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¿Robará el hombre a Dios?

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Notes & Transcripts

8¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas.

    La semana pasada estuvimos viendo el sacrificio que presentara Abraham cuando Dios le habló de la tierra que le daría por heredad.   En esa ocasión vimos que fue Dios quien llevó a Abraham fuera para que viera las estrellas y las contara si así podía, pues así de numerosa sería su descendencia (Gén.15:5).   También vimos que fue Dios mismo el que le dijo a Abraham que preparara un holocausto, que trajera los animales y la forma en que los partiría.      Debemos notar que hasta ese momento en la Biblia no se había hecho ninguna referencia a holocaustos, salvo el que se nos da en Gén.8:20.   Esto es cuando Noé descendió del Arca.  Pero en este caso no se da ningún detalle del mismo.   Es con Abraham que Dios es más específico en cuanto al holocausto.   Aun cuando la palabra holocausto no aparece en este relato con Abraham, los animales Gén.15:9, la forma de presentarlos Gén.15:9 y la consumación del mismo Gén.15:17 nos hablan de un holocausto. 

    Vemos aquí que los sacrificios y holocaustos no fueron instituidos por Moisés o bajo la ley.   Fue a través de Moisés que Dios hizo los holocaustos y sacrificios ley.   Fue a través de Moisés que Dios dio los detalles de los mismos, sus propósitos, días, etc.    Por lo tanto los holocaustos y sacrificios tienen un valor mucho más amplio del que nosotros podamos pensar, pues están en la mente de Dios desde mucho antes que la ley viniera.

    De igual forma ocurre con los diezmos y ofrendas.   Su origen no es bajo la ley de Moisés.   Muchos usan esta excusa para no dar sus diezmos diciendo que ellos ya no viven bajo la ley, sino bajo la gracia.   No tenemos nada que discutir en cuanto a que vivimos bajo la gracia, esa es una verdad absoluta.   Sin embargo no podemos pensar que por esa causa Dios no quiere que demos los diezmos.   Algunos van más lejos diciendo que el alegato de Dios en Malaquías 3 no tiene validez para nosotros los que vivimos bajos la gracia.    Una vez más decimos que todo esto son excusas que el hombre usa para no sacrificar delante de Dios sus diezmos.   Hay otros que posiblemente no han sido instruidos correctamente y por causa de la mala enseñanza no están dando sus diezmos.

   En esta enseñanza perseguimos llagar a esos hermanos que no han sido bien instruidos en este tópico.   Rogando, que para beneficio de ellos mismos, sus ojos puedan ser abiertos a la verdad de la Biblia y puedan romper con el dios mamón (dinero en el idioma griego).    También queremos llegar a aquellos que se excusas haciendo uso de versos sacados de su contexto para justificar su irresponsabilidad ante Dios, no sabiendo ni entendiendo que ellos son los perjudicados.   Dios no necesita en lo absoluto de nuestro dinero.  Eso lo podemos ver claramente en los Salmos 24:1 y Salmos 50:10-12.  Lo que El persigue es una vía o canal para bendecirnos, y siendo que el amor al dinero es la raíz de todos los males (1 Tim.6:10), quiere librarnos de ese dios. 

    En primer lugar estaremos viendo el asunto del diezmo y en segundo lugar el asunto de las ofrendas.   Creemos que ambos tópicos son importantes y validos aun cuando estamos viviendo en la gracia.

I)                  Diezmos

   Estaremos viendo algunos puntos que son importantes para poder entender la mente de Dios en cuanto al diezmo.   Como dijimos al principio el diezmo no pertenece a la ley mosaica.   En la ley mosaica es que se nos explica claramente el propósito del diezmo, pero en el corazón de Dios ha estado siempre.   El diezmo es la décima parte de un cien.   De cada cien que Dios nos da, él espera que nosotros devolvamos una décima parte.   Sin embargo no es solo de números cien, pues de cincuenta podemos también sacar la décima parte, la cual sería cinco.   El concepto del diezmo es extraer diez por ciento de todo lo que recibimos.   Debemos siempre tener en mente lo que nos dice los Salmos que mocionamos arriba.  “De Dios es la tierra y su plenitud”.   A él le pertenece todo lo que existe, por lo tanto nada de lo que podamos nosotros dar es grandioso o espectacular para él.    Después de todo, siendo que todo le pertenece a él, lo único que estamos haciendo es devolviéndole lo que siempre ha sido de él.

