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Bautismo Jaime R

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Notes & Transcripts

Creyentes No Salvos

 

Si puedo mostrar que alguien en el Nuevo Testamento “creyó en Cristo” y no fue salvo, tendría que mostrar que “creer en Cristo” no es todo lo que se coloca entre el pecador y la salvación.  Y cuando esto es demostrado, desaprobará la doctrina principal del sectarismo ortodoxo, que la salvación es por “fe sola”.  La Disciplina Metodista dice,

 

“Somos contados justos delante de Dios por el mérito de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, por la fe y no por nuestras propias obras y méritos.  Por consiguiente, que somos justificados por fe sola es una doctrina muy sana, y muy llena de comodidad” (énfasis mío -- L.B.; Doctrinas y Disciplina de la Iglesia Metodista, Artículos de religión, Artículo IX, Pág. 29, edición de 1944). 

 

Los Bautistas creen la misma cosa, o sea, que uno es salvo “en cuanto a la fe y sin apoyo de la obediencia”.  En efecto, este es un asunto de acuerdo casi universal en el sectarismo Protestante.  Pero esto no es la verdad.  El Nuevo Testamento enseña que uno es salvo por fe, pero no enseña que uno es salvo por fe sola, o “en cuanto a la fe sin el apoyo de los actos de obediencia”.  Hay una diferencia.  Pero por ahora, regresos al “creyente no salvo”.

 

En Juan 12:42-43, la Biblia dice:  “Con todo eso, aun de los gobernantes, muchos creyeron en él; pero a causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga.  Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios”.  Yo no creo que alguien piense que estas personas eran salvas.  Rehusaron confesar a Cristo; amaron más la gloria de los hombres que la gloria de Dios.  Sin embargo, “creyeron en Cristo”.  Esta es la misma expresión encontrada en pasajes como Juan 3:16; Hch. 16:31, y muchos más.  Estos gobernantes “creyeron en Cristo”; pero no eran salvos.  Pero Jesús dijo en muchos lugares que aquellos que “creyeran en él” tendrían vida eterna.  Puedo oír a alguien decir, “Si, pero estos gobernantes no tenían la ‘fe salvadora’”.  Estoy de acuerdo.  Y ese es el punto y propósito de este pequeño tratado:   mostrar la diferencia entre la fe que salva y la fe que no salva.  Los gobernantes en Juan 12 no son los únicos en el Nuevo Testamento que creyeron y no fueron salvos. 

 

En Hechos 2, Pedro predicó a una reunión de Judíos que no creían en Cristo.  Comenzando en el v.22, presentó un triple argumento sobre la Deidad de Cristo.  Luego el apóstol suma todo en el v.36 y llega a la conclusión:  “Sepa, pues, ciertísimamente [crean con confianza, L.B.] toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificastéis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.  El sermón tuvo su efecto deseado.  El versículo siguiente dice:  “Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles:  Varones hermanos, ¿qué haremos?”  Se convencieron de que el hombre a quien habían crucificado era verdaderamente el Hijo de Dios.  ¡CREYERON!  ¿Pero eran salvos?  ¡No, a menos que uno pueda ser salvo sin arrepentimiento!  ¡No, a menos que fueran salvos sin tener el “perdón de sus pecados”!  La pregunta “¿Qué haremos?” trajo esta respuesta:  “Pedro les dijo:  Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo”.  Aquí están algunas personas que creyeron y no eran salvas.  No todavía.  ¿Por qué?  Porque la fe de ellos no era una fe obediente.

 

Algunos otros que creyeron y que no fueron salvos cuando creyeron, se encuentran en Hechos 11:21 - “Y la mano del Señor estaba con ellos, y gran número creyó y se convirtió al Señor.  Nótese que creyeron y se convirtieron al Señor.  Creyeron antes de convertirse al Señor.  Si fueron salvos al momento en que creyeron, fueron salvos antes de convertirse al Señor.  Pero espero que ninguno crea que uno puede ser salvo antes de convertirse al Señor.

 

Otro creyente no salvo fue Saulo de Tarso --   Saulo es un ejemplo buenísimo de un hombre que estaba haciendo lo que creía que era correcto, pero estaba pecando al hacerlo.  Estaba en camino a Damasco para llevar a cabo una misión malvada, persiguiendo al pueblo de Dios, la iglesia.  En el viaje, vió una luz del cielo; cayó a tierra; y escuchó una voz que le decía, “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?  El dijo:  ¿Quién eres, Señor?  Y le dijo:  Yo soy Jesús, a quien tú persigues ... El, temblando y temerosos, dijo:  Señor, ¿qué quieres que yo haga?  Y el Señor le dijo:  Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer“ (Hch. 9:4-6).  Nótese que el Señor le dijo a Saulo que entrara en la ciudad (Damasco) y que allí se le diría lo que DEBIA hacer.  Mire lo que se le dijo que hiciera.  El Señor envió a Ananías donde él en la ciudad.  Cuando Ananías llegó donde Saulo, le dijo “Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre” (Hch. 22:16).  Permítame explicar aquí lo que es dicho de la conversión de Saulo en tres capítulos (Hch. 9,22 y 26).  Usted tiene que leer todos los tres para darse cuenta de los hechos.  Es en el capítulo 22 que tenemos lo que Ananías le dice a Saulo que debe hacer.  “Levántate y bautízate, y lava tus pecados ...”  Pero Saulo era un creyente antes de que se le dijera esto.  Vió al Señor (1 Cor. 15:8).  Le escuchó hablar, le escuchó decir, “Yo soy Jesús, a quien tú persigues”.  Si hay alguien que piense que Saulo no había creído aún, no sabría como enseñarle alguna cosa.  Si, Saulo era un creyente, pero no un creyente salvo -- no ser que fuera salvo antes de que sus pecados fueran lavados; a menos que pudiera ser salvo sin hacer lo que el Señor le dijo que DEBIA  hacer.  No, el agua no lavó sus pecados.  La sangre es la única cosa que hará .  Pero la sangre no lava los pecados hasta que uno no sea “bautizado en la muerte de Cristo”.  Fue en la muerte que Jesús derramó Su sangre (Jn. 19:34).  Somos “bautizados en su muerte” (Rom. 6:3).  Es por eso que el bautismo es usado aquí en conexión con el “lavamiento de los pecados”.  Es por eso que Saulo no fue salvo hasta que fue bautizado.  Hasta que no fue bautizado, era un “CREYENTE NO SALVO”.

 

Algunos dicen, “Ananías lo llamó ‘hermano Saulo’ antes de que fuera bautizado” (Hch. 9:17).  El era un hermano Judío.  Pablo más tarde llamó a algunos de los hombres del populacho que estaban tratando de matarlo “hermanos” (Hch. 22:1; 23:1).  Pedro llamó a aquellos Judíos incrédulos que habían crucificado a Cristo “hermanos” (Hch. 3:17).

 

Escuché a J. Frank Norris decir que Saulo fue salvo en el camino a Damasco cuando vió la luz.  Su prueba fue la declaración de Pablo en .1 Cor. 15:8, en donde habló de ver a Cristo:  “Y al último de todos, como un abortivo, se me apareció a mí”.  El Sr. Norris no se refirió al “abortivo” de Pablo como el nuevo nacimiento.  La idea de nacer de nuevo “fuera del tiempo debido o abortivo” es absurda.  Eso indicaría que hay ciertos momentos cuando una persona no podría ser salva.  La salvación no es por temporadas, como la caza de palomas.  Pablo estaba hablando en .1 Cor. 15:8 de estar calificado para ser apóstol.  Para serlo debía ser testigo de la resurrección del Señor (Hch. 1:22-23).  Esta es la razón por la que el Señor se le apareció.  Nótese Hch. 26:16 - “... porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo ...”  Pablo no fue hecho apóstol cuando los otros se convirtieron en apóstoles.  No había visto a Cristo después de Su resurrección, como lo habían hecho los apóstoles.  Por eso, se refirió a su apostolado como habiendo nacido fuera del “tiempo debido” o como un “abortivo”.

 

Una de las cosas más extrañas para mí en toda mí experiencia con personas religiosas es la forma en que algunos vuelan en frente de las claras y plenas declaraciones de la Escritura para escapar de la fuerza de la enseñanza Bíblica sobre el bautismo para el perdón de los pecados.  Casi todo cuerpo grupo religioso practica el bautismo -- o lo que llaman bautismo -- y en la mayoría de los casos uno no puede lograr entrar en sus iglesias sin él.  Pero parece que piensan que es más sacrílego considerarlo esencial para la salvación.  Dicen que la salvación viene antes del bautismo; que el bautismo es sencillamente una manifestación exterior o señal de una limpieza interior; que la sangre limpia, por la fe, y que luego uno es bautizado para “demostrar públicamente” al mundo que ha sido salvo.  Pero eso NO es lo que la Biblia dice acerca de esto.

 

La Clase de Fe Que Salva

 

Dije al principio que el propósito de este tratado es mostrar la diferencia entre la fe que salva y la fe que no salva.  La Biblia enseña que la salvación es por fe.  Una y otra vez el Señor prometió la vida eterna al creyente.  ¿Pero qué clase de creyente tiene vida eterna?  Ya hemos mostrado algunos que “creyeron en Cristo” pero que no fueron salvos.  ¿Cuál es la explicación?

 

En la Biblia, cuando se dice que la salvación es por fe, la palabra “fe” es usada en un sentido comprensivo.  Esta incluye la obediencia necesaria para expresar la fe.  Entonces, la fe en este sentido incluye la acción de la fe.  Prueba abundante de esto será dada más tarde, pero permítame decir ahora sin temor de la próspera contradicción, que en esta forma, y no en otra, puede la enseñanza Bíblica de la salvación por fe ser entendida.  Mientras los hombres continúen tratando de explicar fuera del obvio significado de las evidentes Escrituras, la doctrina de la salvación por fe se reduce solamente a un pronunciamiento absurdo de ciertos pasajes de la Biblia.  Si uno es salvo por “fe sola”, entonces tal personas es salva sin arrepentimiento, porque “fe SOLA” no significa fe y arrepentimiento.  Entonces, todos aquellos pasajes que demandan el arrepentimiento son sin sentido.  En Mr. 16:16, Jesús dijo:  “El que creyere y fuere bautizado, será salvo”.  Unió la fe y el bautismo con una conjunción coordinada e igualmente las relacionó a “ser salvo”; y la mayoría de los estudiantes de quinto grado sabe esto.  Pero la fe sola defendida arbitrariamente declara que la fe es esencial pero no el bautismo.  Leerán el pasaje de esta forma:  “El que creyere será salvo y luego será bautizado”.  Jesús dijo, fe + bautismo = salvación.  Muchos dicen fe — salvación — bautismo.  En Hechos 2:38, “Pedro les dijo:  Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo”.  Mostramos al principio que estos Judíos eran creyentes cuando hicieron la pregunta, “¿Qué haremos?”  De manera que los defensores de la “salvación por fe sola” tendrán que decir que los Judíos fueron salvos antes de hacer la pregunta, y antes que se les dijera que hacer para el perdón de los pecados.  Si no creían en Cristo, entonces Pedro les dió la respuesta incorrecta.  Debería haber dicho,  “Cree en el Señor Jesucristo”.  Pero no dijo eso.  Dijo:  “Arrepentíos, y bautícese ... para el perdón de los pecados”.  Si estos Judíos ya eran salvos, no lo sabían, puesto que “se compungieron de corazón” por el sermón de Pedro y preguntaron “varones hermanos, ¿qué haremos?”  Hacer, ¿para qué?  Bueno, no querían saber que hacer para la lepra.  ‘¿Qué debemos hacer para librarnos del pecado de homicidio del Hijo de Dios?’  Si eran salvos, Pedro no lo sabía, porque les dijo “Arrepentíos, y bautícese ... para perdón de los pecados”.  Si eran salvos, el Espíritu Santo no lo sabía, porque estaba guiando a Pedro a decir lo que estaba proclamando.

 

Los predicadores han hecho de todo con este pasaje como tomar unas tijeras y cortarlo del libro.  Dicen que “para perdón de pecados” significa “a causa del perdón de los pecados”; que “para” en el pasaje mira atrás, al perdón.  Debían ser bautizados a causa de que sus pecados ya habían sido perdonados.  Pero la preposición eis, la cual es traducida “para” en este pasaje, nunca mira atrás.  Aquí significa “para“ el perdón de los pecados, y todos los eruditos admiten eso.  Edgar J. Goodspeed era Bautista y uno de los principales eruditos en Griego del mundo.  Formó parte de la comisión que tradujo la Versión American Standard Revised.  Tradujo Hch. 2:38 de esta manera:  “Pedro les dijo:  Ustedes deben arrepentirse y cada uno de ustedes debe ser bautizado en el nombre de Jesucristo, para tener sus pecados perdonados”.  Esto está en su propia traducción del Nuevo Testamento.  Las copias están a disposición para mostrarlo a cualquier escéptico.  Se me dijo que un Bautista una vez escribió al Sr. Goodspeed y le preguntó qué como él, siendo Bautista, pudo traducir Hechos 2:38 en esa forma.  Su respuesta fue, “Traduje Hechos 2:38 como erudito, no como Bautista.  Y la razón por la que lo traduje en esa forma es porque eso es lo que dice el pasaje”.  Goodspeed era un modernista, pero sabía lo que el pasaje decía.  Horatio  B. Hackett, otro erudito Bautista, en su comentario sobre Hechos, dijo en 2:38, “en orden al perdón de los pecados, lo conectamos naturalmente con ambos verbos que le preceden.  Esta cláusula declara el motivo o razón que debería inducirlos a arrepentirse y ser bautizados.  Esto hace hincapié en la exhortación entera, no una parte por la exclusión de la otra” (énfasis mío L.B.; Comentario Americano Sobre el Nuevo Testamento, Vol. 4).  Hackett usó la frase, “en orden al perdón de los pecados” en lugar de “para el perdón de los pecados”, y dijo que la conectó con AMBOS VERBOS PRECEDENTES.  ¿Qué verbos?  Arrepentirse y ser bautizado.  Estos dos verbos están unidos conjuntamente y sostienen la misma relación “para perdón de los pecados”.  No pueden ser separados sin hacer violencia tanto a la Escritura como a la Gramática.  Cualquier arrepentimiento es PARA, el bautismo es PARA; cualquier forma de arrepentimiento MIRA A, el bautismo MIRA A.  Y si un individuo no está tratando de defender una teología errónea, nunca pensará en tratar de separarlos.  Otra cosa acerca del “para perdón de los pecados” es esta:  uno encuentra el mismo lenguaje en Mateo 26:28, donde Jesús dijo, “Porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.  Si “para perdón de los pecados” en Hch. 2:38 significa a causa de la remisión de los pecados”, entonces significa la misma cosa en Mat. 26:28, y uno tiene a Jesús diciendo que derramaría Su sangre “a causa de la remisión de os pecados” — derramó Su sangre porque los pecados del mundo ya habían sido perdonados.  Con referencia a Goodspeed y Hackett, alguien podría preguntar, “¿Por qué dos eruditos como estos, sabiendo que esto contradice su doctrina, continúan persistiendo en las iglesias que enseñan la salvación por ‘fe sola’?  La única razón en la que puedo pensar es que simplemente no permiten que su teología y su educación literaria se mezclen.  Probablemente piensan que si uno es una persona buena, religiosa y piadosa, no importa si su teología está en armonía con la Biblia — un error fatal acorde a las Escrituras.

 

Ejemplos de Fe en Acción

 

Prometí al principio dar prueba de que la fe que salva incluye todos los actos de obediencia que son requeridos para expresar la fe.  El capítulo once de Hebreos está lleno de tales ejemplos.  Versículo 7, “Por la fe Noé ... preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe”.  “Por la FE Noé PREPARO el arca”.  No meramente creyó e hizo que el arca apareciera.  Sino que creyó y CONSTRUYO.  Y la CONSTRUCCION fue contada como un elemento de la fe.

 

Versículo 30, “Por la fe cayeron los muros de Jericó después de rodearlos siete días”.  Pero Josué 6 muestra que todo el ejército de Israel tuvo que marchar alrededor de las murallas por una semana, un total de 13 veces, y luego los sacerdotes tocaron las bocinas de cuerno de carnero, y el pueblo dio un grito antes de que las murallas cayeran.  Pero el escritor de Hebreos dijo que los muros cayeron “POR LA FE”.  De esta manera la marcha, el tocar las bocinas y el gritar estaban incluidos en la expresión “por la fe”.  Estos fueron actos de obediencia requeridos para expresar su fe.  Y los muros no cayeron hasta que hubieron HECHO estas cosas.

En Gálatas 3:26-27 Pablo dijo, “Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos”.  Nótese que dijo que son hijos de Dios “POR LA FE en Cristo Jesús”.  Pero el versículo siguiente dice que fueron  “BAUTIZADOS en Cristo”.  Por tanto, su bautismo “en Cristo” era una parte de la fe por medio de la cual se convirtieron en hijos de Dios, o entraron en Cristo.  El bautismo es un acto de fe, una parte constituyente de la fe que salva.  Cuando uno es bautizado, hasta ahora es “salvo por la fe”.  Digo nuevamente, es únicamente en esta forma que la enseñanza Bíblica de la salvación por la fe puede ser entendida.  Si el arrepentimiento y el bautismo son actos de fe por medio de los cuales somos salvos, exactamente como marchando, tocando los cuernos y gritando era una parte de la fe por medio de la cual los muros de Jericó cayeron, entonces podemos entender lo que la Biblia indica cuando dice que somos salvos POR LA FE, y sin embargo, hace del arrepentimiento y el bautismo condiciones de salvación.  Pero si somos salvos por FE SOLA, y “sin obediencia además de eso”, entonces ningún hombre en la tierra puede explicar pasajes como Hechos 2:38; Marcos 16:16, y los casos de conversión como el de Saulo, sin pervertir y torcer la Palabra de Dios, y las claras reglas tanto de la gramática Griega como de la Española.

