultado de escuchar un reporte de tal milagro fraudulento?

.1 Corintios 14:22 declara - «Así que, las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos...» En los tempranos días de la iglesia cuando ciertos hombres fueron capacitados para hablar en idiomas extranjeros que nunca habían estudiado, tales expresiones milagrosas fueron usadas para convencer a los incrédulos que aquellos de esta manera hablando lo estaban haciendo bajo una comisión divina.  Ciertamente, si un Americano fuera a hablar un Alemán fluido, un lenguaje que nunca había estudiado, convencería a muchos incrédulos de su habilidad para obrar milagros y por tanto de su misión divina.  ¿Pero quién puede hablar de esta manera hoy día?  Nadie en absoluto.  La cháchara y balbuceo incoherente y sin sentido de los modernos habladores de lenguas no convence a nadie sino a los engañados creyentes en milagros.  Y cuando estos  hablantes en lenguas van como misioneros a una tierra extranjera, o aprenden el lenguaje nativo por medio de esforzarse en un estudio diligente o se encontrarán a sí mismos incapaces de comunicarse directamente con los nativos.

2. Los milagros del Nuevo Testamento envolvieron circunstancias completamente excluidas de la posibilidad de que fueran ejecutadas por medio de trucos o que fueran manifestaciones de las leyes naturales.

El capítulo once de Juan presenta la historia de Jesús resucitando a Lázaro de la muerte.  El versículo 39 dice, «...Marta, la hermana del que había muerto, le dijo:  Señor, hiede ya, porque es de cuatro días.»  Nadie pudo acusar justificadamente a Jesús de usar trucos o charlatanería en la resurrección de un cuerpo que había estado en la tumba por cuatro días, y en una condición decadente, cuyo hecho era conocido por los miembros de la familia del muerto y por la mayoría de sus amigos.  Lázaro no estaba en trance ni vivo bajo circunstancias en las que el latido del corazón no podía ser detectado.  Estaba evidentemente muerto, y la única forma en que podía volver a vivir era por un poder milagroso.  ¿Puede alguien presentar un sólo caso autenticado desde los días de los apóstoles en que una persona muerta por cuatro días, en una condición decadente, haya sido traída de regreso a la vida?  ¿Sólo un caso?  Los fraudulentos obradores de milagros, no obstante sus descaradas declaraciones de tener poder para levantar muertos, son absolutamente inútiles en frente de la muerte.

El cojo sanado por Pedro y Juan, previamente referido, había estado cojo desde el vientre de su madre (Hechos 3:2), excluyendo cualquier posibilidad de su aflicción teniendo una base sicosomática y por tanto curable por medios psicológicos.  Su aflicción era conocida por muchos observadores imparciales; en consecuencia, esto no pudo ser arreglado por los apóstoles de manera que una cura falsa pudiera ser facilitada la cual dejaría la impresión de un milagro siendo obrado.  Su recuperación fue instantánea y completa, excluyendo cualquier posibilidad de una cura siendo labrada por medios naturales.

Los modernos sanadores divinos nunca verdaderamente presentan curas autenticadas como las anteriores.  Sus curas envuelven ya sea casos de fingida aflicción o aquellas basadas en desórdenes psicológicos—¡pero nunca genuinos casos incurables por los medios naturales!

Mateo 12:10-14 relata la narración de Jesús sanando al hombre con la mano seca.  El versículo 13 declara - «Entonces dijo a aquel hombre:  Extiende tu mano.  Y él la extendió, y le fue restaurada sana como la otra.»  Una mano seca hecha total, completa y exactamente como la otra, estaba dentro de la mira de los milagros del Nuevo Testamento también como la sanidad de las otras clases de aflicción.  Lea Mateo 9:35.  Tal ejemplo no permitiría la más remota posibilidad de ser una aflicción fingida de manera que una cura fraudulenta pudiera ser presentada; ni hubo forma alguna en que esta pudiera ser sanada por medios naturales.  E indudablemente, el poder milagroso que pudo restaurar una mano seca pudo también  restaurar ojos, oídos y miembros perdidos.  Véase Lucas 22:51.  ¿Qué hombre hoy día en algún momento ha sido capaz de restaurar miembros perdidos del cuerpo:  ojos, brazos, manos, piernas, pies, etc.?  Los charlatanes y curanderos religiosos que se hacen pasar como obradores de milagros están imposibilitados para hacer cualquier cosa que envuelva un verdadero milagro, tales como la restauración de los miembros perdidos del cuerpo.5 

La comparación anterior de los milagros del Nuevo Testamento con los pretensores de milagros de los días actuales los marca al final como fraudulentos, indignos de aceptación por las personas inteligentes y racionales que genuinamente aman y respetan la palabra de Dios.  

