Faithlife
Faithlife

Aves de Rapiña

Sermon  •  Submitted
0 ratings
· 1,921 views
Notes & Transcripts

Génesis 15:7-9

Y le dijo: Tráeme una becerra de tres años, y una cabra de tres años, y un carnero de tres años, una tórtola también, y un palomino.

  De acuerdo a Hechos 7:2-4 podemos ver que la primera vez que Dios le habló a Abraham fue cuando estaba viviendo en Mesopotamia, antes que morase en Harán.   En esa ocasión Dios le dijo “Sal de tu tierra y de tu parentela, y ven a la tierra que yo te mostraré.  Entonces salió de la tierra de los caldeos y habitó en Harán.”   Luego, en Gén.12:2-3 encontramos la otra parte de las palabras dichas por Dios a Abraham mientras estaba viviendo en Mesopotamia.   Esta promesa de Dios llega a la vida de Abraham cundo tenía setenta y cinco años de edad.  

   Siendo un hombre viejo, con una esposa estéril y ya pasada del tiempo de concebir, Dios le hace una promesa de multitudes.  

   Luego encontramos a Dios hablándole una vez más a Abrahan y diciéndole “A tu descendencia daré esta tierra” Gén.12:7.   Debemos notar que cada vez que Dios hablaba con Abram este levantaba un altar a Dios.

   El altar es el lugar donde se hacen los sacrificios.   Podemos ver que Abraham era un hombre dedicado y consagrado a Dios.   Siempre estaba levantando sacrificios ante la presencia de Dios.

    En el transcurso del viaje Dios estuvo constantemente recordándole a Abraham la promesa que le había hecho, de que sería padre de multitudes.    Era necesario recordarle la promesa debido a la condición física tanto de Abraham como de Sara.    A los ojos humanos era imposible que Abraham fuera padre, no tanto por su condición de edad avanzada, la cual era ya un obstáculo, sino por la esterilidad de Sara.

    Nosotros los ser humanos por naturaleza somos olvidadizos, muy en especial cuando son cosas espirituales.    Esto se debe a nuestra naturaleza pecaminosa la cual no quiere nada con las cosas del espíritu (Gál.5:17; Ro.7:18; Ro.7:21-23).    Es por eso que Dios tiene que estar recordándonos las promesas que nos hace.   También, a la vez que Él nos va recordando nos va ampliando la visión dejándonos ver con más claridad lo que Él quiere hacer con y por medio de nosotros.    Este es el caso de Abraham en Gén.15:5.    Dios lo llevó a fuera y le mostró todas las estrellas del firmamento y le dijo: “Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia.”    Esta repetición de la promesa es la confirmación de que Dios está firme y determinado en hacer lo que había dicho que iba hacer.  

    Dios está tratando con Abraham dos asuntos muy importantes.   El primero es el asunto de su descendencia y el segundo es el asunto de la tierra prometida.    En este punto de la conversación ya Abraham ha quedado convencido de que Dios le va a dar un hijo, aun cuando él es viejo y Sara estéril.   Es por eso que el verso seis dice “Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia.”   

    Este verso es de suma importancia porque hay una gran diferencia entre creer en Dios y creerle a Dios.    La Biblia nos dice en Stg.2:19 que los demonios creen y tiemblan.   Creer no es algo impresionante, pero creerle a Dios hace una gran diferencia.    Cuando le creemos a Dios hablamos menos y actuamos más porque sabemos que tenemos el respaldo de Dios.   Para poder ver el brazo de Dios moverse tenemos que creer que lo que Él dice que va hacer es cierto.   Cuando creemos, cooperamos con Él en lo que hace y vemos los resultados.

    Para Dios poder decirle a Abrahan lo que seguía era necesario que él creyera a Dios primero, de lo contrario no podría haber hecho lo que hizo, actuar.

   Es en este punto donde nos vamos a concentrar ahora.   Estaremos mirando dos cosas sumamente importantes. Primero estaremos viendo el sacrificio, y en segundo lugar estaremos viendo los impedimentos o estorbos de hacer el sacrificio.   No perdamos nunca de vista que lo que sigue en este capítulo 15 es el resultado de Abrahan haberle creído a Dios.   