 

La Obediencia y las Obras

 

Una cantidad de personas han sido enseñadas y han aceptado la enseñanza de que si uno debe ser bautizado para ser salvo, es salvo por obras.  Nos recuerdan que la Biblia dice que no somos salvos por obras.  Esto es un concepto equivocado de pasajes como Efesios 2:8-9 y Tito 3:5“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”.  Luego, “Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo”.

 

Pablo no estaba discutiendo la obediencia al evangelio en estos pasajes.  En el pasaje de Efesios, estaba mostrando que el hombre no puede “obtener” [merecer] la salvación.  La parte de Dios es un asunto de “gracia”, un favor inmerecido.  El hombre estaba imposibilitado para proveer la salvación por sí mismo.  La provisión tiene que ser de Dios.  Todo lo que Dios ha hecho por nosotros — el regalo de Dios — la iglesia — el Evangelio — todo está resumido en la palabra “gracia” — la gracia de Dios.  Y no importa cuantas condiciones Dios vea convenientes para imponerlas a aquellos que serán salvos, la salvación es aún por gracia.  Del lado del hombre esta es por la fe.  Y como hemos mostrado antes, todo lo que hacemos en obediencia a los mandamientos de Dios se resume en la palabra “fe”, porque esta es nuestra fe en Dios y en Su Hijo, Su Palabra, y Sus provisiones que nos mueven a obedecerle.  Esto es lo que está enseñado en Efesios 2:8.  Este versículo, “Por gracia sois salvos por medio de la fe”, es el compendio o resumen del Plan de Redención.  Esto nos muestra tanto el lado Divino como el lado humano:  POR GRACIA — la parte de Dios; POR MEDIO DE LA FE — la parte del hombre.  “No por obras” significa que uno nunca puede hacer las obras suficientes para ganar o merecer su salvación o colocar a Dios bajo la obligación de salvarlo.  Si uno puede, entonces la salvación sería un asunto de deuda, y no de gracia.  Las obras por medio de las cuales no somos salvos, son las obras que permanecen contra la gracia; las obras que anularían la gracia.  Uno puede ver, que si podemos ganar o merecer la salvación, entonces no necesitaríamos de la gracia de Dios, y en consecuencia, tales obras permanecerían en oposición a la gracia.  Pero Dios no necesita de nuestras “obras de justicia”, — como Pablo lo expresó en Tito 3:5.  Esto es lo que Pablo tenía en mente en Rom. 4:4 - “Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda”.  En este capítulo Pablo estaba mostrando que la justificación no es por las obras de la ley.  Usó a Abraham para probarlo.  Mostró que Abraham fue justificado por fe (su fe contada por justicia) antes de que fuera circuncidado y ciertamente antes de que fuera dada la Ley de Moisés.  Entonces, ciertamente no era irrazonable que Dios justificara también a los Gentiles como a los Judíos, por la fe, sin las obras de la ley.  Las personas que tratan de probar por medio de Rom. 4:4 que el bautismo no es esencial para la salvación tienen equivocado todo el punto en la enseñanza del apóstol.  Pero esto es hecho algunas veces.

 

Si Efesios 2:8 y Tito 3:5 y Rom. 4:4 indican que el bautismo no tiene nada que ver con la salvación porque es una obra, hay algunos pasajes que no tienen sentido.  Pedro le dijo a la casa de Cornelio en Hch. 10:35 que “en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia”.  Luego, antes de haber terminado su sermón, “mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús” (Hechos 10:48).  Recuerde que cuando el ángel le dijo a Cornelio que enviara por Pedro, le dijo que cuando éste viniera “él te hablará palabras por las cuales serás salvo tú, y toda tu casa” (Hch. 11:13-14).  Las palabras que Pedro le dijo incluyó el mandamiento de ser bautizado.  Si el bautismo es una obra, ¿qué clase de obra es éste?  Leo en la Biblia acerca de las obras de la carne, las obras de las tinieblas, las obras del diablo, las obras de la ley, y las obras de justicia del hombre — el profeta dijo que la justicia del hombre es como trapo de inmundicia (Isa. 64:6) — pero  ¿colocará el bautismo en esta confusión de cosas?  Si el bautismo es una obra, es una obra de la justicia de Dios, y Pedro dijo que aquel que obra o hace la justicia de Dios es “aceptado por él” (Hch. 10:35).  El bautismo nunca es llamado una obra.  Es un acto de fe — de fe salvadora.  A usted le podría haber sido dicho que mi hermano en la iglesia de Cristo cree que el agua lava los pecados.  Yo repito que solamente la sangre de Cristo lava los pecados.  Pero los pecados son lavados en la sangre cuando obedecemos al mandamiento de Dios de ser bautizado, porque somos bautizados en Su muerte (Rom. 6:3).  A usted le podría haber sido dicho que nosotros enseñamos que uno podría ”obrar su camino al cielo”.  He mostrado que la salvación no es ganada o merecida.  No enseñamos tal cosa.  La gracia de Dios es nuestra única esperanza.  Pero la gracia de Dios no impide la obediencia al evangelio de Su Hijo.  Esta obediencia debe ser de fe.

 

Finalmente, podría decir que hay muchos de mis hermanos que necesitan comprender que ellos también son “creyentes no salvos”.  La fe no termina cuando nos levantamos del agua del bautismo.  Ni la obediencia de fe.  El segundo capítulo de Santiago deberíamos leerlo a menudo.  Hay también muchos de nosotros que de igual manera reprendemos a nuestros vecinos religiosos acerca de su religión de la “fe sola”, cuando no estamos de ningún modo en la mejor posición.  Nuestra fe detenida en obrar hace tiempo, y la fe que no obra es una fe muerta, ya sea la de un pecador aún no hijo de Dios, o la de un Cristiano.  Y una fe muerta no lo salvará mi apóstata, infiel, indiferente e insensible hermano, en algo mas que la fe muerta del hombre que rehusa ser bautizado.

Luther Blackmon

UNA SERPIENTE, UN GENERAL,
UN HOMBRE CIEGO Y EL BAUTISMO   <![endif]>

Una Serpiente  <![endif]>

La narración de la serpiente se encuentra en el Antiguo Testamento (Núm. 21:4-9).  Para los Cristianos, el Antiguo Testamento es muy bueno para la enseñanza, y la representación (Rom. 14:4;. 1 Cor. 11).  Pero como ley murió cuando Jesús murió en la cruz (Col. 2:14-15).  Aunque fue escrito por hombres que hablaron por el Espíritu Santo de Dios (2 Ped. 1:21), los Cristianos tenemos ahora una ley mejor (Heb. 7:22; 9:15).  No estamos más bajo la ley antigua, y cuando uno trata de justificarse por medio de ella hoy en día, él tal ha caído de la gracia (Gál. 5:4), y proclama que Cristo murió para nada (Gál. 2:21).

 

Dios demandó una obediencia exacta a cada una de Sus palabras bajo el Antiguo Pacto.  En este se ven los grandes ejemplos de hombres y mujeres que vivieron por cada palabra de Dios.  Es aprendido del Antiguo Testamento que Dios bendijo al hombre únicamente cuando le obedeció.  Un ejemplo tal se encuentra en el registro de la serpiente de bronce.

 

Con mano poderosa Dios guió a Israel fuera de la esclavitud en Egipto, y por cuarenta años anduvieron errantes por el desierto.  Ellos estaban en camino a la tierra prometida, pero casi siempre pecaron en el desierto (1 Cor. 1:10).  En una ocasión murmuraron contra Dios a causa del “pan liviano” o maná, con el cual El los alimentó.  A causa de esta rebelión Dios envió fieras serpientes para que los destruyeran.  En vista de tal horror y muerte Israel pronto suplicó por misericordia.  Dios dijo a Moisés que hiciera una serpiente de bronce y que la colocara sobre su asta.  La orden que fue dada a los hijos de Israel fue la de que todos MIRARAN a la serpiente de bronce y serían sanados.  Unicamente aquellos que obedecieron a Dios por mirar a la serpiente fueron sanados.  La fe en Dios no sería suficiente sin la obediencia.  Israel fue forzado a OBEDECER también como a CREER.  No hay fe cuando no se hacen los mandamientos de Dios (1 Juan 2:3-5).

 

La salvación no estaba en la serpiente.  No había poder en la serpiente que estaba en el palo para sanar a Israel.  Ninguna persona de buen juicio se atrevería a decir que la serpiente de bronce sanó a los Israelitas.  Esto era, OBEDECIAN y se SANABAN, o DESOBEDECIAN y se MORIAN.  La serpiente de bronce fue únicamente un instrumento que Dios usó para probar la fe de Israel.  Nótese el orden de la curación: 1. Creer.  2. Obedecer.  3. Sanado.

 

Un General

 

El registro del general se encuentra en 2 Reyes 5.  Su nombre es Naamán.  El era un general del ejército de Siria, descrito como hombre valiente y noble, pero leproso, desahuciado y perdido.

 

Pero Naamán encontró una luz de esperanza.  En su conquista de Israel había capturado a una pequeña doncella Judía.  Ella le dijo a Naamán de un gran profeta en la tierra de Israel que podría curarle de su terrible enfermedad.  Con gran esperanza Naamán corrió donde el profeta que era Eliseo.  Eliseo envió un siervo a Naamán más para que le dijera que fuera y se sumergiera siete veces en el río Jordán y que sanaría.  Naamán volviéndose con rabia preparó su regreso a casa.  Estaba frustrado porque PENSO que el profeta le diría que haría algo grandioso.  Los pensamientos de Dios son siempre más altos que los pensamientos de los hombres (Isa. 55:8-9).  Naamán tenía una enfermedad tanto en la mente como en el cuerpo.  Naamán no es el único que ha confiado en sus propios pensamientos.  La conciencia del hombre siempre lo ha llevado a oponerse a la voluntad de Dios (Hch. 26:10-11; 23:1 y Sig.).

 

En este momento Naamán vence su prejuicio y obstinación y va al río Jordán.  Cuando se zambulló las siete veces, su carne se volvió como la carne de un niño y fue limpiado de su lepra (2 Rey. 5:14).  Esta no era el agua de la salvación.  Nadie, sino la persona presuntuosa diría que el poder o la magia limpiadora en Naamán estaba en el agua.  El poder de Dios sanó a Naamán.  Zambulléndose en el Jordán no fue COMO Naamán fue limpiado, sino el CUANDO.  El agua fue únicamente un instrumento que Dios usó para probar la fe de Naamán.  Dios determinó el momento y el lugar en donde Naamán se encontraría con la salvación de su enfermedad.  Hasta que Naamán no vino a este lugar (el Jordán), y hasta ese momento (las siete zambullidas), él no fue limpiado.  Nótese el orden de su sanidad: 1. Creer.  2. Obediencia.  3. Limpiado.

 

Un Hombre Ciego

 

La narración del hombre ciego se encuentra en Juan 9.  No solamente era ciego, sino que lo había sido desde su nacimiento.  Como Jesús pasó junto a él, vio la triste condición de este hombre y se detuvo.  Después de declarar que él era la luz del mundo “escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado).  Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo.” (Juan 9:6-7).

 

El hombre ciego tuvo una gran fe para hacer exactamente lo que Jesús dijo.  Fe en Dios no es únicamente creer sino hacer (Sant. 2:24; Mat. 7:21).  La fe en Dios nunca llama a un mandamiento de Dios no esencial o innecesario.  Hasta que el hombre ciego no HIZO lo que Jesús le dijo que hiciera, no fue sanado.  Jesús le dijo cuando se sanaría.  El indicó el lugar en donde sería sanado.  Cuando el hombre ciego fue, en aquel momento y en ese lugar, FUE sanado.

 

Este lodo y agua no eran la salvación.  El lavarse en el agua no explica COMO el hombre ciego recibió la visión sino el CUANDO.  Jesús usó el lodo y el agua como instrumentos para probar la fe de este hombre.  Nótese el orden: 1. Creer.  2. Obediencia.  3. Sanado.   <![endif]>

Y el Bautismo

 

El registro de la serpiente de bronce, Naamán el general, y el hombre ciego, ilustran un principio encontrado en el evangelio de Cristo.  A las personas en estos registros les fue requerido que obedecieran a Dios antes de ser bendecidos.  El evangelio de Cristo debe ser obedecido así como creído antes de que el perdón sea concedido (Marc. 16:16).  Cuando uno CREE los hechos y OBEDECE los mandamientos del evangelio, entonces el tal bendecido con la salvación, pero no hasta entonces.

 

Cristo ahora demanda de todos los hombres que crean en él como el Cristo (Juan 8:24), se arrepientan de los pecados pasados (Luc. 13:3), confiesen su nombre (Hch. 8:36-38), y se sumerjan en el agua para el perdón de los pecados (Hch. 2:38; 22:16).  Lo que salva no es la fe, ni el arrepentimiento, ni la confesión, ni el bautismo.  Jesús es el salvador.  Pero estos son los pasos que todos los hombres deben tomar para regresar a Dios.

 

El bautismo es el último acto antes de la salvación.  El bautismo es la línea de demarcación al Reino de Dios.  Es el último paso para entrar a Cristo (Gál. 3:27).  Antes de uno ser bautizado, uno está fuera de Cristo.  Después de que uno es bautizado, uno está en Cristo.  La fe en Dios lo mueve a uno a ser bautizado, como movió a Israel a mirar a la serpiente de bronce, a Naamán a sumergirse en el Jordán, y al hombre ciego a lavarse.

 

La salvación no está en el agua.  El agua del bautismo no tiene más poder para limpiarnos de los pecados que lo que hizo la serpiente de bronce en la sanidad de Israel, o lo que hizo el agua en la sanidad de Naamán, o el lodo y el agua en la sanidad del hombre ciego.  La sangre de Jesús es el único poder para quitar el pecado (Apoc. 1:5).  El bautismo es el momento cuando la sangre de Jesús lava a los hombres sus pecados (Rom. 6:3).

 

El agua del bautismo es el LUGAR que Dios ha determinado en donde los hombres serán salvos.  Este es el MOMENTO en el cual el hombre es limpiado de sus pecados.  Esto es CUANDO la fe salva.  No hay nada de bueno o malo en el agua del bautismo.  Dios usa el agua del bautismo para probar la fe del hombre.  Es meramente un instrumento y no un poder en sí mismo.

 

Dios declara que a un hombre su fe lo salva cuando es movido al arrepentimiento de sus pecados, confiesa el nombre de Jesús, y es bautizado.  Dios pudo haber dado al hombre una serpiente de bronce, para que la mirara y fuera sanado de sus pecados hoy día.  Pero le ha dicho al hombre que el agua del bautismo es el MOMENTO de la salvación, no el PODER.  El bautismo es:

 

1. El MOMENTO en que uno entra a Cristo (Gál. 3:26-27; Rom. 6:3).

2. El MOMENTO en que los pecados de uno son lavados (Hch. 2:38; 22:16).

3. El MOMENTO en que uno nace de nuevo (Juan 3:3-5).

4. El MOMENTO en que uno resucita a una nueva vida (Rom. 6:4).

5. El MOMENTO en que uno es añadido al Reino de Dios (Hch. 2:42, 47).

6. El MOMENTO en que uno es salvo (Marc. 16:16; .1 Ped. 3:21). 

Mac Layton

 

EL BAUTISMO:

¿PARA EL PERDON DE LOS PECADOS O

DE LOS CASADOS?

 

El bautismo es absolutamente necesario para el perdón de los pecados (Hechos 2:38), para la salvación (Marcos 16:16;. 1 Ped. 3:21), y para la unión con Cristo (Gál. 3:27).  Que nadie niegue la importancia del bautismo.  No obstante, no cometamos el error de atribuir acciones al bautismo que no pueden ser llevadas a cabo por este.  Algunos parecen tener la curiosa noción de que el bautismo ¡anula y borra los matrimonios!

 

Pablo dijo, “Porque la mujer casada está sujeta por la ley al marido mientras éste vive; pero si el marido muere, ella queda libre de la ley del marido.  Así que, si en vida del marido se uniere a otro varón, será llamada adúltera; pero si su marido muriere, es libre de esa ley, de tal manera que si se uniere a otro marido, no será adultera” (Rom. 7:2-3).  Claramente, entonces, una mujer está sujeta a su marido mientras este vive; el matrimonio es un arreglo para toda la vida; y si ella se casa con otro durante el tiempo de vida de su primer esposo, es una adúltera a causa del hecho de que ella está aun sujeta a su primer marido.  Esta es la regla general.  Jesús hizo una excepción a esto, diciendo que el que repudia a su compañera por causa de fornicación es libre para volver a casarse (Mat. 19:1-12).

 

Es argumentado por muchos de nuestros hermanos que uno puede divorciarse y volver a casarse no escrituralmente y que luego cuando la persona es bautizada, puede continuar viviendo con la segunda compañera sin ser culpable de adulterio.  Creen que cualquier compañero que no tenga al momento del bautismo es su compañero escritural y que todos los matrimonios previos no son contados ya más.  Pero las escrituras enseñan que a no ser que uno repudie a su primera compañera por causa de fornicación, una persona está sujeta al primer compañero tanto tiempo como ese compañero viva.  El acto del bautismo no puede cambiar eso.  ¡El bautismo no puede anular el primer matrimonio!  Cuando uno es bautizado, está sujeto a su primer compañero, por tanto, no tiene derecho para vivir con el segundo compañero.  En vista de que está aún sujeto al primer compañero, comete adulterio por sus relaciones con el segundo compañero.

