El Culto De La Iglesia

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Notes & Transcripts

Parte octava
El culto de iglesia
* *
Introducción.  Parte a parte vamos a hacer un estudio especial del culto de la iglesia de Dios.  En su culto como en todas las demás materias la iglesia debe ser gobernada por la autoridad divina.  Debemos adorar a Dios conforme a la verdad si nuestro culto ha de ser aceptable.  En cada parte del culto debemos exa­minar cuidadosamente nuestra práctica para estar seguros de que hay un “Así dice el Señor” que la sustente y que, por la tanto, no estamos transgrediendo la autoridad divina.  “Examinadlo todo; retened lo bueno”.
 

* *
Introducción.  La observancia del día del Señor como un día de culto y servicio al Señor encuentra su origen en el Nuevo Tes­tamento.  En los días del Antiguo Testamento, bajo la ley de Moisés, el pueblo de Dios guardaba el “sábado”.  Es necesario, por lo tanto, tratar en esta lección acerca de la abrogación del antiguo precepto y el establecimiento y significación del nuevo.
 
I. El sábado:
 
          1. Por qué fue observado:
                   (1) A causa de la liberación de Israel de la esclavitud (Deut. 5:15).
                   (2) Dado después de que Jehová libertó a Israel (Deut. 5:3).
                   (3) Fue una institución peculiar de la dispensación mo­saica, porque no fue observada por los patriarcas anteriores a Moisés.
          2. Por quiénes fue observada:
                   (1) Fue una señal entre Dios e Israel (Ex. 31:13-17).
                   (2) No fue una señal entre Dios y todas las naciones, sino diseñada como marca
                        especial entre Dios y los judíos.
          3. El sábado terminó:
              (1) Algunos contienden aún por un “pacto perpetuo” que no tiene, por lo mismo, fin
             (Ex. 31:16).
                    (a) El sábado no fue más perpetuo que el incienso y el sacrificio de animales
                    (Ex. 30:8; Núm. 28:1-10).
                    (b) El fue una señal “perpetua” entre Dios e Israel como su pueblo escogido, pero
                          cuando Israel terminó como nación, la observancia del sábado terminó
                          (Amós 8:2-10). El cumplimiento: Mat. 27:45,46; Luc. 23:44,45; Juan 19:30).
                   (2) El fin del sábado profetizado (Oseas 2:11; Cumplido: Col. 2:14-17).
                   (3) El pacto con Israel incluyendo los diez mandamientos, ha sido anulado
                         (Jer. 31:31; Heb. 8:6-9; Rom. 7:1-7;. 2 Cor. 3:3:7-13).
                   (4) Quienes pretenden justificarse por la observancia del sábado o cualesquiera otra
                        cosa de la ley, están separados de Cristo y caídos de la gracia (Gál. 5:4).
 
II. El día del Señor:
 
          1. Su significación:
                   (1) Jesús se levantó de los muertos el primer día de la se­mana: “el primer día”, “el
                         mismo día”, “el tercer día”, se refieren al mismo día
                         (Mar. 16:9; Luc.  24:1,13, 20,21,46).
                   (2) Jesús se reunió con sus discípulos el primer día de la semana (Juan 20:1,19,26).
                   (3) La iglesia fue establecida en el día de Pentecostés (Hech. 2:-).
                   (4) El Espíritu Santo vino el primer día de la semana (Hech.  2:1-4).
                   (5) El evangelio principió a ser predicado el primer día de la semana
                        (Hech 2:22-36).
                   (6) Es llamado “el día del Señor” (Apoc. 1:10).
          2. Su observancia:
                   (1) La iglesia del Nuevo Testamento se reunía para ado­rar a Dios el primer día de la
                         semana (Hech. 20:7;. 1 Cor. 16:1,2).
                   (2) El partimiento del pan, el propósito principal de la reu­nión de la iglesia
                        (Hech. 20:7).
                        (a) Esta asamblea no debería descontinuarse cada se­mana (Heb. 10:25,26).
                        (b) “El primer día de la semana” significa cada primer día, así como “acuérdate
                              del día de reposo, para santificarlo” quiere decir cada día sábado.
                        (c) El partimiento del pan se refiere a la cena del Señor
                             (1 Cor. 10:16,17; Hech. 2:42).
                   (3) La observancia del día del Señor debe hacerse en el espíritu de tal día.
                        (a) Los acontecimientos que tienen verificativo en un día determinado, muestran
                             el espíritu de éste. El cuatro de julio, el día del armisticio, etc.
                        (b) Por lo tanto, la pesca, el día de campo, el juego de pelota y las diversiones
                             mundanas, no se hallan en armonía con la propia observancia del día del
                             Señor (Apoc. 1:10).
 

I. Su lugar:
 
          1. La casa de Dios.
                   (1) Heb. 8:2:  Una casa espiritual.
                   (2) Heb. 3:1,6:  Cuya casa somos nosotros”.
                   (3) -*1 Tim. 3:15*:  La casa de Dios es la iglesia.
          2. La mesa está en la casa de Dios (Luc. 22:29,30); el tabernáculo fue un tipo
              (Heb. 9:1,2).
          3. Un solo pan en la mesa del Señor (1 Cor. 10:17); un solo pan, un solo cuerpo.
          4. El partimiento del pan antes de participar de él sirvió como título más tarde: “el
              partimiento del pan” (Hech. 2:42;  20:7).
 
II. Su origen y autoridad:
 
          1. La práctica de la iglesia primitiva (Hech. 20:7); “reunidos para partir el pan”.
          2. Enseñado por los apóstoles (Mat. 28:18-20).  “Enseñándoles a guardar todas las cosas
              que yo os he man­dado”.
          3. Pablo recibió el mandamiento del Señor (1 Cor. 11:23).
          4. Instituida por Cristo y entregada a los apóstoles
              (Mat. 26:26-29; Mar. 14:22-25; Luc. 22:19,20).
 
III. El tiempo de su observancia:
 
          1. El propósito primordial de la asamblea de la iglesia el primer día de la semana
              (Hech. 20:7); “para partir el pan”.
          2. La regularidad de esta observancia (Hech. 2:42).  “Y per­severaban en la doctrina de los
              apóstoles, y en la comunión, en el partimiento del pan ...”
          3. El deber de una asistencia constante (Heb. 10:25,26). La negligencia es pecado.
          4. El primer día de la semana era el día de la asamblea re­gular de la iglesia
              (1 Cor. 16:1,2).
 
IV. Su propósito:
 
          1. En memoria:
          “En memoria de mí”, un monumento a Cristo (1 Cor. 11:24,25).
          2. Anticipación, esperanza, “hasta que él venga” (1 Cor. 11:26).
          3. Compañerismo (1 Cor. 10:17). “Nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo”. 
              La comunión.
          4. Obediencia a requerimiento de Cristo hecho a la sombra misma de la cruz.
          5. Comerla regular y dignamente proporciona vigor espiri­tual (1 Cor. 11:29-32).
 
V. Manera de observarla:
 
          1. Cada uno debe examinarse (1 Cor. 11:28).  La práctica de la comunión cerrada donde cada hombre trata de examinar a los otros, no tiene ninguna autoridad en las Escrituras.
          2. Debe observarse dignamente, esto es, discerniendo el cuerpo del Señor y el significado de los emblemas contenidos en la  cena (1 Cor. 11:27-29).
          3. La comunión con Cristo debe ser el pensamiento del corazón
              (1 Cor. 10:15-17; 11:29).
          4. Debe observarse en la paz y armonía del compañerismo cristiano (1 Cor. 10:17).
* *
Lección XXXVIII
La música en el culto
* *
Introducción.  La música tiene su lugar y propósito en el culto de la iglesia.  Este lugar y propósito han sido creados por la au­toridad divina.  En tal lugar y propósito debemos reconocer la importancia de:  (1) la  clase de música autorizada; (2) el propósito para el cual servirá la música; y (3) la manera en la cual la música debe ser ofrecida.
 
I. La clase de música especificada:
 
          1. Las Escrituras del Nuevo Testamento autorizan el canto solamente.
              Mat. 26:30: “Y cuando hubieron cantado un himno,  salieron ...”
              Hech. 16:25:  “Como a la media noche Pablo y Silas estaban orando y cantando
              himnos a Dios”.
              Rom. 15:9: “Como está escrito: por tanto te confesaré entre las naciones y cantaré a tu
              nombre.”
             1 Cor. 14:15:  “Oraré con el espíritu, y oraré también con el entendimiento; cantaré con
             el espíritu, y cantaré también con el entendimiento”.
             Efes. 5:19:  “Hablando entre vosotros en salmos e himnos y canciones espirituales,
             cantando y alabando a Dios en vuestros  corazones”.  Col. 3:16  “Que la palabra de
             Cristo habite en vosotros en abundancia en toda sabiduría, enseñándoos los unos a los
             otros con salmos e himnos y canciones espirituales, con gracia cantando en vuestros
             corazones”.
             Sant. 5:13: “¿Está alguno entre vosotros afligido?  Haga oración. ¿Está alguno alegre?
            Cante salmos.”
          2. El mandamiento para cantar es específico, y por lo mismo, excluye toda otra clase de
              música.
              (1) Dios mandó a Noé construir el arca de madera de gofer.  Al especificarle “madera
              de gofer”, Dios eliminó toda otra clase  de madera (Gén. 6:14).
              (2) El mandamiento de Dios a Aarón de que ofreciera dos machos cabríos y un carnero
              como sacrificios expiatorios excluyeron cualquier otro animal (Lev. 16).
              (3) El mandamiento de Dios para cantar excluye cualquier otra clase de música.  Hay
                    solamente dos clases: vocal e instrumental.  Dios ha especificado cuál de las dos
                    acepta:  la vocal.
              (4) Cuando se hace algo más que “cantar”, Dios ha sido desobedecido
                    (2 Jn 9-11; 1 Cor. 4:6).
          3. Las Escrituras del Nuevo Testamento son suficientes so­bre este punto como en todos
              los que pertenecen al servicio y culto cristiano
              (2 Pedro 1:2,3; Rom. 1:17;. 1 Cor. 9:21; Mat. 17:5,6;  Hech. 3:22,23).
 
II. El propósito del canto:
 
          1. Alabar y dar gracias a Dios (Heb. 13:15; Hech. 16:25; Sant.  5:13).
          2. Enseñar y amonestar los unos a los otros (Efes. 5:19; Col.  3:16).  La música en el
              culto cristiano es para instruir,  comu­nicar ideas y amonestar mutuamente a quienes
              toman parte en la alabanza para vivir rectamente además de ser un medio para expresar
              nuestra gratitud y nuestras súplicas a Dios.
 
III. Manera de rendir la alabanza:
 
          1. “A Dios”. Dirigir la alabanza a Dios y no como simple en­tretenimiento.  Cada vez que
              la música en el culto cristiano de­genera en un esfuerzo para entretener, viene a ser
              como olor nauseabundo a Dios.  Debemos recordar que estamos cantando para agradar
              a Dios:  no a la multitud (Hech. 16:25; Rom. 15:9; Efes. 5:19; Col. 3:16).
                   (1) Cuando cualquier acto del culto no es dirigido a Dios se extravía de su objeto y
                         es, por lo mismo, vano.
                   (2) ¡Qué abominable resulta el atraer a la gente con la música de la iglesia!
                         Pensemos primero que todo agradar a Dios.
          2. “Con el corazón” (Jn. 4:24; Efes. 5:19; Sant. 5:13), “cantando y alabando al Señor en
              vuestros corazones”. De aquí aprendemos que nuestros corazones deben acompañar
              nuestro canto y estar perfectamente de acuerdo con el sentimiento del canto que se
              ofrece. En otras palabras, debe ser ofrecido con toda sinceridad.
          3. “Con el entendimiento”  (1 Cor. 14:15).  Debemos estudiar el sentimiento de los
              cantos expresado en las palabras y estar seguros de que es escritural y de que se
              entiende su significado a fin de enseñar a otros.
          4. Para ser entendido.  “Hablando entre vosotros” ... (Efes.  5:19).  “Enseñándoos y
              exhortándoos” (Col. 3:16).  El propósito divino del canto se pierde enteramente, a
              menos que las pa­labras sean escriturales en sentimiento y sean pronunciadas
              claramente para ser entendidas por la audiencia.  La enseñanza que se haga por medio
              del canto  debe ser por las palabras, puesto que el tono o melodía no puede enseñar
              cosa alguna a nadie.
          5. La clase de cantos que debe usarse:  “Salmos e himnos y canciones espirituales” 
              (Efes. 5:19; Col. 3:16).  “Salmos e him­nos”.  Parece que estas dos palabras fueron
              usadas sin distin­ción y no solamente indican el carácter general de los cantos que
              deben ser cantados, sino también especifican en particular que tales composiciones
              deben ser espirituales. Tales palabras no podrían describir a tales melodías como
               “The Star Spangled Banner”, “Yankee Doodle”, o “I Washed My Hands This
               Morning”.  Ni tampoco  merecen tal designación los sones ligeros y triviales que ahora
               se llaman “espirituales”.
 
Lección XXXIX
La música instrumental
* *
Introducción.  Hemos señalado este tópico especial para el es­tudio de este asunto con objeto de examinar algunas de las posiciones favoritas de los amantes de la música instrumental mecánica que muchos han añadido a la música usada en el culto cristiano.
 
El argumento que nunca se ha esgrimido:
 
  Nadie ha argüido o contendido jamás que la música instru­mental deba ser añadida al culto porque las Escrituras del Nuevo Testamento que nos han sido dadas por la providencia de Dios, enseñen que deba hacerse tal cosa.
  Ningún pasaje se ha demostrado que siquiera de manera indi­recta mencione los instrumentos mecánicos musicales.
  No pudiendo sostener estos argumentos, quienes usan instru­mentos musicales se han visto obligados a defender su posición sobre otro terreno.  Los siguientes son los argumentos en pro del uso de la música instrumental:
 
I. Era la práctica usual bajo la ley de Moisés en los tiempos del Antiguo Testamento:
 
          1. Este mismo argumento, si fuera válido, autorizaría a ofre­cer incienso, a la membrecía
              de infantes en la iglesia, sacrificios de animales, poligamia y todas las demás cosas que
              caracterizan el período de vigencia del Antiguo Testamento.  “Lo que prueba
              demasiado, no prueba nada”.
          2. Practicar cualquier cosa enseñada por Moisés, más no en­señada por Cristo, es fatal para
              el cristianismo, porque pone la autoridad de Moisés a la par con la autoridad de Cristo.
              (1) Pretender vivir tanto bajo la ley de Moisés como bajo la ley de Cristo es un
                    adulterio espiritual (Rom. 7:1-4).
              (2) Justificar lo que hacemos invocando la ley de Moisés es separarnos de Cristo y caer
                   de la gracia (Gál. 5:4).
              (3) Volver a la ley de Moisés para fundamentar algunas prácticas que no fueron
                   enseñadas por Cristo y sus apóstoles es negar la plena suficiencia de las Escrituras
                   del Nuevo Testa­mento y menospreciar la autoridad suprema y absoluta de Je­sucristo
                   (Hech. 3:22; Mat. 17:5; Efes. 1:22,23).
                   (4) Depender de la autoridad del Antiguo Testamento para fundamentar las
                         prácticas cristianas equivale a resucitar una ley que no está en vigor y negar por
                         ello la eficacia de la muerte de Cristo en la cruz (Col 2:13-17;  Efes. 2:14-16).
                   (5) Depender de la Antigua Ley es adherirse a una som­bra y hacer a un lado la
                        substancia (Heb. 10:1).
 
* *
II.  La música instrumental no está expresamente prohibida en el Nuevo Testamento:
 
          1. Este argumento se basa en el silencio de las Escrituras acerca de la música instrumental y trata de crear una atmósfera de respeto más bien para lo que la Biblia no enseña que para lo que dice expresamente. Puesto en forma afirmativa tendría esta apariencia:  uno tiene el derecho de practicar cualquier cosa que la Biblia no prohíba expresamente.  Esto deja el campo abierto para rezar el rosario, portar hábitos religiosos, quemar incienso, orar a la virgen María, cambiar la cena del Señor en una comida común, observar el sábado, ofrecer sacrificios de animales,  bautizar a los infantes, bailar, beber bebidas embria­gantes y hacer muchas otras cosas que en modo alguno pueden justificarse como parte del sistema cristiano.
          2. No debemos ir más allá de lo que enseñan las Escrituras (2 Jn 9-11;. 1 Cor. 4:6).
 
III. La música instrumental es sólo una ayuda para el canto:
 
          1. No es sólo una ayuda; es un agregado de otra clase de música que el Espíritu Santo no
              ha pedido.
          2. No puede considerarse a la par con los libros, asientos, luces, etc., porque mientras
              todas estas cosas se usan, sola­mente la música vocal ha sido ofrecida propiamente. 
              Pero cuando el instrumento musical mecánico ha sido añadido ya no tenemos
              únicamente canto, sino canto y acompañamiento mecánico.  Se ha hecho un adición al
              plan divino.
          3. La música instrumental no ayuda  en el cumplimiento del propósito que Dios ha
              asignado a la música vocal en el culto.
              (1) No tenemos la certidumbre de que esto agrade a Dios como alabanza.
              (2) Esto hace que “enseñándoos y exhortándoos” y “hablando entre vosotros” en  el
                   canto, sea más difícil para oírse y entenderse. Por lo tanto hay interferencia con el
                   propósito di­vino de cantar, más bien que una ayuda que no es necesaria.
 
IV. Un asunto de libertad cristiana:
 
          1. La libertad cristiana significa manumisión de la ley y de los rudimentos del mundo
              (Gál. 3:13; 4:3,10).
          2. No debe ser usada como ocasión para las pasiones car­nales (Gál. 5:12).
          3. No debe ejercitarse para ningún asunto que ofenda la conciencia de un hermano
              (1 Cor. 10:28-11:1).
 
V. Practicada en el hogar:
 
          1. Hay muchas cosas que son moralmente correctas, pero malas religiosamente.
                   (1) Lavamiento de manos (Mar. 7:37;
                   (2) lavamiento de pies (Jn. 13:5;. 1 Tim. 5:10).
          2. La música instrumental no es mala en sí misma.  Si esto fuera verdad sería malo usarla
              en cualquier parte; pero es malo añadirla al culto cristiano cuando Dios no nos ha dicho
              que lo hagamos.
 
VI. Es un expediente.  Para que una cosa cualquiera sea auto­rizada como un expediente, desde el punto de vista Escritural, debe ser también:
 
          1. Lícita (1 Cor. 6:12).
          2. Debe también edificar (1 Cor. 10:23).
          3. No debe ofender la conciencia de otros (1 Cor. 10:28).  La música instrumental por sí
              misma no es un expediente auto­rizado en ninguno de estos tres puntos mencionados.
 
VII. Hay música instrumental en el cielo:
 
          Conceder esto no prueba que debemos tenerla en la iglesia o, de otro modo, deberemos tener ángeles, infantes, incensarios de oro, etc. en la iglesia.
 
VIII. “Psallo”, la palabra griega de la cual tenemos la traduc­ción “canto” en nuestras Biblias, también significa acompañar el canto con la música instrumental:
 
          Si fuera esto cierto, entonces la música instrumental se ha dado a la iglesia por mandamiento y no es asunto de selección para todos los que obedezcan a Dios.  Sería un imperativo para cada uno que canta tener su propio instrumento y tocarlo él mismo, puesto que el mandamiento es individual y personal en su significado.  Nadie más podría tocar para otra persona como tampoco otros podrían cantar aceptablemente por él.  Llevar el  argumento hasta sus conclusiones lógicas resulta absurdo y ridículo.
          1. Las traducciones de la Biblia más completas no dan ese significado a la palabra.
          2. Esto haría necesario el aprendizaje y adopción de la lengua griega para aprender a
              adorar a Dios.  Luego habrá que hacer una selección:  nuestra fe puesta en la palabra de
              Dios o en la palabra de los hombres sobre este particular (1 Cor. 2:5).
          3.  Tal argumento implica que nuestras traducciones de la Biblia son defectuosas y, si
              esto es así, la verdad no ha sido hecha accesible a los hombres de hoy.
          4. Solamente quienes contienden y mantienen que la provi­dencia de Dios ha ocultado el
              conocimiento de la verdad a los hombres pueden ahora afirmar este argumento falso.
 