I)                  El Sacrificio

    Una vez Abraham aseguró su posición como padre de la fe al creer la promesa de que tendría un hijo en su vejez Dios procede a decirle: “Yo soy Jehová, que te saqué de Ur de los caldeos, para darte a heredar esta tierra” (Gen.15:7).    La tierra que Dios le está dando está habitada por personas sanguinarias e idolatras.   Abraham mira a su alrededor, y ha mi parecer, en forma pasmada o de incredulidad, le dice a Dios: “Señor Jehová, ¿en qué conoceré que la he de heredar?” (Gen.15:8).   Es ahora donde Dios le habla a Abraham de hacer un sacrificio.    Dios le dijo: “Tráeme una becerra de tres años, y una cabra de tres años, y un carnero de tres años, una tórtola también, y un palomino” (Gen.15:9).

    Hay varias cosas que debemos observar aquí las cuales son importantísimas para nosotros en el día de hoy.   Primero.   Debemos observar que el que inicia los pactos cuando estos son con Dios es Dios mismo.    El hombre no inicia un pacto con Dios.   Segundo.   Quien dice lo que se va a usar para hacer dicho pacto, el cual es el sacrificio, es Dios mismo.   Nosotros no escogemos lo que vamos ha poner en el altar de Dios, es Dios el que dice lo que pondremos.  Tercero.   Debemos actuar rápido y en forma precisa a lo que Dios nos ha dicho para poder ver el resultado deseado.

    Otra cosa que debemos observar bien de cerca es los animales seleccionados por Dios para hacer este pacto.    En este punto de la historia no se sabía nada con respecto a los sacrificios a Dios.    Sabemos que se habían hecho sacrificios, pero no había detalles de los mismos.   Es aquí donde Dios revela algo sobre los sacrificios.  

     Los animales usados en este holocausto tienen un significado muy especial.   Debemos dejar claro lo que significa holocausto.    Veamos lo que dice Lev.1:13 Holocausto = “Ofrenda encendida de olor grato para Jehová.”    Es el perfume que agrada a Dios.  

    Dios le dijo a Abraham que trajera en primer lugar una becerra de tres años.   La ofrenda de becerro tenía dos propósitos.   El primer propósito era “sacrificio de paz a Jehová” (Ex.24:5).   El segundo propósito era “ofrenda por el pecado” (Ex.29:14).   Vemos entonces que lo primero que Dios esta haciendo es una alianza de paz.   Para que Abraham pudiera tener paz con Dios su pecado tenía que ser perdonado.   Es aquí que surge el segundo propósito del becerro, perdonar el pecado de Abraham.   Solo cuando somos perdonados es que podemos tener paz con Dios (Ro.5:1).

   Una vez el problema del pecado es resuelto Dios puede proceder a tener paz con el hombre.   Es por eso que lo primero que Dios le pidió a Abraham fue el becerro.  

    Lo segundo que Dios le pide a Abraham fue una cabra de tres años.   Esta es para hacer expiación por el pecado.   En Lev. 5:6 se nos explica así.  

    Lo tercero que Dios le pide a Abraham fue un carnero.    El carnero es usado para consagración.   Asi lo vemos en Ex.29:1;31.    Una vez el pecado es removido Abraham esta listo para ser consagrado a Dios.  

    Finalmente Dios le pide a Abraham una tórtola y un palomino.   La ofrenda de tórtola y palomino tenía un propósito muy especial.   Era una ofrenda encendida de olor grato a Jehová, así lo vemos en Lev.1:14-17.    La tórtola y el palomino son lo que le da el olor grato al holocausto.

    Teniendo los materiales requeridos por Dios para hacer el holocausto Abraham procede a hacer el sacrificio.    Este sacrificio traía perdón de pecado, paz y olor fragante.  Debemos recordar que todo pacto hecho con Dios es pacto eterno.   Es por eso que es Dios quien lo inicia, quien dice que hacer y cuando.    Pero Abraham tenía una parte activa en el pacto y era obedecer a Dios.

    Sin embargo este sacrificio, el cual daría paso al pacto entre Dios y Abraham no vendría sin haber impedimentos o estorbos.    Todo lo que Dios quiere hacer con el hombre es precedido por estorbos para tratar de frustrar el pacto.   Pero una vez Dios dice que el pacto a sido hecho ya nada lo invalida.   Esto es cierto con los hombres (Gá.3:15), ¿cuanto más con Dios?   

    Miremos ahora los impedimentos que Abraham enfrentó al disponerse a obedecer a Dios y hacer el holocausto.   