 

El bautismo, hermanos, es para borrar los pecados; ¡no para borrar los matrimonios!  El que esté viviendo en una relación adultera — eso es, viviendo con un segundo compañero mientras está aún sujeto al primero (Rom. 7:2-3) — puede ser bautizado y tener todos su pecados pasados borrados.  Puede ser perdonado por haber vivido con una persona con la cual no tenía derecho de vivir.  Pero está sujeto aún al primer compañero; por tanto, no puede seguir viviendo con el segundo compañero sin continuar cometiendo adulterio.

 

No muchos están deseando desistir de sus uniones adúlteras.  No quieren arrepentirse de ellas.  Hacerlo de esta manera es difícil.  Sea que uno esté deseando o no hacerlo así es una verdadera prueba de su dedicación y devoción a Cristo; esto muestra si sí o no él realmente ama a Cristo por encima de todo y de todos (Luc. 14:26,33).  Aquel que esta verdaderamente convertido permanecerá en la prueba y cesará su adulterio.  Aquellos que no quieren cesar su adulterio a menudo usarán a los hijos como una excusa para no romper la relación.  Es mas que poco interesante que las personas no parecen también interesarse acerca del efecto sobre los hijos cuando quieran terminar con un matrimonio por una razón no escritural, pero cuando se llega al asunto de terminar una relación adúltera la cual no quieren terminar, entonces se vuelven terriblemente interesados y preocupados acerca del efecto sobre los hijos.  Necesitan considerar el efecto que tendrá sobre los hijos el crecer y enterarse de que sus padres están viviendo en adulterio.  ¿Qué producirá mejor efecto en los hijos:  enterarse de que sus padres tuvieron tan poca consideración por la palabra de Dios a la que ellos abiertamente desafiaron y vivieron sin vergüenza en una relación adúltera o viendo que sus padres son tan dedicados al Dios del cielo que estaban deseando hacer un sacrificio extremo y agonizante para agradarle a El y alcanzar el cielo?

 

Hermanos, si ustedes no repudiaron a su primera compañera por causa de fornicación y si esa compañera está aún viva, usted está aún sujeto a esa compañera; su bautismo no anula ese primer matrimonio.  Por tanto, no tiene derecho para vivir con otra.  Si ya ha empezado a vivir con otra que no es con quien usted está sujeto, cese esa relación adultera.  El corto período de placer que tal relación le traerá en la tierra no será digno de una agonía eterna en el infierno.

 

(Truth Magazine, Vol. 21, Núm. 21, pág. 327, Johnny Stringer).

.1 Pedro 3:21 - ¿Figura de Salvación?

 

Sin nociones preconcebidas y conceptos perjudiciales miremos el pasaje con una mente abierta y veamos lo que verdaderamente dice.  Miraremos, por tanto, la palabra «tipo» (Versión Moderna), las palabras «inmundicias de la carne» y la frase «la aspiración de una buena conciencia.»

 

«La Cual Era Tipo» (Versión Moderna)

 

Las palabras «la cual era tipo» están en el Griego ho antitupon.  La palabra «tipo» (o figura) (Gr, antitupos) es definida de esta manera:  «Una cosa asemejando a otra, su contraparte; algo en los tiempos Mesiánicos que contesta al tipo prefigurado en el Antiguo Testamento, del mismo modo que el diluvio corresponde al diluvio:  -1 Pedro 3:21» (Thayer, p. 51).  «Antitipo» viene de la misma palabra (Vine, pág. 51).  Un antitipo, o arquetipo (anti, correspondiente a) significa lo que está enfrente (contra) al tipo, una semejanza, eso que corresponde, como una marca a un sello, o simplemente una «patente de regreso.»  ¿Pero exactamente qué es el tipo o sello?  ¿Qué es el antitipo o marca?  Si uno estudia cuidadosamente los v.. -1 Ped.3:20-21 notará que el bautismo es el antitipo y que el agua del diluvio es el tipo.  Esto significa que el bautismo corresponde al diluvio, no a la salvación.  En consecuencia este no es una figura de la salvación.

 

De esta manera, Pedro está diciendo que algo es una verdad a algo mas.  El dice que el bautismo es una verdadera semejanza al agua del diluvio en los tiempos de Noé.  Del mismo modo que Noé y su casa fueron salvos por agua (v.20), después una verdadera semejanza a esto, el bautismo también ahora nos salva (v.21).  Es un hecho conocido que los predicadores sectareos mutilan este pasaje para lograr conseguir el bautismo por el perdón de los pecados (no para el perdón de los pecados).  Afirman que el bautismo es un tipo simbólico de nuestra salvación del pecado, antes que verdaderamente resultando en el perdón de los pecados (Hech. 2:38; 22:16).  Esto contradice el hecho de lo que Pedro dice «ocho, fueron salvadas por agua» y el bautismo es semejante a eso, esto es, somos salvos por las aguas del bautismo.  Por tanto, una persona no es salva hasta que se bautice para el perdón de los pecados.  Hay aquellos que blasfemaran de la Palabra de Dios por medio de afirmar y asegurar que Noé fue salvo por agua, pero que se mantuvo fuera del agua.  Por tanto, que las personas son salvas hoy día por mantenerse fuera del agua.  Esta absurda objeción condena y maldice a toda persona que pertenece a una iglesia denominacional que requiere la inmersión en agua para la membresía.  Si aquellos en el agua en los días de Noé (los perdidos) constituye un argumento válido, entonces acorde a su propio argumento cualquiera que se someta al agua del bautismo para cualquier propósito está de igual manera condenado.  ¡Que equivocación!  Unicamente lo que Pedro Señala es que el agua llevó a 8 personas de un mundo de corrupción a un nuevo mundo de justicia, y que lo mismo es verdad del bautismo que nos salva hoy (nos traslada del reino de las tinieblas al reino de la luz, Col. 1:13).  El no está enfatizando el modo o la forma, eso es, en agua.  Simplemente está diciendo que por medio de o a través del agua (los elementos, no el modo o la forma).

 

«No Quitando las Inmundicias de la Carne»

 

Algunos están diciendo que «no quitando las inmundicias de la carne» significa «no quitando el pecado.»  El Sr. Kenneth Wuest en su comentario de 1 Pedro (First Peter In The Greek New Testament) dice; «...que una persona que se someta al bautismo es de es este modo regenerada (este no es el punto de Pedro, jt), porque él dice, ‘no quitando las inmundicias de la carne.»  El bautismo, explica Pedro, no lava las inmundicias de la carne, ni en un sentido literal...ni en un sentido metafórico como una limpieza para el alma» (p. 109).  Querido lector, Pedro no está hablando acerca del «pecado» cuando se refiere a «inmundicia de la carne.»  Inmundicia es de la palabra Griega rupos, que significa «lodo seco como en el cuerpo» (Vincent, Vol. 1, p. 658).  El bautismo es para el perdón de los pecados, no es con el propósito de bañarse (las manchas o mugre que tenga en el cuerpo, jr).  Un campesino enlodado y sucio viniendo del campo podría ser sumergido en agua (bautizado) par el perdón de los pecados, y al salir del agua estar aún enlodado o sucio.  Sin embargo el hombre interior es hecho nuevo despojándose del viejo hombre de pecado (Rom. 6:1-6).  El bautismo salva (Mr. 16:16).  Lava los pecados (Hch. 22:16).  Si la expresión bajo consideración significa «no la inmundicia del pecado» en lugar «de la carne» entonces usted contradice Hechos 22:16.

 

«La Aspiración de Una Buena Conciencia»

 

El Sr. West nos dice que Pedro «define lo que indica por salvación en las palabras, ‘la aspiración de una buena conciencia hacia Dios,’ y que explica como es llevado a cabo esto, a saber, ‘por la resurrección de Jesucristo’ en quien el pecador creyente es identificado con El en esa resurrección» (p.109).  Además demuestra su prejuicio contra la verdad por medio de traducir este versículo, «el testimonio de una buena conciencia hacia Dios» (la resaltación es mía, jt).  Este es el antiguo argumento de que «el bautismo es una señal exterior de una gracia interior.»  Este pasaje no está diciendo que el bautismo es una demostración de la salvación adquirida por la fe sola.  Tales conclusiones no son ni cincuenta segundos equivalentes a la palabra «aspiración.»  Aspiración es de la palabra Griega eperotema, la cual significa «apelar, inquirir, o ansiosamente solicitar,» como está ilustrado por las traducciones tales como la Versión Dios Habla Hoy, «en pedirle...una conciencia limpia.»  La palabra tiene connotaciones legales y fue de esta manera usada por los Griegos cuando hacían una apelación o demanda (Vincent, Vol. 1, pág. 658).  El bautismo contesta a la apelación de una clara conciencia (Heb. 9:14; 10:22).  Cuando como pecador soy bautizado para el perdón de mis pecados (Hch. 2:38), «el Espíritu mismo (El mismo, jt) da testimonio a» mi espíritu, de que yo soy un hijo de Dios (Rom. 8:16).  Al igual que David podemos decir, «En ti, oh Jehová, he confiado; no sea yo confundido jamás; líbrame en tu justicia» (Sal. 31:1).  Mirémoslo en esta forma:

 

Una clara conciencia es necesaria para la salvación.

El bautismo es necesario para una clara conciencia.

Por tanto, el bautismo es necesario para la salvación.

 

Entre tanto es verdad que muy a menudo una clara conciencia es el resultado de una mala memoria, este no es el caso en el bautismo del creyente (Marcos 16:16;. 1 Ped. 3:21).

 

Conclusión

 

¿Ha sido usted bautizado?  Esta es una responsabilidad individual.  Pedro dice que el «bautismo ahora nos salva» (1 Ped. 3:21).  La fe salva únicamente cuando está dispuesta y pronta a obedecer al evangelio de Cristo (Mr. 16:16; Gál. 3:26-27; Rom. 6:1-6).

 

(Guardian of Truth, Vol. 27, Núm. 21, pág.652,  Jimmy Tuten).

¿Cuántas Veces Ha Nacido?

 

Jesús le enseñó a Nicodemo un principal entre los Judíos «el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios» (Juan 3:3).  Como resultado de esta enseñanza, no puede haber duda de la necesidad de un nuevo nacimiento si el hombre tiene algún deseo de ir al cielo.  El apóstol Pedro expandió esta enseñanza, afirmando:  «Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre» (1 Pedro 1:23).  De esto, descubrimos que el nacimiento pensado es un nacimiento espiritual.  Nicodemo, al principio, no pudo entender el «nacer de nuevo» porque estaba pensando en un nacimiento físico.  Sabía que tal cosa era imposible.  Pero no es así, hablando espiritualmente.

El nuevo nacimiento es el proceso por medio del cual pasamos de la muerte espiritual a la vida espiritual.  El apóstol Pablo declaró que Cristo ha «dado vida» o ha hecho vivos a aquellos que «estaban muertos en sus delitos y pecados» (Efesios 2:1).  Como consecuencia del nuevo nacimiento, aquellos que estaban muertos en pecado (de esta manera, separados de Dios) ahora les es dicho que están «muertos al pecado» (Romanos 6:2).  Estando, entonces, muertos al pecado, como tal no vivimos por más tiempo en el.  La vida que ellos viven se declara que es nueva.  La acuosa sepultura del bautismo es el punto de transición.  Escuche al apóstol Pablo:  «Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva» (Romanos 6:4).  La vida nueva no comienza hasta que el nuevo nacimiento haya ocurrido — eso es únicamente razonable.  De esta manera, Pablo llama a este individuo nacido de nuevo una «nueva criatura» (2 Corintios 5:17).  Esta nueva criatura es bendecida con la oportunidad de entrar a ese reino maravilloso.  El es Cristiano, hijo de Dios, ciudadano del Reino de los Cielos y miembro del cuerpo de Cristo.  Como tal, debe estar ocupado de toda responsabilidad individual.

La parte que realmente llama mi atención es «el número de veces que usted ha nacido de nuevo».  «¿Cuántas veces puede una persona nacer dentro de una familia de Dios?  Obviamente el número de veces que usted puede nacer dentro de la familia física de su padre.

Doctrina de Bautismos

 

En Heb. 6:2 el apóstol Pablo habla de la “doctrina de bautismos”.  En el v.1 incluye esto en los “rudimentos de la doctrina de Cristo”.  En vista de que la doctrina de bautismos es fundamental para la fe del cristiano, esta entonces debe ser entendida por lo común por todos aquellos que profesen pertenecer a Cristo.  Pero este no es el caso.  Entre aquellas denominaciones que profesan estar siguiendo a Cristo, hay una extensa divergencia de creencias sobre este tema básico y fundamental. 

 

Esta división no es aprobada por Dios.  Los cristianos están mandados a hablar las mismas cosas, a ser de una misma mente y un mismo parecer (1 Cor. 1:10).  Esta unidad de fe y práctica no puede llegar mientras confiemos en los credos humanos.  Solamente puede ser poseída por aquellos que hagan su apelación a la palabra de Dios que nos suple toda buena obra (2 Tim. 3:16-17).  A medida que estudiemos el tema del bautismo no tendremos que ver nosotros mismos con las doctrinas y mandamientos de los hombres.  Más bien, intentaremos examinar todo lo que la Biblia tiene para decir sobre este tema fundamental con la visión de aprender la verdad del evangelio.  Estamos determinados a hablar solamente donde Dios ha hablado (1 Ped. 4:11), porque cualquier cosa que sea mas o menos llevará a la condenación (Ap. 22:19-20). 

 

Hay varios bautismos diferentes mencionados en el Nuevo  Testamento.  Hay el bautismo de Moisés (1 Cor. 10:1-2), el bautismo de Juan el Bautista (Mat. 3:11), el bautismo de sufrimiento (Mat. 20:20-23), el bautismo de fuego (Mat. 3:11), el bautismo del Espíritu Santo (Mat. 3:11), el bautismo por los muertos (1 Cor. 15:29), y el bautismo de la Gran Comisión (Mat. 28:19-20).  Por todo, es hecha referencia a siete bautismos diferentes en el Nuevo Testamento, no obstante, en Efe. 4:5, Pablo dice que hay sino “un bautismo”.  Para entender los siete bautismos que están mencionados en el Nuevo Testamento como también el un bautismo que permanece válido hoy día, primero debemos llegar a un entendimiento preliminar del significado de la palabra “bautismo”. 

 

La palabra “bautismo” ha llegado a tener un significado algo diferente en la forma de hablar común que el que tuvo en los tiempos del Nuevo Testamento.  Por ejemplo, el Nuevo Diccionario Webster, define bautismo como “1a: un sacramento cristiano marcado por el uso ritual de agua y admitiendo al recipiente a la comunidad cristiana; b: un rito no cristiano usando agua para purificación ritual; 2: un acto, experiencia, o prueba por la que uno es purificado, santificado, iniciado, o llamado”.  Sin embargo, en los tiempos del Nuevo Testamento, “bautismo” no se refería necesariamente a un rito o ejercicio religioso.  Bautismo es una transliteración de la palabra griega baptizo, y significa zambullir, sumergir, inmergir.  De esta manera, cuando una prenda de vestir fue sumergida en un tanque de tintura para colorearle, fue “bautizada”.  Similarmente, cuando Naamán se le dijo que se zambullera siete veces en el río Jordán (2 Rey. 5:10-14), el fue y se “bautizó” –sumergió– en el agua. 

 

Con este entendimiento básico del significado de la palabra “bautismo”, veamos cómo es usado en el Nuevo Testamento. 

 

El Bautismo de Moisés

 

En .1 Cor. 10:1-2, el apóstol Pablo se refiere a la ocasión de la huida de Israel de la esclavitud egipcia mientras eran guiados por Moisés.  El Señor estaba con ellos, guiándoles en la nube.  Como llegaron al Mar Rojo, Moisés extendió su vara sobre el agua e inmediatamente las aguas se dividieron.  Con el ejército egipcio en ardorosa persecución, los hijos de Israel “pasaron el mar” sobre tierra seca.  Rodeados como lo estuvieron por el agua – los muros de agua a cada lado y la nube arriba – Pablo dice que ellos “en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar” (v.2). 

 

Por medio de este bautismo los israelitas fueron separados de los egipcios y de la esclavitud egipcia.  Similarmente, cuando estudiemos el bautismo de la Gran Comisión veremos cómo por éste somos separados del mundo y libertados de la esclavitud del pecado.  Aunque pueden haber otros paralelos interesantes entre estos dos bautismos, es importante notar que el “bautismo en Moisés” nunca fue repetido.  Los únicos que lo recibieron fueron aquellos israelitas, que huyeron de Egipto bajo el liderazgo de Moisés.  Por tanto, éste no tiene aplicación para hoy día porque no es algo que posiblemente pueda ser repetido. 

 

 

Hay  lecciones que podemos aprender de estos eventos que ocurrieron hace algunos 3.500 años (1 Cor. 10:6).  No obstante, hay una cosa que es completamente cierta:  el “bautismo en Moisés” NO es el “un bautismo” al cual Pablo se refirió en Efe. 4:5.  El “un bautismo” fue para los efesios y es para nosotros.  Pero en vista de que no podemos pasar a través del mar por tierra sea, nunca podemos aplicar el bautismo en Moisés a nosotros mismos. 

 

 El Bautismo de Juan el Bautista

 

Juan el Bautista fue enviado por Dios para preparar el camino para la venida de Su Hijo.  En Lucas 3:4, esta profecía de Isaías es aplicada a Juan el Bautista:  “... Voz del que clama en el desierto:  Preparad el camino del Señor; enderezad sus sendas”.  En Mat. 3:2, Juan salió predicando, “ Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”.  A medida que predicaba no es dicho que “salía a él Jerusalén, y toda Judea, y toda la provincia de alrededor del Jordán, y eran bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados” (v.5-6).  Marcos nos dice que el bautismo de Juan era “de arrepentimiento para perdón de pecados” (Mr. 1:4).  No obstante, el bautismo de Juan, no tuvo nada que ver con la iglesia de Cristo porque la iglesia aún no había sido establecida. 