Objeciones finales a la música instrumental:
          1. La música instrumental transgrede y falta al respeto a la autoridad de Cristo injertando
              algo al culto cristiano que el Señor y sus apóstoles nunca enseñaron. (2 Juan 9-11).
          2. La música instrumental corrompe y hace vano nuestro culto al practicar lo que Dios
              jamás enseñó (Mat. 15:7-9).
          3. Crea la disensión y la división por ser ofensiva a la con­ciencia de muchos
              (1 Cor. 10:28).
          4. No podemos adorar a Dios en espíritu y en verdad y usar la música instrumental,
              porque ésta no forma parte alguna de “toda la verdad” revelada a los apóstoles por el
              Espíritu Santo  (Juan 16:13; 4:24).
          5. No podemos andar por fe y practicar “lo que no es de fe”, porque esto no se enseña en
              la palabra de Dios y porque la fe “es por  el oír la palabra de Dios”
              (Rom. 10:17; 2 Cor. 5:7).
          6. La música instrumental no forma parte del patrón divino de adoración y al usarla
              corrompemos el plan que Dios diseñó para su casa y trabajamos en vano cuando la
              empleamos en nuestra alabanza (Heb. 8:1-7; Sal. 127:1).
 
 
Lección XL
Las finanzas de la iglesia
* *
Introducción.  El problema debe ser resuelto primero con el individuo.  El dinero no es malo de por sí.  Su carácter depende del carácter del que lo posee.  El peligro está en amarlo, en confiar en él y hacer mal uso de él.  La riqueza en sí misma no constituye un vicio como tampoco constituye la pobreza una virtud por sí misma.  Permitiendo que el dinero desarrolle una actitud equivocada en el corazón y fallando en el esfuerzo de glorificar y honrar a Dios con las bendiciones que El nos con­cede, es lo que las Escrituras condenan y nos advierten para es­tar apercibidos.
 
I. La amonestación ilustrada:
 
          1. El hombre rico y Lázaro (Luc. 16:19-30). El cuadro des­cribe a un hombre que invierte
              su dinero con prodigalidad adquiriendo todas las cosas de lujo que su riqueza puede
              pro­porcionarle mientras niega las migajas de su mesa al pobre, en­fermo y débil
              mendigo que viene a su puerta.  Uno que ama lo que el  dinero puede comprar hasta el
              punto de rehusar que un mendigo llame a su puerta, no puede ser salvo.
          2. El joven rico (Mat. 16:19-22; Mar. 10:17-22; Luc. 18:18-23).  He aquí a un joven
              que ha conquistado los apetitos car­nales hasta el punto de vivir una vida limpia y
              moral, pero que no ha conquistado su corazón.  El amaba más sus posesiones que a
              ganar la vida eterna.
          3. El rico insensato (Luc. 12:13-21).  Esta es una lastimosa escena de un hombre que
              insensatamente creyó que podía ase­gurar su futuro amontonando bienes materiales.
              Gastó su vida en la tarea y cuando creyó que ya lo había logrado, descubrió que no
              había hecho ningunos preparativos todavía (Sal. 39:6).
 
II. Advertencias en general:
 
          01. La justicia de Dios no hace excepción a las riquezas (Job 34:19).
          02. Las riquezas no pueden proveer el alimento del espíritu (Sal. 49:1-7; Mat. 16:26).
          03. Las riquezas no entrarán en la vida eterna (Sal. 49:10,16,17).
          04. Debe escogerse el buen nombre mejor que las riquezas (Prov. 22:1).
          05. Es un grave mal guardar riquezas (Ecles. 5:12-15).
          06. No pongáis el corazón en el incremento de la riqueza (Sal. 62:10; Mat 6:19-24).
          07. Confiar en las riquezas nos hará caer (Prov. 11:28).
          08. El incremento de los bienes hace que uno se “envanezca” (Ez. 28:1-10).
          09. El engaño de las riquezas ahoga la palabra de Dios
                (Mat. 13:22; Mar. 4:19; Luc. 8:14).
          10. Los que tienen su mente puesta en el dinero se hallan en grave peligro
                (1 Tim. 6:9,10).
          11. El deber de los ricos (1 Tim. 6:17-19).
          12. La dificultad para que los ricos se salven (Mat. 6:21; Luc. 18:24).
          13. ¿A qué hombre rico se le dijo lo que hiciera para sal­varse?  (Mar. 19:21; Luc 18:22).
          14. ¿Qué hizo un hombre rico para ser salvo? (Luc. 19:1-10).
 