Objeciones

En esta fase de la discusión consideraremos las objeciones notorias hechas contra la conclusión de que los milagros han cesado.

1. Dios y Jesucristo se manifestaron a sí mismos por poderes milagrosos en tiempos antiguos, como es atestiguado por la Biblia, y, siendo los mismos hoy día, están siendo aún manifestados por milagros.  «Porque yo Jehová no cambio...» (Malaq. 3:6).  «Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos» (Hebreos 13:8).

Los pasajes citados aquí en ninguna forma apoyan el argumento presentado.  Dios permanece lo mismo en referencia a sus atributos morales, pero, de otra manera, ellos cambian.  Dios no forma al hombre del polvo de la tierra hoy día simplemente porque de esta manera creó a Adán en el principio.  Jesucristo no continúa vivo en la carne como lo hizo cuando habitó en la tierra, ni está enviando apóstoles como lo hizo hace 1900 años; y no continúa obrando a través de milagros como lo hizo durante Su ministerio terrenal.  Pero en los atributos morales (el amor perfecto, la integridad, etc.)  Dios y Jesucristo son lo mismo ahora como lo han sido siempre.

2. El uso perpetuo de los milagros está prometido en Marcos 16:17-18 - «Y estas señales seguirán a los que creen:  En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.»

Este es un texto de prueba favorito frecuentado por los defensores de los milagros modernos, pero el contexto del pasaje ciertamente enseña que los milagros durarían únicamente durante el período apostólico.

En las declaraciones finales de Marcos 16, Jesús presenta Su último mensaje a los once apóstoles, comenzando con el versículo 14.  En los versículos 15 y 16 da la gran comisión:  «Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura...»  El antecedente de «a los que creen» (a quienes estas señales les seguirían) no es el sustantivo singular «criatura» del versículo 14 sino a los «once» del versículo 14.  Los apóstoles no podrían predicar el evangelio en obediencia a la comisión de Cristo a menos que creyeran en El:  y Jesús les prometió que a medida que salieran creyendo y predicando, los milagros los acompañarían.  Los apóstoles hicieron lo que Jesús les mandó, su obra siendo confirmada como divinamente autorizada por los milagros que los acompañaban:  «Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían.  Amén» (Marcos 16:20).  Comp. Hebreos 2:3-4.  Cuando la predicación de los apóstoles fue totalmente confirmada por sus milagros, y su enseñanza habiendo sido escrita completamente en el Nuevo Testamento, entonces los milagros cesaron, habiendo servido al propósito por el cual fueron destinados.

La siguiente explicación por G. Greenwall claramente muestra el absurdo de la afirmación de que Marcos 16:17 se aplica a los creyentes hoy día:  «A menudo ha sido argumentado, que en la gran comisión hay una promesa que corre de esta manera:  ‘Estas señales seguirán a los creen:  en mi nombre echarán fuera demonios, etc.’ ... Si no estamos para limitar la promesa a la era apostólica, pero debemos considerarla como absoluta y universal en sus aspectos, el caso de colocarla de esta manera:  ‘Si han habido creyentes en todos los siglos sin poderes sobrenaturales, la promesa en la comisión ha sido falsificada.  Por otro lado, si la promesa no ha sido verificada, a causa de que las condiciones de creer y la obediencia han estado ausentes, entonces estamos forzados a la terrible conclusión de que ¡no han habido creyentes desde los días apostólicos!  ... Esta elección de empalamiento es ofrecida a todos los que están buscando ... poderes milagrosos.  En uno de estos cuernos ellos deben toser; y hasta que el asunto de conformidad esté concernido, importa poco.»6 

El lector puede ver claramente la embarazosa posición en que los hombres se colocan al creer que la aplicación de Marcos 16:17-18 es para los creyentes de todos los siglos; para consistentemente probarse a sí mismos creyentes en Cristo, acorde a su propia aplicación de este pasaje, deben ser capaces de arrojar demonios, hablar nuevas lenguas, tomar en las manos serpientes y beber algo mortífero y no les hará daño.  Sin esta prueba ellos sin saberlo se marcan a sí mismos como incrédulos.  Dudamos que alguno de los contemporáneos obradores de milagros demostrará ser un poderoso milagrero por medio de beber algo mortífero presentado ante ellos.  Son muy valientes, atrevidos y desvergonzados en afirmar sus declaraciones de poderes milagrosos pero finalmente impotentes en la práctica de lo que predican.