A medida que giramos a Hechos 18:24-26, nos es introducido Apolos “un varón elocuente y poderoso en las escrituras”.  Este hombre llegó a la ciudad de Efeso algunos 20 o 25 años después que la iglesia había sido establecida.  “... hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor, aunque solamente conocía el bautismo de Juan” (v.25).  Aunque no nos es dado ningún detalle del mensaje de Apolos, parece haber tomado la obra y mensaje de Juan preparando al pueblo para la venida del Señor.  No comprendía que el Señor ya había venido.  Cuando Aquila y Priscila, dos cristianos fieles y algunas veces compañeros de Pablo, escucharon a Apolos predicando, percibieron su falta de entendimiento y “le expusieron más exactamente el camino de Dios”.  No nos es dicho que envolvió esto, aunque es seguro concluir que le mostraron la verdad acerca de Jesucristo.  También podemos inferir que le mostraron la insuficiencia del bautismo de Juan, porque siguiendo a su conversión, Apolos dejó Efeso y fue a Corinto predicando no el bautismo de Juan sino el evangelio de Cristo. 

 

En Hechos 19:1-5, encontramos un caso similar envolviendo a otros hombres que estaban predicando el bautismo de Juan.  Pablo había ido a Efeso y halló allí a ciertos hombres quienes aparentemente fueron enseñados por Apolos antes de él aprendiera la verdad.  Al cuestionar a estos hombres Pablo se enteró de que habían sido bautizados en el bautismo de Juan.  Esto, por supuesto, es lo que esperaríamos si fueron enseñados por Apolos.  Pero tal como Aquila y Priscila le enseñaron la verdad a Apolos, Pablo le enseñó también esto a los hombres.  Les dijo, “Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo”.  El bautismo de Juan era entonces un bautismo de preparación, un bautismo que apuntaba adelante a la venida de Cristo.  Pero en vista de que Cristo ya había venido, el bautismo de Juan ya no era más valido.  La escritura dice entonces que cuando los hombres oyeron esto “fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús”

 

Es claro entonces que el “un bautismo” de Efe. 4:5 no es una referencia al bautismo de Juan.  A los hombres en el Nuevo Testamento que habían recibido ese bautismo se les dijo que necesitaban ser bautizados de nuevo en el nombre de – o, por la autoridad del – Señor Jesús. 

 

Bautismo de Sufrimiento

 

En Mateo 20:20-23, la madre de Jacobo y Juan vino a Jesús con una solicitud que hubiera sido normal que cualquier madre hiciera en beneficio de sus hijos.  Pidió que a sus hijos se les pudiera dar posiciones de autoridad en Su reino:  uno a la derecha y el otro a la izquierda.  ¿Qué madre hay que no desee lo mejor para sus hijos?  Por supuesto, su problema no era diferente a algún otro de los discípulos de Jesús.  Ella no entendía la naturaleza del reino de Cristo.  Estaba anticipando un reino físico, terrenal.  Pero como Jesús le diría más tarde a Pilato, “Mi reino no es de aquí” (Jn. 18:36).

 

En respuesta a su solicitud Jesús dijo, “... No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado?”  Indudablemente, Jacobo y Juan no habían entendido el significado completo lo que Jesús les estaba preguntando, pero contestaron, “Podemos”.  Con lo cual Jesús profetizó que ellos ciertamente beberían de la misma copa y serían bautizados con el mismo bautismo como nuestro Señor.  Pero en cuanto a la solicitud para posiciones de autoridad en el reino, Jesús dijo, “no es mío darlo”.  La pregunta que queremos dirigir en este punto es, “¿qué es el bautismo que el Señor tenía aquí en mente?” 

 

Para entender correctamente el significado del Señor, debemos regresar y recordar el significado de la palabra “bautismo”.  Como hemos mostrado, la palabra griega para bautismo significa, zambullir, sumergir, inmergir.  Generalmente, era usada en un sentido literal tal como el sumergimiento de algún objeto en agua, o tintura.  Este fue el caso, por ejemplo, en el bautismo de Juan que fue llevado a cabo en el río Jordán.  Allí, Juan sumergió o inmergió a aquellos que vinieron a él en el agua.  No obstante, algunas veces, bautismo debería ser entendido en un sentido figurado.  Este es su uso en Mat. 20:20-23.  La “copa” que Jesús bebería hacía referencia a la copa de la muerte.  En Lucas 22:39-44, Jesús en la noche de su traición había ido al monte de los Olivos, al hurto de Getsemaní.  Judas Iscariote ya se había ido para entregar a Jesús a los judíos.  Cuando Jesús vino al huerto dejó a ocho de los once apóstoles restantes para que se quedaran y oraran con él.  Luego, tomando a Pedro, a Jacobo y a Juan fue un poco más adelante diciéndoles que “velaran y oraran”.  Yendo por sí mismo, Jesús había ido a una corta distancia cuando cayó sobre su rostro orando, “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42).  La “copa” de la cual Jesús estaba a punto de participar era la copa de la muerte.  El sabía que sus discípulos aún no entenderían.  Sabía que dentro de unas pocas horas sería colgado en una cruz, muriendo por los pecados que no había cometido. 

 

Exactamente como la “copa” que Jesús bebería no era literal, sino una copa figurada, así también el “bautismo” con el que sería bautizado no era uno literal, sino uno bautismo figurado.  Cuando Jesús participó de la copa de la muerte, fue bautizado con el bautismo de sufrimiento.  En Lucas 12:50 Jesús dijo, “De un bautismo tengo que ser bautizado; y ¡cómo me angustio hasta que se cumpla!”  Jesús sufriría grandemente y probaría la muerte no por algún crimen que hubiera cometido sino por lo que afirmó ser – ciertamente, había probado ser el Hijo de Dios “con maravillas, prodigios y señales”. 

 

Jesús profetizó que Jacobo y Juan “A la verdad, de mi vaso beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados” (Mat. 20:23).  En Hechos 12:1-2, Lucas nos dice que “Herodes echó mano a algunos de la iglesia para maltratarles. Y mató a espada a Jacobo, hermano de Juan”.  Como Cristo antes de él, Jacobo tomó la copa de la muerte, fue bautizado — abrumado, inmergido – en sufrimiento.  No fue por crímenes que hubiera cometido, sino simplemente por ser cristiano.  En Ap. 1:9, Juan se describió a sí mismo a sus hermanos cristianos en Asia como “... vuestro hermano, y copartícipe vuestro en la tribulación ...”  Había sido desterrado como prisionero a la isla de Patmos “... por causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo”.  Tal como Jesús había profetizado mas de sesenta años antes, fue sumergido – bautizado – en sufrimiento. 

 

El bautismo de sufrimiento no es el “un bautismo” de Efe. 4:5 porque no todos los cristianos lo recibieron.  En .1 Ped. 4:12-16, el apóstol Pedro anotó que serían muchos los cristianos lo que experimentarían el “fuego de prueba” a medida que serían hechos “participantes de los padecimientos de Cristo”.  Pero no todos los cristianos tendrían que experimentar tal padecimiento (o sufrimiento) porque dice Si sois vituperados por el nombre de Cristo ...”, y nuevamente, “... si alguno padece como cristiano ...”.  Aquellos que sean abrumados o sumergidos en la persecución por el testimonio de Jesucristo deben tomarlo felizmente, regocijándose de que sean dignos de sufrir y de esta  manera glorificar  y honrar Su nombre.  Pero si nunca somos llamados a colocar nuestras vidas en la línea por la causa de Cristo, no pensemos que no hemos mantenido la unidad del Espíritu del cual el “un bautismo” es una parte.  Todos debemos recibir el “un bautismo” para agradar a Dios, pero tenemos o no que soportar la persecución – el bautismo de sufrimiento. 

 

El Bautismo de Fuego

 

Cuando Juan el Bautista vino predicando y bautizando en el río Jordán proclamaba, “Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego” (Mat. 3:11).  Ya hemos examinado el bautismo de Juan, y en un momento estudiaremos el bautismo del Espíritu Santo.  Pero primero aprendamos mas acerca del bautismo de fuego al cual Juan se refiere aquí. 

 

Hay muchos en el mundo religioso moderno que son paupérrimos estudiantes de la Biblia.  A causa de que no han aprendido a hacer una correcta aplicación de las escrituras (2 Tim. 2:15) sacan muchas conclusiones que carecen de base.  El bautismo en fuego es un caso al punto.  Hay muchos que aplican mal Mat. 3:11 y están esperando recibir el bautismo del Espíritu Santo y el bautismo de fuego.  Hagamos esto perfectamente claro:  ¡USTED NO QUERRA EL BAUTISMO DE FUEGO! 

 

Examinemos el contexto y veamos lo que podemos aprender acerca del bautismo de fuego.  En Mat. 3:7, muchos de los fariseos y saduceos vinieron donde Juan quien estaba predicando y bautizando.  Estos hombres eran contrarios hacia lo que Juan estaba enseñando porque desafiaba su liderazgo religioso.  Aunque eran líderes religiosos, no estaban interesados en la verdad; aunque eran pecadores, no tenían la intención de arrepentirse.  Juan reconoció estas cosas y habló contra ellos:  “¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento” (Mat. 3:7-10).  Estos hombres pensaron que no podían hacer nada malo en vista de que eran los descendientes de Abraham.  Su herencia hebrea era su talismán, absolviéndolos milagrosamente de todos los pecados que condenaban en otros.  Juan los condenó por su actitud diciendo que “... Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras” (v.9).  Dios no está interesado en quiénes somos sino en qué somos. 

 

Mat. 3:10-12 En el v.10, Juan se refiere al fin del sistema judío cuando “ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles”.  Aquellos que rehusen obedecer a Cristo (eso es, aquellos que “no dan buen fruto”) serán cortados “y echados en el fuego”.  El “fuego” del v.10 es claramente una referencia al fuego del infierno que está reservado por Cristo para aquellos “... que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo” (2 Tes. 1:7-9).  En el v.12, Juan se refiere de nuevo al “fuego” diciendo que Jesús “... quemará la paja en fuego que nunca se apagará”.  No puede haber duda que la referencia en los versículos 10 y 12 es al fuego del castigo eterno, al fuego del infierno.  Por tanto, concluimos que el “bautismo de fuego” en el v.11 se refiere al mismo fuego acerca del cual estaba hablando en los versículos que le preceden y suceden.  Es una clara referencia al lugar donde el gusano no muere y el fuego nunca se apaga (Mr. 9:43-44).  El contexto demanda esto.  ¿Quién es el que juzgará al mundo?  ¿Quién es el que bautizará (eso es, sumergirá, zambullirá) a los hombres en el lago que arde con fuego y azufre?  Es Jesús.  Juan lo afirma, Jesús, Pedro, Pablo y otros lo confirman, y ¡nosotros lo creemos!  Pero ¿Jesús bautizará a todos los hombres con fuego?  No, claro que no.  Las escrituras en ninguna parte enseñan esto y en todas partes lo niega.  Comparado a las multitudes que se perderán en el lago de fuego, son pocos los que se salvarán (Mat. 7:13-14).  Pero serán salvos, no teniendo que sentir nunca los efectos terribles de ese bautismo de fuego que está reservado para el desobediente. 

 

El “un bautismo” al cual Pablo se refiere en Ef. 4:5 es algo que es para todo el pueblo de Dios hoy día.  Sin embargo, el bautismo de fuego, no es para el pueblo de Dios ni es para hoy día.  El bautismo de fuego apabullará al desobediente en la eternidad. 

 

El Bautismo del Espíritu Santo

 

En Mat. 3:11, Juan el Bautista dijo, “... él (eso es, Cristo) os bautizará en Espíritu Santo y fuego” .  En la discusión anterior estudiamos el bautismo de fuego y mostramos que no es para todos los hombres.  Tampoco podemos sugerir que el bautismo del Espíritu Santo es para todos los hombres.  Por supuesto, una cosa es hacer una declaración como esta, y otra muy distinta probarla.  Vayamos entonces a la Palabra de Dios y veamos qué mas es dicho acerca del bautismo del Espíritu Santo. 

 

En Juan 14, Jesús estaba reunido con sus once apóstoles (Judas Iscariote ya se había ido donde el el sumo sacerdote para traicionarlo) en el aposento alto.  Estaban reunidos allí con el propósito de comer la fiesta de la Pascua.  Sabiendo que el momento de su muerte estaba a solo a unas horas de distancia, Jesús dio algunas palabras de instrucción y exhortación finales a estos hombres que había escogido.  En el capítulo Jn 13:33, por ejemplo; les dijo, “Hijitos, aún estaré con vosotros un poco. Me buscaréis; pero como dije a los judíos, así os digo ahora a vosotros: A donde yo voy, vosotros no podéis ir”.  Pero empezó inmediatamente a consolarlos en el capítulo 14 diciendo, “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros” (Jn. 14:1-2).  Ahora, con este trasfondo en mente, Jesús dijo en Jn. 14:16, “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre”.  Ahora, ¿a quién estaba siendo dada esta promesa?  ¿Por qué esta fue para los apóstoles?  Porque solo ellos estaban presentes con Jesús.  Nótese Jn. 14:25-26“Os he dicho estas cosas estando con vosotros. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”.  Una vez mas preguntamos, ¿para quiénes fue esta promesa?  ¿Fue para todos los hombres?  ¿Para todos los cristianos?  No, de ninguna manera.  Mire de nuevo los versículos, Jesús estaba dando esta promesa a aquellos que personalmente habían viajado con él y habían sido instruidos por él.  En vista de que Jesús no ha estado personalmente ni ha hablado personalmente a los hombres hoy día, la promesa de Juan 14:16,26 no es para los hombres hoy día. 

 

Continuando en el capítulo 15, estamos en el mismo escenario (o trasfondo).  En Jn 15:16, por ejemplo, Jesús dijo, “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca ...”  Son los apóstoles los que fueron escogidos y ordenados por el Señor.  Es a estos hombres a los que les dice, “Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí. Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio” (Jn. 15:26-27).  La promesa del Consolador fue claramente para aquellos que habían estado con Jesús “desde el principio” de su ministerio.  A causa de su posición única como testigos oculares de la vida y obra de Jesús, solo ellos serían capaces de dar la clase de testimonio de testigos oculares que sería irrefutable.  Finalmente, en Juan 16:13, aún en el mismo escenario, Jesús repitió de nuevo su promesa del Consolador.  Pero como antes, la promesa era para los apóstoles. 

 

Dentro de unas pocas horas de haber dicho estas cosas, Jesús fue entregado en manos de los soldados.  Habiendo huido sus discípulos, Jesús fue llevado y crucificado  La muerte de Jesús fue un golpe tremendo para los apóstoles.  Fue algo que nunca esperaron.  Aún cuando Jesús les había dicho lo que iba a pasar no lo pudieron creer.  Pero las profundidades de desesperación a que fueron reducidos por la muerte de Jesús fue transformada en un júbilo triunfante en su resurrección. 

 

Fue después de su resurrección pero antes de su ascensión a los cielos que Jesús dijo a sus apóstoles, “He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto” (Luc. 24:49).  La “promesa” a la que Jesús se refirió es la promesa del Consolador la cual les había hecho antes de su muerte.  Para recibir esta promesa Jesús les dijo que se quedaran en Jerusalén.  A medida que vayamos al libro de Hechos encontramos el cumplimiento de esta promesa. 

 

En Hechos 1 Jesús está reunido de nuevo con sus apóstoles.  En Hechos 1:4, les mandó que se quedaran en Jerusalén y “... esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí.  Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días” (Hechos 1:4-5).  En Hechos 1:8, Jesús dijo, “pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”.  En estos versículos Jesús iguala “la promesa del Padre” (v.4) con “bautizados con el Espíritu Santo” (v.5) y con “poder” (v.8).  En cada caso desde esta distancia donde cualquiera de estas cosas son mencionadas, son solamente mencionados como siendo para los apóstoles.  También es interesante notar que en Hechos 1:5 Jesús cita a Juan el Bautista (Mat. 3:11) y aplica el bautismo del Espíritu Santo no para todos los hombres sino para sus apóstoles.  Que vergüenza es para los predicadores denominacionales reclamar hoy día para ellos mismos y de sus seguidores el bautismo del Espíritu Santo ¡cuando Jesús dice que era para los apóstoles! 

 

En Hechos 2, la promesa que Jesús hizo a sus apóstoles fue cumplida.  En Hech. 1:26 Matías fue escogido para que ocupara el lugar de Judas Iscariote quien se había suicidado.  Pedro dijo que era necesario que un hombre fuera escogido y “... sea hecho testigo con nosotros (eso es, los apóstoles), de su resurrección (la de Cristo) (v.22).  Cuando Matías fue escogido, la última parte del v.26 nos dice que “fue contado con los once apóstoles”.  Ahora, guarde en mente que es Matías y los otros once apóstoles quienes están bajo consideración en el texto, y leamos lo que sigue inmediatamente:  “Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos (los apóstoles) unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban (los apóstoles) sentados; y se les aparecieron (a los apóstoles) lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos (los apóstoles). Y fueron todos (los apóstoles) llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen” (Hech. 2:1-4).  Ahí lo tiene.  Fue a los apóstoles a los que se les dio la promesa del Consolador.  Fue a los apóstoles a los que se les dijo que esperaran en Jerusalén por el poder.  Fue a los apóstoles a quienes Jesús les aplicó la profecía de Juan el Bautista del bautismo del Espíritu Santo.  Por supuesto, a medida que miramos en Hechos 2:7 nos es dicho que aquellos que recibieron este poder, todos eran galileos.  Muchos de los discípulos de Jesús eran judeanos, pero ni un sólo judeano recibió el bautismo del Espíritu Santo.  Todos los apóstoles eran de Galilea, y fueron solamente galileos los que recibieron el poder desde lo alto.  Sólo los apóstoles lo recibieron porque sólo ellos habían sido escogidos y nombrados por Cristo para “me seréis testigos”

 

Hubieron otros cristianos que recibieron la medida milagrosa del Espíritu Santo después de Pentecostés.  Fueron provistos de un modo distinto con los dones milagrosos de sanidad, milagros, profecía, discernimiento de espíritus, lenguas, interpretación de lenguas, y así sucesivamente.  Pero lo que estos otros cristianos recibieron nunca fue llamado el bautismo del Espíritu Santo.  Aunque la manifestación milagrosa del Espíritu en ellos fue mucho lo mismo como en los apóstoles, ellos recibieron estos dones de una manera diferente.  El bautismo del Espíritu Santo fue administrado directamente por Jesús (Mat. 3:11) sobre los apóstoles.  A su vez, los apóstoles fueron habilitados (o capacitados) para imponer las manos sobre otros cristianos, impartiendo de esta manera los dones espirituales también a ellos.  No es nuestro propósito en este momento estudiar esto en algún detalle; no obstante, los ejemplos de esto pueden ser encontrados en los siguientes lugares:  Hechos 6:6; 8:14-17; Rom. 1:9-11;. 2 Tim. 1:6. 

 

Aparte de los apóstoles, hay solamente otro caso de bautismo del Espíritu Santo en el Nuevo Testamento.  En Hechos 10, el apóstol Pedro fue instruido por Dios para ir a la casa de Cornelio, un gentil.  Aunque en este tiempo la iglesia tenía unos ocho o diez años de edad, el evangelio nunca había sido llevado a los gentiles.  Esa antigua enemistad y desconfianza entre judíos y gentiles había sido traída a la iglesia.  Pero el Señor estaba a punto de cambiar todo eso.  Cuando Pedro tiempo después volvió a describir a los cristianos en Jerusalén la cronología de los eventos tal como habían transpirado, dijo, “Y cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al principio. Entonces me acordé de lo dicho por el Señor, cuando dijo: Juan ciertamente bautizó en agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo” (Hechos 11:15-16).  Hay varias cosas importantes a notar aquí.  Primero, Pedro dijo que lo que le ocurrió a Cornelio y su casa sucedió “cuando comencé a hablar”.  De esta manera, lo que sea que haya pasado no dependió de estos gentiles oyendo la verdad.  Segundo,  hablando por inspiración Pedro dijo que lo sucedió a Cornelio y su casa fue el bautismo del Espíritu Santo.  Pero no comparó lo que le pasó a Cornelio con lo que le había sucedido a otros cristianos después que la iglesia fue establecida.  No dijo, “el Espíritu Santo cayó sobre ellos, como sobre USTEDES al principio”.  Más bien dijo, “cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al principio”.  ¿Quiénes recibieron el Espíritu Santo “al principio” de la iglesia?  Como ya hemos mostrado, fueron los apóstoles.  Bueno, ¿cómo recibieron los apóstoles el Espíritu Santo “al principio”?  Nuevamente, como hemos mostrado, lo recibieron en una medida bautismal, directamente de  Dios.  Pero los otros cristianos, como también hemos mostrado, recibieron el Espíritu Santo no en la medida bautismal, sino por la imposición de las manos de los apóstoles.  Solamente Cornelio fue diferente.  Para encontrar otro caso donde el Espíritu Santo fue impartido como sobre Cornelio, Pedro tuvo que regresar hasta “el principio” – a Pentecostés. 

 

El bautismo del Espíritu Santo nunca fue pretendido que fuera para todos los cristianos.  Ciertamente, solamente fue por un tiempo limitado y para un propósito específico.  Pero el “un bautismo” de Efe. 4:5 es para todos los cristianos en todos los tiempos.  Por tanto, cualquier otra cosa que pudiéramos ser capaces de aprender acerca del bautismo del Espíritu Santo, estamos seguros que este no es el “un bautismo” que es para nosotros hoy día. 

 

El Bautismo Por Los Muertos1

 

En .-1 Cor. 15:29, encontramos un sexto bautismo:  el bautismo por los muertos.  Miremos el versículo y luego veamos lo que podemos aprender acerca de este bautismo.  “De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué, pues, se bautizan por los muertos?”  Para entender lo que Pablo está diciendo primero debemos entender el problema con el que estaba tratando. 

 

Habían algunos en la iglesia en Corinto que estaban enseñando la antigua doctrina de los saduceos que no hay resurrección de muertos.  Para contestar a estos falsos maestros, Pablo empezó el capítulo hablando acerca del evangelio que ellos habían recibido, creído y obedecido.  Pablo dijo que la cosa que todos ellos habían creído, es “... Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras” (1 Cor. 15:3-4).  Procedió a mencionar a varios que lo habían visto personalmente, que habían hablado y tocado a Jesús después de su resurrección.  El testimonio de estos testigos estaba más allá de la reputación.  Pablo señaló luego la inconsistencia de estos falsos maestros:  dicen que no hay resurrección de muertos, sin embargo basan su salvación en su creencia en la resurrección de Jesús.  En efecto, ellos estaban afirmando y negando la proposición de una resurrección.  Pablo presiona su punto diciendo más adelante, “Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe” (1 Cor. 15:13-14,17).  Concluye en el v.17 diciendo que si estas cosas son ciertas, entonces “vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados”.  En consecuencia, ¡si no hay resurrección entonces no hay salvación! 

 

Empezando en .1 Cor. 15:20 Pablo señala que por Su resurrección de los muertos Cristo se convirtió en “primicias de los que durmieron es hecho”.  Su significado es que si creemos en la resurrección de Jesús – y la evidencia es tan abundante para negarla – entonces, también debemos creer que nosotros también seremos resucitados.  Exactamente como Adán introdujo la muerte en el mundo para todos los hombres, así también Jesús introdujo la esperanza y expectativa de la resurrección de los muertos. 

 

La siguiente línea de argumentación de Pablo es una muy práctica para estos cristianos perseguidos.  Cuando consideramos la persecución intensa bajo la que estaban los cristianos en ese día, no podemos ayudar sino estar impactados por el hecho de que permanecieron fieles a Cristo.  Los judíos y romanos de igual manera estaban dispuestos a destruir la iglesia a toda costa, pero a pesar de todos sus esfuerzos la iglesia continuaba creciendo dramáticamente.  Parecía no haber forma de silenciar a estos cristianos.  Cuando eran azotados y liberados salían con un celo y determinación redoblado.  Cuando eran muertos su lugar era llenado inmediatamente por otros cristianos.  No había un sólo cristiano que no estuviera personal e íntimamente familiarizado con estas cosas.  Contra este telón de fondo de prosecución severa, Pablo pregunta a aquellos que negaban la resurrección:  “¿Y por qué nosotros peligramos a toda hora?” (1 Cor. 15:30).  Si la resurrección es una doctrina principal de la fe cristiana, entonces ¿por qué un hombre pone en peligro su vida por una doctrina que no cree?  

 

Pablo usa la palabra “bautizar” en . 1 Cor. 15:29 para referirse al hecho de que estos cristianos estaban siendo bautizados (eso es, agobiados, abrumados) en persecución.  La palabra “por” (eso es, por los muertos) en el versículo 29 es de la palabra griega HUPER que significa en beneficio de, o en lugar de.  En consecuencia, Pablo hace su argumento para una resurrección por medio de mostrar a estos cristianos perseguidos la inutilidad total de permanecer bajo las pruebas presentes si no hay resurrección.  Podemos de inmediato aclarar la aparente dificultad del v.29 por medio de leerlo de esta manera:  “De otro modo, ¿qué harán los que están agobiados (eso es, bautizados) en persecución en lugar de (eso es, por) los muertos, si los muertos resucitan? ¿Por qué, pues, son agobiados (eso es, bautizados) en persecución en lugar de (eso es, por) por los muertos?”  ¿Por qué, pregunta él, en este período de intensa persecución – aún hasta el punto de morir alguien escogería ser agobiado en persecución – aún hasta el punto de morir – si los muertos no resucitan en absoluto?  ¿Por qué los nuevos cristianos voluntariamente tomarían el lugar de sus hermanos quienes habían sido asesinados si no hay resurrección?  Y si no hay resurrección como estos falsos maestros estaban diciendo, ¿qué podían ofrecer ellos al mundo de pecadores?  ¿Muerte sin esperanza?  ¡Ya tenían eso!  Porque no habría causa para regocijarse en medio de la persecución.  No habría razón para poner en peligro nuestras vidas si no hay ventaja eterna en esto.  Por eso Pablo concluye, si no hay resurrección “... comamos y bebamos, porque mañana moriremos” (1 Cor. 15:32). 

 

El “bautismo por los muertos” tiene su aplicación solamente a aquellos tiempos y en aquellos lugares donde las persecuciones son tan severas que los cristianos literalmente están siendo muertos.  Por contraste, el “un bautismo” de Efe. 4:5 es para todos los hombres, sin hacer caso del grado o naturaleza de la persecución.  El bautismo por los muertos no es el un bautismo al cual todos debemos someternos. 

 

 

 

 

El Bautismo de la Gran Comisión

 

“Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” (Mr. 16:15-16).  Este encargo fue dado por Jesús a sus apóstoles y es referido comúnmente como la Gran Comisión.  Eran “Gran” porque debía ser llevado a todo el mundo y predicado a toda persona.  Pero más que todo, era “grande” porque ofrecía los términos de Dios de la salvación eterna.

 

Esta comisión empezó a ser llevada a cabo en Hechos 2.  Esto fue en el día de Pentecostés.  Judíos devotos de todas las naciones habían venido a Jerusalén para guardar las fiestas de la Pascua y del Pentecostés.  Los apóstoles estaban reunidos como el Señor les había mandado cuando “... de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados” (Hechos 2:12).  Instó a los apóstoles a la acción por este derramamiento milagroso del Espíritu Santo empezando a hablar en las lenguas de los judíos nacidos en el extranjero quienes estaban en la ciudad.  Cuando las noticias de esto llegaron a la ciudad se reunió una gran multitud.  Empezando en Hechos 2:14 tenemos el primer sermón del evangelio siendo predicado.  La esencia del sermón de Pedro fue que Jesús de Nazaret quien había sido crucificado y muerto ante la insistencia  de estos judíos ahora había resucitado de los muertos y había sido hecho por Dios Señor y Cristo.  La evidencia que Pedro presentó para probar sus afirmaciones eran abrumadoras.  Habían cerca de 3.000 personas que fueron persuadidas por la evidencia y creyeron que Jesús era ciertamente el Hijo de Dios.  Pero esta fe en Jesús solamente hizo los asuntos peores.  Ahora entendían que no había sido un blasfemo el que habían matado, ¡sino que habían asesinado al Hijo de Dios!  Con lo que debe haber sido un gran temor de la ira y juicio de Dios por lo que habían hecho, clamaron a Pedro y al resto de los apóstoles, “Varones hermanos, ¿qué haremos?” (Hechos 2:37).  La fe sola no fue suficiente para corregir lo incorrecto que habían hecho y lo sabían.  “Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38,41).  Nos es dicho en el v.41 que “... los que recibieron su palabra fueron bautizados ...”   

 

¿Qué bautismo predicó Pedro en Pentecostés?  ¿Con qué bautismo fueron bautizados estos 3.000 arrepentidos?  La razón, era el mismo bautismo que Jesús le dijo a los apóstoles que predicaran cuando los envió con la Gran Comisión.  Este era un bautismo para los creyentes para salvación. 

 

En la narración de Mateo de la Gran Comisión (Mat. 28:19-20), a los apóstoles les es dicho por Jesús no sólo que vayan, hagan discípulos y bauticen, sino también que enseñen a aquellos que habían sido bautizados “a guardar todas las cosas que os he mandado”.  Claramente, la Comisión no estaba destinada solamente para los apóstoles, sino para todos los cristianos.  Era una Comisión que fue tomada seriamente.  En Hechos 7, tenemos el primer registro de alguien aparte de los apóstoles llevando a cabo la Gran Comisión.  En ese tiempo, Esteban predicó esencialmente el mismo sermón que Pedro había predicado en Pentecostés.  Pero los oyentes fueron hostiles y al final lo apedrearon hasta la muerte.  Esto marcó el inicio de la persecución religiosa contra la iglesia de Cristo; no obstante, no desestimuló el espíritu evangelístico de los cristianos.  Leemos en Hechos 8:4“Pero los que fueron esparcidos (como resultado de la persecución) iban por todas partes anunciando el evangelio”

 

Inmediatamente entonces, encontramos a Felipe en Samaria predicando a Cristo a ellos.  Como resultado de su predicación hubo muchos que creyeron y fueron bautizados (Hechos 8:12).  Después que dejó  Samaria encontramos a Felipe predicando a Jesús al eunuco Etíope.  Aunque no nos es dicho todos los detalles de lo que Felipe dijo, estamos seguros de que le dijo al etíope lo que Jesús dijo que debe hacer para ser salvo.  Recuerde, en la Gran Comisión Jesús había dicho, “El que creyere y fuere bautizado será salvo” (Mr. 16:16).  Mientras Felipe estaba predicando a Jesús “... llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó” (Hechos 8:36-38).  Estos dos casos de conversión en Hechos 8 muestran que para predicar a Jesús  debemos predicar la fe y el bautismo.  Si fallamos en predicar esto no le hemos dicho al pecador lo que debe hacer para ser salvo.  Los samaritanos entendieron esto y así lo hizo el eunuco etíope. 

 

Estos no son los únicos casos de conversión registrados en el Nuevo Testamento.  En Hechos 9 y Hechos 22 encontramos las narraciones de la conversión de Saulo de Tarso.  En Hechos 10,11 está la conversión de Cornelio.  En Hechos 16 leemos de la conversión de Lidia y luego la del carcelero de Filipos.  En estos y en todos los otros casos de conversión en el Nuevo Testamento el bautismo fue requerido.  Esto no es decir que el bautismo es más importante que la fe, el arrepentimiento, o la confesión de Cristo, sino solamente que es el paso final que el pecador debe dar para ser salvo.  Jesús había dicho, “El que creyere y fuere bautizado será salvo”.  Esto es lo que los primeros cristianos predicaron.  Esto es lo que los pecadores obedecieron. 

 

El bautismo de la Gran Comisión es el “un bautismo” de Efesios 4:5.  A diferencia de todos los otros bautismos que han sido examinados, este bautismo es para todos los hombres.  Es para salvación, para remisión de pecados.  Sólo este bautismo nos pone en relación con Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.  Por tanto, aquellos que no se sometan al bautismo de la Gran Comisión están mostrando su poco aprecio por la unidad del Espíritu del cual el bautismo es una parte.

 

Anotaciones al Pie

 

A continuación transcribo el comentario del hermano Bill Reves sobre este versículo en sus Notas Sobre 1 Corintios, Págs. 152-153.

 

.1 Corintios 15:29 De otro modo – Si el caso no es como Pablo acabó de explicarlo (ver.-1 Cor 15:13-22, con la información adicional del ver.- 1 Cor. 15:23-28), entonces se siguen ciertas consecuencias que los corintios rechazarían. La argumentación de Pablo, pues, es que los corintios deben aceptar sin duda alguna la veracidad de las cosas como ya explicadas.

 

-- ¿qué harán los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué, pues, se bautizan por los muertos? -- Notemos primero que Lacueva y algunas versiones muy buenas (ASV., L.A., H.A., Mod., B.A., etc.) hacen de la primera frase una pregunta de frase completa, con punto de interrogación. Luego comienzan otra frase completa con las palabras, "Si en ninguna … " y terminan la frase con la pregunta.

 

Otro detalle importante es que, aunque Pablo se refería a los corintios en general, usando la segunda persona (vosotros), ahora en este versículo usa la tercera persona (ellos), diciendo "los que se bautizan". Esto indica que Pablo se refiere a la inconsecuencia en particular de los falsos maestros (ver. 22), al practicar el bautismo y a la vez negar la resurrección a la cual está conectada el bautismo (Rom. 6:4,5).

 

Hay muchas interpretaciones variadas que se han dado a este versículo. Consideraremos tres principales.

 

A. En primer lugar, el bautismo por poderes (el acto de bautizarse para beneficiar a otra persona y en lugar de ella), el que practica la Iglesia De Jesucristo De Los Santos De Los Ultimos Días (los mormones), y que algunos comentaristas católicos romanos defienden como práctica de algunos en la antigüedad, contradice todo lo que requiere el "un bautismo" de Efes. 4:5. El bautismo del evangelio de Cristo requiere que la persona oiga el evangelio, que crea que Jesús es el Hijo de Dios, que se arrepienta de todos sus pecados, y que confiese con su boca esa fe en Cristo (Hech. 10:22; 16:30,31; 2:37; 8:37; Mar. 16:15,16). Nada de esto es posible en el caso del bautismo por poderes.

 

El bautismo por poderes:

 

1--contradice la verdad de Heb. 9:27 y de Luc. 16:26, de que después de la muerte, el destino del muerto está sellado y que no hay nada de segunda oportunidad.

 

2--contradice la verdad de que la esperanza de la salvación eterna es cosa de esta vida, y no de después de ella (Rom. 8:24,25;. 1 Ped. 1:3).

 

3—contradice la verdad de que cada individuo es responsable por su vida delante de Dios (Deut. 14:6; Jer. 31:30; Ez. 18:20,30-32; Mat. 16:27; Rom. 2:6; Apoc. 20:12). Nadie puede hacerse responsable por la vida de otro.

 

4—contradice la verdad de que cada uno es responsable por su propia obediencia al evangelio (Luc. 13:3; Jn. 8:24).

 

No hay referencia alguna en los escritos del siglo primero a tal práctica. La hay en el siglo dos, pero sin duda es una perversión de este pasaje,.- 1 Cor. 15:29.

 

En cuanto a los mormones, se debe decir que el Libro de Mormón no sabe nada acerca de tal práctica. (Véanse Alma 34:32-35; Moroni 8:10; 3 Nephi 11:22-41.). Tal cosa fue introducida por medio de una revelación registrada en Doctrinas Y Convenios. En nuestro tiempo los mormones han hecho notorio el bautismo por referencias.

 

Debe notarse que los mormones se bautizan por --en lugar de-- muertos mormones que son sus familiares, y no por los paganos del mundo en general (Doctrinas Y Convenios 128:14,15, "vuestros, nuestros, muertos"). También es de preguntarse: ¿Puede otro creer por mí? ¿arrepentirse por mí? ¿confesar fe en Cristo por mí? ¿Puede otro negar la fe por mí? ¿Cómo es, pues, que otro pueda bautizarse por mí?

 

Ahora, antes de considerar las interpretaciones segunda y tercera, importa considerar la preposición huper, que en este versículo, en la frase "por los muertos", se traduce "por". Tiene mucho que ver con la interpretación correcta de este versículo.

 

Según el famoso lexicógrafo, Joseph Henry Thayer, esta proposición puede ser traducida en varias maneras (aunque básicamente significa "sobre"). Entre ellas él menciona "en lugar de" y da.- 1 Cor. 15:29, que a su juicio es ejemplo de este uso de la preposición huper. También menciona "concerniente, con respecto a", y da .-2 Cor. 12:8, pues cree que es ejemplo de este uso. ¿Cuál es el uso de Pablo de esta preposición en este versículo 29? La respuesta entra en la interpretación correcta de esta proposición.

 

B. Los corintios practicaban el bautismo bíblico (1 Cor. 1:13-16; 6:11; Hech. 18:8), inclusive los hermanos que negaban la resurrección de los muertos. Dicho bautismo es una muerte, una sepultura y una resurrección (Rom. 6:3-5). Cuando la persona, pues, se bautiza, lo hace con referencia a los muertos que han de ser resucitados. (Ahora, si no hay resurrección, ¿para qué ser bautizados?).

 

 En esta interpretación, que es la más natural en cuanto a la palabra "bautizarse", la preposición huper significa con referencia a, a causa de, o tocante a. Así se emplea en el ver. 3 (por); Rom. 9:27 (tocante a); Jn. 1:30 (de), en la frase "de quien". (Aunque huper puede significar "en lugar de", indicando sustitución, no es tal el significado aquí). Los maestros corintios, que negaban la resurrección, no eran consecuentes al practicar el bautismo bíblico y al mismo tiempo negar la resurrección. Este es el punto de Pablo.

 

 C. La tercera interpretación que notamos es figurada, dando sentido metafórico a la palabra "bautizarse". La palabra se usa así en las Escrituras (Mar. 10:38; Luc. 12:50, inmersión en sufrimiento). Los ver. 30-32 inmediatamente hablan de sufrir por Cristo. Según esta interpretación, Pablo dice que "ellos" (ver. 29) se sumergen en sufrimiento por Cristo, con referencia a los muertos en Cristo, y yo también pienso así. (Nótese que el pronombre "nosotros" en el texto griego ocupa un lugar prominente para darle énfasis). La conexión estrecha entre el sufrimiento de los ver. 30-32 y el bautismo del ver. 29 sugiere que dicho bautismo es metafórico. "Ellos" peligran (se bautizan), y "nosotros" también peligramos. Según esta interpretación, pregunta Pablo: ¿Para qué sufrir tanto si no hay resurrección?

 

 ¿Usa Pablo la palabra "bautismo" y "peligramos" en el mismo sentido, o habla de "bautismo" como una cosa y de "peligrar" como otra diferente? Este es el punto que decidir.

 

 Conclusión:

 

 La interpretación A. es totalmente antibíblica. La B. es la más natural y concuerda con la enseñanza bíblica sobre el bautismo. La C. tiene mérito.

 

 El argumento de Pablo en este ver. 29 fue bueno e inteligible para los corintios. No batallaron en entender a Pablo, conociendo ellos las circunstancias locales y del momento. Si no hay resurrección, el bautismo en su forma y su propósito no tiene significado.

¿En Qué, Pues,

Fuisteis Bautizados?

 

Pablo se encontró con ciertos discípulos en Efeso en Hechos 19.  Pablo sabía que estos eran “discípulos” o seguidores de Dios, pero también sabía que no eran cristianos.  Por tanto, la pregunta que les colocó fue, “¿En qué, pues, fuisteis bautizados?” (Hch. 19:3).  Nosotros, como Pablo en este ejemplo, no negamos que otros pueden creer en Dios, que  pueden haber tenido alguna experiencia religiosa, o que pueden tener algún afecto hacia Dios.  Pero también debemos hacer la misma pregunta que Pablo hizo.  “¿En qué, pues, fuisteis bautizados?”  Nuestra respuesta a esta pregunta determinará la validez de nuestra experiencia religiosa y nuestra relación con Dios, tal como lo hizo con aquellos hace muchos siglos. 

 

Bautizado En Agua

 

Jesús mismo fue bautizado como un ejemplo para que sigamos.  En Marcos 1:9, leemos que Jesús “... fue bautizado por Juan en el Jordán”.  Esta expresión no tiene mucho sentido a no ser que también entendamos que bautismos significa “inmersión” — Jesús fue sumergido en las aguas del río Jordán.  Es por eso que el siguiente versículo dice, “Y luego, cuando subía del agua ...” Este ejemplo de Jesús coloca el patrón a seguir por todos los creyentes.  Por ejemplo, en Hechos 8:38 leemos del bautismo del etíope “... y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó. 39Cuando subieron del agua ...” El hecho de que Pablo se refiere al bautismo como una “sepultura” (Rom. 6:4; Col. 2:12) también indica que el bautismo envuelve un completo cubrimiento sobre o una total sumersión en agua.  Por supuesto, nuestra respuesta debería concordar con lo que dice el Nuevo Testamento para que estemos bautizados en. 

 

Por tanto, no solo debemos ser bautizados por agua o con agua, sino en agua¿Haz sido bautizado en agua? 

 

Bautizado En La Muerte

 

Pablo dice en Romanos 6:3-4, 3¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? 4Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva”.  En la misma forma que Jesús murió físicamente, fue sepultado, y resucitó de los muertos, nosotros morimos espiritualmente al pecado, somos sepultados en el bautismo, y somos resucitados de nuevo.  Nuestro viejo yo pecaminoso ha sido crucificado y hemos hecho un rompimiento total con nuestro pasado pecaminoso, por tanto no debemos pecar ya más, sino más bien vivir una vida nueva (Rom. 6:5-6).  Nótese que nuestra resurrección espiritual sigue, no precede al ser bautizado.  El orden correcto — muerte, sepultura, y luego la resurrección — debe ser preservado si vamos a estar bien con Dios.  La resurrección espiritual y la renovación solamente puede ocurrir después del bautismo. 

 

¿Haz sido bautizado en la muerte y luego resucitado para vida eterna? 

 

Bautizado En El Nombre

 

Jesús mandó a sus discípulos en Mateo 28:19, “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado ...”Hechos 8:16; 19:5 también hablan de ser bautizados en el nombre de Jesús.  Mientras que otros pasajes hablan de ser bautizados en o por el nombre de Jesús, el bautismo en el nombre de Jesús lleva un significado un poco diferente.  Es una figura de lenguaje para pertenencia, indicando que uno legítimamente lleva el nombre de su dueño.  Nótese en.- 1 Corintios 1:10-17, Pablo dice que nadie debía ser bautizado en el nombre de Pablo y, por tanto, nadie podía afirmar “pertenecer” a Pablo.  Por otro lado, si somos bautizados en el nombre de Jesús, entonces le pertenecemos a él.  También aclara que no pertenecemos a Jesús y no podemos llevar legítimamente su nombre como nuestro dueño hasta que seamos bautizados. 

 

¿Haz entrado en el campo de la propiedad de Cristo, habiendo sido bautizado en su nombre? 

 

Bautizado Para Perdón

 

Pedro dice en Hechos 2:38, “... Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados ...”  Aquí encontramos la respuesta a la sencilla pregunta, ¿cómo entra uno en el perdón de los pecados de uno?  Pedro dice que entramos en el perdón a través del bautismo.  Esto también quiere decir que hasta que uno sea bautizado, no ha entrado en el perdón de sus pecados.  Esto no quiere decir que somos salvos nosotros mismos.  Pedro explica además que el bautismo nos salva, no por nuestro propio poder, sino simplemente porque somos fieles en hacer lo que Dios ha dicho para que podamos tener una clara conciencia (1 Ped. 3:21). 

 

Por tanto, debemos ser bautizados en agua fuera de la obediencia a Dios para recibir el perdón de nuestros pecados.  ¿Has sido bautizado  para el perdón de tus pecados? 

 

Bautizado En el Cuerpo de Cristo

 

Pablo dice en .1 Corintios 12:13, “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo ...”.  Pablo describe la iglesia — el grupo de todos los salvos — como un cuerpo con sus muchos miembros.  Pero ¿cómo consigue uno entrar al cuerpo de Cristo?  Mientras las personas dan muchas respuestas diferentes a esta pregunta, hay solamente una respuesta bíblica — ¡bautizados en un cuerpo!  Uno no entra al cuerpo de Cristo y luego más adelante es bautizado.  También, esto quiere decir que uno está fuera del cuerpo de Cristo hasta que es bautizado para entrar en este. 

 

Por tanto, para ser un miembro del cuerpo de Cristo, debemos ser bautizados.  ¿Haz sido bautizado en el cuerpo? 

 

Bautizado En Cristo

 

Finalmente, la Biblia nos dice no una vez, sino dos, que somos bautizados en Cristo.  Ya hemos citado Romanos 6:3-4 cuando se notó la expresión “bautizados en su muerte”.  Nótese también Gál. 3:27, “porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos”.  ¿Cómo conseguimos entrar en Cristo?  Nuevamente, mientras muchos dan respuestas conflictivas, solamente hay una respuesta bíblica.  Si usted quiere concordar con lo que la Biblia dice sobre el tema, usted debe estar de acuerdo que uno puede entrar en Cristo solamente por medio de ser bautizado en Cristo.  Esto también quiere decir que uno no está en Cristo hasta que entrar en Cristo a través del bautismo.  También quiere decir que uno no entra en Cristo y luego después de un tiempo es bautizado, como enseñan muchos. 

 

Si usted cree que ahora está en Cristo, ¿cómo entró en él?  ¿En que momento usted estando fuera de Cristo entró en Cristo?  ¿Haz sido bautizado en Cristo? 

 

Conclusión

 

Estos no son, por supuesto, seis bautismos diferentes acerca de los cuales nos habla la Biblia.  La Biblia simplemente nos está diciendo las seis cosas  en que somos bautizados cuando somos bautizados correctamente por obediencia a Dios. 

 

Cuando somos sumergidos en las aguas del bautismo, sepultamos nuestra previa vida de pecado, entramos bajo la pertenencia (o dominio), recibimos el perdón de nuestros pecados, nos convertimos en miembros del cuerpo de Cristo, y disfrutamos de las bendiciones de Dios que son tenidas por aquellos que están en Cristo, habiendo entrado en él por el bautismo. 

 

[Truth Magazine, Vol. 42, Pág. 328, Tom Hamilton].

El Nuevo Nacimiento

 

En el comienzo del ministerio público de Cristo un hombre llamado Nicodemo vino a él en la noche para buscar más información acerca del reino de Dios.  Nadie sabe por qué vino a Jesús en la noche ya que la Biblia no lo dice.  Era un fariseo y principal entre los judíos – miembro del sanedrín judío, la corte suprema de Israel.  Además, era un hombre honesto y deseoso de investigar (cfr. Jn. 7:50-52; 19:39).  Estos son rasgos dignos de alabanza de su carácter.  Nicodemo también era un hombre de discernimiento, porque reconoció que los milagros de Cristo eran prueba de que venía de Dios.  Admitió que ningún hombre podía hacer tales obras, a no ser que Dios lo enviara.  Buscó la voluntad de Dios en la única fuente  verdadera y correcta .... Jesucristo. 

 

Nicodemo inició la conversación con estas palabras, “... Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él” (Jn. 3:2); Jesús conocía los pensamientos que había en su mente (Jn. 2:24-25).  Dirigiendo su mirada como un cumplido de sí mismo fue directamente a la pregunta de cómo llegar a convertirse en ciudadano del reino de los cielos:  “... De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Jn. 3:3). 

 

El lenguaje de Jesús confundió a Nicodemo.  No podía entender cómo un hombre ya mayor podía experimentar otro nacimiento físico.  Por lo que preguntó, “... ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?” (Juan 3;4). 

 

El Salvador le explicó, “... el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Jn. 3:5).  No es que haya dos nuevos nacimientos, que uno sea de agua y otro de Espíritu, sino uno.  Ambos – agua y Espíritu – son requeridos en el un nuevo nacimientoEl nacer de nuevo no significa un segundo nacimiento físico.  Aún si Nicodemo pudiera haber nacido de nuevo físicamente, éste no habría sido el nacimiento que Jesús tenía en mente.  Cristo le expresó primero a Nicodemo la necesidad  de nacer de nuevo; luego le dijo en que consistía.  Le dijo que el nacer de nuevo es totalmente necesario para convertirse en ciudadano del reino de Dios.  Este es uno de los temas más importantes que ha llamado la atención de los hombres en cualquier época.  Es de extrema importancia que todos entiendan lo que es “nacer de nuevo”.  Pero ¿qué es nacer de nuevo?  ¿Qué es lo que incluye? 

 

Muchos han considerado que éste es un tema que no puede ser entendido ni explicado.  No obstante, debería ser guardado en mente que lo que es necesario que uno entienda para ser salvo ha sido revelado claramente en la Palabra de Dios.  Por tanto, permitámonos estudiar cuidadosamente el lenguaje de Cristo en conexión con otras declaraciones de las Escrituras sobre el mismo tema y aprendamos el significado total de lo que es nacer de nuevo. 

 

I. La Naturaleza del Reino de Dios

 

Por “el reino de Dios” Cristo se está refiriendo a la iglesia, la institución espiritual que él mismo pronto va a establecer (cfr. Mat. 16:13-19; Heb. 12:22-23,28).  “Ver el reino de Dios” significa experimentar las bendiciones de él.  Todos tenían que nacer de nuevo para entrar en el. 

 

Los judíos estaban esperando el establecimiento de un reino físico.  Indudablemente esto es lo que Nicodemo tenía en mente, pero el Señor le corrigió.  Bajo el Antiguo Testamento, todo el pueblo judío estaba incluido como miembro, fuera bueno o malo, por el proceso del nacimiento físico. 

 

Dios envió a Cristo para establecer un nuevo reino y un nuevo pacto.  Nicodemo tendría que nacer de nuevo para tomar parte de las bendiciones de este reino (cfr. Mat. 3:7-9; Jer. 31:31-33; Heb. 8:8-12).  Puesto que el reino de Cristo es espiritual, una clase de nacimiento diferente es requerido para entrar en el.  Jesús hizo esencial el nacimiento espiritual para convertirse en hijo de Dios.  En efecto, Jesús le dijo, “Nicodemo, los milagros testifican de mí, pero si piensas que porque eres judío o porque eres una persona privilegiada tienes derecho a un lugar en mi reino cuando sea establecido, estás equivocado.  El reino que pronto estableceré, no es un reino terrenal, físico; tienes que nacer de nuevo.  Tu correcto nacimiento judío no te dará la membresía en el.  Un nacimiento físico te coloca en el reino de Israel, eso es verdad, pero el nuevo nacimiento es esencial para colocarte en el reino de Dios”. 

 

Realmente, nadie puede entrar al reino a no ser que nazca de nuevo... todos deben experimentar ese gran cambio llamado el nuevo nacimiento para disfrutar de las bendiciones del reino. 

 

II. El Nuevo Nacimiento — la Puerta de Entrada al Reino

 

Cristo usó las palabras “nacer de nuevo” para describir el proceso a través del cual uno se convierte en cristiano puesto que hay similitud en algunos aspectos entre el nacimiento espiritual y el físico.  El niño es engendrado por la simiente del padre y más tarde nace, por la madre.  Cuando un niño nace entra a un  ambiente físico nuevo, a una nueva vida; se traslada de un estado a otro.  En una forma similar, cuando uno se convierte en cristiano experimenta un nacimiento espiritual; se traslada de un estado pecaminoso a un estado espiritual, se introduce en un ambiente nuevo, al reino de Dios.  A causa de sus paralelos con un nacimiento físico, el proceso de convertirse en cristiano es llamado un nacimiento espiritual, o “nacer de nuevo”.  Cuando uno se convierte en cristiano o en hijo de Dios, experimenta este nuevo nacimiento.  En las Escrituras este nacimiento de arriba también es llamado “conversión” o ser “añadido al Señor” (Mat. 18:3; Hechos 15:3; 11:24; 5:14; 2:41,47).  Este nuevo nacimiento es un cambio espiritual – un nacimiento espiritual es un reino espiritual. 

 

III. “¨Nacer de Agua y del Espíritu” Definido

 

En vista de que el nuevo nacimiento es necesario para entrar en el reino de Dios, nótese ahora el significado de lo que Jesús llama “nacer de agua y del Espíritu”. 

 

Para un nacimiento espiritual, dos cosas son necesarias:  (1) un engendramiento y (2) un dar a luz (o alumbramiento).  Por medio de esta concepción espiritual y este dar a luz espiritual uno se convierte en cristiano y entra al reino de Dios. 

 

1. Es necesario un engendramiento por Dios a través del Espíritu Santo para nacer de nuevo.  En vista de que no puede haber vida ya sea en el campo físico o espiritual sin que haya primero un engendramiento, y puesto que Dios es para todos los cristianos su Padre espiritual (Mat. 6:9; Rom. 1:7; 1 Jn. 3:1-2), se dice que uno es engendrado de Dios:  “Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es engendrado de Dios” (1 Jn. 5:1 – Versión Moderna [VM], cfr.- .1 Jn. 2:29; 4:7). 

 

Si el lector mira estos pasajes en la versión Reina-Valera, 1960; notará que la palabra es traducida nacido antes que engendrado. En el Nuevo Testamento griego la palabra “gennao” puede referirse también al engendramiento o al dar luz [nacer], o a ambos.  Cuando el nacer se refiere al padre, “gennao” es traducido correctamente engendrado; cuando el nacer se refiere a la madre, este es traducido nacer; cuando se hace referencia a la relación del hijo con ambos padres, es traducido nacer (cfr. Mat. 2:1).  Es por esta razón que la VM usa la palabra engendrado en estos pasajes (1 Jn. 5:1; 2:29; 4:7).  Pablo, en su alegoría con referencia a los dos pactos, dice que “Mas la Jerusalén de arriba, la cual es madre de todos, es libre” (Gál. 4:26). 

 

Uno es engendrado por la palabra de Dios.  Los siguientes pasajes muestran cómo la gente es engendrada por el Padre:  (1) “De su propia voluntad él (Dios) nos engendró, con la palabra de verdad ...” (Santiago 1:18 – VM).  (2) “La semilla es la palabra de Dios” (Luc. 8:11).  (3) “Habiendo sido reengendrados, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por medio de la palabra de Dios, la cual vive y permanece para siempre ... Y ésta es la palabra que, como evangelio, os ha sido predicada” (1 Ped. 1:23,25 – VM). 

 

En consecuencia, Dios engendra por medio de la palabra de verdad.  El evangelio es el medio a través del cual es transmitida la vida espiritual; el germen está en la semilla viviente.  El Espíritu Santo dió al hombre el evangelio a través de hombres inspirados (1 Ped. 1:12;. 2 Ped. 1:21).  Jesús prometió a los apóstoles que el Espíritu Santo les guiaría a toda la verdad (Jn. 16:13), y cuando vino a ellos, hablaron “según el Espíritu les daba que hablasen” (Hechos 2:4).  Hoy día, el Nuevo Testamento es el libro inspirado que contiene ese mensaje del evangelio.  De esta manera, uno es engendrado por el Padre a través de la palabra al creer en el evangelio, y podría decirse también que ha sido engendrado o nacido del Espíritu.  El Espíritu engendra por medio de la implantación de la palabra en el corazón del hombre a través del evangelio.  Cuando el evangelio, la simiente (semilla) incorruptible del reino, encuentra lugar en el corazón y se le permite permanecer ahí, produce vida espiritual.  A través de la palabra, Dios y el Espíritu imparten la vida divina en el proceso del engendramiento. 

 

Mientras que el evangelio (la semilla espiritual) es el instrumento del engendramiento, Dios emplea agentes en el uso del instrumento.  Pablo dijo a los corintios, “... pues en Cristo Jesús yo os engendré por medio del evangelio” (1 Cor. 14:15).  Dios, a través de la agencia de Pablo y la instrumentalidad de la Palabra, engendró a los corintios.  Por eso cuando Pablo plantó la simiente incorruptible en los corazones de la gente, y la creyeron, entonces fueron engendrados de Dios, por medio de la simiente que él plantó; y fueron engendrados por Pablo porque él fue el agente de Dios en la predicación del evangelio.  Por tanto, en términos literales, Pablo dijo a los corintios, “Yo los he hecho creyentes por la predicación del evangelio” (cfr. Filemón 10).  Por consiguiente, en las Escrituras el acto de engendrar es atribuido a Dios, al Espíritu Santo, y algunas veces al predicador (1 Jn. 5:1; 3:8;.-  .1 Cor. 4:15).  Por esto la Biblia contiene tales expresiones como “nacido (engendrado) de Dios”, “nacido (engendrado) del Espíritu, y “engendrado por medio del evangelio”.  Todos estos se refieren al mismo nacimiento.  Uno no es nacido de Dios, entonces tampoco del Espíritu, y por consiguiente tampoco de la palabra de Dios.  De esta manera, el poder para engendrar en la gente una vida espiritual está en el evangelio, sin el cual no puede haber vida espiritual.  El Espíritu Santo engendra únicamente a través de la Palabra. 

 

Uno es engendrado cuando cree.  En vista de que la fe viene por oir la palabra de Dios (Rom. 10:17), y puesto que uno tiene que tiene fe es engendrado, esta es la forma cómo Dios engendra.  La fe es producida en el corazón por la Palabra, las Sagradas Escrituras.  Cuando la Palabra de Dios es predicada a la gente y la creen, son engendrados por Dios. 

 

El engendramiento es solo una parte del nuevo nacimiento.  Un engendramiento solo no es el nuevo nacimiento en algo mas de lo que sería el nacimiento natural el mero engendramiento.  El creyentes es engendrado espiritualmente, pero no nace de nuevo en ese momento de la misma manera en que no nació físicamente al momento en que fue engendrado o concebido.  Cuando uno es engendrado, puede llegar a nacer dentro de la familia de Dios, o podría rehusar nacer de nuevo.  (En este particular no hay paralelo entre el nacimiento físico y el espiritual.  En un nacimiento físico la persona no tiene elección de ser engendrado o de nacer, pero si lo puede hacer con su nacimiento espiritual; debe aprender y obedecer el evangelio).  Cuando uno cree o es engendrado espiritual, tiene el privilegio de poder llegar a convertirse en hijo. 

 

11A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. 12Pero a todos los que le recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en su nombre, 13que no nacieron de sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios. (Jn. 1:11-13 – LBLA). 

 

11Vino a su propio mundo, pero los suyos no lo recibieron. 12Pero a quienes lo recibieron y creyeron en él, les concedió el privilegio de llegar a ser hijos de Dios. 13Y son hijos de Dios, no por la naturaleza ni los deseos humanos, sino porque Dios los ha engendrado. (Jn. 1:11-13 – DHH). 

 

Obviamente, aquellos que solamente tienen el derecho (o privilegio) de convertirse en hijos de Dios, aún no son hijos de Dios.  Por tanto, un hombre no es salvo “solamente por fe” (Stg. 2:24; cfr. Jn. 12:42-43). 

 

Aunque el engendramiento siempre debe preceder al alumbramiento, una persona podría ser engendrada y aún así nunca ver la vida.  Después del engendramiento debe haber un dar a luz para completar el proceso del nacimiento.  Entonces, el mero hecho de creer en Su nombre, no lo convierte a uno en hijo de Dios.  Por consiguiente, la expresión, “lo que es nacido” (Jn. 3:6), usada por  Cristo en su conversación con Nicodemo, indica el proceso entero del nacimiento desde la concepción hasta el alumbramiento.  De esta manera, en todo renacimiento primero hay el engendramiento; y luego viene el nacimiento o alumbramiento. 

 

2. Un dar a luz o nacer de agua es necesario para nacer de nuevo.  “Nacer de agua” significa ser bautizado. 

 

Aunque el proceso de entrada al reino de Dios es explicado por la analogía de un nacimiento, esto no quiere decir que las palabras agua y Espíritu sean figuradas.  Las palabras agua y Espíritu son usadas literalmente; significan lo que dicen — agua y Espíritu.  No hay nada en esta conversación que indique que Nicodemo no entendió lo que el Señor quiso decir con las palabras agua y Espíritu.  Nadie pudo leer en algún momento Juan 3:5 y pensar que Cristo quiso decir algo mas que no fuera agua y Espíritu si no fuera por tanta enseñanza falsa acerca del bautismo.  La palabra agua es usada en Juan 2:7 y en Juan 3:23, y significa agua; sin embargo algunos dicen que la palabra agua  en Juan 3:5 no significa agua. 

 

Si “agua” significa “Espíritu”, como dicen algunos, entonces el pasaje debería leerse, “El que no naciere de Espíritu y de Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”. ¡Esto es absurdo!  ¿Si agua y Espíritu significan lo mismo, Cristo habría repetido innecesariamente las mismas palabras?  Agua y Espíritu no son lo mismo, ni el agua es símbolo del Espíritu.  Algunos dicen que “agua” simboliza la palabra de Dios.  Esta declaración es refutada por Efesios 5:26, en donde Pablo habla de la iglesia siendo purificada “en el lavamiento del agua por la palabra”.  Si este es un lavamiento de agua por o con la palabra, no pueden ser lo mismo.  Nuevamente, algunos tratan de hacer que se lea “agua viva” como en Juan 4:10 y en Juan 7:38.  Esta idea es refutada por Apocalipsis 22:17.  La expresión, “agua de la vida” significa las bendiciones espirituales en Cristo, que son disfrutadas únicamente por aquellos que ya han nacido de nuevo.  En cada pasaje donde agua es usada figurativamente, el término calificador siempre es encontrado.  Jesús no le dijo a Nicodemo que uno debe nacer de “agua viva”, o del “agua de la vida”; simplemente dijo, “nacer de agua”. 

 

Una enseñanza común es que “nacer de agua” se refiere al nacimiento natural y que “nacer del Espíritu” se refiere al nacer de nuevo.  Esta teoría no concuerda con el lenguaje de Jesús.  Cristo no dijo, “el bebé que no naciere de agua  el hombre que no naciere del Espíritu, no puede entrar en el reino de los Dios”.  Dijo, “el que no naciere de nuevo, nacer de agua y del Espíritu, no puede (el hombre, ya nacido físicamente) entrar en el reino de Dios”.  El nacimiento natural no es el nacer de agua de Juan 3:5.  El líquido amniótico es la sustancia en el nacimiento natural, no el agua.  Nicodemo había nacido de padres humanos – el nacimiento natural; ahora Cristo le dice que debe nacer de nuevo – no físicamente, sino de agua y del Espíritu para convertirse en ciudadano del reino de Dios.  Nicodemo no había preguntado cómo un niño podía nacer de nuevo en el mundo, sino “¿cómo puede un hombre nacer siendo viejo?”  La respuesta fue, “debe nacer de agua y del Espíritu”. 

 

Luego hay aquellos que dicen, “Yo no sé lo que Jesús quiso decir en Juan 3:5, pero sé que él no quiso decir agua”.  ¿Cómo pueden saber eso?  ¡De seguro no de la Biblia! 

 

La razón por la que “agua” no significa agua para algunas personas es porque hace al bautismo esencial para la salvación.  No quieren creer que el bautismo es una condición divina de perdón, pero cualquier teoría que diga que Jesús no se refiere al bautismo en el término agua en este pasaje está engañando.  Por la orden de Cristo, el bautismo es hecho esencial para obtener todas las bendiciones del reino de Dios. 

 

Todos los eruditos están de acuerdo en que la palabra “agua” en Juan 3:5 se refiere al bautismo. Acorde a William Wall, historiador eclesiástico de la Iglesia de Inglaterra, digno de confianza, todos los escritores desde el tiempo de Cristo hasta los días de Juan Calvino dijeron que “nacer de agua” significa bautismo.  Note sus palabras: 

 

No hay escritor cristiano de alguna antigüedad en algún idioma que no entienda que esto se refiere al bautismo.  Y si no es entendido de esta manera es difícil dar una razón de cómo una persona nace de agua, en algo mas que de la madera ... Todos los cristianos primitivos (sin la excepción de un hombre) entienden que la regla de nuestro Salvador (Juan 3:5) “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”, se refiere al bautismo .... Creo que Calvino fue el primero que en algún momento negó que esto se refiere al bautismo.  Dio otra interpretación que confiesa es nueva (William Wall, Historia del Bautismo de Infantes, Vol. 1, Págs. 92, 443). 

 

Dean Alford, un afamado erudito en griego, dijo:  

 

No puede haber duda, en cualquier interpretación honesta de las palabras, que gennethenai ek hudatos (nacer de agua) se refiere a la muestra o señal externa del bautismo – gennethenai ek pneumatos (nacer del Espíritu) a la cosa dada a entender, o a la gracia interior del Espíritu Santo.  Todos los que intentan deshacerse de estos dos hechos claros han saltado de los prejuicios doctrinales por los cuales los puntos de vista de los expositores han sido distorsionados (Testamento Griego, notas sobre Juan 3:5, Vol. 1, Pág.. 714). 

 

Timothy Dwight, quien fuera presidente de Yale College, dijo: 

 

Para “nacer de agua”, como está indicado aquí, es, en mi punto de vista, ser bautizado .... Que nacer de agua, y del Espíritu es la misma cosa como  nacer de nuevo, debe ser admitido por todo aquel que esté deseando que nuestro Salvador hablara con buen sentido, en vista de que él obviamente menciona en todo este discurso solamente un nacimiento (Sistema de Teología, sermón C L V I, Vol. V, Pág. 223). 

 

H.A.W. Meyer, un afamado comentarista griego de la iglesia luterana, en sus notas sobre Juan 3:5, dijo: 

 

... la necesidad del bautismo para participar en el reino mesiánico (una doctrina contra la que contendiendo Calvino en particular, y otros expositores de la Iglesia Reformada) ciertamente tiene sus bases en este pasaje (Comentario Sobre el Nuevo Testamento, Vol. III, Pág.. 124). 

 

Albert Barnes, comentarista de la Iglesia Presbiteriana, dijo sobre Juan 3:5

 

Por agua, evidentemente aquí es dado a entender bautismo  La palabra es usada de esta manera en Efe. 5:26; Tito 3:5 (Barnes Sobre el Nuevo Testamento, Lucas-Juan, Pág. 210). 

 

J.W. Wilmarth, un célebre erudito bautista, dijo: 

 

El bautismo y la renovación del Espíritu son las condiciones de la verdadera ciudadanía en el reino de Dios en la tierra (Baptist Quarterly, Julio, 1877, Pág. 309). 

 

J.R. Graves, un destacado escritor bautista, dijo que “nacer de agua” se refiere al bautismo de uno previamente nacido del Espíritu, y nada mas.  Luego añadió que esta es

 

una interpretación que es sustentada por el consenso de todos los eruditos de todas las denominaciones en todas las épocas (Tennessee Baptist, Oct. 30, 1886, Pág. 5). 

 

El esfuerzo por destruir la referencia al bautismo en Juan 3:5 es de origen moderno.  Todo el mundo religioso estaba de acuerdo, hasta años recientes, que nacer de agua significaba ser bautizado.  En verdad, puede ser dicho que esta interpretación “es sustentada por el consenso de todos los eruditos de todas las denominaciones en todas las épocas”, y que todos los intentos por deshacerse de esta verdad tienen que saltar de los “prejuicios doctrinales”.  Por tanto, no puede haber duda que “agua” en Juan 3:5 se refiere  al agua del bautismo, y nada mas.  El bautismo es la única ceremonia religiosa que pertenece a la salvación que hace uso del agua.  En el sistema cristiano el agua nunca es usada en alguna ordenanza excepto el bautismo. 

 

Acorde a la Biblia, en el bautismo uno es sumergido completamente y sale del agua.  Esto es por lo qué Jesús se refiere al bautismo como un nacer de agua.  El Señor fue sepultado en el sepulcro  y de allí salió; por consiguiente, nació de la muerte, y Pablo declaró que él es “el primogénito de entre los muertos” (Col. 1:18).  Si levantarse del sepulcro significa nacer de entre los muertos, entonces levantarse del agua significa  nacer de agua.  No hay nada que corresponda a un nacimiento de agua en todo el plan de Dios de la redención excepto la inmersión en agua.  El bautismo es una sepultura y una resurrección, el acto por el cual uno es colocado en y rescatado del agua.  Nótese el lenguaje de la Escritura:

 

“Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva” (Rom. 6:4). 

 

Que el bautismo consiste en la inmersión de toda la persona es afirmado además en Colosenses 2:12,

 

Sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos”.

 

Conybeare y Howson en su gran obra, La Vida y las Cartas de San Pablo, hicieron este excelente comentario sobre Romanos 6:4

 

Este pasaje no puede ser entendido a menos que se lleve en mente que el bautismo primitivo era por inmersión (Nueva Edición, 1963, Wm. B. Eerdmans Pub. Co., Gran Rapids, Pág. 511). 

 

John Wesley, uno de los fundadores de la Iglesia Metódista, en sus Notas sobre el Nuevo Testamento, dijo: 

 

“Somos sepultados con él” – aludiendo a la manera antigua de bautizar por inmersión. 

 

Por tanto, nacer de agua y ser sumergido y levantado del agua para andar en vida nueva son idénticos.  No es posible para una persona nacer de agua cuando son usadas solamente unas cuantas gotas.  El individuo a quien se le ha asperjado o derramado agua sobre su cabeza no puede decir verazmente que ha sido sepultado con Cristo en el bautismo.  En toda la Sagrada Escritura, el agua sola nunca fue asperjada sobre alguna persona, para algún propósito, en alguna época, por la autoridad del Señor.  La persona que no ha sido sumergida en agua no ha nacido de nuevo. 