II)              Los impedimentos o estorbos de hacer el Sacrificio

    Gén.15:10-11  “10Y tomó él todo esto, y los partió por la mitad, y puso cada mitad una enfrente de la otra; mas no partió las aves. 11Y descendían aves de rapiña sobre los cuerpos muertos, y Abram las ahuyentaba.”

    Abraham está obedeciendo a Dios y está llevando a cabo el sacrificio.   De pronto se ve enfrascado en una lucha con unas aves de rapiña.    El ave de rapiña es un ave carnívoro, muy robusto y se alimenta de carne muerta.   Viven en bandadas, o sea en grupos.

    Estas aves vinieron a tratar de comerse el sacrificio que Abraham estaba presentando a Dios.  La Biblia nos muestra que Abraham peleó con ellas hasta caído el sol.    Fue tal la batalla que Abraham cayó rendido por el sueño.   En ese momento una terrible oscuridad cayó sobre él provocándole un gran temor.  

    La lucha sostenida con las aves fue dura y larga, pero Abraham obtuvo la victoria sobre ellas logrando consumar el sacrificio.   Esta victoria fue seguida de un nuevo encuentro con Dios.    Dios le reveló a Abraham lo que acontecería sobre cuatrocientos cincuenta años después.    También le dejó ver la victoria que su pueblo tendría y que él moriría en paz.

    En la trayectoria de la Biblia podemos ver que antes de Dios revelar cosas grandes se tienen que librar grandes batallas con el enemigo.    Pero todo el que perseveró consiguió, no solo la victoria sobre el enemigo, sino que consiguió grandes promesas de parte de Dios.

III)          Trayéndolo a nosotros hoy

    Esta historia de Abraham se repite de día en día con nosotros.   El problema es que no nos hemos dado cuenta.    Dios es un Dios de pacto.   Lo fue en el pasado y lo sigue siendo en el presente.    Él quiere hacer pacto con el hombre, la pregunta debe ser ¿queremos nosotros, los hombres, hacer pacto con Él?  

     Como en el caso con Abraham el pacto que Dios hace con nosotros lo inicia Él.     Nunca en el pasado ha habido un hombre que pueda hacer pacto con Dios, sino que Dios es el que hace pacto con el hombre.   De igual forma sigue siendo hoy día.   Dios es el iniciador de todo pacto en que Él esta envuelto.   

     También es Él quien dice cuando se va ha hacer dicho pacto.    Nosotros podemos pensar que salió de nosotros hacer un pacto con Dios, pero eso no es así.    Palabras pueden salir de nosotros, pero eso no es un pacto.   Solo el pacto que se origina en Dios es el pacto aprobado por Él.

     Como todo pacto iniciado por Dios, el que nosotros hacemos con Él también envuelve un sacrificio.    En el transcurso de la vida del hombre Dios hace varios pactos con él.   El primer pacto que Dios hace con el hombre es el de salvación cuando este recibe a Cristo en su corazón.    Este primer pacto no llega a nosotros si primero no hubiera un sacrificio en medio.    Jesús es ese primer sacrificio.    Él es el cordero que quita el pecado del mundo (Jn.1:29).   Él es el que nos reconcilia con Dios (Ro.5:10).   Él es el que nos pone en paz con Dios (Ro.5:1).    Por medio de Él tenemos sabiduría, justificación, santificación y redención; (1 Co.1:30).  

     En este pacto se produce lo que se conoce como santificación instantánea.   Sin esta santificación instantánea no podríamos tener acercamiento a Dios.    Sin embargo esto no es todo lo que Dios quiere de nosotros.   Él desea un acercamiento más profundo.   Un acercamiento similar al que tuvo con Abraham.    Para lograr este acercamiento es necesario que haya otro pacto, siendo este más similar al que hiciera Abraham.

    En el pacto con Abram Dios escogió lo que se iba a sacrificar.   En el pacto con nosotros Dios es también quien escoge lo que se va a sacrificar.    Romanos 12:1 nos dice qué sacrificio es el que es acepto por Dios.   El verso dice asi: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.”   Dios quiere que nosotros presentemos nuestros cuerpos como sacrificio.   La Biblia nos enseña que el espíritu está presto, pero la carne es débil (Mt.26:41).   También nos es dicho que hay una lucha entre la carne y el espíritu (Gá.5:17).    Estos versos nos dejan ver claramente que la carne está constantemente en busca de pecar.    Es por eso que debemos presentar nuestros cuerpos como un sacrificio.    Cuando luchamos con los deseos o manifestaciones de la carne (Ga.5:19-21) estamos presentando nuestros cuerpos en sacrificio vivo.   Pero no solo es un sacrificio vivo, sino que también es santo y agradable a Dios.