3. Si los milagros han cesado, entonces no hay razón sensible para orarle a Dios por alguna de Sus bendiciones tal como la sanidad del enfermo, etc.

Esta objeción falsamente asume que la única forma en que Dios contesta la oración es a través de los milagros.  Quienes afirmamos que los milagros han cesado no niegan la permanencia de la presencia de Dios en el mundo y Su influencia y poder en los asuntos de los hombres.  Firmemente creemos que hay potente eficacia en creer en las oraciones y que Dios contestará las peticiones de Sus hijos por medio de conceder múltiples bendiciones sobre ellos.  Pero El contesta la oración a través de los medios naturales y no por milagros.

En la ilustración del axioma de que «la oración eficaz del justo puede mucho» Santiago 5:17-18 expresa lo siguiente:  «Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses.  Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto.»  ¿Contestó Dios las oraciones de Elías por medios milagrosos, haciendo que se suspendieran las leyes de la creación física?  ¡Definitivamente no!  La falta de que apareciera lluvia fue debido a la ausencia de las condiciones atmosféricas necesarias para producir la precipitación,  y la lluvia que más tarde cayó resultó de las condiciones físicas propias para tal situación:  nubes, viento, etc.  Lea .1 Reyes 18:45.

Los Cristianos fieles constantemente oran a Dios por todas las necesidades materiales de la vida:  comida, techo, abrigo; pero combinan sus peticiones con el trabajo diligente para asegurarse de las mismas cosas por las que oran, con Dios bendiciendo sus esfuerzos.  El trabajo duro más la oración fiel es la fórmula para la vida plena y fructífera.  Muy indubitablemente, Dios contesta las oraciones de Sus hijos por las bendiciones materiales de la vida, pero a través de los medios naturales y por milagros.  Dios se manifestó a sí mismo milagrosamente al enviar maná del cielo para alimentar a los hijos de Israel en el desierto, pero El no alimenta a Sus hijos hoy día de esta manera.  Todo el alimento lo recibimos por la ayuda de Dios que es a través de los medios naturales.

Sí, muy enfáticamente creemos que Dios contesta las oraciones, acorde a Su voluntad, hechas en beneficio del enfermo; pero lo hace de esta manera a través de la operación de las leyes naturales y no a través de milagros.  Mientras los Cristianos leales combinen sus oraciones por las cosas materiales con las actividades que hacen posible que estas bendiciones sean aseguradas, de esta manera combinan el tratamiento médico correcto con las oraciones por el enfermo,  y el poder sanador de Dios es manifestado en las leyes naturales pertenecientes al cuerpo humano.

4. ¿Si los milagros han cesado cómo podemos saber si una persona  está ordenada o no por Dios para predicar el evangelio?

Los milagros de Jesucristo fueron ejecutados para probar Su divinidad,  y los milagros de los apóstoles confirmaron su testimonio con respecto al Señor.  La completa voluntad de Cristo está revelada en el Nuevo Testamento.  Véase Juan 12:48; 20:30-31; .2 Pedro 1:3; y Hebreos 10:9-10.  La prueba de hoy día para determinar si la obra de una persona está ordenada por Dios es el Nuevo Testamento, la palabra escrita.  Si un hombre predica y practica lo que el Nuevo Testamento revela, está en lo correcto ante Dios; si falla en seguir el modelo perfecto, está en lo incorrecto ante Dios.  «Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye.  Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios nos oye; el que no es de Dios, no nos oye.  En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error» (1 Jn 4:5-6).  Comp. Gálatas 1:8-9 y Romanos 16:17.

5. La ejecución perpetua de milagros por los seguidores de Cristo fue prometida por el Señor en Juan 14:12 - «De cierto, de cierto os digo:  El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayo