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Hebreos

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Notes & Transcripts

NOTAS SOBRE HEBREOS

         Se concede permiso para utilizar este material de manera completamente gratis siempre y cuando se cumple con las siguientes condiciones:

         (1) no será alterado,

         (2) ni será vendido,

         (3) ni quedará excluida la información relacionada al autor.

 

Prefacio

  • \\ a la tercera impresión.*

         He sido grandemente ayudado por el estu­dio requerido para la pre­paración de estas Notas.  Espero sinceramente que de ellas los lectores también puedan  sacar una medida de ayuda.  Como consecuencia de preparar NOTAS SOBRE HEBREOS (una obra de largos meses), ahora veo más claramente la gloria y ex­celencia de Jesucristo y del Nuevo Testamento.  Las grandes exhortaciones de esta epístola me han dado más firmeza en la fe.

         Esta obra consiste en notas abreviadas.  Al lector de ellas le toca estu­diar, buscando las referencias y dando amplitud a los pensamientos bre­ves.

         Para esta presente impresión fue necesario pasar el texto a un ordena­dor.  Este trabajo fue hecho por una hermana en la fe, la Sra. Barbara McDonald, de Houston, Texas.  Agradecemos mucho esta contribución de tiempo y trabajo.  Valente Rodríguez, otro hermano mío en la fe, hizo el trabajo original de revisión  de manuscrito.  Gracias, hermano.

         Es un gran placer para mí ver estas NOTAS en circulación otra vez.  (La edi­ción original salió en junio de 1967).

         Demos gracias a Dios por su bendita Palabra de Vida, que es suficien­te y útil para informarnos acerca del camino al cielo.

Bill H. Reeves

Agosto de 1993.

Publicado por:

BRAEWICK PRESS, INC.

Houston, Texas.  U.S.A.

NOTAS SOBRE HEBREOS

 

INTRODUCCIÓN:

         I. EL AUTOR DE ESTE LIBRO--

         El autor de esta epístola novo-testa­men­taria no se identifica en ella.  Saber quién la escribió es cuestión dificultosa. Muchos han sido pro­puestos como el autor de ella, entre ellos siendo éstos los más co­munes: Pablo el apóstol, Apolos, Bernabé, Clemente obispo de Roma, y Lucas el evangelista.  Aunque es im­posible determi­nar la cuestión con exactitud, a continua­ción doy las evidencias que apuntan a Pablo el apóstol como el autor de este libro.

         A. La iglesia antigua del oriente, en donde primero circulaba este libro, afirma­ba que era Pablo su autor.  Personas fa­mo­sas y conocidas, tales como Clemente de Alejandría (a fines del siglo 2), Orígenes (a principios del 3), y Eusebio, obispo de Cesarea en Palestina (a principios del 3), afirmaban tal conclusión.  (Eusebio es el bien conocido "historiador de la iglesia").

         B. La iglesia antigua del occi­dente al princi­pio no aceptaba la conclusión de ser Pablo el autor, pero desde el tiempo de Jerónimo (392 d. de J.) y Agustín  (354-430) vino a ser la conclu­sión general de la iglesia occidental, hasta el tiempo de la Gran Reforma Protestante.  (Martín Lutero re­chazó esta con­clusión, y hasta la fecha la mayor parte de los comentaristas alemanes la han rechazado).

         C. La palabra de bendición al final (13:25) es la que usa Pablo en todas sus  epístolas.

         D. Pedro escribió a cristianos judíos (cuando menos en parte), y se refiere a una epístola es­crita por Pablo a ellos (2 Pedro 3:15).        

         E. Fue escrito durante la vida de Pablo, pues todavía existía el templo en Jerusalén.  El autor era amigo de Timoteo (13:23) (Timoteo era el compañero continuo de Pablo), y estaba de prisio­nero en Italia (13:18, 19, 24).       

         F. Este libro se incluyó en la versión de las Escrituras traducida al siríaco (hecha temprana en el siglo 2), y también en la an­tigua versión itálica.  Las inscripciones que acompañan a esta epístola en estas dos versio­nes traducidas atribu­yen al apóstol Pablo el ser el autor de ella. Ahora, consi­deremos brevemente las objeciones prin­cipales contra la conclusión de que es Pablo el autor de este libro.

                   a. "Pablo firmó su nom­bre a las otras trece epístolas escritas por él, pero A Los Hebreos no trae su nombre".  En res­puesta a esto, se puede decir que omitió Pablo su nombre por razones de táctica, pues había contra él mu­cho prejuicio de parte de hermanos judíos resi­dentes en Palestina.  Pablo no quiso distraer del men­saje del libro, cosa que habría hecho tal vez, principiándolo con su nombre. (Se omite también el nombre del autor en las tres car­tas de Juan por razones descono­cidas).

                   b. "Hebreos 2:3,4 indica que el au­tor no era apóstol, sino uno que ha­blaba según el testi­monio de otros". Es cierto que aquí en este pasa­je el autor emplea la pri­mera persona plural ("nosotros"), pero tam­bién lo hace en Hebreos 6:1-3.  ¿Por eso se consi­dera el au­tor delincuente como ellos a quienes escribió?  ¡En ninguna manera!  Usa la pri­mera persona, así asociándose con sus lectores, para hacer más suave su admo­nición. También lo hace en el capítulo 2, deli­cadamente impresionando a sus lecto­res acerca de sus debe­res como cristia­nos de prestar atención a las cosas oídas (Hebreos 2:1) y de no descuidar (Hebreos 2:3). Habiéndose incluido con ellos en los primeros tres versículos, terminó el punto (Hebreos 2:3,4), usando la misma primera persona plural.

                   c. "El estilo del griego empleado en la composición de esta epístola no es el de Pablo".  Se admite que el estilo de esta epís­tola en el grie­go es sublime, pero no hay evidencia suficiente para hacer de esta ob­jeción un caso contra Pablo como el autor. Pudo haber usado Pablo un ama­nuense, como Lucas, quien como hombre tam­bién inspirado podría haber escogido palabras o frases según su estilo.  Pero, todo esto es conje­tura y no comprueba nada a favor o en contra.

         En conclusión, podemos decir que las mu­chas evidencias favorecen la opinión de que Pablo es el autor, aunque es una cues­tión que no puede ser decidida sumaria y decidida­mente.

 

         II. A QUIENES FUE DIRIGIDA LA EPÍSTOLA---

         Como con la cuestión de quién es el au­tor de esta epístola, así con está; es imposi­ble saber con exactitud a quiénes fue diri­gida originalmente.  Pero es evidente que los reci­pientes originales eran cristianos judíos de al­guna parte.  Algunos comenta­ristas modernos opinan que fue escrita a los hebreo converti­dos residentes en Roma e interpretan Hebreos 13:24 de tal manera que tienen al autor saludando a esos hebreos de parte de italia­nos que estaban con él.  Pero la conclusión más aceptable y proba­ble del asunto es que fue escrita a los hermanos judíos residentes en Judea, y po­siblemente en Jerusalén en particular.  Para esta con­clusión sugiero las razones siguientes:

         A. Aunque no dice el texto mismo de la epístola a quiénes se dirige, la frase "a los he­breos" fue antepuesta a esta epístola en la anti­güedad, posiblemente antes del fin de la época apostólica.  Así vemos cuál era la opinión de los antiguos sobre el asunto.  Esta dedicatoria apare­ce en todos los ma­nuscritos griegos anti­guos y en la mayor parte de las versiones (traducciones a otras lenguas) antiguas (como por ejemplo, en la versión Siríaca y en la Itálica).

         B. Todos los llamados "Padres Eclesiásticos" concuerdan en la conclusión de que fue escrita a los hermanos hebreos resi­dentes en Palestina.

         C. El nombre "hebreo" aparece tres ve­ces en el Nuevo Testamento (Hechos 6:1;) (2 Cor. 11:22;) Fil. 3:5).  Los judíos de Palestina, que hablaban todavía el hebreo o más bien, el ara­meo, una corrupción del he­breo, se distinguían a los de habla griega, resi­dentes en países de in­fluencia griega.  Estos últi­mos eran llamados "helenistas" (de la pala­bra griega para indicar lo que era griego).  En Hechos  6:1, los "griegos" son los judíos hele­nistas, y los "hebreos" los de habla he­brea y residentes locales en Judea.  Eran to­dos estos cristianos, pero judíos (de raza) de distintos orígenes.

         D. La evidencia interna de la epístola apunta a esta conclusión como correcta, y se armoniza bien con ella, de que los reci­pientes principales de esta epístola eran los "hebreos en Judea."

         III. CUANDO FUE ESCRITA ESTA EPÍSTOLA Y DESDE DONDE--

         La conclusión, de que esta epístola fue es­crita desde Roma cerca de 63 d. de J., pronto después de libertado Pablo de la prisión la pri­mera vez, se basa en las obser­vaciones si­guientes:

         A. Hebreos 5:12 y Hebreos 10:32-34 indican que había pa­sa­do bastante tiempo desde su conversión a

Cristo.  No fue escrita, pues, temprano en el siglo pri­mero.

         B. Pero la nación judaica, destruida en 70 d. de J., todavía estaba en vigor y los servi­cios del templo todavía se celebraban,

según está indica­do en tales pasajes como Hebreos 8:4; 9:9,25;10:11; 13:10.

         C. Las epístolas Efesios, Filipenses, y Colosenses fueron escritas por Pablo du­rante su encarcelamiento en Roma.  Timo­teo estaba con él. Pero en Fil. 2:19-23, ve­mos que Pablo iba a enviar a Timoteo a los filipenses. En Heb. 13:23 vemos que Timo­teo ya estaba ausente de Pablo ("está en libertad", dice la versión Revisada, pero también se puede tradu­cir "enviado".  Véa­se la versión Hispanoamericana, mar­gen.  Pablo espe­raba la vuelta de Timoteo para hacer viaje con él hasta los he­breos para verles.  Parece, pues, que Pablo es­cri­bió esta epístola poco después de li­bertado de la prisión (según Fil. 1:21-26; 2:24 Pablo esperaba ser libertado de su primer encar­celamiento).

         D. Hebreos 13:24 indica que fue escrita desde Roma.  Escribiendo a los corintios desde Efeso, Pablo dice "Las iglesias de Asia os sa­ludan" (1 Corintios 16:19.  Ahora a los hebreos en­vía saludos desde Roma (o Italia), di­ciendo, "Los de Italia os salu­dan".

         IV. LA LENGUA EN QUE FUE ESCRITA ESTA EPÍSTOLA--

         Aunque Clemente de Alejandría y Jerónimo, dos comentaristas antiguos, y otros, afirmaban que esta epístola fue es­crita origi­nalmente en he­breo, su opinión se basó sola­mente en el hecho de que sería na­tural escribir a hebreos en hebreo. No afir­man haber visto u oído de copia escrita en hebreo.  Todos los manuscritos existentes están escritos en griego.

         Con la misma lógica empleada por esos anti­guos, concluiríamos que la carta a los ro­manos fue escrita originalmente en latín (la lengua de los romanos), pero sabemos que fue escrita en griego.  El griego era la lengua uni­versal en el tiempo apostólico.  Aun lo habla­ban los judíos residentes fuera de Palestina (los helenistas).  Aunque sabía Pablo hablar hebreo (Hech. 21:40), era de Tarso, donde el griego era la len­gua esta­blecida.  Era la lengua de Pablo.  Por unos veinticinco años había andado entre los ju­díos en muchos países, predicándo­les en griego, la lengua de sus servicios en las si­nagogas.

         Además, los doctos en lenguas nos afirman que la evidencia interna indica que no es traduc­ción del hebreo, sino una obra griega original.

         V. EL TEMA, LA NATURALEZA, Y EL OBJETO DE ESTA EPÍSTOLA---

         El tema es la gloria y excelencia de Cristo Jesús y del Nuevo Testamento. La natu­raleza de esta epístola es exhortatoria (Hebreos 13:22).  El objeto es evitar la apostasía al judaísmo (a la "fe de sus padres") y así con­firmar la fe de los cristianos judíos Hebreos 3:6,14; 4:14; 10:23), por medio de un gran contraste entre los dos Testamentos.

         Los capítulos 6 y 10, en particular, son ad­vertencias contra el volver atrás.  Estos cris­tianos hebreos confrontaban dos peli­gros muy grandes: la propaganda seduc­tora de los judai­zantes (los que abogaban por la esencialidad de guardar la ley de Moisés para ser salvos—(Hech. 15:1,24; etc.), y la persecución de parte de ju­díos incrédu­los (Hechos 8:1-3;) (1 Tes. 2:14-16; etc.).

         El tema de esta epístola desarrolla la relación entre los dos Testamentos.  El Antiguo (la ley de Moisés) era solamente una sombra del Nuevo.  El perdón por medio de sacrificios de animales, el sacer­docio y los servicios del tabernáculo y del templo, eran solamente típi­cos, apuntando al Nuevo Testamento en el cual estas cosas halla­rían su realidad.

         Esta epístola tiene por propósito, pues, exhortar.  Es un libro de motivos.  En página tras página se le presenta al cristiano he­breo las razo­nes por qué debe perseverar en la fe hasta la con­sumación de su carrera en Cristo (Hebreos 13:20-23).  No escribió el autor a judíos inconversos, para con­vertirlos (aun­que la argumentación en esta epís­to­la basta para esto), sino a judíos converti­dos en cristianos para que no se aparta­ran de la fe en Cristo por medio de la incredu­lidad (Hebreos 3:12).

         Muchos hermanos judíos comenzaron a ra­zonar que la diferencia entre el judaísmo y el cristianismo no valía el costo, pues eran perse­guidos casi de continuo.  Esta es la ocasión que se le presentó al autor para que escribiera esta epístola. En ella, pues, mag­nifica la superiori­dad de la ley de Cristo sobre la de Moisés.

         Esta epístola prueba lo que los doctos de entre los judíos incrédulos negaban; a saber, que Jesús de Nazaret, crucificado por

ellos, es el Mesías  (el Cristo),  y  por  consi­guiente el Hijo de Dios, y que su evangelio es esencial para la sal­vación de todo hom­bre, inclusive el judío que se gloriaba en ser descendiente de Abraham.  Esta epístola  proporcionó a los hermanos judíos per­se­guidos y tentados los ar­gumentos necesa­rios para refutar a sus opo­nentes a darles completo triunfo en sus batallas con ellos.

         VI. LA CANONICIDAD O AUTENTICIDAD DE ESTA EPÍSTOLA--

         Concluimos que la epístola a los hebreos es libro canónico porque:

         A. La evidencia apunta al apóstol Pablo como su autor.

         B. Era citado por hombres contemporá­neos (los llamados "Padres Apostólicos", o sea, doctos en la iglesia cerca del tiempo de los apóstoles) como epístola canónica, y eran reci­bidas estas referencias a la epístola por la igle­sia post-apos­tólica.

         C. Se encuentra en todas las versiones anti­guas de las Escrituras (la más antigua de éstas siendo la Siríaca, hecha a fines del siglo primero, o a principios del segundo).

         D. Se encuentra en todos los catálogos de los libros canónicos.  (Estos catálogos ex­presan el sentimiento común de los "Padres Eclesiásticos" respecto a cuáles libros son canó­nicos).

         E. La evidencia interna apunta a la na­turale­za inspirada de este libro.

         VII. UN BOSQUEJO DE ESTA EPÍSTOLA--

         A. La finalidad del cristianismo.  Dios ha hablado por el Hijo.  Cristo es superior a los pro­fetas (Hebreos 1:1-3).

         B. Cristo superior a los ángeles.  La huma­nidad de Cristo y su superioridad como mediador (Hebreos 1:4-2:18).

         C. Cristo superior a Moisés y a Josué.  Provee un reposo eterno comparado con aquel temporal ofrecido a los judíos fieles bajo Moisés y Josué (Hebreos 3:1-4:1).

         D. La superioridad del sacerdocio de Cristo sobre el de Aarón, y la superioridad del Nuevo Testamento sobre el Antiguo (el se­gundo sobre el primero)  (Hebreos 4:14-10:18).

         E. Ejemplos de fidelidad y exhorta­cio­nes diversas presentados para la perseve­rancia y fide­lidad de los hermanos hebreos (Hebreos 10:19-13:25).

HEBREOS 1

         Resumen: Comienza esta epístola de una manera sublime.  No hay palabras de in­troduc­ción; no se identifican el autor y los re­cipientes.  Ya hemos notado cuál es el pro­pósito del autor (véase Introducción, V), y vemos al autor en­trando en él de una vez.  Confrontaban los her­manos hebreos en Palestina el gran peli­gro de volver al ju­daísmo, impresionados por la natura­leza imponente de la economía judaica (con sus ritos tradicionales nacionales), y tam­bién perse­guidos por los no cristianos de entre sus compa­triotas.  El autor, pues, comienza en este capítulo a mostrar la superioridad de la dis­pensación del evangelio sobre el sis­tema mo­saico, y la superio­ridad  de Cristo sobre los profetas y aun sobre los ángeles.  Se presenta la dignidad y la natu­raleza exaltada del Autor del cristianismo.  Los hechos presentados en este capítulo es­tablecen la autori­dad del evan­gelio como revelación de Dios, del mismo Dios quien había hablado a los judíos bajo la dispen­sación mosaica.  Siendo así el caso, vol­ver atrás los hermanos hebreos sería una tra­ge­dia (Hebreos 2:1-3).

1:1 -- "Dios".  El mismo que habló para dar la revelación del Antiguo Testamento es quien ha hablado para dar la del Nuevo.  El Autor de los dos es el mismo  Dios.
         --"en otro tiempo", literalmente, en tiempos antiguos.  Probablemente se hace refe­rencia al tiempo entre Abraham y Malaquías.
         --"muchas veces".  Más bien, como dice la versión Hispanoamericana, "en muchas porcio­nes", o en muchas partes.  Gradual­mente y en fragmentos Dios les iba reve­lando su vo­luntad. (Compárese Isa. 28:10).

         --"muchas maneras", a veces por sue­ños, a veces por visiones; por voces audi­bles, o por mensajes inspirados; etc.  Además, los profetas usaron diferentes for­mas de enseñanza (tipos, figuras, len­guaje literal y sencillo, sal­mos, poesía, pro­verbios, etc.). Véase Números 12:5-8.

         --"por los profetas".  El profeta era uno que hablaba por Dios (y no solamente pre­decía eventos).  Véanse Exodo 4:16 más Hebreos 7:1; Hechos 3:21.


1:2 -- "en estos postreros días".  Más bien, como dice la versión Hispano­ame­ricana, "al fin de estos días", que significa al fin de los días de la dispen­sación mosaica, cuando entró Jesucristo en el mundo.  Se refiere al ministe­rio personal de Cristo en la tierra.  "Finalmente les envió su hijo", Mat. 21:37.

         --"ha hablado por el Hijo".  Dice la ver­sión Hispanoamericana "nos habló en su Hijo".  (Así dice esta versión en el versículo 1, "en los profetas"). Hablando los profetas (del Antiguo Testamento), y Cristo el Hijo (en el Nuevo), en realidad era Dios quien ha­blaba.  Véase Deut. 18:18,19; Mat. 10:20; Luc. 10:16.

          --"por el Hijo"; literalmente, "en Hijo".  No aparece en el texto griego el artí­culo definido "el".  Nos ha hablado Dios en la persona de al­guien que es Hijo; es decir, en al­guien que sos­tiene con él la relación de hijo.

         Además, parece que aquí "hijo" es usado casi como un nombre propio; Cristo es llamado "Hijo".  El Logos (Juan 1:1, el "Verbo") no era conocido como el Hijo de Dios antes de su en­carnación.  El término "Hijo" de Dios" apunta a las relaciones que él sostiene con Dios (el Padre) como nues­tro Emanuel (Mat. 1:23).  Es llamado así el Logos debido a su nacimiento de la virgen (Luc. 1:35) y a su resurrección de los muer­tos (Hechos 13:33).  ¡No se llama así porque fuera engendrado por el Padre en la eterni­dad!  Cristo Jesús (el Logos) es eterno (Jn. 1:1; Heb. 1:8,12; 13:8; Miqueas 5:2, etc.), y no engen­drado en cuanto a existencia.  No obstante, el término "Hijo de Dios" no se aplica solamente a su hu­manidad (como lo hace el término "Hijo del hombre"), sino a su naturaleza divina en sus nuevas relaciones que sostiene  con el Padre como EMANUEL.  Juan 5:17-25 y Rom. 1:4 muestran cómo el término "Hijo de Dios" enfati­za la divini­dad de Jesús.  Con razón los judíos con­cluían que él se hacía Dios con lla­marse así (Juan 5:18; 10:33,36).  Véase tam­bién Mat. 16:16. En este sentido de ser divino se usa este término en este capítulo primero de Hebreos.

          --"heredero de todo".  Como el hijo he­reda lo del padre, así es que aquí se emplea

este tér­mino para enfatizar más la divini­dad de Jesús  a  quien  Dios  "constituyó he­-

redero de todo en pro­pósito en sus consejos y planes eternos (Efes. 3:11), y lo profetizó (Sal. 2:7-9), pero recibió el Hijo de Dios esta heredad en realidad después de su resurrec­ción de los muertos.  Heredó todas las co­sas: dominio, dignidad y gloria (Dan. 7:13-14; Isa. 9:6-7; Mat. 11:27; 28:18; Efes. 1:22; Fil. 2:5-11;. 1 Ped. 1:21).

         "Este es el heredero" (Mat. 21:38), y no­so­tros los cristianos somos "herederos de Dios y coherederos con Cristo" (Rom. 8:17) (Heb. 11:7; Tito 3:7).  En este sentido "todo es nuestro" (1 Cor. 3:21-23).  El que es el "heredero de todo" es Señor.  De esto, pues, se deriva el significado del término "el Señor Jesucristo". Véanse Hech. 2:36; 10:36; Gál. 4:1, "el heredero  ...  es señor de todo".

         --"hizo el universo".  El texto griego dice que hizo "los siglos" o edades, pero en el griego koiné (común, vulgar--el en el cual fue escrito el Nuevo Testamento) la palabra aion, "siglo", puede significar lo que el si­glo contiene; por ejemplo, el universo físico.  El autor no se refiere a los siglos o dispen­sa­ciones en el tiempo, sino al universo físi­co (los cielos y la tierra y todo lo que tiene existencia en estos siglos).  Esta misma pa­labra se en­cuentra en Hebreos 11:3, donde el sentido es obvia­mente respecto al universo físico. Otros textos también enseñan la verdad aquí referida. Véanse Hebreos 1:10; Jn. 1:3,10; Col. 1:15-17;) (1 Corintios  8:6.

1:3 -- "resplandor de su gloria" (apaugasma tes dokses). apaugasma quie­re decir "fulgor", "resplandor", la luz que radia de un cuerpo iluminativo. Como es la refulgencia del sol para el sol, así es el Hijo de Dios para Dios.  Así es que vemos al Padre por el Hijo.  El Hijo da a conocer al Padre.  Esta re­ferencia es al Hijo encarnado.  Nadie encarnado ve al Padre. Considérense los textos siguien­tes: Mat 11:27; Jn. 1:18; 12:45; 14:9; 20:28; Col. 1:15; Fil. 2:6.

         --"la imagen de su sustancia" (carac­ter tes jupostaseos).  De la palabra griega caracter tenemos en español la palabra "carácter".  Esta palabra griega se refería tanto al instrumento para estampar, sellar o marcar como a lo estampado. La palabra jupostaseos significa "esencia, sus­tancia, naturaleza interior".  El Hijo, aun­que distinto en persona, es uno con él (Jn. 10:30), siendo el Hijo la perfecta represen­tación de la esencia o sustancia del Padre.

         --"sustenta todas las cosas con la pala­bra de su poder".  No puede haber atribu­ción de la di­vinidad de Jesús más distinta que la de estas pa­labras.  Declaran su poder infinito; de­claran su omnipotencia.  Véanse Hebreos 11:3; Gén. 1:3,6,9; Sal. 33:6,9; Hechos 17:28; Col. 1:17.  Con la palabra Jesús mandó al mundo físico (Mat. 8:26,27) y al mundo de demonios (Mat. 8:16).  Sanó a enfer­mos con la palabra y le­vantó a muertos (Mat. 8:16; Jn. 11:43), cam­biando así las leyes "naturales" de las cuales él mismo es el Autor.

         --"habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mis­mo".  Sobre la purificación según la ley de Moisés, véase Lev. 16:15,16,30; 17:11.  La Ley era una sombra (Col. 2:17; Heb. 10:1).  Cristo por su sangre hizo posible nuestro perdón de los peca­dos (Hebreos 7:17; 9:12,23,26, 28; 10:10; Hech. 20:28; Juan 1:29; Rom. 8:3; . 1 Ped. 2:24;.  1 Jn 1:7; Apoc. 1:5).

         --"se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas". Van tres par­ticipios (en el griego) en este versículo, que son: siendo, sustenta,  ha­biendo efectuado.  Ahora resta declarar que él reina. ¡Cuán grandes estas verdades que aquí son declaradas acerca del Hijo de Dios! Habiendo llevado a cabo el gran plan de redención de Dios, Cristo ¡se sentó!

         La frase "a la diestra" significa el lugar más exaltado de honor y autoridad.  Véanse, por ejemplo,. 1 Reyes 2:19; Sal. 45:9; 110:1; Mat. 20:20-23.

         Otros textos referentes a la ascensión de Cristo a la diestra de Dios: Mat. 22:44; 26:64; Mar. 16:19; Efes. 1:20-23; 4:10; Heb. 1:13; 8:1; 10:12,13; 12:2.  Su posición indica su plena au­toridad (Mat. 28:18; Fil. 2:6-11;) .1 Cor. 15:24,25).

         --"la Majestad".  Es una referencia a Dios el Padre.  La misma palabra griega, megalosune, aquí traducida "Majestad" aparece en Hebreos 8:1 y en Judas 25.  (Esto puede indicar que en Judas 25 se hace referencia a Dios el Padre más bien que a Jesucristo).

         Los primeros tres versículos contienen ocho declaraciones concernientes al Hijo de Dios y basadas en el Antiguo Testamento. El lector he­breo ve en ellas el punto princi­pal del escritor; es a saber, que Dios ha ha­blado de una manera su­perior a la del Antiguo Testamento, cuando ha­bló por los profetas.

1:4 -- Aquí se declara la superiori­dad de Cristo sobre los ángeles. Estos mensajeros celes­tiales son de alta posición y poder.  (Textos qué con­siderar: Sal. 103:20; Sal. 104:4;) .2 Sam. 14:17; Mat. 18:10; Luc. 20:36;) (2 Ped. 2:10,11;) Apoc. 5:11). ¡Pero les supera Cristo!

         Los judíos se gloriaban en la Ley de Moisés dispuesta u ordenada por ángeles (Deut. 33:2; Hech. 7:53; Gál. 3:19).  El autor aquí prueba que Cristo es superior a los ángeles en naturaleza y dignidad.  Véase también (1 Ped. 3:22;)

         El nombre referido en este versículo es el de Hijo, como lo indica el versículo si­guiente.  Lo "heredó" en el sentido de reci­birlo por virtud de su persona y obra en la redención del hombre.  Como son de ma­yor posición y preeminencia los hijos de la casa que los sier­vos en ella, así Cristo es mayor que los ángeles en que es el Hijo y ellos son siervos ("ministros").

1:5 -- La respuesta obvia a la pre­gunta presen­tada en este versículo es que ¡a ninguno!  Por consiguiente, ¡Jesucristo es superior a los án­geles!

         --"Mi Hijo eres tú, Yo te he engendrado hoy".  Véase Sal. 2:7.  "Engendrar" aquí no sig­nifica lite­ralmente dar vida a alguien, sino según signifi­cado figurado indica "constituir" u "ordenar".  Según Hech. 13:33 y Rom. 1:4, ve­mos que la resurrección de Jesucristo de los muertos fue el hecho por el cual Dios constituyó públicamente su Hijo al que los reyes de la tierra rechazaron y cru­cificaron (Sal. 2:2,3).

         La argumentación en este versículo es para enfatizar que Jesucristo es más que hom­bre y que ángel.  Es cierto que los hombres, y tal vez los ángeles (Job 38:7), han sido llama­dos hijos de Dios (Luc. 3:38;) (2 Cor. 6:18), pero no ha sido llamado nin­gún hombre o án­gel "él Hijo de Dios".

         Sal. 2:7 más Hech. 13:33 no quiere de­cir que el día de la resurrección fue cuando fue lla­mado Jesucristo el Hijo de Dios, o llegó a serlo.  Aun en su encarnación fue llamado así (Luc. 1:35), como también antes de eso (Juan 3:17) y después (Mat. 17:5).  El punto es que al resuci­tarle de los muertos, y ha­cerlo el Rey sobre su reino, la iglesia, (Sal. 26; Efes. 1:20-23), Dios declaró formal y públicamente que él era su Hijo por exce­lencia. Como un padre engendra un hijo, así Dios declaró al mundo ("engendró") que Jesús es su Hijo por la resurrección de los muertos.

         --"Yo seré a él Padre, Y él me será a mí hijo".  Véase (2 Sam. 7:14-16.)  La referencia primaria es a Salomón, el hijo de David.  Pero tiene doble referencia en este pasaje.  En Jesucristo se cumple la refe­rencia se­cundaria (en cuanto al contexto), y Luc. 1:33 muestra que solamente en Cristo se cumple la parte referente al reino eterno de él.  Los judíos entendían que este pasaje se refería también al Mesías.  Salomón, pues, era tipo de Cristo.

1:6 -- Se presentan dos problemas en este versí­culo; es a saber, (1) la posición en la frase de "otra vez", y (2)  ¿cuál texto va referido en este versículo?  Vamos a considerarlos.

         La versión de Valera 1960, la que em­plea­mos en este comentario, dice, "Y otra vez, cuan­do introduce al Primogénito en el mundo ...".  La idea de "otra vez" es que como ya citó el autor en el versículo ante­rior algún pasaje del Antiguo Testamento, ahora cita otro.  Pero dicen las ver­siones Hispanoamericana, Moderna, J. T. de la Cruz, y otras más o me­nos así: "Y cuando intro­duce segunda vez al Primogénito en el mundo", o "Cuando otra vez vuelve a traer el Primogénito ...".  Tales traduc­ciones im­plican que ya le "introdujo" una pri­mera vez y ahora se hace referencia a alguna se­gunda.  Esta es la traduc­ción que está más conforme a la construcción natural del texto griego.

         Los premilenaristas, basándose en esta úl­tima traducción (que yo también entien­do que es la correcta), afirman que aquí el au­tor se re­fiere a la segunda venida personal de Cristo.  Tal interpre­tación no solamente contradice una hueste de pasajes, sino también ignora el con­texto por completo.  El autor estuvo probando a sus lecto­res en el siglo 1, con pasajes del Antiguo Testamento, la supremacía de Jesucristo so­bre los ángeles para que no apos­tataran de la fe de Jesús.  No fue su punto tra­tar de lo que fuera Jesús antes de su corona­ción como Rey sobre su reino (la iglesia), ni lo que será después de entre­gar el reino al Padre (1 Cor. 15:24).

         ¿Qué es, pues, esta "segunda introduc­ción" en el mundo?  La primera fue su en­car­nación (Hebreos 10:5).    Dios   le   introdujo  o  lo

pre­sentó otra vez al mundo por medio de la resurrección de los muertos.  Véanse los comentarios sobre el versículo 5.  Dios lo resucitó y coronó como el Rey sobre su reino.  Dios, en la resurrección y coronación de Jesús, declaró al mundo lo que es su Hijo (Hech. 2:36; 10:36).  Cristo mismo lo llamó una (segunda) "venida" (Mat. 16:28).  Dios mandó a los ángeles adorarle porque fue exaltado a una posición suprema como la Cabeza de su iglesia, como el Rey de su reino (Efes. 1:20-23; Fil. 2:9-11;) (1 Cor. 15:27;) (1 Ped. 3:22).  A este reinado el autor repeti­da­mente se refiere en esta primera sección de su epístola.  El contexto demanda tal in­terpreta­ción. Presenta la razón por qué de­be­mos serle fieles ahora.

         ¿Qué diremos del segundo problema en este versículo?  La cita que presenta el autor en este versículo 6 se halla literal­mente y palabra por palabra en Deut. 32:43, según la versión de los Setenta (El Antiguo Testamento en griego). Pero el texto hebreo de Deut. 32:43 no incluye tales palabras, y por eso algunos comentaristas recha­zan este pasaje de Deuteronomio como la cita referida en este versículo 6. Estos ofrecen Sal. 97:7 (donde el texto hebreo dice "dioses" y no "ángeles", aunque la versión de los Setenta en este lugar dice "ángeles").

         A favor de la posición de que la cita es to­mada de Deut. 32:43 (versión de los Setenta) se puede decir que dicho pasaje en esa versión es exactamente según las pala­bras halladas en Heb. 1:6.  Pablo citó este mismo pasaje de Deuteronomio, según la versión de los Setenta, en Rom. 15:10. Cristo muchas veces citó de esta versión, como también lo hicieron sus apóstoles. Por más de trescientos años había sido ésta una versión tenida en alta estima por los judíos. Se afirma que los Setenta tradujeron de una copia del texto hebreo que tenía la frase que en el pre­sente texto hebreo no se encuen­tra; a saber, ésa que dice "adórenle todos los ángeles de Dios".

         Sea como sea el caso, Heb. 1:6 se basa en autoridad apostólica y prueba que Jesús me­rece la adoración de ángeles.

         --"Primogénito".  Véanse Col. 1:15,18; Rom. 8:29; Apoc. 1:5. Entre los judíos el pri­mer nacido tenía preeminencia en la fami­lia.  Así es que la palabra "primogénito" vino a sig­nificar "el que tiene la preemi­nencia".  Este es el punto de Pablo en Col. 1:15-18, "para que en todo tenga la preemi­nencia".   La  palabra  se  encuentra  en  Sal.

89:27, referente a David, quien no era el primero nacido en la familia de su padre, pero en la economía de Dios sí tuvo la pre­eminencia en­tre los reyes de la tierra.  Se halla esta palabra, en el plural, en Heb. 12:23, referente a la preemi­nencia de los que compo­nen la iglesia de Dios.  La pre­eminencia de Jesucristo es todo el punto del autor en Hebreos capítulo 1.

1:7 -- Véanse Sal.104:4.  El objeto del autor inspirado es mostrar la superiori­dad de Jesucristo sobre los ángeles por medio de mos­trar que su posición es infe­rior a la de él. Ellos son ministros; él es el Señor que manda.

         --"hace a sus ángeles espíritus".  Otras ver­siones dicen "vientos" en lugar de "espíritus".  La palabra griega pnuema quiere decir primera­mente "viento" (Juan 3:8), y luego el "espíritu" humano (1 Tes. 5:23).  Sus mensajeros (ángeles) son rápi­dos como el viento y poderosos y des­tructivos como llamas de fuego (tal vez el relám­pago). Han traído mensajes de Dios a los hom­bres (Luc. 1:19,26-28), y han traído destruc­ción sobre los hombres (Gén. 19:1 y sig.; Ex. 12:23,29;) (1 Crón. 21:15;) (1 Sam. 24:15,16;) Hech. 12:23).

1:8 -- Véanse Sal. 45:6.  Este salmo es una ale­goría que tiene su aplicación en el Mesías, to­cante a sus perfecciones, conquis­tas y adminis­tración justa.  Continúa el au­tor probando la su­perioridad de Jesucristo sobre los ángeles.

         --"Tu trono"; símbolo de dominio y au­tori­dad para regir.

         --"oh Dios".  Para sostener su negación de la Deidad de Jesucristo, los unitarios tradu­cen el pasaje para que diga "Dios es tu trono para siem­pre".  (Véase por ejemplo la versión Nuevo Mundo, de los Testigos de Jehová).  Los unita­rios añaden la palabra "es" después de "Dios" (porque afirman que "Dios" aquí en este caso es del nominativo, y no vocativo).  Pero es vocativo y la tra­ducción correcta es la dada en la versión Valera Revisada, la que es­tamos em­ple­ando. Esta traducción cabe en el contex­to que tiene por pro­pósito exaltar a Cristo.  Este versículo, citado del salmo, de­clara la Deidad de Jesucristo; es llama­do Dios.

         --"por el siglo del siglo".  Véanse Dan. 7:14; Luc. 1:33;) (2 Ped. 1:11.)

         --"Cetro de equidad es el cetro de tu reino".  El cetro es una vara de material precioso y es usado por reyes como insignia de su dignidad (véase Ester 4:11).  El Mesías es Dios; es Rey, y su reinado es carac­terizado por la equidad.  Véanse Isa. 11:2-5; Jer. 23:5; Apoc. 15:3.

1:9 -- Véase Sal. 45:7.

         --"Dios, el Dios".  El texto bien puede ser traducido así: "Dios, oh Dios..." (Véase al pie, versión Hispanoamericana). En este caso se llama Dios Jesucristo, como es lla­mado en el versículo 8.

         --"óleo de alegría".  Se refiere a las con­se­cuencias alegres de la coronación de Jesús.  Esta figura se basa en la costumbre oriental de ungir la cabeza con aceite (Sal. 23:5). Así eran ordenados al oficio los sacer­dotes (Lev. 8:12; Núm. 3:3) y los reyes (1 Sam. 9:16; 10:1; 16:3;) (2 Sam. 2:7;) (1 Reyes 1:34).  La palabra Cristo quiere decir un­gido.  El es tanto Sacerdote como Rey, ungido por Dios con el Espíritu Santo (Hechos 10:38; Isa. 61:1-3).

         --"más que a tus compañeros".  Cristo ha sido exaltado más arriba de todo rey un­gido.  El es el Rey de reyes (Apoc. 17:14).

1:10 -- Véase versículo 2.  Esta cita es to­ma­da del Sal. 102:25. Lo que este salmo dice res­pecto a Jehová, aquí es aplicado por el autor al Mesías, a Jesucristo.  La Deidad o Divinidad de Jesucristo es presentada cla­ramente en este pa­saje.  ¡El es el Creador!

1:11-12 -- "Ellos perecerán".  Véanse Mat. 24:35;) (2 Ped. 3:7,10-12. El que ha creado con la palabra, también con ella sostiene (versículo 3), y por fin destruirá.

         --"mas tú permaneces". La creación no du­rará, pero Cristo es inmutable. Véase tam­bién Hebreos 13:8.

1:13 -- Véase Sal. 110:1.  Este salmo de David tiene referencia al Mesías.  Véanse Hebreos 10:13; Mat. 22:41-46; Mar. 12:35-37; Luc. 20:41-44; Hech. 2:34,35;) (1 Cor. 15:25.)  Este pasaje pre­dice la conquista completa por Cristo de todos sus enemigos, sean án­geles u hombres.  Mientras tanto ocupa Jesucristo el puesto de más alto honor (Véase versículo 3). ¡Nunca han re­cibido los án­geles tal honor!

         --"tus enemigos por estrado de tus pies".  Esta figura se basa en la práctica an­tigua de po­ner los pies sobre el cuello del conquistado (Jos. 10:22-25).

1:14 -- Cristo es el exaltado; los án­geles son ministradores. Son siervos.  Muchos son los pasajes que hacen referen­cia a la obra de los án­geles en su servicio a favor de los que serán sal­vos.  He aquí al­gunos: Mat. 18:10; Luc. 1:11-20; 2:9-13; 15:10; Juan 20:11-13; Hech. 1:10,11;  5:19,20;) (1 Ped. 1:12.)

HEBREOS 2

         Resumen:  Después de una fuerte exhor­ta­ción acerca de no descuidar de nuestra salvación, basada esta exhortación en lo dicho en el capítulo primero, pasa el autor a la argu­mentación de la superiori­dad de la nueva dis­pensación sobre la vieja.  Cristo es superior a los ángeles, pues a Cristo y no a ellos está su­jeto el mundo bajo el Nuevo Testamento.  Cristo encarnado (Dios en la carne) tiene todo sujetado a él.  Fue capacitado para ser nuestro Salvador por medio de tomar sobre sí nuestra natu­raleza y sufrir la muerte en la cruz.  Para poder salvarnos, tuvo que morir, y para morir tuvo que ser hombre.  Esto, en turno, demandó que naciera de mujer.  Por medio de su muerte ha librado a los cristianos de la servidum­bre del diablo.  Esta salvación y el socorro que él ofrece se extienden a la si­miente de Abraham, y no a los ángeles.  El, habiendo sufrido y sido tentado, se capaci­tó para ser nuestro sumo sa­cerdote y quien puede socorrer a los tentados y que sufren.

        

2:1 -- "Por tanto".  Es decir, en vista de lo di­cho en el capítulo 1, se sigue la adver­tencia si­guiente.

         --"a las cosas", o sea, a las del evange­lio, predicadas directamente por el Señor en la carne, o por sus escogidos apóstoles inspi­ra­dos.

         --"nos deslicemos" (pararruomen).  Este verbo no aparece más en el Nuevo Testamento, pero en la versión de los Setenta del Antiguo aparece en Prov. 3:21 ("no se aparten"), y esta palabra griega en forma de adjetivo aparece en Isa. 44:4 ("corrientes de las aguas" -- versión Moderna).  Esta palabra significa "fluir" y por consiguiente "pasar sin que se le dé atención de­bida".  Si no ponemos la debida atención a las cosas del evangelio, habladas por Dios a través de su Hijo y los apóstoles de él, nos es­curriremos (dice la versión Hispanoamericana, y otras) poco a poco, hasta haberlas dejado atrás.  Separados de ellas, nos perderemos.

2:2 -- "Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme".  Se re­fiere a la ley de Moisés dada en el monte Sinaí.  Dios ha­bló (Hebreos 12:25,26) a Moisés, y éste al pueblo, pero también participaron los ánge­les en la presenta­ción de esta ley (aunque de los detalles de su participación no tenemos co­nocimiento). Véanse Hech. 7:38,53; Gál. 3:19.  Tal vez pronunciaron las palabras que Dios mandó y sirvieron de "ministradores" (Hebreos 1:14) en excitar los true­nos, re­lámpagos, te­rremotos, etcétera, que acompaña­ron ese evento re­ferido.  (Véase también Deut. 33:2 y compá­rese Sal. 68:17).

         --"y toda transgresión" = ir más allá de lo escrito (por ejemplo, Lev. 10:1,2).

         --"desobediencia" = no hacer lo man­dado.

         --"recibió justa recompensa".  Véanse Núm. 15:30-36; Deut. 17:2-12; 27:26; Heb. 10:28.

2:3 -- "nosotros".  Es la iglesia en gene­ral.

         --"descuidamos" (amelesantes).  Este verbo se encuentra en Hebreos 8:9, "me desentendí" de ellos; "los traté con desprecio", versión Moderna.

         --"primeramente por el Señor".  Esto fue profetizado: Deut. 18:18,19; (Hech. 3:22,23).

         --"fue confirmada ... oyeron".  Véanse Hech. 1:8,21,22; 10:41;) (1 Jn. 1:1-3.)

2:4 -- En el versículo 3 y en éste vemos el propósito divino de los milagros; es a saber, confirmar la palabra predicada.  Eran, pues, temporales los milagros hechos por Cristo y sus apóstoles, y por los cristianos primiti­vos que re­cibieron de éstos "repartimientos del Espíritu Santo"; eran el testimonio de Dios dado para probar la au­tenticidad del mensaje predicado.  (Véase Mar. 16:20).  Descuidar de este mensaje de salva­ción, pues, es descuidar de lo que dice.

        

2:5 -- "el mundo venidero".  ("el mundo habi­tado que está por venir", ver­sión Moderna).  Este versículo es favorito del premi­lenarista, porque lo interpreta para que se refiera al "nuevo mundo" o "tierra nueva" de su sistema materialista. Las palabras griegas, ten oi­kou­menen ten mellousan, quieren decir "el mun­do habi­tado, a saber, el que viene".

         ¿Desde cuál punto de vista viene?  ¿Toda­vía venía cuando el autor escribió es­tas líneas? ¿To­­davía viene en este siglo veinte?  Una cosa es veni­dera hasta el tiem­po de su llegada, y luego no más es venide­ra. Por ejemplo, enseñó Jesús a sus discípu­los a orar que viniera el reino (Mat. 6:10).  Pero muchos todavía siguen orando, "Venga tu reino", aunque ya hace más de die­cinueve siglos que vino.

         La expresión "mundo venidero" era una ex­presión de los judíos para referirse al tiempo del reinado del Mesías; es decir, el tiempo cuando vendría a reinar el Mesías.  De ese "mundo veni­dero" (desde el punto de vista de los judíos bajo la dispensación mosaica) dice el autor de esta epístola "estamos hablando".  El contexto de­termina la interpretación correcta de este texto.  Este texto va dentro del contexto que habla de la superioridad de Jesucristo en esta dispen­sación cristiana.  ¡De esto está ha­blando el autor en esta epístola a los cristianos he­breos y solamente de esto!

         La administración de este reino (la iglesia) de Cristo no ha sido entregada a ángeles, ¡sino a Jesucristo!  El go­bierno de este reino celestial descansa sobre los hom­bros de Cristo (Isa. 9:6).  Sólo él abre y cie­rra (Apoc. 3:7), tiene las llaves de la muerte y del Hades (Apoc. 1:18), y es la Cabeza exaltada (Efes. 1:22,23).

         Después de la dis­pensación mosaica, iba a venir otra, la final (1 Cor. 10:11). Para los judíos era el "siglo veni­dero" (Heb. 6:5).  Ahora, los cristianos esta­mos en este siglo, en este reino.  Está sujetado completamente a Cristo, y no a los ángeles.  ¡De esto estuvo hablando el autor desde Hebreos 1:1, y no de algún supuesto milenio de los materia­listas del siglo veinte quienes to­davía espe­ran tal cosa "venidera"!  Los premilenaristas ignoran por completo el contexto al tor­cer este pasaje.

         --"acerca del cual estamos hablando".  El contexto comprueba claramente que el autor está ha­blando acerca del reinado de Cristo ahora en esta dispensación cristiana.

2:6-9 -- Véase el Salmo 8.  Los premilenaristas ven en este pasaje (Salmos 8:5-8) una refe­rencia fuerte al milenio materialista de su sistema de cosas, y naturalmente in­terpretan el Salmo 8 así. Ha de admitirse que el Salmo 8 parece re­ferirse, en parte, al dominio absoluto del hom­bre. Pero el uso que el autor de esta epístola hace del Salmo 8 no admite tal interpretación.  El propó­sito del autor en esta sección de la epístola es establecer la reclamación de que es Jesucristo el Hijo de Dios y el Señor nues­tro.  No está tra­tando alguna cuestión acerca del dominio del hombre en algún mundo físico futuro.  Cristo, en Mat. 21:15,16, se refiere a este salmo (Salmo 8:2) y lo aplica a la alabanza que le daban los niños duran­te su ministerio per­sonal.

         Es cierto que en el principio Dios sujetó todo el mundo físico a Adán (Gén. 1:26).  Pero el dominio del hombre sobre el mundo fí­sico, de aquel tiempo, o en algún tiempo fu­turo, no es el punto tratado por el autor en esta sección de su epístola.  El trata la exaltación y coronación del Hijo de Dios, después de haber sido muerto y resucitado y ascendido a los cielos, recibiendo enton­ces el gobierno de todo el mundo para rei­nar sobre él.  ¡Este es el punto del contexto, y no podemos salirnos de él, para interpre­tar estos versículos de otra ma­nera!  (Véanse los comen­tarios sobre el versículo 5).

         El Salmo 8 tiene al Hijo de Dios por re­fe­rencia principal, si no total.  Mateo 21:15,16;) (1 Cor. 15:27; y  Efes. 1:22 lo indi­can. Pero puede haber una referencia primaria, y luego secundaria (o profética), en este salmo.  En este caso, lo que se dice del hom­bre (el primer hombre) halla su culminación o perfec­ción en Cristo Jesús (el se­gundo hombre) (1 Cor. 15:47).  Sea como sea, una cosa es cierta: a saber, que el autor inspi­rado de esta epístola aplica el Salmo 8 a  Cristo el Mesías.  ¡Esto el contexto lo deman­da!

         --"¿Qué es el hombre ... O el hijo del hom­bre ...?"  En la poesía hebrea la misma cosa es dicha de dos maneras, o con varie­dad. Pero no hemos de entender que se habla de dos cosas distintas. "El hombre" y "el hijo del hombre" es lo mismo.  Se refiere a Cristo, o a la naturaleza humana en la persona de Cristo.

         --"para que le visites".  Es decir, tra­tarle con tanto honor, o hacerle tanto caso.

         --"Le hiciste ... le coronaste ... le pu­siste ..."  Se emplea el tiempo pretérito por el fu­turo.  En las profecías, para enfatizar lo cierto de lo predi­cho, se habla de la cosa fu­tura como de una cosa ya hecha.  El salmis­ta pre­dice la encarnación de Jesús, la coro­nación de él después de su humi­llación en la muerte de la cruz, para gobernar todo el universo ya suje­tado a él.  Aunque hecho Jesús inferior a los ángeles en su encarna­ción, fue coronado de gloria y de honra, exaltado así sobre los ánge­les, cuando Dios le resucitó y le sentó a su diestra (Fil. 2:5-11).  Esto le garantiza a Cristo dominio completo sobre las obras de Dios.

         --"Todo lo sujetaste bajo sus pies".  Véanse (1 Cor. 15:27;) Efes. 1:22.  No sola­mente sujeta­dos hombres y ángeles, sino tam­bién el mundo de las bestias (Sal. 8:7,8), por­que Cristo lo go­bierna para el beneficio del hombre en la tierra.

         --"pero todavía no vemos que todas las co­sas le sean suje­tas".  Aunque toda autori­dad o poder le ha sido dado en la tierra y en el cielo (Mat. 28:18), to­davía no le están sujetas todas las cosas, porque hay ángeles y hombres rebeldes y desobedien­tes que resisten su reinado.  "Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies.  Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte".  (1 Cor. 15:25-26).  En el día de la resurrec­ción, ya no habrá más muerte y todo ene­migo habrá sido conquistado por Cristo. Véase Heb. 2:14,15.

         --"Pero vemos a aquel ... los ángeles".  Dice el autor inspirado que Jesús es el refe­rido en el Salmo 8, y aquí en Heb. 2:7.

         --"coronado de gloria y de honra" des­pués de haber muerto por los hombres, y a causa de sufrir esa muerte.  Dios se hizo hom­bre, hecho inferior a los ángeles, y lue­go mu­riendo por el hombre (Mat. 16:21), fue exal­tado y coronado de gloria y honra (Mat. 16:28), y porque sujetará por fin todas las co­sas, debemos servirle fiel­mente y no ser movi­dos de nuestra fe en él sola­mente porque los judíos incrédulos presentan ar­gumentos en contra de la Deidad de Jesús.

2:10 -- "Porque convenía".  Los ju­díos incré­dulos no podían aceptar la idea de un Mesías que moriría  (como conquista­-

do) -- Juan 12:34.  Pero Dios ("aquel por cuya causa ... las cosas subsisten"--compárese Rom. 11:36) tenía el de­recho so­berano de decidir qué convenía en el gran plan de redención. Determinó que el hom­bre sería perdonado por medio de la muer­te de su Hijo (Gál. 1:4; Heb. 1:3;10:5-10).  Si Dios nos ha proveído el esquema per­fecto de redención para el hombre, aunque en­volvió la humillación y sufrimiento de su Hijo, ¿quién es el hombre que razone que esto no convenía?

         --"llevar muchos hijos a la gloria".  Véase Jn. 1:12.  "A la gloria" se refiere al cielo.  Véase Rom. 8:29,30.

         --"perfeccionase por aflicciones".  Las aflic­ciones son todas las cosas que sufrió Jesús en la carne, como uno identificado como "hombre", y que terminaron en su sufrimiento y muerte en la cruz.  Estas aflicciones le "perfeccionaron" a Jesús, no en algún sentido de ser hecho moral­mente perfecto, pues no tuvo nunca pecados o imperfecciones, sino en el de hacerle un salvador  eficaz, porque la re­conciliación del hombre con su Dios requería muerte.  El pecado merece la muerte (Rom. 6:23; Ez. 18:20); para justifi­carnos Dios, Cristo tuvo que morir por nosotros (Rom. 3:25,26; Col. 1:22,23).

         Convenía a Dios, pues, hacerle a su Hijo un salvador perfecto por medio de la muerte (después de otros su­frimientos como hombre en la carne) de él en la cruz.  Al morir en la cruz, Cristo pudo de­cir, "Consumado es" (o, perfec­cionado es) (Jn. 19:30).  Véanse también Heb. 5:8,9; 7:28; Luc. 13:32, "soy hecho perfecto", versión Moderna. (Al tercer día entraría en Jerusalén donde moriría por el hombre, lle­vando a cabo, o perfeccionando -- "consu­mado es" -- su obra como Salvador).

         --"autor de la salvación".  La palabra griega arkegos significa prime­ramente el que provee el principio de algo, o que diri­ge.  Jesús, que quiere decir "salvador", es el autor o la causa princi­piante de nuestra sal­vación. Véanse Hebreos 12:2; Hech. 3:15; 5:31 (Príncipe, o Director).  En Heb. 5:9, "autor" es de otra palabra griega.

2:11 -- El que santifica es Cristo y los santifica­dos son los cristianos, perdona­dos por el sacri­ficio de Cristo (Hebreos 9:14; 10:14,29; 13:12; Jn. 17:14-17;) (1 Cor. 1:30).  Ambos él y ellos son de una sola natura­leza­; a saber, la naturaleza huma­na (véase versículo 14).  Pues, éste es todo el punto del capítulo 2.  (Algunos entienden que el "uno" de la frase "de uno son todos" se re­fiere a Dios el padre de todos; otros, que a una sola familia). El Mesías tomó de la na­tu­raleza del hombre, siendo enviado del Padre (Jn. 17:21), aunque en su propia na­turaleza es más exaltado que los ángeles (pues es Dios).

         --no se avergüenza de llamarlos herma­nos".  Aunque Jesucristo participó de nues­tra naturaleza (versículo 14), no es meramente humano, pues de otra manera, ¿en qué con­sistiría la condescendencia aquí implicada al decir, "no se avergüenza"? ¡Cristo es Dios! pero se hizo carne (Jn. 1:14), y por eso puede llamar her­manos a los cristianos.

2:12-13 -- En estos dos versículos van tres ci­tas del Antiguo Testamento para confirmar lo dicho en el 11; a saber, que el Mesías tomó de la naturaleza humana.

         --"Anunciaré ... tu nombre".  Véase Sal. 22:22.  Durante su tiempo en la carne, el Mesías (según afirma este salmo mesiánico, que también habla de los sufrimientos del Mesías en la carne) declararía a sus herma­nos (también en la carne, o de la misma na­turaleza) las perfecciones y carác­ter de Dios.  Esto lo hizo (Jn. 17:26; 1:18).  El pun­to del autor en este pasaje es recordar a los hermanos hebreos (y convencer a los judíos inc­rédulos) que el Mesías había de ser hom­bre (encarnado), y de aflicciones (Isa. 53), para que siendo de la na­turaleza del hom­bre pudiera sim­patizar con los hombres y morir por ellos para traerles a la gloria (versículo 10).  Esto lo hace, no citando la historia de la vida de Jesús de Nazaret (registrada en Mateo, Marcos, Lucas y Juan), sino citando pasajes del Antiguo Testamento re­ferentes al Mesías.

         --"En medio ... te alabaré".  Véase Mat. 26:30.  El punto es que el Mesías se identifi­có con sus discípulos como siendo de la misma na­turaleza humana, llamándoles hermanos y ala­bando a Dios juntamente con ellos como uno de ellos.

         La palabra "congregación" (ekklesia, de la cual tenemos la palabra "iglesia") in­dicaba a los judíos la nación ju­daica reu­nida en Jerusalén donde adoraban a Dios, pero es aplicada aquí por el autor inspi­rado al pueblo de creyentes en Jesús durante el reinado del Mesías.

         --"Yo confiaré en él".  Véase Isa. 8:17.  Aunque Dios, el Mesías se hizo carne, y en la carne, como todo hombre, dependía de Dios (hasta el fin de sus días en la carne--Luc. 23:46).  Son los hombres quienes de­penden de Dios.  Al profetizar Isaías estas palabras acerca del Mesías, mostró que el Mesías se identifica­ría como hom­bre.

         --"He aquí, yo y los hijos que Dios me dio".  Véase Isa. 8:18.  Con estas palabras el Mesías se identifica con los hombres.   Los "hijos" de este pasaje no son "hijos de Dios" ni "hijos de Adán", pro­piamente. El punto es que el Mesías y los "hijos" son de uno (versículo 11); es decir, de la mis­ma naturaleza.  Ahora, es cierto que los cristia­nos son "hijos de Dios" y que somos da­dos a Cristo (Juan 17:6) como discípulos de él.  Pero este pasa­je en Isaías es citado para probar que el Mesías tuvo que tomar de la naturaleza del hom­bre.  Así era el plan de Dios.

2:14 -- "los hijos".  Los hijos de Dios; cristia­nos santificados. Cristo murió por todo el mundo (Hebreos 1:3; 2:9; Juan 11:51,52;) (1 Jn. 2:2), pero los referidos aquí son los que han obede­cido al evangelio.

         --"participaron de carne y sangre".  Los cris­tianos son de naturaleza humana.

         --"él también ... de lo mismo".  Para po­der morir por los hombres, Dios tuvo que to­mar de la naturaleza humana.  Y para esto tuvo que na­cer de mujer (Juan 1:14; Gál. 4:4; Fil. 2:6- 8).

         --"para destruir...el imperio de la muer­te".  Para hacer ineficaz, o inactivo.  El diablo (diablos, equivalente a la palabra hebrea, Satanás, quiere decir "calumniador, acusa­dor"   véase Apoc. 12:10) todavía por el pe­cado trae la muerte al hombre pecador, pero Cristo en su muerte hizo inefi­caz la obra del diablo porque ahora por Cristo seremos resucitados de la muerte y vivire­mos para siempre.  El diablo tuvo el poder de traer la muerte física sobre la raza hu­mana por me­dio de tentar a Adán y Eva a pe­car.  Todo hombre está pues destinado a la muerte física (Heb. 9:27).  La muerte es­piritual (la "segunda muerte"-- Apoc. 2:11; 20:6) vendrá sobre todo pecador que muere fuera de Cristo o que no es cristiano fiel.  La muerte de Cristo quita al diablo este "imperio de la muerte", o lo hace ineficaz o inactivo, porque el pecador que obe­dece a Cristo y es fiel hasta la muerte (Apocalipsis 2:10), será resucitado de la muerte física y escapará la segunda muerte, la espiritual.

2:15 -- Por medio de Cristo todos pue­den ser librados de la cautividad del diablo.  La muerte es un mal penal, produ­cido por el peca­do, y todo hombre (fuera de Cristo) teme este mal. Pero es el diablo quien conduce al hombre a pecar, y por eso el hombre está sujeto a la ser­vidumbre de él.  A este pobre sujeto Cristo libra por medio del evangelio.

2:16 -- "no socorrió a los ángeles".  La versión Hispanoamericana dice, en las referen­cias al pie de la página, "v. 16. Griego, ase".  La Moderna dice, "no echa mano de los ángeles".     La idea es de echar mano Cristo del hombre, o asir de él, para salvarle (versículo 15), y para ayu­darle (versículo 18). No ha obrado Cristo salvación para los án­geles, sino para los creyentes de la raza huma­na.

         --"la descendencia de Abraham".  Dicen la versión Hispanoamericana y la Moderna, "la si­miente de Abraham".  Murió Cristo por todos (versículo 9), pero salva en parti­cular solamente a la simiente de Abraham, o sea, a los que creen en él según la fe de Abraham.  Los judíos en la carne eran des­cen­dencia de Abraham, pero los creyen­tes en Cristo son la simiente de Abraham aquí refe­rida (véanse Gál. 3:29; Rom. 9:6-8; Gál. 4:28; Juan 1:12,13).

2:17 -- "debía ser".  Dado que Cristo se entregó a la obra de salvar la simiente de Abraham, convenía o era debido o preciso que participara de la naturaleza del hom­bre.

         --"misericordioso".  Tomando nuestra natu­raleza, conoció las pasiones, tentacio­nes y sufri­mientos del humano, y por eso estaba ca­pacitado para mostrar misericor­dia hacia el hombre peca­dor.

         --"y fiel sumo sacerdote".  Compadeciéndose del hombre perdido, po­rque era misericordioso (aunque sin pecado Cristo, Heb. 4:15), vino a ser un sumo sa­cerdote fiel; es decir, cumplió su oficio de sumo sacerdote, ha­ciendo lo necesario para nuestro rescate.  Toda la esperanza del hombre perdido dependía de la fidelidad de Cristo en cumplir con su ofi­cio; o sea, morir por nosotros.  Si no hubiera sido un sumo  sacerdote  misericordioso  y  fiel,  no habría cumplido con su oficio y el hombre no habría tenido ninguna esperanza.

         El día de la expiación, y las actividades del sumo sacerdote anualmente para expiar los peca­dos del pueblo, se presentan en Levítico 16.  Esto era tipo del sacrificio de Cristo de sí mismo en la cruz, y de la pre­sentación de este sacrificio a Dios en el cie­lo. Véase Heb. 7:17,27; 9:12.

         --"en lo que a Dios se refiere", es decir, en la obra de redención, glorificando las de­mandas de la justicia de Dios, y a la vez su gran misericor­dia, gracia, y amor hacia el hombre. Cristo es el "ministro del san­tuario y de aquel verdadero ta­bernáculo que levantó el Señor, y no el hombre".

         --"para expiar".  Véanse (2 Cor. 5:18-21;) (1 Jn. 2:2; 4:10.)

2:18 -- Los sufrimientos de Jesús (Hebreos 5:7; Mat. 16:21; etcétera) y sus tentaciones (Mat. 4: 1-11; etcétera) le capacitaron para poder impartir al que sufre y es tentado el esperado socorro.

HEBREOS 3

         Resumen:  En este capítulo el au­tor continúa enfatizando la superioridad de Jesucristo so­bre Moisés.  Como es superior a la casa el que la construyó, así lo es Cristo a Moisés, porque siendo Dios es Cristo el cons­tructor de la casa de Dios, ya sea en la dispen­sación mosaica o en la cristiana. Además, como el hijo sobre la casa es su­perior al siervo en ella, así es superior Cristo a Moisés.  Los dos han sido fieles en sus dos ca­pacidades res­pectivas--el uno como hijo, el otro como siervo--pero el hijo es superior al siervo.  A éste quien es supe­rior debemos considerar.  Es el apóstol y sumo sacerdote de nuestra confe­sión. Al no hacer esto los lectores he­breos, po­drían caer ante la tentación de vol­verse a la ley de Moisés, dejando al superior por el inferior.

         Luego, el ejemplo de la peregrinación literal de los israelitas bajo Moisés en el de­sierto se pre­senta como ilustración de la nues­tra espiritual bajo Cristo, en que como muchos de ellos no entraron en la tierra prometida a causa de su in­credulidad, así nosotros los cris­tianos tampoco entraremos en el reposo de los cielos si somos engaña­dos por el  engaño  del pecado.    Debemos,

pues, exhortarnos para que no nos pase lo que a ellos pasó, sino que sea­mos firmes y fieles hasta el fin de nuestra ca­rrera cris­tiana.

3:1 -- "hermanos santos".  Véase Hebreos 2:11.  Son cristianos apartados (santifica­dos) por Cristo (Hebreos 2:17).     --"participantes" (metokoi).  Se emplea en Hebreos 1:9, "compañeros", y en Hebreos 3:14.  En forma verbal se emplea en Hebreos 2:14, "participó".

         --"llamamiento celestial".  Así se con­trasta este llamamiento con el de Israel que era terrenal.  Es celestial este llamamiento porque (1) viene del cielo (Fil. 3:14;) (1 Cor. 1:2) (2) nos llama a la gloria de los cielos (Hebreos 2:10); (3) como miembros de la iglesia so­mos ciudadanos del reino de los cielos (Col. 1:13), nuestra ciu­dadanía está en los cielos (Fil. 3:20), y la Cabeza de la iglesia reside en los cielos (Apocalipsis 14:1,13).  Somos llamados por el evangelio (2 Tes. 2:14).

         --"apóstol y sumo sacerdote".  Moisés era el "apóstol" (el enviado -- griego, aposto­los) del Antiguo Testamento (Ex. 3:10, 13-15).  Cristo es el del Nuevo (Mat. 10:40; 15:24; Luc. 4:18; Jn. 3:17; 17:18; 20:21;) (1 Jn. 4:14). Es el "mensajero (ángel) del pac­to", según Mal. 3:1.

         Siendo enviado de Dios, es apóstol, y dando su vida en sacrificio por nosotros y ofre­ciendo ese sacrificio a Dios (Hebreos 2:17), es sumo sa­cerdote.  Aunque Moisés era "apóstol" de Dios, no era sumo sacerdote a la vez.

         --"de nuestra profesión".  Es decir, el objeto de nuestra confesión.  Confesamos que Jesucristo es el gran apóstol y sumo sa­cerdote de Dios.  Pedro confesó (aunque en otras pala­bras) esta verdad, Mat. 16:16.  La palabra griega jomologia (profesión, o confesión; es preferible "confesión") se em­plea también en (2 Cor. 9:13;) (1 Tim. 6:12,13;) Heb. 4:14; 10:23; y en forma verbal, en Heb. 13:15.

3:2 -- "el cual es fiel ... constituyó".  Dios le constituyó apóstol y sumo sacer­dote.  Compárese Hech. 2:36.  Vino Jesucristo al mundo para serle fiel en la ta­rea indicada (Jn. 4:34).  Acerca de la fideli­dad de este sumo sa­cerdote, véase los co­mentarios sobre Hebreos 2:17.

         --"como también lo fue Moisés en toda la casa de Dios".  Véanse versículo Hebreos 3:5;10:21;  Núm. 12:7.   Moisés  era  apóstol  de  un  lla­mamiento terrenal, pero no apóstol y sumo sacerdote de uno celes­tial.  La casa de Dios era el pueblo judío (y no el taber­náculo).  Era Israel tipo o figura de un edi­ficio (casa).  (Esta "casa de Dios" es la misma que la "congregación", o iglesia, "en el desierto" de Hech. 7:38).  La iglesia de Cristo se presenta bajo la misma figura (versículo 6; Efes. 2:20-22;) (1 Ped. 2:5;). 1 Tim. 3:15).  Como Moisés era fiel como apóstol en la formación de la casa (o pue­blo) de Dios de aquel tiempo, así tam­bién ha sido fiel Cristo Jesús como apóstol y sumo sacerdote en la formación de la casa o iglesia de Dios de esta última dispensación.

3:3 -- Aunque Moisés era fiel y digno de gloria, de mayor gloria es digno Cristo (el apóstol y sumo sacerdote consti­tuido así por Dios), como es de más honor el constructor de una casa que la casa mis­ma.  Moisés era parte de la casa (o pueblo de Dios), pero Cristo es el fun­dador o cons­tructor del pueblo de Dios (sea el que es­ta­ba bajo el Antiguo Testamento, o sea el que está bajo el Nuevo).

3:4 -- Se exalta el Cristo a la posi­ción de Dios mismo.  Se declara la Deidad de Jesús.  Como toda casa tiene a alguien por constructor, así también es Dios el que ha establecido toda ins­titución divina, y este constructor es Jesucristo. Es, pues, Dios.  (Hebreos 1:8-10).  Es superior Cristo a Moisés, porque ha sido el autor de la dis­pensación mosaica como también de la cris­tiana.  "Todas las cosas" significan toda dis­pensación o arreglo divino, toda "casa de Dios".

3:5 -- Nada se quita a Moisés.  Era muy fiel en su capacidad. Pero su oficio era el de sier­vo en la casa (pueblo) de Dios. Los judíos incré­dulos (y a cierta medida los cristianos hebreos) se gloriaban en Moisés.  El autor aquí repite (v. 2) la admisión de que era fiel Moisés.  Pero el punto es que Cristo es mayor en gloria y honra.

         --"para testimonio de lo que se iba a decir".  Eran las cosas que Dios le iba reve­lando de vez en vez (Núm. 12:6-8, "le apa­receré ... hablaré con él"), las cuales cosas servían de tipo o figura de las cosas venide­ras de la dispensación del evangelio.  (Véase Jn. 5: 46).  Era Moisés siervo fiel (para comunicar al pueblo la volun­tad de Dios), pero ¡siempre era siervo!

3:6 -- "pero Cristo como hijo sobre su casa".  No desprecia el autor a Moisés, sino exalta a Jesucristo a su debido posición de honra y gloria. Moisés era siervo en la casa; Jesucristo hijo (heredero—Heb. 1:2) sobre la casa.  La "casa" aquí es el pueblo de Dios, o iglesia de Dios, de la dispensación del evangelio (Nuevo Testamento).  "su" se re­fiere a Dios el Padre (Núm. 12:7), aun­que la iglesia es de Cristo igualmente (Mat. 16:18, "mi iglesia"; Rom. 16:16; Hech. 20:28: etcé­tera.

         --"la cual casa somos nosotros". Si so­mos de Cristo (cristianos), somos miembros de la iglesia de la cual es la Cabeza, y sobre la cual es el Hijo de Dios.  Aquí la iglesia (el pueblo de Dios bajo el Nuevo Testamento) se presenta bajo la figura empleada en este con­texto, que es la de una casa. (Véase versículo 14).  Aquí entra la admo­nición contra la apostasía.  Es condicional la sal­vación.  Somos la casa (pueblo) de Dios porque so­mos cristianos, pero la condición es que re­ten­gamos firme hasta el fin (de la vida) la fe que tenemos en el gran apóstol y sumo sacerdote de Dios, en Jesucristo, y el glo­riarnos en la espe­ranza de la vida eterna en el evangelio prometida.

         En estos primeros seis versículos se presenta Cristo como superior a Moisés, aun­que no se le quita nada a Moisés en cuanto a su debida gloria y honra.  La ver­dad es que Jesucristo es superior.  ¡Cómo debemos seguir fieles a él, y no abando­nar nuestra confianza en él por algo inferior (que, para los cristianos hebreos, habría sido el judaísmo)!  La posibili­dad de la apostasía es pro­bada por el ejemplo de los israelitas, según lo narrado en los si­guientes versícu­los.

3:7 -- En los versículos Heb. 3:7-11 va una cita to­mada de las palabras de David, halladas en Sal. 95:7-11.  Pero en realidad eran palabras del Espíritu Santo.  (Véanse (2 Ped. 1:21;) Mat. 1:22; Heb. 9:8; 10:15; y compárese (1 Tim. 3:16).

         Debido que es mayor Cristo que Moisés y que el ser nosotros la casa de Dios ahora de­pende de ser firmes hasta el fin, debemos prestar atención a su voz, y esto hoy.  Todos sus man­damientos se dirigen a nosotros hoy.  Son man­damientos dados por el Espíritu Santo y no obe­decerlos hoy es re­chazar hoy al Espíritu Santo. ¡Hoy puede ser la última  vez  que  nos hable (Gén. 6:3)! Dios quiere obedien­cia pronta (Hech. 2:41; 16:33).

         Les era una fuerte tentación a los her­manos hebreos volver al judaísmo, y así caer de la gra­cia de Cristo (Gál. 5:1-4). Volver atrás sería ser infieles.  Pero Cristo y Moisés eran fieles, Cristo como Hijo sobre la casa, y Moisés como siervo en ella.  Los infieles eran los judíos bajo Moisés que ca­yeron en el de­sierto.  Volver atrás (caer de la gracia) sería la infidelidad condenada por Moisés.  Véase Juan 5:45.

3:8 -- "No endurezcáis nuestros co­ra­zones", cosa que siempre se hace cuando el hombre no oye (para obedecer) la voz de Dios. Siendo sensual el corazón, engañado por el pe­cado (Hebreos 3:13), no presta atención a lo que Dios le dice.

         --"en la provocación", "en el día de la tenta­ción".  Se hace referencia a Éxodo 17:1-7, "rencilla" y "prueba".  Véase Sal. 95:8.  El texto hebreo da los nombres propios del lugar (Meriba y Masah), mientras el griego (versión de los Setenta, y aquí en Heb. 3:8) da el signi­ficado de estos nombres.

         Los judíos pusieron la paciencia de Dios a prueba con sus murmuraciones.  "Está, pues, Jehová entre nosotros, o no?" (Ex. 17:7).  Le tentaron (Ex. 17:2) y le pro­vocaron a ira. Antes de esta ocasión, le ha­bían tentado (Ex. 16:1-4).

3:9 -- Por cuarenta años Dios obró mi­lagros a favor de los judíos, quienes a pesar de eso como un pueblo (hubo pocas excepciones) pasó ese tiempo tentando a Dios con sus corazo­nes endurecidos. (Véanse Núm. 14:22-30; Deut. 9:7). (Unos ejemplos de esto: Ex. 14:10-14; 15:24; 16:1-4; 17:1-7; 32:1-10; Núm. 11:1-3, 4-35; capítulo 14.  Después de esto vagaron por el de­sierto por 38 años, cuando al fin llegaron otra vez a Cades-barnea donde murmuraron otra vez por agua, Núm. 20:1-13.

3:10 -- El corazón (los deseos, afec­tos) de esos judíos vagaba, según las atrac­ciones car­nales, y no se fijó en la ley de Dios. El período de cua­renta años era más que suficiente para descu­brir el carácter verdadero de ellos.

         --"no han conocido".  Es decir, no han aprobado mis caminos para andar en ellos.  La palabra "conocer" muchas veces en las Escrituras significa "aprobar". (Véase por ejem­plo Mat. 7:23). Dios les mandaba, pero ellos aprobaron otro camino o manera de vivir que era según sus corazones vagantes (sensuales, carnales).

3:11 -- "juré en mi ira".  Véase Núm.14:20-35.  Se repite en Números 32:10-12 y en Deut. 1:34-36.

         --"No entrarán en mi reposo".  (Véase Sal. 95:7-11).  Fueron excluidos de la tierra de pro­mesa, la de Canaán.  Véase también Deut. 12:9.  Fue el reposo de Dios porque fue pro­visto por él. Es tipo del reposo en el cielo (como veremos en el capítulo 4).

3:12 -- Dios sacó de la esclavitud de Egipto a los judíos, les dio órdenes de en­trar en la tierra de promesa y poseerla, pero por su in­creduli­dad (desobediencia) caye­ron muertos en el de­sierto. Ahora, a los cri­stianos hebreos, dice el autor que ellos mar­chaban en este Desierto (la vida de prueba en la iglesia) rumbo a la Tierra prometida (el reposo en el cielo).  Aquellos ju­díos te­nían corazones vagantes (Hebreos 3:10), y si no­so­tros tenemos uno malo de incredulidad, nos apartaremos del Dios vivo. Aquellos propusie­ron apartarse de Dios (Núm. 14:4), porque re­chazar los mandamientos de Dios equivale a apartarse de él y siempre ter­mina por proponer substitutos, que es de­sobediencia

         Los cristia­nos hebreos, tentados a vol­ver al judaísmo, se apartarían de Dios si dejarían la suficiencia en Cristo Jesús y en el evangelio de él.  La fe en Jesucristo es esencial para que crea la persona en Dios el Padre (Juan 5:17,18,22,23; 17:3).  Volver al judaísmo los cristianos hebreos equi­valdría a un re­chazamiento de Jesucristo, y esto signifi­ca­ría apartarse del Dios vivo, porque sería un acto de incredulidad (falta de fe).

         Como la fe indica obediencia, la incre­duli­dad indica desobediencia (versículo 15), "endure­z­cáis", también el versículo 18, "desobe­de­cieron", y aun el 19, "incredulidad").

3:13 -- "exhortaos ... cada día".  Este es deber de cada cristiano, y no tan sola­mente del predi­cador.  (Compárese 10:24).  Es esencial esta exhortación diaria para que no caigamos.

         --"Hoy". El tiempo de la gracia de Dios.  El "hoy" para aquellos judíos rebel­des en el desierto terminó cuando Dios juró su destrucción. Nuestra oportunidad tam­bién pue­de pasar pronto. Al oír la voz de Dios, obedezcamos en seguida. Hoy nos habla; ¡obedezcamos hoy!

         --"endurezcáis por el engaño del pe­ca­do".  Cristo reprendió a los once porque te­nían sus corazones endurecidos para no creer las eviden­cias de su resurrección (Mar. 16:14).  La incre­dulidad es el fruto de un corazón endu­recido por el engaño del pecado, y ya no recibe las buenas impre­siones de Dios (Hech. 19:9).  El pecado en­gaña, ofreciendo lo que no da, y también quita la fe. No creyendo, el corazón se en­durece con­tra la voz de Dios y promueve a más desobe­diencia.  El pecado engaña.  Nótese Efes. 4:22.

         El diablo tentaba a los cristianos he­breos con la apostasía al judaísmo (para es­ca­par la perse­cución y gozar de la popula­ridad de sus compa­triotas), tratando de en­gañarles con hacerles pen­sar que esto no sería apostasía de Dios.  Pero el autor de esta epístola recuerda a estos hermanos que dejar su fe en Cristo Jesús terminaría en apartarse del Dios vivo, e indica­ría que el pecado (la apostasía, en este caso) les habría engañado a tal grado que tendría sus co­ra­zones endurecidos contra la voz de Dios y por eso andarían en la incredulidad (desobediencia).

3:14 --  (Véase versículo 6).

         --"participantes de Cristo"; es decir, par­tici­pantes en las bendiciones espirituales en Cristo (Efes. 1:3) y coherederos con él.  Somos uno con él en todo lo que Dios ha pro­metido para los suyos (Jn. 15:1-7; 17:21-23; Efes. 5:30;) (1 Cor. 12:27).

         --"con tal ... del principio".  Dice la ver­sión Moderna, "si retenemos firme el prin­cipio de nuestra confianza hasta el fin". Es condicio­nal la salvación.  Los israelitas co­menzaron bien pero terminaron mal.  Hemos comenzado, y estamos en la vida de prueba ahora.  Si mantenemos fir­me hasta el fin el principio que hemos hecho en la fe, gozaremos las promesas de Dios en la vida eterna. Los hermanos he­breos habían creído en Jesucristo (el Mesías). Tenían, pues, las prome­sas de Dios de salva­ción, y la reali­zación de esas promesas depen­día de con­tinuar en esa fe en Jesucristo, en lu­gar de rendirse a la tentación (del pecado enga­ño­so) de volver a la ley de Moisés.

3:15 -- "entre tanto que se dice".  Esta frase en el griego es casi igual a la ha­llada en Hebreos 8:13, "al decir".  Puede ser tradu­cida así: "tocante a lo que se dice", o "como se implica en lo que se dice".  La idea es "que somos partici­pantes de Cristo si per­manecemos fieles" (versículo 14), "como se im­plica en lo que dice esta cita to­mada de Salmos 95:7,8" (versículo 15).  El versí­culo 15 va juntamente con el 14.  (Véase Hebreos 4:7). El autor repite en este versículo la cita toma­da del salmo y presentada en el versículo 8.  Véanse los comentarios dados allí.

3:16 -- Esta es la primera de tres pre­guntas de advertencia, la segunda y la tercera se hallan en los próximos dos versí­culos.

         --"todos los que salieron ..."  No ha de to­marse literalmente la palabra todos, sino en el sentido de prácticamente el pueblo ente­ro, pues hubo dos excepciones, Josué y Caleb (Núm. 14:30).  En este sentido se usa la palabra todo y todos en tales textos como Mat. 3:5; Jn. 3:26;) (2 Cor. 3:2;) Fil. 2:21.

         Casi todo el pueblo de Israel que salió de Egipto provocó a Dios.  Ahora que casi todo el pueblo de Israel rechazó a Jesucristo y le cruci­ficó, ¿por eso debían los herma­nos he­breos ju­daizar?  ¡En ninguna manera!

3:17 -- "... disgustado ..." (Véase versículo Hebreos 3:10, y los comentarios sobre los versículos 9,10).

         --"cuyos cuerpos cayeron en el desierto" (Véase Núm. 14:29).

3:18 -- (Véase versículo 11).  A pesar de ha­ber sido testigos los israelitas de tantos milagros de parte de Dios, rehusaron creer que Dios po­dría introducirles en la tierra prometida para po­se­erla.  Deut. 1:6-8, el mandamiento de poseer la tierra prome­tida.  Deut. 1:26, rehusaron ha­cerlo; es de­cir, no creyeron, pues el desobede­cer es por falta de fe.  Como creer es obede­cer, no cre­er es desobedecer.  Aquí en Heb. 3:18, pues, dice el texto que eran éstos los que "desobedecieron".  Según Deut. 1:32 y Núm. 14:11, no creyeron a Dios cuando les mandó ir a poseer la tierra, a pesar de ha­ber visto los muchos milagros de Dios an­terror­mente. La advertencia para los cristi­anos hebreos (y para todo cristiano) es ésta: como aquellos no entra­ron en el reposo de Dios debido a su falta de fe, así nos prohi­birá entrar en el cielo esa misma falta de fe en Cristo Jesús.

3:19 -- La conclusión del argumento y de pre­sentar el caso de los israelitas de­sobedien­tes en el desierto.  La incredulidad fue la causa de su caída.  Miremos nosotros (versículo Hebreos 3:12) para que no nos pase lo mismo.  Tenían ellos un viaje de solamente once días para viajar con fe hasta la tierra pro­metida (Deut. 1:2;-unas 200 millas, o 320 kilómetros), y allí gozar del reposo, pero la incredulidad les hizo fallar.  Su ejemplo nos sirve de advertencia (1 Cor. 10:5-11).

HEBREOS 4

         Resumen: Los versículos 1 al 11 conti­núan la discusión comenzada en el capí­tulo 3. Se des­cribe el reposo de Dios, y éste se identifica como el estar con Dios en los cielos eternamente.  Los del éxodo no en­traron en el reposo de Canaán debido a su incredulidad.  La aplicación a los he­breos es que tampoco noso­tros los cristianos en­traremos si no continua­mos en la fe de Jesús.  El reposo de Dios en el séptimo día, después de la creación, el séptimo día guardado por los judíos bajo la ley de Moisés, y la posesión de la tierra prome­tida, son figuras o tipos de este reposo de Dios.  Es el verdadero reposo que queda para el pue­blo (fiel) de Dios. Aun David, en el Salmo 95, escribiendo quinientos años después de la pose­sión de Canaán, exhorta a los de su genera­ción no ser incrédulos, sino obedecer la voz de Dios que llama al hombre a este reposo.  Esto prueba que el reposo de Dios es espiritual, y no material.  Los cristianos debemos procurar entrar en él.

         Los versículos 12 y 13 recuerdan a los he­breos (y a nosotros también) que Dios no puede ser engañado.  Su Palabra penetra hasta las partes más interiores del ser hu­mano y nada se esconde. Nos conviene, pues, ejercer cui­dado espiritual y continuar en la fe, en lugar de apostatar.

         Los versículos 14 al 16 comienzan una dis­cusión sobre el sacerdocio de Jesús que con­tinúa hasta el capítulo 10. Considerando los hermanos hebreos cómo es este gran  sacer­dote, querrían  acercarse   al   trono   de

Dios por Jesucristo para hallar el oportuno socorro.

4:1 -- "Temamos, pues".  Los her­ma­nos he­breos estaban en peligro de caer de la gra­cia de Dios.  Por eso les exhorta a temer tal po­sibili­dad.  No pudieron entrar en el reposo de Canaán los judíos incrédu­los (desobedientes-- Hebreos 3:18,19); la misma falta de fe excluiría ahora a los hebreos cristia­nos del reposo de Dios, que es la vida eter­na en el cielo.  A esto se refiere la fra­se, su reposo, en este versículo 1.

         --"alguno de vosotros parezca no ha­berlo alcanzado".  Fallar al no al­canzar el cielo.  Dice la versión Hispanoamericana, "Temamos, pues, no sea que tal vez ... al­guno de vosotros parezca ha­berse quedado atrás".  Dejar la fe de Cristo por el judaísmo sería incredulidad. Por este pe­cado se queda­ron atrás los israelitas salidos de Egipto y no se les concedió entrar en la tierra pro­metida. Ahora si los hermanos hebreos co­meten el mismo pecado, se quedarán atrás y no se les concederá entrar en el cielo.

4:2 -- "Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva".  La versión antigua de Valera dice, "se nos ha evangelizado".  No es el evangelio en el sen­tido presentado en (1 Cor. 15:1-4.)  La palabra evangelio quiere decir buenas nuevas.  Como a los israelitas salidos de Egipto se les anunció la buena nueva de un repo­so en la tierra de Canaán, también a nosotros (los cristianos) te­nemos las buenas nuevas de reposo, el del cielo.  Permanece aún la promesa de reposo, y no fue una promesa solamente para aquellos judíos en el desier­to.

         --"pero ... oyeron".  Las buenas nuevas dadas a los israelitas en el desierto no sola­mente contu­vieron una promesa, sino también un manda­miento (Deut. 1:20,21; Núm. 13,14).  Pero el mensaje que les fue predicado (el oír la  pala­bra), que fue la pro­mesa y el mandamiento de ir a poseer la tierra prometida, no fue reci­bido en sus co­razones con fe (Núm. 14:2-4), y por eso no les aprovechó esa palabra que oye­ron.  (Compárese Mat. 13:13-16).

4:3 -- El versículo 1 dice que perma­nece la promesa de un reposo. El versículo 2 nos dice que esa pro­mesa nos ha sido dada tanto a nosotros  (los cristianos)  como a los israelitas.  Ahora el 3 dice que los que entran en este reposo (de la vida eterna en los cielos) son los cre­yentes.  Esto es probado por la cita hallada en Sal. 95:11, porque si a los incrédulos, o desobe­dientes (Sal. 95:10), no se les permi­tió entrar, se implica que se lo permitirá a los creyentes, u obedientes.  La pro­mesa es hecha para los cre­yentes; éste es el pun­to.  Los hermanos hebreos andaban en el peli­gro de abandonar la fe en Cristo por el ju­daísmo (Hebreos 3:12).

         --"aunque las obras suyas estaban aca­badas desde la fundación del mundo".  Después de los seis días de obras en la fun­dación del cos­mos, reposó Dios en el sép­timo (versículo 4).  No descansó de cansancio fí­sico, sino reposó de sus obras en el sentido de que cesó de ellas y contempló la belleza y perfección de ellas (Gén. 1:31-2:3).  Contempló con felicidad y satisfacción su crea­ción.  A este reposo de fe­licidad invita Dios a su pueblo de toda dispen­sación.  En este reposo eterno de Dios (del cual eran tipo el reposo del séptimo día y la tierra de Canaán) entra el cre­yente.  Es el reposo de Dios ("mi reposo"). Es el verdadero reposo en el cielo para el fiel.  Este reposo de Dios, ofre­cido al creyente, y consis­tiendo en feli­cidad eterna, fue instituido desde la fun­dación del mundo.

4:4-5 -- "en cierto lugar".  Véase 2:6.  Los lectores de esta epístola estaban fami­liariza­dos con las Escrituras del Antiguo Testamento y no era necesario dar citas exactas.  Se hace refe­rencia a Gén. 2:2 (y re­petida en Ex. 20:11; 31:17).

         --"reposó Dios de todas sus obras en el sép­timo día".  Véanse los comentarios sobre el versículo 3, primer pá­rrafo, arriba.

         --"Y otra vez aquí: No entrarán en mi repo­so".  Véanse Sal. 95:11 y los comenta­rios sobre el versículo 3.  Dios, después de aca­bar sus obras de creación y formación, en el séptimo día reposó, gozando de la grata contemplación de este aca­bamiento.  No entraron en este reposo (eterno, como tam­poco en el típico de la tierra de Canaán) los del éxodo debido a su incredulidad. No en­traremos tampoco nosotros los cristianos si no conti­nuamos en la fe.

         El argumento del autor (en el versículo 5) al em­plear aquí el Salmo 95 (escrito por David unos quinientos años después de la pose­sión de la tie­rra de Canaán) prueba que no se refiere Dios (por David) al reposo en la tierra de Canaán, sino a uno todavía futuro. Además, no pudo haber sido el reposo del séptimo día, cosa que ya tenían los judíos para guardar y obser­var.  Tanto el re­poso del séptimo día, como la posesión de Canaán, son tipos o figuras del re­poso eter­no con Dios en los cielos.

4:6 -- Dios proveyó un reposo.  Debido a su in­credulidad (versículo Heb.4:2; 3:11, 12,18), los del éxodo no entraron en ese reposo. Pero Dios no planea ni provee en vano.  Se sigue, pues, que queda un reposo para los israelitas verdaderos, quie­nes como Caleb y Josué tienen fe para hacer la voluntad de Dios. Tiene que haber un repo­so de Dios en reserva.  Esta conclusión (la con­clu­sión del argumento se presenta en el versículo 9, que­da un reposo para el pueblo de Dios) sigue del hecho de que Dios proveyó un reposo y aunque los incrédulos no entraron en él, otros segura­mente entrarán.  Estos otros son los de la fe en Cristo Jesús.

4:7 -- "después de tanto tiempo"; se refiere a los quinientos años entre Moisés y David.  Es evidente que el reposo, tipifica­do por la pose­sión de la tierra de Canaán, la cual fue prome­tida a los del éxodo, no fue ofrecido sola­mente a ellos.  David, unos quinientos años des­pués de Moisés, habla a su propia generación, di­ciendo que el pue­blo de Dios no hiciera como aquellos del éxodo, quienes fallaron al no en­trar en el reposo debido a su incredulidad.  "Hoy", es decir, en el tiempo de David, había una promesa de reposo todavía.  Todavía es "hoy", aún para nosotros, porque todavía es tiempo de gracia y de oportunidad, pues nos habla la voz de Dios, diciéndonos que entre­mos en su reposo. Dios ha determi­nado un día; es decir, menciona Dios un tiempo expresa­mente.  Dios habla "hoy", y "hoy" es cuando el oyente debe obedecer su voz, en lugar de endurecer su corazón, posponiendo obediencia.  Diciendo Dios "hoy", se enfatiza la urgencia de actuar aho­ra mismo mientras hay oportuni­dad.

4:8 -- Josué dio a la segunda gene­ración de los del éxodo el reposo físico en la posesión de la tierra de Canaán (Jos. 1:15; 22:4; etcétera).  Pero no les dio el reposo verdadero de Dios (llamado "mi reposo", es decir, el reposo de Dios), porque quinientos años después de esto David exhortó a su generación a no rechazar la voz de Dios en su tiempo ("hoy", para ellos) que mandaba entrar en su reposo.  La posesión de Canaán era solamente un tipo del verda­dero re­poso de Dios.

4:9 -- ¡La gran conclusión del ar­gumen­to!  Hay un reposo que nos queda.  No es el del séptimo día, observado bajo la ley de Moisés.  Este lo guardaron quince siglos los judíos.  No es la posesión de la tierra de Canaán.  Quinientos años después de ese evento histórico, David to­davía exhortaba al pueblo de Dios entrar en el re­poso de Dios.  Es el reposo celestial para el "pueblo de Dios" (los de la fe).  El sábado judai­co era figura de él (Col. 2:17), como también lo era la posesión de Canaán (Sal. 95:11, donde dice "reposo", en lugar de "tierra", según Núm. 14:30).

         La palabra reposo en este versículo es distin­ta, en el texto griego, a la usada en Heb. 3:11,18; Hebreos 4:1,3,5,10,11.  Aquí es sabbatismos, y en los demás textos es katapausis.  "Katápausis" sig­nifica sencillamente cesa­ción de labor, o re­poso en el sentido co­mún.  "Sabbatismós" es una pa­labra, con su sufijo griego agregado a una pala­bra he­brea. Indica literalmente la guarda u obser­vancia de reposo.  Se refiere al reposo eter­no en Cristo, que el fiel gozará en el cielo, como el "sábado" (día de reposo) judaico de la ley de Moisés significaba un día en siete para descanso, y como Dios reposó en el sép­timo día después de la formación del cosmos (versículo 3,4).  Hablando el autor de la carta a los hebreos, a gente bien acostum­brado a guardar el "sábado" mosaico, crea una palabra, di­ciendo que ahora a los cris­tianos fieles nos queda un "sabbatismós" para nosotros.  Dice la versión Hispano­ame­rica­na, "un reposo sa­grado".

         Los sabatistas modernos citan este ver­sículo para afirmar que "queda un reposo" en el sentido de que debe el cristiano toda­vía guardar el sép­timo día de la semana.  Ignoran por completo la argumentación del autor en esta sección de su epístola y hacen que este versículo diga que to­davía tene­mos (nos queda) el sábado judaico y que debemos guardarlo.  Pero el contexto des­miente tal posición y el versículo 11 la destruye por completo, pues dice que nosotros los cristianos procuremos entrar en aquel reposo.  Es algo en qué entrar todavía.  ¡Es el cielo!  El verbo "queda" (apoleipo) no quiere de­cir, "está en vi­gor todavía", sino que "está reservado".  No dice el autor que "queda el día de reposo". Para de­cir esto habría usado la palabra común,  sab­baton. Pero dijo sabbatismos (explicada arriba).  El cielo será para el redimido como un sábado, o reposo.

4:10 -- Todo santo que entra en el re­poso de Dios (muere en Cristo y por fin será re­sucitado a la vida eterna en el cielo), no sola­mente entra en reposo, en el sentido de cesación de labor, sino también en el sabbatismos, que es la celebración del sá­bado celestial.  En esta clase de reposo entró Dios cuando terminó su obra de formar el cosmos.  Cesa de trabajar y sufrir, el que muere en Cristo, sí (Apoc. 14:13), pero también entra en el reposo del "gozo de su se­ñor" (Mat. 25:21).  (Véanse también Luc. 16:22; 23:43;. 2 Cor. 5:8; Fil. 1:23; Apoc. 7:14-17).

4:11 -- ¡La gran exhortación que si­gue a la gran conclusión!  Establecido el he­cho de que se nos reserva un reposo sabáti­co en el cielo, procu­remos con diligencia entrar en él.  Muchos son los textos que así nos exhortan, por ejemplo, Luc. 13:24;. 2 Ped. 1:5-11.        En el versículo 1, se nos exhorta temer; ahora en el 11, procurar entrar.  El gran ejem­plo en el asunto es el de los del éxodo (Hebreos 3:12; .1 Cor. 10:1-12).  ¡Podemos caer!

4:12 -- Los del éxodo cayeron muer­tos en el de­sierto y no entraron en el reposo de Canaán, porque no prestaron atención a la pala­bra de Dios (versículo 2).  Nadie debe, pues, tener en poco la Palabra de Dios.  La advertencia del capí­tulo 3, y la promesa de reposo del 4, se ba­san en ser la Palabra la voz de Dios.  No piense nadie que Dios no cumplirá con las promesas de su Palabra, ni que no castigará al desobe­diente o incré­dulo.  ¡Es poderosa su Palabra para cum­plir!

         --"la palabra de Dios"; es decir, la ver­dad de Dios (2 Tim. 2:15), o sea lo que ha dicho Dios.

         --"viva".  (Véanse Juan 6:63;. 1 Ped. 1:23).  Es tan viva como Dios; por eso cum­plirá según declara.  (Véase Isa. 55:10,11).

         --"eficaz".  La palabra en griego es energes. En español tenemos la palabra ener­gía.  La Palabra está llena de energía y poder de Dios, para llevar a cabo sus de­cla­raciones.  (Véanse .2 Cor. 10:4;. 1 Tes. 2:13).  ¿Cómo pue­de el hombre creer que está su­jeta la Palabra de Dios a sus opiniones y puntos de vista?

         --"más cortante...dos filos".  (Véanse Isa. 11:4; 49:2; Efes. 6:17; Apoc. 1:12,16; 19:15, 21).  Esta figura denota el po­der de la Palabra de Dios para descubrirle al hombre su caso verdadero y castigarle com­pleta­mente si no se arrepiente.

         --"penetra ... el espíritu".  El alma (psuche) es la vida que el espíritu da al cuerpo, mientras van juntos los dos.  Es la vida animal, la sede de lo que pertenece y concierne a la vida en la car­ne.  El espíritu (pneuma) es el principio vital que anima al cuerpo; es la parte inmortal del hombre, dada por Dios. Pablo, en .1 Tes. 5:23, hace esta distinción (aunque en otros textos se usan al­ter­nativamente los dos términos).  En. .1 Cor. 2:14,15 vemos que el hombre natu­ral (psukikos, la palabra psuche en forma de adje­tivo) se distingue del hombre espiri­tual (pneumatikos, la palabra pneuma en forma de adjetivo).

         No obstante, no entiendo que el autor inspi­rado está diciendo que la Palabra de Dios literal­mente hace separación entre el alma y el espíritu (como si fueran dos enti­dades separa­das e inde­pendientes), sino que solamente ha­ce uso de una expresión para denotar la obra de la Palabra de Dios en exponer lo más inte­rior de nuestra vida terrestre y la condición de nuestro espíritu.  Todo nuestro ser es expuesto por la Palabra de Dios y ella declara la condi­ción de él. Nos revela el hombre natural y también el espiritual.

         --"las coyunturas y los tuétanos".  Esta ex­presión figurada ilustra el poder de la Palabra de Dios en penetrar a los rincones más íntimos e interiores del hombre.  Es en vano tratar de es­condernos de la investiga­ción de la Palabra de Dios.

         --"y discierne ... del corazón".  La Palabra de Dios juzga nuestros pensamien­tos y propósitos de corazón.  El verbo dis­cierne, en el texto grie­go, es más bien un adjetivo que describe a la Palabra.  Dice el texto que la Palabra es kriti­kos.  En espa­ñol tenemos la palabra crítico.  ¡La Palabra de Dios critica!  ¡Tomen nota de esto, los que "critican" a la iglesia de Cristo de no hacer nada sino criticar! En realidad, la palabra cri­ticar quiere decir, no hablar mal de otro, sino juzgar o discernir.  Muchos, para  escapar  el   jui­cio   de   este   Juez   (la Palabra de Dios), tratan de destronarle.  Niegan la autenticidad de la Biblia (la reve­lada Palabra de Dios) y la desa­creditan todo lo posible. Pero esa Palabra vive y perma­ne­ce (1 Ped. 1:23), y será la base del Juicio Final (Juan 12:48; Apoc. 20:12).

4:13 -- Como es poderosa la Palabra para juz­gar, también la es para prever y pe­netrar con omnisciencia.

         --"desnudas".  (Véanse Sal. 139:11,12; Prov. 15:11).

         --"abiertas".  La palabra griega signi­fica lite­ralmente "tener el cuello expuesto" o doblado para atrás, como se hacía con los cau­tivos para degollarlos, o con los anima­les para sacrificarlos. La aplicación aquí es que es im­posible que el hombre se esconda de Dios y del escrutinio de su Palabra.

         --"a quien tenemos que dar cuenta".  (Véanse Hebreos 12:23; Rom. 14:12).  Los versículos 12 y 13 de este capítulo recuerdan al lector de lo serio del caso, pues toda incredulidad y re­sisten­cia a la Voluntad de Dios es cosa bien sa­bida por él y no escapará de su jui­cio y cas­tigo.

4:14 -- "gran sumo sacerdote".  (Véanse Hebreos 2:17; 3:1).  Se había hecho mención  del sacerdocio de Cristo, pero ahora el au­tor pasa a presentar las pruebas, cosa que le ocupa hasta el capítulo 10. Es nuestro gran sumo sacerdote, exaltado infinitamente so­bre todo sacerdote ju­daico.

         --"traspasó los cielos".  Traspasó los cielos creados (Hech. 1:11) para entrar en la presencia de Dios ("el cielo mismo", 9:12,24).

         --"Jesús el hijo de Dios".  Nuestro sumo sa­cerdote no es ningún hombre sino Dios mismo.  Sobre su Deidad ya ha hablado el autor en los primeros tres capítulos.

         --"retengamos nuestra profesión".  (Vé­anse Hebreos 3:1; 10:21,23). Esta exhortación im­plica que los hebreos corrían el riesgo de aban­donar esa pro­fesión.  Muchos son las exhorta­ciones en esta carta.  En este solo capítulo ve­mos éstas: "Temamos" (versículo Hebreos 4:1), "procuremos" (versículo Hebreos 4:11), "retengamos" (versículo Hebreos 4:14), y "acerquémonos" (versículo Hebreos 4:16). La condi­ción espi­ritual de los hermanos he­breos demandaba mu­cha exhortación.  (Véase 13:22).

4:15 -- "Porque ... debilidades".  Véanse  los  comentarios  sobre Hebreos 2:16-18.   El verbo "compadecerse" en el texto griego es sum­patheo.  En español tenemos simpatizar y sim­patía. Jesús puede participar de nues­tros senti­mientos respecto a nuestras peti­ciones, porque ha sufrido de manera seme­jante.

         --"sino uno que fue tentado en todo se­gún nuestra semejanza, pero sin pecado".  Véanse 7:26; Isa. 53:9;. 1 Ped. 2:22.

4:16 -- "Acerquémonos, pues, con­fia­damente al trono de la gracia".  En vista de lo que tenemos (v. Hebreos 4:14), nos acerque­mos al trono de Dios (Hebreos 8:1), llamado el de la gracia, para hacerle a Dios por Jesucristo nuestras peticiones.  (Véase .1 Jn 5:14).

         --"para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro".  Nuestras pruebas de la vida requieren la ayuda cons­tante y apropiada para la ocasión.  No hay que pen­sar en judaizar, volviendo atrás a un sacerdocio inferior para ha­llar el socorro necesitado.  Tenemos un gran sumo sacer­dote en los cielos a la diestra de Dios, él mismo Dios, y si ora­mos en fe, según se nos manda, recibiremos todo lo necesario. (Véanse Efes. 6:18; Fil. 4:6;. 1 Tes. 5:17).

HEBREOS 5

         Resumen: Este capítulo comienza una comparación entre el sumo sacerdote de la dis­pensación mosaica, y el de la del Nuevo Testamento, quien es Cristo Jesús.  el autor ya había introducido el punto en Hebreos 2:17,18; 3:1; y Hebreos 4:14-16, y ahora continúa en este capítulo y en los siguientes.

         Para evitar la apostasía de los herma­nos he­breos, el autor enfatiza la superiori­dad del sacer­docio de Cristo al del Antiguo Testamento.  Cristo Jesús es mayor que el sumo sacerdote le­vítico en posición, en ca­rác­ter y en la calidad de sacrificio ofrecido. Aquí en este capítulo, el punto principal en la discu­sión es el de los re­quisitos del sa­cerdocio.  En los versículos 1 al 4, se presen­tan las cualida­des del sumo sacer­dote judaico.  En los 5 al 10, se nota que és­tas se ha­llan en Cristo Jesús, y esto ¡en un grado superior!  Entonces, ha­biendo intro­ducido el tema glorioso y a la vez profundo acerca de la comparación entre los dos sa­cer­do­cios, y puntos relacionados que es­ta­blecen la superioridad de la dispensación cristiana, el autor llama la atención, en los versículos 11 al 14, a la condición difícil de los lec­tores para entender este tema, debido a su falta de crecimiento en el evangelio.  Sigue el autor, en el capítulo 6, la adver­tencia contra la aposta­sía, antes de seguir en el 7 otra vez con el tema del sacerdocio.

5:1 -- "en lo que a Dios se refiere"; es decir, en asuntos religiosos, o en lo que Dios les manda que hagan para su salva­ción.

         --"ofrendas y sacrificios".  Véanse Hebreos 8:3 y Hebreos 9:9, donde aparece la misma frase.  Las ofrendas (doron) eran artículos sin vida animal (por ejemplo, Lev. 2) (tal vez va in­cluido el incienso, Lev. 16:12), mientras que los sacrificios (thusia) eran de ani­males cuya sangre era derramada, y así sacrifi­cada la vida de ellos.  Véase Hebreos 9:6-10. A veces los dos términos se usan alternativamente; por ejemplo, Gén. 4:3-5; Heb. 11:4, "ofrendas" (doron).  Pero aquí en Hebreos 5:1, van contrastados los dos términos para que se incluya todo cuanto ofrece el sumo sacer­dote por el pueblo.

5:2 -- "paciente"; otra cualidad, o vir­tud, del sumo sacerdote.

         --"ignorantes y extraviados". Véase Núm. 15:28-31; Lev. 4:1,13,14.  Los sacrifi­cios eran para éstos, y no para los que a sa­biendas, y sin arrepentimiento, traspasaban la ley de Dios.

         --"puesto que él también está rodeado de debilidad".  Véase Hebreos 7:28.  El caso de Aarón, el primer sumo sacer­dote judaico, EX. 32:1-6.  Siendo hombre dé­bil, podía simpatizar con los débiles.  Ya ha­bía men­cionado el autor las debi­lidades nues­tras como cristianos (Hebreos 4:15), y como puede nues­tro Sumo Sacerdote compadecerse de ellas.

5:3 -- Siendo pecador el sumo sa­cer­dote ju­daico, tenía que ofrecer por sus propios peca­dos como también por los del pueblo.  Véase Lev. 16, el día (anual) de la expiación. Véase también el mandamiento en Lev. 9:7.  Hay otra referencia a esto en Hebreos 9:7.

5:4 -- Otra cualidad del sumo sa­cerdote: su es­cogimiento y honra viene de Dios.  Había leyes específicas en cuanto a la sucesión de sumo sa­cerdotes.  El punto de contraste es, como ex­plica el versículo si­guiente, que Cristo tampoco tomó el sumo sacerdocio sin ser designado por Dios.  Este versículo no tiene nada que ver con la idea de que hoy en día los llamados "ministros" reciban "llamamientos" de Dios para el lla­mado "ministerio".  Como el oficio de sumo sacerdote, bajo la ley de Moisés, fue insti­tuido y gobernado por Dios, así también es el del Nuevo Testamento. Números 16 na­rra un ejemplo de cómo Coré trató de usur­par el puesto de sumo sacerdote.  Nótese también Judas 11.

         --"como lo fue Aarón".  Véase Ex. 28:1.

5:5 -- Con este versículo, el autor co­mienza a demostrar la superioridad del sacerdo­cio de Jesucristo.  Como nadie to­maba el sacer­docio bajo la ley de Moisés sin ser designado por Dios, tampoco lo tomó Cristo así.  Dios le de­signó, demostrando al mundo con levantarle de los muertos que Jesucristo es su Hijo. Salmos 2:7, aquí cita­do, se refiere a la resurrección de Jesucristo de los muertos (Hech. 13:33; Rom. 1:4).  Véase Hebreos 1:5, comentarios.  El Mesías es Sumo Sacerdote, Profeta y Rey.  Aquí se enfa­tiza su puesto como Sumo Sacerdote.  Jesús no se exaltó a esta posición, sino Dios le exaltó (glorificó), llamándole "Hijo".

5:6 -- Véase 5:10.  Se cita Salmos 110:4.  Este salmo es mesiánico (véase Hebreos 1:13, comentarios).  Ahora el autor cita el versículo 4 del Salmo 110 para probar que el Mesías es un sa­cerdote, no según el orden de Aarón, sino el de Melquisedec, a quien el mismo Abraham, el pa­dre de la nación judaica, "dio los diezmos de todo" (Hebreos 7:2). Los lectores hebreos, tentados a apostatar al ju­daísmo (es decir, a lo representado por el sumo sa­cerdocio de Aarón), verían su gran error al considerar que el sumo sacerdocio de Jesucristo es según uno mayor que Aarón, pues Melquisedec lo era. ¡Todos los hijos de Abraham (los judíos del Antiguo Testamento) dieron diezmos (por su padre Abraham) a este mismo Melquisedec, quien era tanto sacerdote como rey!  (Gén. 14:18).  Por decreto de Dios Jesucristo fue constituido tanto sacerdote como rey (y no solamente sacerdote, como en el caso del sacerdocio aarónico).  Véase también Zac. 6:13.  Cristo ocupa los dos puestos.

         Se trata en el capítulo 7 de esta epístola de que el sacerdocio de Jesucristo es según el orden de Melquisedec.

5:7 -- Jesucristo puede simpatizar con nosotros (Hebreos 4:15).  Este es el punto princi­pal de este ver­sículo, y se compara con lo del versículo 2.  El resto de este versículo 7 lo prueba, pues enfatiza sus hondos sentimientos en la carne.

         --"en los días de su carne" se refiere al tiem­po de encarnación, de su ministerio perso­nal, o al período de su humillación en la tierra.  Véase Hebreos 2:14; 10:20.

         --"ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas".  Luc. 22:44; Mat. 27:46 (como también Mat. 26:38,39 y 27:50); Juan 12:27,28.  Véase .1 Ped. 4:1.

         --"al que lo podía librar de la muerte".  A Dios Padre hizo sus plegarias; al todopo­de­roso.  Dios pudo haberle salvado de la muerte física (Mat. 26:53, 54), pero ¿qué dice el versículo 54?

         --"fue oído a causa de su temor reve­rente".  No dice este versículo que Cristo pidió a Dios que le librara de la muerte y que Dios se lo con­cedió (que le oyó para concedérselo).  Cristo pi­dió que si era la vo­luntad del Padre, pasara de él esa copa de muerte (Mat. 26:39).  Pidió en oración que se hiciera la voluntad de Dios (Mat. 26:39, 42; Mar. 14:36).  Dios le oyó y se lo con­ce­dió, dejándole morir por los hombres peca­do­res, aunque no sin el fortalecimiento de un ángel enviado (Luc. 22:43) antes de mo­rir, y luego después de morir, le resucitó de los muertos (Hech. 2:23,24).  Véase también Sal. 22:24 (salmo mesiánico, versículo 1). Su te­mor reverente fue la causa de que fuera oído por Dios el Padre.  La palabra griega para decir "temor re­verente" se halla solamente en este pasaje y en Hebreos 12:28, "reverencia".  Se emplea en forma ver­bal en 11:7.

5:8 -- "Y aunque era Hijo".  Siendo Dios (el punto enfatizado en el versículo 5) y no so­lamente algún sacerdote descendiente de Leví, no por esto reclamó estar exento de hacer su parte en la redención del pecador.

         --"por lo que padeció aprendió la obe­dien­cia".  Aprendió en el sentido de expe­rimentar la obediencia al sufrir la muerte de la cruz (Fil. 2:6,8).  Después de sus ple­garias en Getsemaní, fue a la cruz en obe­diencia a la voluntad de Dios, y no a la del hombre, para llegar a ser maldición (Gál. 3:13) y pecado (2 Cor. 5:21) para la sal­va­ción del hombre perdido.  Fue fiel (obediente, Hebreos 2:17; 3:2) en esta tarea.

5:9 -- "y habiendo sido perfeccio­nado"; es de­cir, completamente calificado como Sumo Sacerdote y para ser el Redentor de la humani­dad perdida.  Véanse Hebreos 2:10; 7:28; comentarios.  Perfec­cio­nar significa completar, o llevar a cabo.  Cristo acabó su tarea de sufrir la muerte por el pecador, él siendo inocente, y así al­canzó la meta; es a saber, el ser el au­tor a causa de nues­tra salvación.

         --"autor".  Según la versión Hispano­ameri­cana, "causa".  Aquí la pala­bra griega es aitios, "la causa que pro­cura". El Mesías, al morir en la cruz por los hom­bres, es la causa de nuestra sal­vación.  (En Hebreos 2:10 la palabra traducida "autor" es otra.  Véanse los comentarios ahí).

         --"obedecen".  Los salvos por Cristo son personas obedientes, no solamente en lle­gar a ser salvos, sino también en continuar siendo salvos.  (Véanse Mat. 7:21; Juan 14:15; Rom. 1:5; 16:26). No son meramente "creyentes", sino de fe viva (Sant. 2:24).

5:10 -- "fue declarado por Dios sumo sacerdote".  "Nombrado por Dios", dice la ver­sión Hispanoamericana, tradu­ciendo la palabra pro­sagoreutheis, que significa  saludar, reco­nocer, dirigirse a al­guien por nombre.  Cristo, cuando le llevó a Dios su sacrificio de muerte en la cruz, des­pués de ascender a los cielos (Hebreos 6:20), fue salu­dado por Dios con el nombre o título de sumo sacerdote.  Así Dios le llamó, o nombró.  No se glorificó a sí mismo en este asunto (versículo Hebreos 5:5,6).  Aquí se hace referencia de nuevo a Sal. 110:4.

                  

5:11 -- Con este versículo se co­mienza una des­viación del tema central del sacerdocio de Cristo que es según el orden de Melquisedec. La desviación continúa has­ta el fin del capítulo 6; luego de nuevo el autor trata este gran tema.  El autor con­dena la inhabilidad de los herma­nos he­breos para comprender bien estos asun­tos pro­fundos, debida esta inhabilidad a su falta de atención al estudio de la Palabra de Dios.  En el capítulo 6 les exhorta a madu­rar su en­tendi­miento y conocimiento de la Palabra de Dios. Les advierte contra la apostasía; les anima a ser más diligentes, y para esto les pre­senta el ejemplo de Abraham.

         --"difícil de explicar, por cuanto os ha­béis  hecho  tardos   para   oír".  La dificul­tad consistió en la condición espiritual de los oyentes, y no en el autor de la epístola, como tampoco en el tema mismo.  La pala­bra tardos es traducción de la palabra griega nothros, que encierra la idea de no empu­jar.  Se emplea en Hebreos 6:12, "perezosos".  Esta condición espiritual de los hebreos era una a la cual habían llegado ("os habéis hecho").  Nótese en el versículo si­guiente, "habéis llegado a ser". A este estado conduce la negligencia o descuidado espiritual (Hebreos 2:1-3), al endurecimiento de corazón, y a la incre­dulidad (Hebreos 3:7,8,12,13).

5:12 -- Debido al tiempo de ser cristia­nos, estos hermanos tenían la obliga­ción moral de ser maestros de otros pero habían llegado al estado de necesitar que otros les enseñaran de nuevo las ideas ru­dimen­tarias de los oráculos de Dios.

         --"rudimentos"; stoicheia, "las partes prin­cipales o constituyentes de algo". Se emplea en Gál. 4:3,9; Col. 2:8,20; .2 Ped. 3:10,12.  Se hace referencia aquí a las ideas rudimentarias del evangelio, como son pre­sentadas en Hebreos 6:1,2.

         --"las palabras de Dios"; loguion, un orá­culo o declaración de Dios, (Hechos 7:38; Rom. 3:2;. 1 Ped. 4:11).

         --"leche, y no de alimento sólido".  El estado infantil de estos hermanos hebreos se debía al deseo de continuar bajo los tipos y símbolos de la ley de Moisés, y también a la presión de perse­cución a la cual es­taban sujetos, en lugar de an­dar en la doctrina del Cristo resucitado, el Rey y Sumo Sacerdote.

5:13-14 -- La palabra niño es traduc­ción de la palabra griega napios.  Se em­plea en este pasaje para indicar el no madu­ro. Nótese .1 Cor. 13:11, donde aparece esta pala­bra griega.  Los hebreos no eran "niños en Cristo" en el sen­tido de nuevos conver­sos, sino en el de no madu­ros, no crecidos. (Compárense .1 Cor. 3:1,2 con .1 Cor. 2:6; y Efes. 4:13,14).  El recién convertido es niño en Cristo y por medio de la leche de la pa­labra de Dios crece (1 Ped. 2:2).  Pero si no cre­ce, continúa siendo no crecido (no maduro, no "perfecto"), y su dieta es de leche sola­mente. Esto no es bueno.  Debemos crecer hasta el esta­do do madurez y comer ali­mento sólido. El he­cho de que necesitaban leche estos hermanos hebreos, y no podían comprender fácilmente lo que es de alimen­to  sólido  (como  es  de  él  la  doc­trina  del

sa­cerdocio melquisidecano de Jesucristo), indicaba su estado de poco creci­miento espiritual.  No habían alcanzado madu­rez y por eso experimentaban dificultad en com­pren­der las cosas hondas del evangelio.

         --"la palabra de justicia" es la del evan­gelio que revela la justicia de Dios para que por la fe alcancemos la justicia (Rom. 1:16,17).

HEBREOS 6

         Resumen: Los primeros tres versí­culos presentan una exhortación de los puntos más ele­vados.  Luego, en los versículos 4 al 8, advierte el autor contra la completa apostasía.  Entonces anima a los hermanos con expresarles la espe­ranza que él tenía de que ellos serían exitosos en la ca­rrera cristiana, habiendo con­quistado el es­ta­do de pereza que caracterizaba a algunos.  Los versículos 13 al 15 presentan el ejemplo de Abraham, quien alcanzó la promesa po­rque tenía la paciencia necesaria.  A pesar de persecuciones y ocasiones que nos pue­den de­sanimar, podemos vencer porque tenemos un fortísimo consuelo en la pro­mesa jurada de Dios y podemos asirnos de la esperanza que nos es como segura y fir­me an­cla del alma.  No hay razón por qué no seamos sal­vos eter­namente. Esta es la idea que les pre­senta el autor en los últimos versículos de este capítulo.

6:1 -- "los rudimentos de la doctrina de Cristo"; literalmente "dejando el discur­so de los principios de Cristo". No es la mis­ma frase grie­ga, como la hallada en Hebreos 5:12, pero se hace refe­rencia a lo mismo.  Dice el autor que no debe­mos conti­nuar para siempre en el estado de co­nocimiento rudimentario de las cosas del evange­lio de Cristo.

         --"vamos adelante a la perfección"; es decir, al estado maduro de conocimiento (Fil. 3:10) de las cosas de Cristo. Véase Hebreos 5:13,14, comentarios.  Para evitar la aposta­sía y la per­dición por ella, tenemos que ir adelante a la perfección. Esta acti­tud es esen­cial para la salvación .  "Vamos ade­lan­te" se contrasta con "tardos para oír" (Hebreos 5:11).

         --"no echando otra vez el fundamento".  No es casa lo que tiene puro fundamento.  Una vez echado el fundamento, no es razo­nable echarlo otra vez.  Ahora se debe edi­ficar y completar el edificio.                                          --"arrepentimiento de obras muertas".  La palabra arrepentimiento (metanoia) sig­nifica cambio de mente o vo­luntad.  No es tristeza, sino que sigue a la tristeza que es según Dios (2 Cor. 7:10).  No es cambio de conducta, sino que lo produce (Hech. 3:19; Mat. 3:8).  Las "obras muertas" aquí referi­das no son solamente las obras de la ley de Moisés (que no procuraban vida espiri­tual, sino eran sombras y tipos de las cosas ve­nideras, y por eso ceremo­nias o formas sin vida), sino también las obras que causaban muerte por ser malas en sí (Gál. 5:19-21).  Tenemos que cambiar nuestra volun­tad res­pecto a estas obras o cosas. La frase obras muertas aparece también en Hebreos 9:14.

         --"la fe en Dios", con respecto a su exis­ten­cia, carácter y plan para los hombres.  La fe vie­ne por el oír la Palabra de Dios (Rom. 10:17).  Es esencial para la salvación (Rom. 10:10; Heb. 11:6).  La fe en Jesús se incluye en esta frase aquí tratada (Jn.  3:18; 5:23).

6:2 -- "doctrina de bautismos".  La pa­labra bau­tismos es plural, aunque espera­ríamos ver una palabra singular (Efes. 4:5). Además, aquí apare­ce la palabra griega baptismos, en lu­gar de baptisma, que es la palabra común en el Nuevo Testamento para "bautismo".  (baptismos aparece en Mar. 7:4,8 y en Heb. 9:10, y se refiere a la­vamientos judai­cos).  Algunos comentaris­tas creen que el autor se re­fiere solamente a los lavamientos ju­daicos, y aplican todas las cosas de estos dos versículos al primer Testamento.  Pero aunque es posible que tiene en mente el autor tales lava­mientos tam­bién, es más probable que se hace refe­ren­cia principalmente al bautismo en agua (que es uno, Efes. 4:5) y al bautismo en el Espíritu Santo (Mat. 3:11; Hech. 2:1-4). Aun el bau­tismo de Juan se relacionaba con la introduc­ción del cris­tianismo (Mar. 1:4 y Hech. 19:1-5). Cristo fue "bautizado" en su­frimiento (Luc. 12:50).  El jui­cio final será también un "bautizado" en sufri­miento (Mat. 3:11).  La en­señanza sobre bautis­mos era parte de los ru­di­mentos de la doctrina de Cristo.

         --"imposición de manos". Este acto sim­bó­lico databa del tiempo de la ley de Moisés (Lev. 1:4; 3:2; 16:21; 24:14; Núm. 8:12).  En el Nuevo Testamento vemos que Jesús imponía sus manos sobre niños (Mat. 19:13) y sobre enfer­mos a veces cuando los sa­naba (Mat. 9:18; Mar. 6:5).  Los apóstoles imponían las manos a veces cuando sana­ban (Hech. 8:17,19; 19:6).  Este acto simbó­lico pasó con el paso de los milagros que eran para la infancia de la iglesia, siglo pri­mero.  No hay hoy en día en la iglesia oficio que imparta do­nes milagrosos, y por eso no habría significado o sentido en una mera ceremonia de imponer las manos sobre per­sonas.

         --"resurrección de los muertos". Este quinto elemento de la doctrina de Cristo es la base mis­ma de toda esperanza para la vida eterna.  Véanse Jn. 5:28,29; Hech. 23:6; 24:15.  Los sa­duceos no creían en la resu­rrec­ción (Mat. 22:23; Hech. 23:8), como tampoco los fi­lósofos del mundo (Hech. 17:32).

         --"juicio eterno".  Los resultados y con­se­cuencias de este juicio son eternos, y por eso no habrá apelación a corte más alta.  Véa­nse Mat. 25:46; Mar. 9:48;. 2 Tes. 1:9; Apoc. 22:11.

6:3 -- "esto haremos" se refiere a "ir adelante a la perfección" (versículo 1).

         --"si Dios en verdad lo permite".  Esta frase denota dependencia de Dios para el éxito en toda empresa. (Compárese Jn. 15:5).  Los lectores, debido a su condición espiritual (5:11), necesita­ban la ayuda de Dios para salir de esa condición.  Ellos a su vez tenían que cooperar en el asunto.

6:4-6 -- Compárese Hebreos 10:26-31.

         Este pasaje enseña claramente la posi­bilidad de caer de la gracia de Dios de tal ma­nera que se pierda la persona.  "Es im­posible que ... sean otra vez renovados ..."  Los comen­taristas calvinistas, para evitar la fuerza de este pasaje contra la falsa doctri­na de "la perseve­rancia de los santos" (o "la imposibilidad de apostasía"), afirman que este pasaje se refiere, no a cristianos verda­deros, sino solamente a profesados.  Pero las varias expre­siones aquí empleadas apun­tan obviamente a quienes ha­bían sido verdaderos cristianos. El autor de esta epístola aquí describe al que había sido un cristiano en el más amplio sentido de la palabra cristiano.  (Véase Hebreos 10:29, "fue santifi­ca­do").

         Consúltense también los siguientes pa­sajes, tocante a la blasfemia contra el Espíritu Santo, pues tiene  que  ver con este caso:  Mat. 12:24-32; Mar. 3:22-30; Luc. 12:10; .1 Jn. 5:16.

         --"Porque".  Debemos suplicar la ayuda de Dios para ir adelante a la perfección o ma­durez de conocimiento, porque ¡grande es el peligro de la apostasía completa! de la cual es imposible ser renovado para arre­pentimiento.

         --"fueron iluminados". La expresión ésta significa tener conocimiento de la ver­dad y andar en ella. Véanse Hebreos 10:32;. 2 Cor. 4:4; Efes. 1:18; 5:8; Col. 1:12,13;. 1 Tes. 5:5; .1 Ped. 2:9; .1 Jn. 2:9-11.

         --"y gustaron del don celestial".  Gustar signi­fica experimentar. Véanse 2:9; 1 Ped. 2:3.  La frase "don celestial" se refiere a todo lo que se goza en Cristo Jesús (Efes. 1:3; Jn. 6:33;. 1 Jn. 5:11).

         --"y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo".  El cris­tiano par­ticipa de la dirección del Espíritu Santo.  Véanse Jn. 14:17; Rom. 8:1-17; Gál. 4:6; 5:22-25.

         --"gustaron de la buena palabra de Dios".  Véanse Jn. 7:17; Rom. 12:2.  Los re­feridos en este pasaje ha­bían expe­rimen­tado (gustado) la excelencia de la verdad de Dios.

         --"y los poderes del siglo venidero".  Se hace referencia a las obras poderosas y mi­la­grosas realizadas por el Espíritu Santo en la introduc­ción y confirmación del evange­lio en esta última dispensación, la cristiana.  Se llama "el siglo ve­nidero" porque así se expresaban los judíos al referirse a la dis­pensación del Mesías. Véanse los comen­tarios sobre 2:5.  El verbo empleado en este versículo está en tiempo llamado pretérito, indicando acción re­alizada en un tiempo pasado.  Estos hermanos habían experimen­tado estos po­deres del refe­rido "siglo", y por eso es evidente que ese "siglo" no es venidero desde el punto de vista del tiem­po nuestro.

         --"y recayeron".  También está en el tiempo pretérito.  No es cuestión de que "si caen algu­nos", sino que recayeron. Algunos ya lo hicieron.  Véase .1 Cor. 10:12.

         --"sean otra vez renovados para arre­pen­ti­miento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vitupe­rio".  El es­tado de apostasía completa hace im­posible que éstos sean renovados otra vez para arrepenti­miento.  Ahora les espera el castigo eterno (Hebreos 10:27).  No va a haber "otro sacrificio por los pecados" (Hebreos 10:26), y estos rechazan a Cristo comple­tamente (Hebreos 10:29), identificándose con los que crucificaron a Jesús, después de vituperarle públicamente (Mat. 26:67,68; 27:39-44).  En esto consiste la imposibilidad del caso.  Estos no solamente dejan la fe en Cristo, sino también ahora se oponen fuerte­mente a él. (Considérese también. 2 Tes. 2:11,12).  Los participios crucifi­cando y vitu­perándole indican acción continua.

         Este pasaje (vv. 4-6) no trata el caso de un hermano tomado en alguna falta (Gál. 6:1), o de alguno que niega a Cristo por medio de persecu­ción (Mat. 26:69-75), sino de cristianos que apostatan a tal grado que no solamente se apartan de Cristo, sino se oponen a él fuerte­mente y re­chazan por completo el único sacri­ficio por los pecados (el evangelio de Cristo) que emplea Dios para la salvación del hombre.  ¡Ellos no tie­nen remedio!  Son apóstatas aca­bados.  Sí, es posible que el cristiano caiga de la gra­cia; de otra mane­ra, de nada sirve esta fuer­te advertencia en este pasaje, y en otros mu­chos en el Nuevo Testamento.

6:7-8 -- Una ilustración del princi­pio tratado en los versículos 4 al 6.  Compárese 10:27; Mar. 11:12-14,20,21; Jn. 15:2 (los cris­tianos que pro­ducen fruto) y 15:6 (los apóstatas y otros que no producen fruto); Gén. 1:11 (bendición) y Hebreos 3:17 (maldición).

6:9-10 -- Habiendo presentado el autor su ad­ver­tencia muy fuerte, ahora pasa a animar a sus lectores a perseverar fieles hasta el fin, para ser salvos, en lugar de producir "espinos y abro­jos".

         --"pertenecen a la salvación".  Esta frase se compara con la destrucción mencionada an­te­riormente (versículo 8).

         --"vuestra obra y trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habien­do servido a los santos y sirviéndoles aún", la be­nevolencia de parte de cristianos in­dividua­les. La mayor parte de los textos bíblicos, to­cante a la benevolencia, trata de casos de obras del indivi­duo, y no de la colectividad (la iglesia local).

         --"hacia su nombre".  Compárense Mat. 25:40;. 1 Jn. 4:20,21.

6:11-12 -- Se contrasta la diligencia (celo ar­duo) con la pereza.  Véase Hebreos 5:11.

         --"hasta el fin (de la vida).  Véase 3:6,14.  En cuanto a ser diligentes hasta el fin, compárese .2 Ped. 1:10,11.  Es­tos hermanos habían sido dili­gentes en las obras bené­volas, pero necesitaban mostrar diligencia en el cono­cimiento. Com­párese. 2 Ped. 3:18.

         --"imitadores de aquellos", es decir, de pa­triarcas, judíos y cristianos.  Véase la lista de ta­les hombres en el capítulo 11. El ejemplo de Abraham es el digno de imita­ción en parti­cular, como veremos en los versículos si­guientes.

         --"heredan las promesas".  Son las pro­mesas materiales y espirituales hechas por Dios a Abraham y a otros, a través de los si­glos, con término en la una y gran promesa de la salvación eterna. Véanse Hebreos 1:14; 4:1,9,11.

         --"por la fe y la paciencia", los dos ele­men­tos faltantes en las vidas espirituales de estos hermanos hebreos, pero necesarios y esenciales para heredar la promesa de la vida eterna.

6:13-14 -- Es presentado aquí el ejem­plo de Abraham para animar a los he­breos, pues eran descendientes (en la carne, como también en es­píritu) de él.  Recibió Abraham esta prome­sa se­llada con el jura­mento de Dios porque era hom­bre de fe y paciencia.  El caso referido se halla en Gén. 22:16-18.

         --"juró por sí mismo" (Gén. 22:16); es decir, por "su eterno poder y deidad" (Rom. 1:20).

6:15 -- La esperanza de Abraham se basaba en la promesa de Dios. De igual manera se basa la nuestra.  Como él espe­raba con pa­ciencia la promesa, hasta reci­birla (en parte; es decir, la parte personal, pero no la tocante a la venida del Mesías a morir por el mundo y a rei­nar so­bre su pueblo), así nosotros también tene­mos que per­severar en fe, esperando hasta reci­birla (Hebreos 10:36,37).

         Este versículo se relaciona con el 12, "aquellos ... que heredan las promesas".  Abraham es una ilustración de esta afirma­ción.

         --"alcanzó la promesa", o sea, la parte de ella que se aplicaba a él personalmente.  La pro­mesa hecha a Abraham tiene su cumpli­miento completo en la salvación que se ofrece a todo el mundo en Cristo (Gál. 3:8,16; Romanos capítulo 4).  Pero Abraham recibió el principio del cumpli­miento de la parte de la promesa que tuvo que ver con una gran descendencia en la carne.  El vivió hasta ver sus primeros descen­dientes. Recibió además grandes bendiciones mate­riales de Dios.  Cuando murió, alcanzó el reposo (Heb. 4:10; Mat. 8:11).  El por fe mi­raba delante al tiempo en que recibiría las ben­diciones espiritua­les de Dios (Hebreos 11:13-16). En este sentido “vio el día de Jesús” (Jn. 8:56), pues por la fe aceptó la promesa de Dios de que por su descendencia vendría el Mesías para bendecir espiritualmente a to­das las naciones, haciendo posible para todo el mundo la salva­ción eterna. Abraham alcanzó la promesa, pues, parte en su vida, y parte en su muerte.  Era fiel y pa­ciente hasta la muerte.  El autor de esta epístola exhorta a los hebreos a se­guir el ejemplo de Abraham.

6:16-17 -- Esta costumbre es antigua y univer­sal, y generalmente el juramento pone fin a la discu­sión.  Debido a la fuerza y la persuasión del ju­ramento para los hombres, Dios empleó la misma práctica para "mostrar más abundan­te­mente" que lo que promete es verdad.  Si los hombres po­nen más confianza en la promesa respalda­da por ju­ramento, para que el "heredero" ponga más con­fianza en la promesa de Dios, él juró también.

         --"a los herederos".  Véase Gál. 3:26-29.

         --"de la promesa".  Véase el versículo 14, la pro­mesa referida en Gén. 22:16-18 y cum­plida completamente en la bendición de salvación para todas las naciones en Cristo Jesús.

         --"La inmutabilidad de su consejo".  Los planes y propósitos de Dios no cambian.  Con toda seguridad puede el hombre con­fiar en la palabra jurada de Dios.  Es inmu­table. Este con­sejo de Dios (Hech. 20:27) envuelve todo el plan de salvación por medio del evangelio de Cristo, pues ha sido el propósito de Dios unir en Cristo para salvación a los gentiles y a los judíos (Efes. 1:9-11; 3:3-6, 11).

6:18 -- "dos cosas" = la promesa y el jura­mento.

         --"es imposible que Dios mienta".  Véanse Tito 1:2;. 2 Tim. 2:13).

         --"tengamos un fortísimo consuelo".  La promesa y el juramento de Dios proporcio­nan este consuelo tan fuerte para combatir la duda y el desánimo.  Este consuelo no se basa en la fuerza o justicia del hombre mismo, sino en la palabra verdadera e in­mutable de Dios.  ¡Dios ha prometido la vida eterna y no puede mentir!

         --"los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de noso­tros".  El verbo aquí empleado (hemos acudido para asirnos) alude a la práctica bajo la ley de Moisés de huir a las ciudades de refugio para escapar de la ven­ganza.  Véanse Núm. 35; Deut. 4:41-43; capítulo 19; Jos. 20. La aplicación espiritual es del peca­dor que huye de la condenación de la muerte para alcan­zar la salvación en Cristo Jesús.  Nos asimos, pues, de la esperanza de la vida eterna por medio del sacrificio de Cristo.  El evangelio revela la ira de Dios contra el pe­cador y el resca­te en Cristo Jesús. Huimos para asirnos de la es­peranza (de perdón y vida eterna en Cristo) que el evangelio nos ofrece.

6:19 -- "la cual" = la esperanza de la vida eterna (Véanse Hebreos 10:38,39; Tito 1:2).

         --"dentro del velo" = el lugar santí­simo, símbolo del cielo, la morada de Dios.  Véase Lev. 16:2.  La esperanza del cristiano de morar eternamente con Dios en el cielo sirve de ancla segura y firme (bebaian, la misma palabra ha­llada en Hebreos 3:14) para el alma agitada en esta vida terrenal por pruebas y tentaciones. Pero ningún daño le pa­sará al alma así asegurada por tal "ancla".

6:20 -- "precursor".  Cristo entró pri­mero (Juan 14:2,3;. 1 Cor. 15:20,23).  Es el pre­cursor en dos sentidos: entró (1) para presentar su sacrifi­cio a Dios por nosotros (Heb. 8:1-3; 9:11,12, 24-26), y (2) para de­jarnos un camino a la vida eterna (Jn. 14:4-6; Heb. 10:19,20).

         --"hecho sumo sacer­dote para siempre según el orden de Melquisedec".  El haber entrado en el cielo prueba que el sacerdo­cio de Jesús es su­perior al de Aarón. ¡Pongamos, pues, nuestra confianza en él, y no en el orden de cosas se­gún el Antiguo Testamento!  Esta es la exhor­tación del au­tor a los hebreos.

         Ahora, vuelve el autor al tema gran­dioso del sacerdocio de Jesucristo según el or­den de Melquisedec, después de dejarlo en 5:11.  Habiendo dado las advertencias y las exhortacio­nes halladas en Hebreos 5:12-6:19, ahora continúa con el tema que será desa­rrollado más ampliamente en el capítulo 7.

HEBREOS 7

         Resumen: La historia sagrada acerca de Melquisedec es brevísima (Gén. 14:18-20).  Lo que se omite en esta historia, tanto como lo que se menciona, importa para que sirva él de tipo de Cristo Jesús.  El autor de esta epístola ya había introducido el caso de Melquisedec (véanse Hebreos 5:6,10; 6:20), y ahora, después de desviarse del tema para dar la advertencia y amonestación del capítulo 6, vuelve a desarro­llarlo.

         La argumentación del autor se basa en la historia registrada acerca de Melquisedec.  No tuvo principio o fin, ni padres ni des­cen­dencia, que la historia registre.  Aparece en las páginas sagradas como rey y sacer­dote, y no habiendo registro que cuente su linaje o des­cendencia, ni predecesores ni sucesores en su sacerdocio, sirve de tipo para Cristo y su sa­cerdocio.

         Hebreos 7:3 es un modo hebraico de expre­sar la completa falta de registro o his­toria tocante a su origen y fin como hom­bre. Melquisedec completamente llenó su sacerdo­cio en su propia persona, no te­niendo predece­sor ni sucesor, y por eso se dice que era sacer­dote "para siempre".  Los términos para  siempre y perpetuamente indi­can lo completo del período bajo considera­ción, sea corto o largo dicho período.

         La historia (Gén. 14:18-20) y el Salmos 110:4) presentan toda la información inspi­rada, y de estas dos cosas el autor a los he­breos deriva su argumentación (por el Espíritu Santo, desde luego).  El argumento en breve es este: que el sacerdocio levítico no era final; que otro surgiría, el cual dura­ría para siempre.  Antes de haber ley de Moisés y sacerdocio levítico, la historia sa­grada cuenta el caso de un rey y sa­cerdote, Melquisedec, quien era mayor que Abraham el padre de los judíos. Luego, el Salmos 110:4, es­crito siglos después de in­trodu­cidos la ley de Moisés y el sacerdocio levítico, declara que Dios ha jurado que el Mesías ha de ser constituido sacerdote se­gún el orden de Melquisedec. Jesucristo cumple esta profecía y su sacerdocio es el final y perfecto.

         Este capítulo se puede dividir así:

         Versículo  Hebreos 7:1-10, la historia de Melquisedec y su superioridad al sacerdocio levítico porq­ue era su­perior a Abraham, el patriarca.Versículo Hebreos 7:11-19, la imperfección del sacerdo­cio levítico evidenciada por  la  declaración de Dios en Sal. 110:4.  Fue abrogado, pues, y el sacerdocio del Mesías, según el orden de Melquisedec, fue instituido para lograr esta perfección.

         Versículo  Hebreos 7:20-22,  la superioridad del sacer­docio de Cristo al levítico porque fue insti­tuido por ju­ramento de Dios, mientras que no lo fue el levíti­co.

         Versículo  Hebreos 7:23-25, lo inmutable del sacer­docio de Cristo, pues él vive para siempre, mien­tras que la muerte caracterizaba al sacer­docio levítico.

         Versículo Hebreos 7:26-28, lo superior del sacerdocio de Cristo evidenciado por el carácter per­fecto de Jesucristo que no requería sacrificio por sí mis­mo, mientras que el sumo sacer­dote levítico tuvo que ofrecer por sí mismo cada año, y luego por el pueblo.

7:1 -- Hay solamente tres pasajes bíbli­cos que ha­cen mención de Melquisedec:

         1. Gén. 14:18-20.  Esta es la historia com­pleta acerca de él.  No hay más registro acerca de él.

         2. Sal. 110:4 (salmo mesiánico).  Aquí se declara que Cristo sería sacerdote según el orden de Melquisedec.

         3. Las citas en Hebreos 5:6,10; 6:20; capí­tulo 7.  Estas presentan la argumenta­ción del autor sobre la similitud del sacer­docio de Melquisedec y el de Cristo Jesús.

         --"rey de Salem".  Era el rey del pueblo lla­mado Salem, del que probablemente vino a ser su nombre Jerusalén, pues Sión se llama Salem en Sal. 76:2.

         --"sacerdote del Dios altísimo".  Era tanto REY como  SACERDOTE.  Ocupaba los dos oficios, cosa que no experimentó ningún sacer­dote levítico.  Para servir de tipo para Cristo (quien es Rey y Sacerdote), tenía Melquisedec que ser las dos cosas a la vez.  Vemos que desde el tiempo de Noé y el gran diluvio, había habido algunos que seguían la religión de Jehová Dios, y ahora Melquisedec servía de sacerdote a los de Canaán, en el tiempo de Abraham (antes de ha­ber judíos), que creían en Jehová Dios.  No era Melquisedec de ningún linaje sacer­dotal; se su­pone, pues, que Dios le ordenó directamente y la gente le reconocía como tal.  Al bendecir a Abraham, probó que era sacerdote de Jehová Dios.

         --"que salió ... y le bendijo. Véanse Gen. 14:19.  Ejercitó Melquisedec su oficio real y sacerdotal, al "salir a recibir" a Abraham, trayendo consigo pan y vino (probablemente para refrescar a estos soldados pastores victoriosos).  En esto probó que era mayor que Abraham, pues (como dice el versículo 7) el que bendice es mayor que el que recibe la bendición.

7:2 -- "diezmos de todo".  Reconoció Abraham el sacerdocio de Melquisedec, no so­lamente al recibir su bendición temporal (el pan y el vino) y su bendición espiritual, sino también al darle los diezmos de todo. Agradecido Abraham por la victoria en la gue­rra, hizo esta ofrenda a Dios, por medio del sacerdocio de Melquisedec.  (Al ofrecer los antiguos la décima parte, se ad­mitía que todo se debía a Dios.  El diezmo no se origi­nó con la ley de Moisés, sino era una prácti­ca muy antigua, si no se remontaba hasta el tiempo de Adán).

         --"cuyo nombre significa primeramente Rey de justicia, y también Rey de Salem, esto es, Rey de paz".  Literalmente el nom­bre Melquisedec significa "rey de justicia".  El versículo 1 nos dice que era rey de Salem, y Salem significa "paz".  En esto vemos más evidencia de que era Melquisedec un tipo apropiado de Jesucristo, el "príncipe de paz" (Isa. 9:6) y quien "aborrece la maldad" (injusticia) (Sal. 45:7).  Por la justicia de Cristo el pecador puede al­canzar paz con Dios.  Nótense Sal. 85:10 e Isa. 32:17.

         Se enfatiza el sacerdocio de Melquisedec en el hecho de bendecir a Abraham y de aceptar los diezmos, y su oficio real en el significado de su nombre y del nom­bre de la cuidad sobre la cual era rey.

7:3 -- "sin padre, sin madre, sin ge­nea­logía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida"; es decir, nada ha sido regis­trado en la na­rración de Génesis acerca de ello.  De esta mane­ra pudo servir Melquisedec como tipo del que no tiene principio ni fin, pues él es el "principio y fin" (Apoc. 1:8).

         El sacerdocio de Melquisedec no tuvo inte­rrupción (como siempre lo tenía el leví­tico, pues moría un sacerdote y otro tomaba su lu­gar).  Por eso no necesitaba sucesión.  Así sir­vió su sacer­docio como tipo del de Cristo.  Al sacerdocio de Melquisedec le fal­tó todo lo que era necesario para el levítico.  ¡La genealogía importaba para todo!  Pero en  el  caso  de  Melquisedec,  las  Escrituras ignoran a propósito su genealogía para en­fatizar que no heredó su sacerdocio, ni lo pasó a otros. Aparece él de repente en la historia y así desaparece. Sin embargo, a éste le dio Abraham los diezmos, recono­ciendo así que era sacerdote de Jehová Dios.

         El Mesías iba a venir para ser sacerdote se­gún el orden de Melquisedec (Sal. 110:4).  No vendría, pues, de linaje sacerdotal (versículo 14), por­que el orden de Melquisedec era uno aparte de linaje sacerdotal.  ¡Este es el punto de este versí­culo 3!

         --"hecho semejante al Hijo de Dios".  Era semejante en estos puntos: (1) era rey de justicia y de paz, (2) no tenía (registro de) ge­nealogía ni sucesores en su sacerdo­cio, (3) te­nía un sacer­docio perpetuo (no habiendo regis­tro de su muerte), y (4) era rey y sacerdote a la vez, uniendo en uno estos dos oficios.

         --"permanece sacerdote para siempre", o "a perpetuidad" (versión Hispanoameri­cana); es decir, en cuanto al registro hallado en Génesis.  No se registra su muerte, como tam­poco su na­cimiento. No tuvo predecesores ni sucesores.  (No era así el caso con el sacerdo­cio levítico, versículo 23).  Compárese el versículo 24. Son relativos los términos "para siempre" y "perpetuo.  Quieren decir, "todo el tiempo bajo consi­deración, sin interrupción o término", sea este tiempo en sí largo o corto.  El sacerdo­cio de Melquisedec era "perpetuo" en que no de­pendió de otros y no fue interrumpi­do por toda su duración.  De esta ma­nera sirvió de tipo del de Cristo.  Además, su sa­cerdocio es perpe­tuado en el de Cristo, el anti­tipo perfecto.

7:4-7 -- Si el autor de esta epístola podía pro­bar que Melquisedec era mayor que Abraham, así probaría a la vez que el sacerdocio de Cristo (que es según el de Melquisedec) es ma­yor que el le­vítico (pues los levitas estaban en los lomos de Abraham cuando él (1) diezmó a Melquisedec de lo mejor del botín -- la ver­sión Moderna dice en el margen, "Griego, de la cima de (lo mejor de los despojos)", y (2) reci­bió la bendición del sa­cerdote Melquisedec).

         --"Abraham el patriarca".  El punto de énfa­sis es éste: que Melquisedec es mayor que el pa­dre de los judíos.  Uno según el or­den de Melquisedec sería, pues, mayor que cualquier orden de la descendencia de Abraham. Pero las Escrituras de los judíos (Sal. 110:4) afir­maban que el Mesías sería ¡según el orden de Melquisedec!  Volver los hebreos cristianos al judaísmo, pues, equi­valdría a dejar lo mejor por lo inferior.

         --"ciertamente los que entre los hijos de Leví reciben el sacerdocio, tienen manda­miento de tomar del pueblo los diezmos según la ley, es decir, de sus hermanos, aunque éstos también hayan salido de los lomos de Abraham".  Véanse Núm. 18:21-32; Deut. 14:22-29.  Según el man­damiento de Dios los israelitas pagaban el diezmo de lo que recibían a los sa­cerdotes.  De esta ma­nera se puede decir (como aquí en Hebreos 7:5 se afirma) que los sacerdo­tes levitas tomaban el diezmo de los israelitas.

         --"Pero aquel cuya genealogía no es contada de entre ellos, tomó de Abraham los diezmos, y bendijo al que tenía las pro­mesas".  Se hace refe­rencia a Melquisedec, quien no era descen­diente de Abraham.  Su dignidad no consistía en ser del linaje de Abraham, como era el caso con los sa­cerdo­tes levitas.

         La grandeza de Abraham se hace resal­tar con recordar el bien conocido hecho de que era Abraham a quién fueron dadas las prome­sas (Hebreos 6:12-16). No obstante, Melquisedec tomó diezmos de él, que era tan grande.  ¡Pero es ma­yor quien toma el diezmo que el que lo paga, y quien bendice que el que es bendecido!  Esta es una ver­dad innegable.  (Ejemplos; Gen. 27:27-29; 48:9-22; Luc. 24:50).  Abraham, pues, quien recibió la promesa divina, y por eso era te­nido por los judíos como superior a todos, mostró su inferioridad respecto a Melquisedec al pagarle el diezmo de lo mejor, y esto voluntariamente.

        

7:8 -- "Y aquí" (en la dispensación mo­saica, con el sacerdocio levítico) "ciertamente reciben los diezmos hombres mortales".  Los sacerdotes levíticos repre­sentaban un sacerdo­cio de cambio continuo debido a ser ellos mortales; es decir, sujetos a muerte (versículo 23).

         --"pero allí" = lo referido en Gén. 14:18-20.  Por no haber registro de la muerte de Melquisedec, se presenta en la historia sa­grada solamente como uno que vive.  Su sacer­docio no era de cambio continuo,  sino de dura­ción "perpetua" (versículo 3).  Las Escrituras  no  mencio­nan  nada  acerca  del principio o del fin de Melquisedec.  Sencillamente pintan el cua­dro de un sa­cerdote y un sacerdocio no inte­rrumpidos por nada y que duran interminable­mente, para que sirvan de tipo del sacerdocio del Mesías (Sal. 110:4).  (Sin duda murió Melquisedec física­mente, como mueren to­dos los hombres, Hebreos 9:27, pero el cuadro o registro bíblico acerca de él, hallado en Génesis 14:20, es uno de vida sola­mente.  Véanse los comentarios sobre el versículo 3).

7:9-10 -- Leví en persona no recibía diezmos, pero sí en sus descendientes, los sacer­dotes. De igual manera no pagó diezmos en per­sona por sí en Abraham, su antepasado.  Esta ver­dad pone de manifies­to la superioridad del sa­cerdocio de Melquisedec sobre el levítico, y por consi­guiente la del sacerdocio de Cristo Jesús sobre el levítico.

7:11 -- "Si, pues, la perfección fuera  por el sacerdocio levítico". Esta versión emplea el verbo en el subjuntivo ("fuera"), indicando un caso no real. Pero es más co­rrecto como dice la versión Moderna, "Si pues la perfección de las cosas era por me­dio del sacerdocio levítico ... ¿qué más ne­cesidad ha­bía ..."  El autor supone, por el momento, que la perfección era por el sa­cerdocio levítico (cosa que afirmaba el ju­dío), y luego pregunta: ¿ Por qué, pues, dice el Sal. 110:4 que el Mesías sería de otro orden comple­tamente dis­tinto?

          --"perfección".  El propósito del sacer­docio levítico era preparar al hombre (judío) para su entrada a la presencia de Dios.  La pa­labra griega teleiosis quiere decir el fin o consumación de algún plan.  Ahora, el sacerdo­cio levítico no lo­gró ese fin o consumación. Tenía defecto (Hebreos 8:7). La ley de Moisés no pudo hacer perfecto o jus­to al peca­dor (Gál. 3:21,22). El defecto o imper­fección del sacerdocio levítico (o sea, la ley de Moisés -- van juntas las dos cosas y están en pie o caen juntas) será discutido más adelante por el autor (véanse versículos Hebreos 7:19,23; 10:1-4).

         El verbo correspondiente al sustantivo "perfección" se emplea en Hebreos 9:9; 10:1,14.

         El sacerdocio levítico no pudo en reali­dad quitar el pecado del hombre.  Podía sola­mente de manera típica o simbólica. Había ne­cesidad de que hubiera un sa­cer­do­cio que pu­diera qui­tarlo en realidad.  Por eso, Sal. 110:4.

         --"otro sacerdote". Aquí la palabra griega es heteros, e in­dica "otro" de distinta clase, y no otro de la mis­ma. Otro, de la misma clase, es allos.  Estas dos palabras, con sus dis­tin­ciones, se emplean en Gál. 1:6,7. Versículo 6 habla de otro evangelio dife­rente o distinto (al cual los gálatas iban alejándose), y el versículo 7 dice que ese otro evange­lio no es otro (de la misma clase que el evangelio salvador, porque de esta clase no hay sino uno).  Hay otros evangelios distintos, pero no otros de la misma clase.  Ahora, el Sal. 110:4 predice que Dios iba a le­vantar a un sacer­dote de otra clase distinta a la levítica.  Iba a ser un sa­cerdocio completa­mente diferente; iba a ser se­gún el orden de Melquisedec. De nuevo el autor de esta epís­tola demuestra la superioridad del Nuevo Testamento sobre el Primero.  Véase Hebreos 10:14, co­mentarios.

7:12 -- La gran conclusión del argu­mento pre­sen­tado en el versículo 11. La ley de Moisés y el sacer­docio levítico estaban en pie o caían jun­tamente, porque la una cosa dependía de la otra. Cambiada una cosa, la otra también sufri­ría el cambio.  Véase Hebreos 8:13.  Es una inferencia nece­saria.

         Como este argumento bastaba para callar a los judaizantes en el primer siglo de la era cris­tiana, también basta ahora para callar a los mo­dernos, los sabatistas.  La guarda del sábado era parte de la ley que ha sido cambiada.  Si el sa­cerdocio levítico no está en vigor todavía, tam­poco la guarda del sábado ni cualquier otro punto de la Ley de Moisés.

         Véanse también el versículo Hebreos 18; 10:5-10.

7:13-14 -- Lo de Sal. 110:4 se ha dicho res­pecto a Jesucristo (5:6,7).  Esta afirmación no la nega­rían los lectores a quienes escri­bió el autor de esta epístola.  Pero, se sabía que Jesucristo, en la carne, no era de la tri­bu de Leví, sino de Judá Véanse Gén. 49:10; Isa. 11:1; Miq. 5:2; Mat. 1:3; 2:1; Luc. 3:33. Siendo de otra tribu, tenía que ser de otro sa­cerdocio.  Los sacerdotes del Primer Testamento eran de la tribu de Leví, pero el gran Sumo Sacerdote, Jesucristo (Hebreos 4:14), del Nuevo Testamento es de la de Judá.

         --"vino".  Más literalmente, "brotó", como un vástago, o "subió".  Es el verbo griego anatello.  Se em­plea en el Nuevo Testamento metafórica­mente refe­rente a Cristo, en Mat. 4:16 ("resplandeció") y en 2 Ped. 1:19 ("salga").  El sustantivo de este verbo, anatole, se aplica al Mesías en Jer. 23:5; Zac. 3:8; 6:12 (Renuevo, o Vástago según la versión Moderna).

         --"de la cual nada habló Moisés tocante al sacerdocio".  La Ley de Moisés autorizó un sa­cerdocio de la tribu de Leví.  El silencio de las Escrituras no autoriza nada.  Por eso no era autorizado un sacerdocio de otra tribu.  Pregun­tan los innovadores: "¿Dónde dice la Biblia que no se puede hacer así y así?"  Esa clase de pre­gunta muestra rebelión hacia la autoridad de las Escrituras.  La pregunta que hacer es ésta: "¿Qué dicen las Escrituras que se debe hacer?"  ¡Eso es lo que se autoriza!

7:15 -- ¿Qué es "aun más mani­fiesto"?  La respuesta: la pro­posición arriba dec­larada en los versículos 11-14, que el sacerdocio levítico era in­suficien­te para lograr el propósito necesario y por eso tendría que ha­ber un cambio de sacer­docio y de la ley basada en él.  Lo declarado en Sal. 110:4 lo hace más evidente o mani­fiesto.

7:16 -- "no constituido conforme a la ley del mandamiento acerca de la descendencia". Aquí esta versión se vuelve comentarista, pues el texto griego dice "un mandamiento carnal". Véase la versión Moderna.  Se llama "carnal" el mandamien­to concerniente a los sacerdotes le­ví­ticos porque la ley de Moisés especificaba que tenían que ser de cierta tribu o cumplir con cier­tos requisitos en el cuerpo.  Este sacerdocio fue gobernado por una ley que mandaba sola­mente en estas conside­raciones en la carne.

         --"sino según el poder de una vida indes­tructible". En cambio, el sacerdocio melquisedeciano  de Cristo se basa en el poder de vida in­des­tructible. Indirectamente, se declara en este pasa­je la Deidad de Jesús.  El es la vida (Juan 1:4; 11:25; 14:6).  La muerte no pudo destruir o poner fin a este Sumo Sacerdote cuando él se ofreció a sí mismo en la cruz. Siempre vive como nuestro Sumo Sacerdote para darnos vida eterna.  Su re­clamación de ser el gran Sumo Sa­cerdote no se basa en descendencia car­nal, sino en que vive para siempre. El es la fuente de vida (Juan 14:6). "La carne" ca­racterizaba al sacer­docio levítico, mientras que "la vida indestructi­ble" al sacerdocio melquisedeciano de Cristo Je­sús.

7:17 --El autor apela otra vez al testi­monio de Dios en Sal. 110:4, donde afirma que sería el Mesías un sacerdote para siempre.  Véase Hebreos 5:6.

                  

7:18-19 -- Mejores son las versiones Hispanoamericana y Moderna en estos dos ver­sículos. Dicen así: "Porque resulta, por un lado, la abrogación del mandamiento prece­dente, por su flaqueza e inutilidad (pues la Ley nada per­feccionó); y por otro, introducción de mejor  es­peranza,  por  me­dio de la cual nos acercamos a Dios", y "Hay por una parte, la abrogación del mandamiento anterior, a causa de su fla­queza e inutilidad (porque la ley no llevaba nada a su per­fección), y por otra, hay la in­troducción de una promesa mejor, por me­dio de la cual nos acer­camos a Dios".

         El punto es que por una parte sucede que la Vieja Economía fue hecha a un lado (versículo 12), porque tenía deficiencia, y que por otra parte la Nueva es introducida, por la cual nos acercamos a Dios para salvación eterna.

         La ley de Moisés no perfeccionaba (versículo Hebreos 7:11; 8:7; Rom. 8:3; Gál. 3:21).  Si hubiera per­feccio­nado, no habría venido Jesús a morir en la cruz (Gál. 2:21).  Ahora la ley de Cristo (Gál. 6:2; Rom. 8:2; .1 Cor. 9:21; Sant. 4:12) ha sido intro­ducida como la espe­ranza mejor (porque quita el pe­cado, Hebreos 2:14), por la cual sí puede el hombre ser justificado y el plan de Dios llevado a cabo (a perfección).  Por el evan­gelio el hombre se acerca a Dios, o tiene ac­ceso a él (Hebreos 4:16).

         Contrástese 9:14 con la debilidad de la ley de Moisés para perfeccionar.  Sí era buena la Ley (Rom. 7:12), pero no tenía provisión para perdón de pecados.  Sirvieron la Ley y el sacer­docio levítico para un propósito temporal, como un tipo de lo que después sería introdu­cido.  ¡Qué lo­cura sería para los hermanos he­breos vol­ver a poner su esperanza en una ley y en un sa­cerdocio abrogados!

7:20-21 -- La superioridad del sacerdo­cio de Cristo es manifiesta en el hecho de que des­cansa sobre el juramento de Dios (el ju­ra­mento expre­sando lo durable y perma­nente de la cosa con­firmada por él).  El sa­cerdocio levítico no tenía tal evidencia o confirmación de perma­nencia. Dios ha ju­rado y no cambiará ("no se arrepen­tirá") en cuanto al modo de salvación para el hom­bre perdido.

7:22 -- "Por tanto, Jesús es hecho fia­dor".  Cristo responde por todo el mundo (obediente al evangelio) con su propia muerte en la cruz.  El garantiza que los reci­pien­tes del Nue­vo Testamento reci­birán su he­rencia, según la promesa de Dios, y que no perderán la esperanza (versículo 19), a pesar de ser pecadores débiles en esta vida, si le son fieles hasta la muerte.  El responde por esto; es fia­dor.

         --"de un pacto mejor".  Véase Hebreos 8:6.  El hecho de ser Jesucristo el fiador de este pacto por el jura­mento de Dios, hace que sea pacto me­jor.

7:23-24 -- Véanse versículo Hebreos 7:8,16.  Se hace de nuevo hincapié en lo inmutable del sacer­docio de Cristo y por lo tanto superior al del Viejo Testamento.  Porque él vive para siempre, su sa­cerdocio es "para siempre" (versículo Hebreos 7:21).  No pasa de uno a otro.

7:25 -- "por lo cual puede también sal­var perpetuamente a los que por él se acercan a Dios".  Su poder de salvar es debido a su sa­cer­docio inmutable y permanente.  El vive para siempre y por eso tiene el poder de salvar com­pletamente ("hasta lo sumo", versión Moderna). Salva así a los que "por él se acer­can a Dios".  Los tales son quienes reconocen que Dios es "justo y el que justi­fica al que es de la fe de Je­sús" (Rom. 3:26).  Nadie viene al Padre sino por él (Juan 14:6).

         --"viviendo siempre para interceder por ellos".  Compárese Rom. 8:34; también, .1 Jn 2:1.  Se refiere a todo lo que ha hecho Cristo, y hace, para la jus­tificación y redención eterna de los suyos.  Cristo presentó los méritos de su muerte al Padre Dios por los que vienen a Dios (Hebreos 1:3), presenta las peticiones de los suyos a Dios (1 Tim. 2:5), y ve que todas las co­sas les ayu­den a bien (Rom. 8:28).

7:26 -- "Porque tal sumo sacerdote nos convenía".  Véase 4:15.  Nos conviene tener un sumo sacerdote como lo es Jesucristo para sa­tis­facer nuestras necesidades para la sal­vación eter­na.  (2:10 habla de lo que con­viene a Dios; este ver­sículo de lo que a no­sotros, los pecado­res).  No conviene un sa­cerdote mortal y peca­dor (como lo eran los levíticos), sino uno que vive para siem­pre y que puede ofrecer el sacri­ficio necesario, que es una vida perfecta. En el carác­ter per­sonal de Cristo y en su obra re­dentora, el pobre pecador halla lo que le con­viene.

         --"santo, inocente, sin mancha". ("inmaculado", versión Moderna; "incontaminado", versión Hispano­americana). Véase .1 Ped. 1:19. Compárese lo de este versí­culo 26 con el sa­cer­dote levítico que tenía que bañarse (para limpieza ceremonial) y ponerse las santas ves­tiduras (Lev. 16:4).

         --"apartado de los pecadores", no sen­cilla­mente en que durante su vida en la tie­rra no par­ticipaba en los hechos malos de pecado­res,  sino  más  bien  en  el  hecho  de que ascendió a los cie­los, bien lejos de la habitación y de la oposi­ción de hombres pecadores.  El verbo "apartado" in­dica aquí una acción, más bien que una condi­ción.  Compárese Hebreos 1:3; 2:9; 4:14.

         --"y hecho más sublime que los cielos".  Se expresa así el grado de su exaltación.  Tiene Cristo supremacía absoluta sobre todo el univer­so.  Véanse Efes. 1:22,23; 4:10; .1 Ped. 3:22.

7:27 -- Véase Hebreos 2:17.

         --"que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumo sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo".  Véanse Hebreos 5:3; Lev. 9:7; 16:6-10.

         --"porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo".  Lo hizo una vez, no anualmente como en el caso del sumo sacerdote levítico.  El Sumo Sacerdote que nos conviene, por no ser pe­ca­dor, no tiene que ofrecer por sí mismo "cada día" para poder inter­ceder siempre por los cristianos.  Siendo pecado­res, los levíti­cos cada año sí tu­vieron que hacer esto.  Véanse Hebreos 8:3; 9:7,12,14,26,28; 10:10,11,14.

         Hay tres puntos en este versículo que distin­guen el sacerdocio de Cristo del de los levitas; a saber, (1) no ofreció por sí mismo, sino sola­mente por el pueblo, (2) no ofreció repetida­mente su sacrificio, y (3) se ofreció a sí mismo y no la sangre de anima­les.

7:28 -- Concluye el autor su argumen­tación, con­trastando el sacerdocio levítico, al cual la ley de Moisés constituía hombres débiles, pe­cadores y quienes tenían que ofrecer sa­crificios por sí mis­mos, con el de Jesucristo, el Hijo he­cho perfecto para siempre, quien fue consti­tuido sacerdote por el juramento de Dios dado después de la Ley (pues Sal. 110:4 fue escrito cinco siglos des­pués), cosa que indicaba que sería abrogada la ley de Moisés.

         --"hecho perfecto".  (Véanse Hebreos 2:10; 5:9, co­mentarios)

         En vista de estas consideraciones serias, ¿podría el lector serio de esta epístola de todos modos querer volver al judaísmo?  ¡En ninguna manera!

HEBREOS 8

         Resumen: Los versículos 1 al 6 pre­sen­tan el ministerio de nuestro gran Sumo Sacerdote como mucho más exaltado que el del levítico, pues es celestial, y no terrenal.  Es verdadero y no típico o figurado sola­mente.  Es permanente, mientras que el leví­tico sola­mente prefiguraba a éste.

         En los versículos 7 al 13 se presentan las consideraciones que prueban que es mejor el Se­gundo Pacto que el Primero.  El ministe­rio de Cristo es más exaltado que el levítico a medida de que es mejor el Nuevo Pacto que el Viejo.  Se concluye que Dios mismo ha decla­rado que es viejo el Primer Pacto y por consi­guiente ha sido abolido.  ¡Seguramente no que­rrían los hermanos hebreos volver a lo ya desa­parecido!

8:1 -- "Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo".  La versión antigua de Valera dice, "la suma acerca de lo dicho es ...".  Se deja la impresión de que el autor ahora está haciendo un resumen de lo que ya ha dicho en los capítulos anterio­res.  Pero ése no es el significado.  La versión Moderna dice, "Lo prin­cipal, pues, entre las cosas que decimos es esto ...".  La Hispanoamericana dice, "Ahora bien, el punto capital de lo que venimos diciendo, es ...".  El significado es que el punto princi­pal de lo que se está diciendo es la ministración exaltada de Cristo Jesús en el san­tuario celestial (versículo 1,2).  ¡He aquí la gran consolación para los hermanos he­breos, en el tiempo de persecución y tentación de parte de los judíos incrédulos que se ape­gaban a lo que desapareció! ¡El Señor Jesucristo, el exaltado Hijo de Dios, es nues­tro gran Sumo Sa­cerdote en el cielo!  ¡Es superior, pues, a cual­quier sa­cerdocio en la tierra, y al le­vítico en par­ticular!

         --"es que tenemos tal sacerdote," como el des­crito en Hebreos 7:26-28.

         --"el cual se sentó a la diestra del trono en los cielos".  Véase Hebreos 10:11-13. (Véase también Hebreos 1:3, comenta­rios).  Lo que se llama el "trono de la Majestad" en Hebreos 1:3 y Hebreos 8:1 se llama el "trono de Dios" en Hebreos 12:2. (Véase también Hech. 7:55,56).  La expre­sión "a la diestra" denota estar cerca de Dios en una posi­ción de alto ho­nor, gloria y exaltación.  Compárense Efes. 1:20-23; Fil. 2:9;. 1 Ped. 1:21; 3:22.

                  

8:2 -- "ministro".  La palabra griega aquí es leitourgos, una palabra com­puesta de dos, público y obra. Quiere decir un siervo o ministro público. Cristo Jesús obra por el pueblo ante Dios en el cielo.  (Nótese: de esta palabra griega te­nemos en español la conocida palabra liturgia, que algunas iglesias em­plean para decir el orden de servi­cios, o ritos).

         La idea de "predicador" no se adhiere a la pa­la­bra "ministro", según el uso bí­blico.  Se le aplica a Cristo la palabra "ministro" en este pas­aje para indicar el papel que él desem­peña de servir a su pueblo en el santuario celestial.  El Sal. 110:1-4 se refiere a la exal­tación de Jesucris­to a la diestra de Dios para ser tanto rey como sacerdote.

         --"del santuario".  Tenemos aquí las pala­bras griegas  ta jaguia, que lite­ralmente quieren decir "los (lugares o co­sas) santos", pero es la frase bíblica para indicar el santuario, y en este pasaje la referencia es al cielo mismo. Véanse Hebreos 9:8,12,24,25; 10:19; 13:11.  Véanse los co­men­tarios sobre Hebreos 9:1.

         --"el de aquel verdadero tabernáculo que le­vantó el Señor, y no el hom­bre".  Según algunos comentaristas, el "santuario" y el "verdadero ta­bernáculo" se re­fieren al mismo lugar, al cielo.  Pero Hebreos 9:11,12 parece distinguir entre el "tabernáculo" y el "Lugar Santísimo". Si es así, el verdadero taber­náculo (de Hebreos 8:2) y lla­mado el "más perfecto y no de esta crea­ción" (en Hebreos 9:11) es la iglesia de  Cristo.  Es el verdadero, no porque fuera falso el de la economía judaica, sino por­que es el perfec­to y substancial, en con­traste con el im­per­fecto y simbólico de la ley de Moisés.  El tabernáculo judaico (griego, skene, "carpa", "tienda") fue hecho de mate­ria­les físi­cos y por manos humanas, pero la igle­sia de Cristo fue edificada por él (Mat. 16:18) y no es de esta creación, pues es el reino de los cielos; es espiri­tual.  (Por eso los miem­bros de la iglesia de Cristo están "sentados en los luga­res celestiales con Cristo Jesús," Efes. 1:3; 2:6).

8:3 -- "Porque todo sumo sacerdote está constituido para presentar ofrendas y sacri­ficios".  En los versículos 3 al 5 la línea de pensamiento es ésta:  El propósito del sacerdote es ofrecer ofrendas y sacrificios; Cristo es un Sumo Sacer­dote y por eso tiene que tener algo que ofrecer, de otra ma­nera no sería sacer­dote; pero no puede ofrecer nada en la tie­rra, porque en la tierra  hay quienes ofr