 

Por medio de seguir la instrucción del Espíritu Santo uno es sumergido.  Es bautizado acorde a la dirección del Espíritu después que oye y cree en el mensaje del Espíritu:  “Porque por un solo Espíritu fuimos  todos bautizados en un cuerpo” (1 Cor. 12:13).  El bautismo es el medio señalado por el Espíritu para el traslado del creyente de un reino al otro.  Uno debe nacer de agua en obediencia al mandamiento del Espíritu.  Por tanto, al nacer del Espíritu el corazón humano es regenerado con principios de vida nuevos y santos y es abandonado el amor del pecado.  La persona decide volverse a  Dios en completa obediencia y es sumergida en agua, levantándose para vivir una vida de santidad.  En esta forma las personas “nacen del Espíritu” y son hechos cristianos por la “ley del Espíritu” (Rom. 8:2).  Cada cambio en todo este proceso es dirigido por el Espíritu de Dios.  El Espíritu Santo es el agente divino en ambas acciones del nacimiento espiritual — el engendramiento y el nacimiento; la palabra escrita de Dios es el instrumento que usa el Espíritu para llevar a cabo Su obra.  De esta manera, el que ha nacido de nuevo por su influencia, en realidad ha nacido del Espíritu. 

 

Como ya se observó, un nacimiento es una traslación; es un cambio de estado o relación, que resulta en una vida nueva en un reino nuevo.  Por tanto, el nuevo nacimiento lo trae a uno a un nuevo estado o medio ambiente, eso es, al reino de Dios.  Pablo dijo: 

 

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Cor. 5:17).

 

En vista de que uno es una nueva criatura en Cristo, entra a la nueva vida cuando entra en Cristo.  ¿Cuándo entra uno en Cristo?  La Biblia enseña que se entra por medio del bautismo: 

 

“¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?” (Rom. 6:3). 

 

“Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos” (Gál. 3:27). 

 

La Biblia dice que una persona es bautizada en Cristo y la persona en Cristo es entonces una nueva criatura.  Uno no es una nueva criatura hasta que entra en Cristo, y no está en Cristo hasta que es bautizado en El.  En este momento uno es levantado del agua para “andar en vida nueva”, pero no antes.  La vida nueva sigue a la resurrección del bautismo en agua (Rom. 6:4). 

 

La vida empieza cuando el evangelio es predicado y la persona lo cree; luego el creyente arrepentido es bautizado en  Cristo, y es en Cristo que la vida nueva es disfrutada.  Por consiguiente, la Biblia enseña que el bautismo es parte del nuevo nacimiento.  La vida nueva es producida por el nuevo nacimiento, y a medida que uno sale del sepulcro del bautismo, es un bebé en Cristo recién nacido, habiendo nacido de agua y del Espíritu. 

 

Al nacer de nuevo uno es trasladado del reino de Satanás al reino de Cristo, donde obtiene el perdón de los pecados (Col. 1:13-14).  El nacer “de agua y del Espíritu” en Juan 3:5 es el proceso por medio del cual uno es trasladado del mundo a la iglesia, del reino de las tinieblas al reino del amado Hijo de Dios.  Un nacimiento, de un elemento y un agente — el agua y el Espíritu — traslada al hombre al reino.  Por tanto, el nuevo nacimiento incluye todo el proceso de convertirse en hijo de Dios.  En términos claros, nacer de nuevo simplemente significa convertirse en cristiano. 

 

Consecuentemente, cuando el nuevo nacimiento es llevado a cabo en su entereza (1) la mente ha sido renovada, el corazón ha sido cambiado, la fe ha sido producida – ese es el engendramiento, y (2) el individuo ha sido bautizado en Cristo – ese es el nacimiento.

 

La metáfora del nuevo nacimiento es echada a perder por cualquiera de los siguientes procesos:  (1) cuando el bautismo es colocado antes de la fe, en vista de que en el bautismo de bebés el nacimiento ocurre antes del engendramiento; (2) cuando la inmersión es cambiada por la aspersión o chorriamiento, en vista de que tampoco hay el acto de salir del agua o nacer de agua. 

 

IV. La Parte Espiritual del Hombre Renovada

 

Puesto que Nicodemo en su conversación con Cristo parecía totalmente equivocado acerca de la clase de nacimiento que Jesús tenía en mente, Cristo adicionalmente le dijo, “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” (Jn. 3:6).  Con esto Jesús quiso decir que el nacimiento físico es un nacer de la carne, y que el nuevo nacimiento es un nacer del espíritu del hombre.  En el nuevo nacimiento el espíritu del hombre experimenta un cambio profundo y vital en sus concepciones y afectos, que son producidos por el Espíritu Santo.  El hombre interior es renovado en conocimiento (2 Cor. 4:16; 5:1; Col. 3:10; Efe. 4:24), pero el hombre que nace de nuevo es el mismo hombre físico como lo era antes.  En consecuencia, en el nacimiento espiritual, el espíritu del hombre, el hombre interior, nace de nuevo (cfr. Rom. 1:9; 7:22,25).

 

Nicodemo debe haberse maravillado al pensar en el nacimiento espiritual, porque Cristo continuó diciendo, “No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo” (Jn. 3:7).  Luego, Jesús usa el viento como ilustración.  Dijo, “El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu” (Jn. 3:8).  Mucha de la discusión con respecto a la obra del Espíritu Santo como agente en el nuevo nacimiento ha sido causada por una interpretación equivocada del lenguaje de Cristo en este pasaje.  Muchos creen que este pasaje enseña la operación directa, irresistible y misteriosa del Espíritu Santo en la conversión; que el nuevo nacimiento es una experiencia imprevista (repentina), milagrosa e inexplicable, mejor sentida que expresada.  Dicen que el viento se mueve misteriosamente, de esta manera el Espíritu, aspirado en aquellos quienes arbitrariamente desea, obrando de esta manera el cambio interior llamado nacer del Espíritu.  Pero Jesús no dijo, “Como es con el viento ... así es con el Espíritu”, o “así es la operación del Espíritu”, o “así opera el Espíritu Santo en el nuevo nacimiento”.  Tampoco Cristo estaba hablando acerca del nuevo nacimiento como un proceso milagroso, ni estaba hablando primariamente acerca de la operación del Espíritu Santo.  No dijo que el nuevo nacimiento, o que el Espíritu, es como el viento soplando.  Dijo, “... así es todo aquel que es nacido del Espíritu”.  La ilustración del soplido invisible del viento muestra que el reino de Cristo es un reino espiritual; y que es el espíritu del hombre, el hombre interior – invisible, como el viento – lo que es engendrado o nacido del Espíritu.  El alma es lo que nace de nuevo. 

 

David Lipscomb, un sobresaliente predicador del evangelio del siglo diecinueve, explicó: 

 

Eso que nace o es engendrado del Espíritu no es el hombre físico que usted puede ver, sino la parte intangible, espiritual del hombre – el espíritu, invisible, como el viento. (Un Comentario sobre el Evangelio de Juan, Nashville: Gospel Advocate Co. 1939, Pág. 46). 

 

Es una falacia insistir que el Espíritu obra como el viento, soplando aquí y allá, convirtiendo a las personas independiente de sus voluntades por un acto irresistible de la voluntad de Dios.  El  Espíritu Santo siempre obra en el nuevo nacimiento a través del evangelio y nunca de alguna manera directa o misteriosa.  Si el Espíritu hace la obra directa y milagrosamente, entonces Dios sería uno que hace acepción de personas si el Espíritu no transformara a todos (Hch. 10:34-35).  Por tanto, la declaración de Cristo en Juan 3:8 no puede apoyar la teoría de la operación directa del Espíritu Santo en el nuevo nacimiento.  Uno nace del Espíritu por medio de oir y obedecer el mensaje del Espíritu, el evangelio de Cristo. 

 

V. El Nuevo Nacimiento Demostrado

 

Por medio de estudiar los muchos ejemplos de conversión uno aprende exactamente lo que es el nuevo nacimiento. Están registrados en el libro de Hechos.  Porque es ahí, después que la iglesia fue establecida, que el proceso de nacer de nuevo es demostrado ampliamente.  Aunque no hay registro de los apóstoles diciendo, “Usted debe nacer de nuevo”, predicaron su equivalente.  Ahora notemos algunos ejemplos que describen cómo las almas debían nacer de nuevo para entrar al reino de Dios. 

 

1. En el día de Pentecostés, el reino de Cristo fue establecido, y como Jesús lo prometió, el Espíritu Santo vino sobre los apóstoles para guiarlos a toda la verdad (Juan 14:16-17, 26; 15:26-27; Hch. 1:4-8; 2:1-4).  En ese día, por vez primera, el completo evangelio de Cristo (incluyendo los hechos de su muerte, sepultura, y resurrección) fueron presentados.  Después que las personas habían escuchado el sermón de Pedro, muchos fueron convencidos de que Jesús era el Cristo y clamaron, “Varones hermanos, ¿qué haremos?”  Les dijo, “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados” (Hch. 2:38).  Fueron instruidos claramente en la forma de la salvación, el nuevo nacimiento.  Tres mil obedecieron y entraron al reino de Dios ese día.  Varios años después Pedro escribió a los cristianos esparcidos por el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia y les dijo que ellos habían “renacido [nacido de nuevo]) (1 Ped. 1:1,23).  Algunos de estos estuvieron entre aquellos que habían sido salvos en el día de Pentecostés (Hch. 2:9-10).  Cuando Pedro predicó el primer sermón del evangelio, sembró la semilla del reino; los hombres la oyeron, la creyeron, y la recibieron en sus corazones y fueron engendrados.  Cuando preguntaron qué tenían que hacer para ser salvos, se les dijo que se arrepintieran y se bautizaran, y obedecieron.  Y todos aquellos que creyeron, se arrepintieron, y fueron bautizados para el perdón de los pecados, fueron añadidos a la iglesia.  “... Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (Hch. 2:47).  Eso los convirtió en ciudadanos del reino, porque la iglesia del Señor es el reino.  Por tanto, el mismo proceso por el cual uno entra al reino también es añadido a la iglesia del Nuevo Testamento.  Uno no puede ser una nueva criatura en Cristo sin estar en la iglesia, la familia de Dios (1 Tim. 3:15).  La conversión de los tres mil, registrada en el segundo capítulo de Hechos, es un claro ejemplo del nuevo nacimiento. 

 

2. La conversión de los samaritanos, como resultado de la predicación de Felipe, es otro ejemplo del nuevo nacimiento.  El evangelista inspirado fue a Samaria y predicó a Cristo.  Muchos oyeron, creyeron, y fueron bautizados (Hch. 8:5-12).  Nacieron de nuevo, nacieron de agua y del Espíritu.

 

3. El tesorero etíope oyó el evangelio, lo creyó, confesó su fe en Cristo, y teniendo un espíritu contrito, fue sumergido en agua (Hch. 8:26-39).  El eunuco se levantó del agua a una vida nueva.  “Siguió gozoso su camino”, como una nueva criatura en Cristo.  El también experimentó el nuevo nacimiento. 

 

4. Todo el proceso del nuevo nacimiento de los corintios está expresado en estas palabras:  “... y muchos de los corintios, oyendo, creían y eran bautizados” (Hch. 18:8). 

 

Por tanto, Juan 3:1-18 debería ser estudiado en conexión con estos ejemplos sencillos de las personas naciendo de nuevo.  Lo que ocurrió en estos casos es lo que Cristo tenía en mente cuando habló a Nicodemo acerca de nacer de agua y del Espíritu.  En su predicación los apóstoles expusieron el nuevo nacimiento de una forma muy sencilla cuando dijeron a los pecadores qué hacer para ser salvos.  Por consiguiente, el nuevo nacimiento puede ser entendido mejor por medio de un ejemplo, y no hay mejor forma de explicar las Escrituras que por medio de las Escrituras.  Por tanto, oir el evangelio, creerlo, arrepentirse sinceramente del pecado, confesar a Cristo como el hijo de Dios, y siendo bautizado en el nombre del Señor constituye el nuevo nacimiento.  Cuando uno hace estas cosas, entra al reino de Dios. 

 

VI. Pasajes Paralelos 

 

En adición, nótese algunos otros pasajes relacionados con este cambio espiritual, el nuevo nacimiento. 

 

1. Nótese estas tres declaraciones de Cristo con respecto a la entrada en el reino:  (1) Nacer de agua y del Espíritu = entrar al reino (Jn. 3:5); (2) os volvéis =   entrar en el reino (Mat. 18:3“En verdad os digo que si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” – LBLA); (3) hacer la voluntad de Dios = entrar en el reino (Mat. 7:21).  Si uno no puede entender  la expresión, “nacer de agua y del Espíritu”, entonces quizás pueda entender “conversión”.  Pero si conversión, o volverse al Señor, no puede ser entendido, ciertamente entonces “hacer la voluntad del Señor” puede ser entendido.  Todos estos términos son lo mismo; y el resultado es el mismo — entrar en el reino.  Una persona que no obedece la voluntad de Dios no puede ser un ciudadano del reino.  Estos tres son equivalentes a la misma cosa y por tanto, deben ser iguales el uno con el otro. 

 

2. Observe que el nuevo nacimiento está explicado en estas palabras de Cristo:  “15Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. 16El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” (Mr. 16:15-16).  Durante  el ministerio personal del Señor enseñó los principios del reino de los cielos en parábolas y en figuras de lenguaje, pero después de su resurrección dio mandamientos claros.  Jesús aquí, antes de su ascensión, declaró los mismos requerimientos para la salvación como lo hizo con Nicodemo, pero esta vez no usó una figura de lenguaje.  Las dos declaraciones de Cristo, Juan 3:5 y Marcos 16:16, son idénticas en significado. 

 

3. Compare el lenguaje de Cristo con las declaraciones del Apóstol Pablo sobre el tema del nuevo nacimiento:  Cristo dijo, “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Jn. 3:5). Pablo dijo, “... para santificarla [a la iglesia], habiéndola purificado [a la iglesia] en el lavamiento del agua por la palabra” (Efe. 5:26).  “Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia [la de Dios], por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo” (Tito 3:5).  Lo esencial de estos pasajes colocados en paralelo, son: 

 

Juan 3:5 1. Nacer de agua 2. Nacer del Espíritu 3. Entrar en el reino Efesios 5:26 1. Lavamiento del agua 2. Por la palabra 3. Purificado Tito 3:5 1. Lavamiento de la regeneración 2. Renovación en el E.S. 3. Salvó

 

Las personas son purificadas “en el lavamiento del agua por la palabra”.  El lavamiento es el bautismo (cfr. Heb. 10:22; Hch. 22:16).  El lavamiento de la regeneración” es el lavamiento que pertenece a, o es parte de la regeneración:  Esto también es el bautismo.  Literalmente, estos pasajes enseñan que las personas  son salvas por fe y bautismo en obediencia a la palabra de Dios (un paralelo a Juan 3:5 y Marcos 16:16).

 

El nuevo nacimiento es “regeneración”, significando “empezar de nuevo”, o ser renacido espiritualmente.  Incluye todo el proceso de iniciación en el reino de Dios — fe y bautismo.  La “renovación en el Espíritu Santo” es el Espíritu produciendo fe en el corazón a través de la palabra de verdad.  Esto es una parte necesaria del nuevo nacimiento, pero no lo es todo.  El bautismo es también parte de esto.  Sin embargo, el bautismo no es todo el proceso de la regeneración.  El bautismo no es el nuevo nacimiento.  Pero está incluido en el nuevo nacimiento.  Después que el cambio interior es llevado a cabo por el Espíritu a través de la palabra, el individuo es conducido al reino por medio de la inmersión en agua. 

 

Bautizar a un incrédulo o a uno incapaz de creer no es el bautismo del Nuevo Testamento.  El bautismo no es meramente un acto físico.  El bautismo bíblico requiere que el individuo crea.  Un bebé no puede ser bautizado porque le falta los prerequisitos del bautismo.  La ley del reino de Cristo excluye a los bebés.  La enseñanza debe preceder al bautismo de uno (Mat. 28:19-20); todo aquel que se convierta en miembro de la iglesia primero debe ser enseñado por Dios (Jn. 6:45).  Aquellos que son miembros de la iglesia son miembros por fe (Gál. 3:26-27). 

 

Además, en vista de que Pablo dice que Dios salva por el “lavamiento de la regeneración” – que es el bautismo –  pero no por obras del hombre; entonces el bautismo no es una obra de justicia de los hombres.  Es una obra de la justicia de Dios (cfr. Mat. 3:15; Rom. 1:16-17; 10:1-3; Hch. 10:34-35; Sal. 119:172; Isa. 64:6; Jn. 6:28-29).  No poder místico en el bautismo mismo; tampoco hay algún poder místico en la fe.  Cristo el Salvador se convierte en el autor de la salvación de uno cuando uno le obedece (Heb. 5:8-9).  La salvación es extendida solamente a aquellos que obedecen al Señor.

 

“Juntarse a una iglesia” no es sinónimo de “nacer de nuevo”, a pesar del hecho de que la lucha por los números ha colocado los nombres de miles de personas en la lista de la iglesia, muchos de los cuales nunca han nacido de nuevo.  La declaración de Cristo, “... De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, ... que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Jn. 3:3,5). 

 

VII. Resumen

 

En este estudio han sido notados estas verdades:

 

1. Cristo le dijo a Nicodemo que nadie podía entrar en el reino de Dios sin nacer de nuevo de agua y del Espíritu.

 

2. En el reino espiritual una persona es engendrada por Dios, a través del evangelio, la semilla del reino.

 

3. Uno es engendrado del Padre a través del Espíritu Santo cuando cree en el evangelio.

 

4. Después de ser engendrado, o hecho creyente, uno nace de nuevo cuando su fe lo lleva a arrepentirse, confesar, y ser sumergido en agua.

 

5. Cuando el creyente arrepentido es bautizado entonces nace de agua y del Espíritu y entra en el reino de Dios, la familia de Dios.

 

6. Por tanto, a menos que una persona sea sumergida en agua, después de creer en su corazón que Jesús es el Hijo de Dios, no se puede convertir en Cristiano. 

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