III. El remedio:
 
          1. Guardar tesoros en el cielo (Luc. 18:22; Mat. 6:19-24; Luc. 12:21-23).
          2. Ricos en buenas obras (1 Tim. 6:18).
          3. Confiar en Dios; no en las riquezas (1 Tim. 6:17).
          4. Ser fieles mayordomos (Luc. 16:11)
          5. Abundar en riquezas de liberalidad (2 Cor. 8:2)
          6. El ejemplo de Moisés (Heb. 11:26).
          7. Guardarse de la avaricia (Col. 3:5; Luc. 12:15; Efes. 5:3;. 1 Cor. 6:10).
 
 
Lección XLI
Las finanzas de la iglesia
* *
Introducción.  La iglesia de Dios se halla ocupada en la misión más grandiosa debajo del cielo.  El dinero es un requisito ab­soluto para llevar a cabo esta obra y por ello el uso correcto de los recursos financieros es un tema tan importante en el Nuevo Testamento y asume un lugar muy importante en la vida del cristiano.  El primer pecado en la iglesia de Jerusalén de que tenemos noticia fue el pecado de Ananías y de Safira al dar de su dinero al Señor
(Hech. 5:1,2).  Los cristianos cuando ganan dinero deben “hacer las cosas honradamente, no sólo delante del Señor sino también delante de los hombres” y, al usar su dinero, deben tener presente la gloria de Dios como fin.
 
Principios generales que gobiernan las fi­nanzas de la iglesia
I. Mayordomía (Luc. 16:1-14).  Los cristianos son mayordo­mos.  Los mayordomos son administradores, encargados de lo que pertenece a otro:
 
          1. Debemos ser hallados fieles como buenos administradores
              (1 Pedro 4:10; 1 Cor. 4:1,2).  No desperdiciando los bienes (Luc. 16:1).
          2. Deben algún día rendir cuentas de su mayordomía (Rom. 14:12).
          3. No debemos atesorar para nuestra propia seguridad (Luc. 12:13-21).
          4. Dios no permite que tomemos todo lo que queremos o creemos necesario y le demos
              un poco de lo que nos queda.  El demanda “ofrenda de primicias” (Lev. 23:9-14).
          5. La cuestión, por lo tanto, no es “¿cuánto de los bienes que tenemos vamos a darle al
              Señor?” Por el contrario, el problema es: “¿cuánto de lo que el Señor me ha confiado
              guardaré para mí?”
 
II. Comunión, (Hech. 2:42), coordinación, participación mutua y esfuerzo:
 
          1. En amor. “Amaos los unos a los otros de corazón puro” (1 Pedro 1:22).  “Unidos en
              amor” (Col. 2:2).
          2. En el sufrimiento. “Sobrellevad los unos las cargas de los otros ” (Gál. 6:2).
          3. En el servicio (Gál. 2:9,10; Fil. 1:5; 4:16).
          4. En las finanzas.  “Cada uno de vosotros” (1 Cor. 16:1,2). “Conforme a lo que uno
              tiene” (2 Cor. 8:12). “Con igualdad” (2 Cor. 8:13-15).  Igualdad en llevar la carga
              financiera de la igle­sia no quiere decir que uno debe dar como otro (2 Cor. 10:12),
              sino que cada uno debe dar conforme a su capacidad.  La ca­pacidad individual es la
              base de la responsabilidad personal (Mat. 25:41-44).  Nadie puede estar en “plena
              comunión” hasta que comience a hacer su parte.  Véase la comparación que se halla en
              las “dos blancas de la viuda” (Mar. 12:41-44).
 