    En el sacrificio que Dios le dijo a Abraham que presentara hizo uso de una tórtola y un palomino.   Vimos que estas dos aves eran las que complementaban el holocausto para que fuera olor grato a Dios.   Cuando nosotros presentamos nuestros cuerpos en sacrifico vivo a Dios somos grato olor de Cristo para Dios (2 Co.2:15).  

    Este sacrificio vivo es también conocido como la santificación progresiva.   Es aquella santificación que viene al consagrarnos a Dios dejando las cosas que a Él no le agradan.   Muchas de ellas podrían ser cosas inofensivas, pero que por causa de la santidad de Dios y el pacto que quiere hacer con nosotros es necesario echarlas a un lado.

   Es aquí donde vienen las aves de rapiña a tratar de impedir que el sacrificio vivo sea consumado en la presencia de Dios y suba a lo alto de su trono como olor grato.    Son estas aves de rapiñas las que tenemos que espantar de nuestras vidas para que Dios pueda hacer con nosotros lo que quiere hacer.   Cada uno de nosotros podremos identificar a muchas de esas aves de rapiña, que en forma sigilosa vienen para apartarnos de la comunión con los santos, la comunión con el cuerpo de Cristo y la comunión con Dios.   Deseo que noten el orden mencionado de este ataque de los cuervos.    La primera separación se da con los hermanos.   Bien sea por malas interpretaciones, palabras mal dichas, miradas inapropiadas, chismes o chambres, envidias, celos, etc.   Seguido de esa separación viene la separación de la iglesia.   Al estar molestos con algunos hermanos comenzamos a sentirnos incómodos en la iglesia provocando esto una separación del cuerpo.     Ya no nos congregamos como lo hacíamos antes.   Ahora comenzamos a ver faltas en los líderes y diferentes ministerios.   Sin darnos cuenta hemos creado una ruptura en la comunión.    Esta ruptura trasciende hasta Dios llevándonos a romper nuestra comunión con él.   Al romperse la comunión con Dios ya no oramos como antes, ya no leemos ni meditamos en Su palabra como antes.   

    Estas aves de rapiña solo vienen a comerse el sacrificio que presentamos ante Dios con el único propósito de robarnos la bendición.    Como Abraham, debemos combatir con esto hasta que no podamos más.    Cuando lleguemos a ese punto posiblemente nos quedemos dormidos, pero es entonces que Dios tomará a su cargo el sacrificio.    Cuando nosotros hemos demostrado cuanto queremos la comunión íntima con Dios peleando hasta quedar agotados es cuando Dios desatará la verdadera bendición sobre nosotros.

    Entonces y solo entonces es que veremos en nuestras vidas lo que Abraham vio desde el monte.   Gén.15:17  dice lo siguiente: “Y sucedió que puesto el sol, y ya oscurecido, se veía un horno humeando, y una antorcha de fuego que pasaba por entre los animales divididos.    Dios pasará Su antorcha de fuego sobre nosotros consumiendo todo el sacrificio cuando nosotros hayamos peleado con las aves de rapiña y hayamos vencido.

Fue en esa victoria que Dios hizo el pacto con Abraham, así lo dice Gén.15:18.

    Terminamos con las palabras del apóstol Pablo a los romanos donde les exhorta a presentar los miembros para servir a la justicia (Ro.6:19).

    Desde que nos levantamos en la mañana hasta que nos acostamos en la noche debemos presentar nuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo y agradable a Dios.    Velando lo que miran nuestros ojos, lo que oyen nuestros oídos, lo que habla nuestra boca, lo que tocan nuestras manos, a donde se dirigen nuestros pies, lo que sube a nuestros corazones, los pensamientos, las intenciones ocultas del corazón.   Debemos estar en constante oración velando en todo tiempo.

    Dios ayúdanos a ser ese sacrificio que te agrada y que nuestra fragancia sea un verdadero olor grato a ti.   Amén.

RELATED MEDIA
See the rest →
RELATED SERMONS
See the rest →