III. El discipulado (Mat. 16:24).
 
          1. Requiere abnegación y abandono del mundo  (Luc. 9:57-62;  Mat. 19:27-29).
          2. El joven rico falló en esta prueba (Mat. 19:16-22).
          3. Cristo es nuestro modelo (Fil. 2:5-8; 2 Cor. 8:9).
          Mídase usted mismo por esta norma y no tenga miedo de dar “demasiado”.
 
Lección XLII
Las finanzas de la iglesia
* *
Introducción.  El Señor nos ha dado un plan para financiar el trabajo de la iglesia del Nuevo Testamento, de que se habla en las Escrituras.  Lo mismo que en todas las demás partes del plan divino que Dios ha concedido, debe ser puesta esta parte en operación por medio de la fidelidad de los cristianos.  La obligación es de tipo individual.  Deberemos ajustarnos al plan mencionado y así el diseño de Dios obrará perfectamente.
 
I. El individuo y el plan de Dios.
 
          1. El acto de dar es un acto individual: “Que cada uno de vosotros” (1 Cor. 16:1,2).
          2. La iniciativa individual lo hará posible (1 Tes. 4:11,12;. 2 Tes. 3:10-13; Efes. 4:28).  La iglesia no debe participar en ninguna empresa de negocios a fin de adquirir capacidad para financiar su obra.
 
II. Los motivos de dar.
 
          1. Un mandamiento divino (Mat. 5:42; Luc. 6:38).
          2. Ayudar a los pobres amerita el favor divino (Sal. 41:1-3).
          3. Nos hace parecernos a Dios (Luc. 6:35-38).
          4. Ensancha el corazón cuando se da con sinceridad y lo pu­rifica de los pequeños sentimientos de egoísmo y de locura (Luc. 11:38-42).
          5. Nos ayuda en nuestras oraciones (Hech. 10:1-4).
          6. Un medio para hacer tesoros en el cielo (1 Tim. 6:17-19).
          7. Abre las puertas de la munificencia de Dios a quienes practican este mandamiento
              (Gál. 6:6-10).
          8. Es un medio para glorificar a Dios (2 Cor. 9:12-15).
          9. Es el camino de la felicidad (Hech. 20:35).
 
III. La manera de dar.
 
          1. El plan del Nuevo Testamento (1 Cor. 16:1,2).
              (1) Periódicamente:  “El primer día de la semana”.
              (2) Personalmente:  “Que cada uno de vosotros”.
              (3) Providentemente: “Que cada uno aparte”.
              (4) Proporcional:  “Como haya sido prosperado”.
              (5) Preventivo:  “Que no haya colectas cuando yo viniere”.
 
Nota: Algunas veces se arguye que este es plan para reunir fon­dos para el trabajo de benevolencia de la iglesia.  Sin embargo, el hecho permanece de que la sabiduría divina movió a Pablo a ordenar este plan a la iglesia de Corinto para colectar dinero y un buen razonamiento nos convencerá que si el plan es bueno para reunir fondos para una causa justa, lo mismo será para otra semejante y para todas.
 
          2. Otros principios que gobiernan el asunto de dar:
              (1) Voluntariamente, la ofrenda libre de voluntad de un corazón que ama y de una
              mano que está abierta, “no con tris­teza ni por necesidad” (2 Cor. 9:7).
              (2) Con pleno propósito, planeado de antemano, sis­temáticamente.  “Que cada uno dé
              como propuso en su corazón” (2 Cor. 9:7).
 
Nota:  La iglesia debe tener un programa de trabajo bien planeado y cada cristiano debe asimismo planear sus contribu­ciones a las obras haciendo posible su progreso.
 
               (3) Confiadamente.  El que cree en las promesas de Dios puede dar liberalmente sin
               miedo de sufrir más tarde por ello (2 Cor. 9:8-11; Mat. 6:33).
 
IV. La medida para dar.
 
          1. La capacidad de hacerlo “como haya sido prosperado” (1 Cor.  16:1,2).
          2. “Generosamente”, no con avaricia (2 Cor. 9:6).
          3. La gracia de la liberalidad (2 Cor. 8:2,6,7).  No cuan poco sino cuan abundantemente
              podemos dar tomando en cuenta la necesidad que haya, es el principio de la liberalidad
              (Hech. 2:45).

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