   ¿Por qué Dios escoge el diez por ciento y no el ocho o el doce por ciento?    La razón es porque el diez por ciento es lo más sencillo de sacar.   Cuando hacemos uso de las matemáticas lo único que tenemos que hacer es mover el punto decimal un lugar para la izquierda y eso nos da el diez por ciento del total.  Tomemos por ejemplo la suma de 100.00 Al mover el punto decimal un lugar para la izquierda tenemos el siguiente resultado 10.00  Este es el diez por ciento de cien.   De igual forma es con cualquier forma de suma.   Dios nos hace las cosas sumamente fáciles para que nosotros podamos diezmar sin temor a fallar.   Veamos otro ejemplo más complicado.   Tomemos 387.84.   Si movemos el punto decimal un lugar para la izquierda obtenemos 38.78   Ese es el diezmo de 387.84.   No es Dios maravilloso.    Hay otra razón de por qué Dios escogió un el porciento y no una cantidad fija.    Si Dios dijera que trajéramos 100.00 cada vez que cobramos, para algunos sería sumamente fácil, pero para otros podría llegar a ser imposible.   Alguien que cobre 90.00 nunca podría llenar las demandas de Dios, pero los que ganan 1000.00 con gran gozo y paz lo darían.   Esto sería una injusticia para unos y una bendición para otros.   Sabiendo que Dios es Dios justo él implantó el diezmo.   De esta forma la cantidad a traer está proporcionalmente pareja para cada persona.

   Un detalle interesante en el diezmo es que nadie puede gloriarse de que dio más que otro.    Si el que recibe 1000.00 da su diezmo, el cual sería 100.00 dio exactamente lo mismo que el que recibe 100.00 y al dar su diezmo solo da 10.00.   A razón de diezmo, ambos han dado exactamente lo mismo.    Mirémoslo desde otra perspectiva.   Si el que recibió 1000.00 y el diezmo de esta persona es 100.00, pero él considera que eso es mucho dinero y solo decide dar 80.00, aun cuando sigue siendo mucho más que el que recibió 100.00 y solo dio 10.00, el que dio diez dio más que el que dio 80.00 porque el segundo dio el diez por ciento, el primero no.    Ante los ojos de Dios el que recibió menos es más fiel que el que recibió más.   Algunas personas piensan que Dios no está pendiente del dinero y tienen razón, pero si está pendiente del dador.   En el relato de la ofrenda de la viuda (Lc.21:1-4) Jesús nos deja ver claramente que: Uno, él ve lo que damos.  Dos, la cantidad que damos no es lo importante, sino la actitud con que lo damos. Tres, cuando damos el diezmo estamos dando todo nuestro sustento.

   Pasemos a otra pregunta.   ¿Por qué Dios quiere que nosotros demos el diezmo?   Esta pregunta tiene dos respuestas las cuales estaremos considerando en estos momentos.

   Dijimos al principio que el diezmo existía o fue establecido por Dios antes que la ley mosaica fuera dada.   Por lo tanto el diezmo no pertenece a la ley, haciendo que sea  válido aun en la gracia.    Cuando Abraham se encontró con Melquisedec (Gén.14:17:20) fue instruido en todo lo relacionado al diezmo.  La Biblia nos muestra que Melquisedec es representación de Dios, pues su sacerdocio es eterno.   A este sacerdocio se le llama “el orden de Melquisedec” del cual Jesucristo fue hecho sacerdote (Heb.6:20).   El que Abraham le diera los diezmos a Melquisedec es representativo.   Cada vez que nosotros traemos los diezmos lo estamos entregando a Dios y no a los hombres.  Pero para poder entender mejor el propósito primario del diezmo debemos mirar a la ley mosaica, pues es allí donde Dios explica el primer propósito del diezmo.

   Cuando Josué repartió la tierra a los hijos de Israel, tanto los sacerdotes como los levitas no recibieron heredad.   La razón por la cual no recibieron tierras es porque Dios era su heredad (Núm.18:20).   ¿Qué es que Dios sea su heredad?  Es que Dios va a proveer sus necesidades.   Las otras once tribus tenían tierras donde podían cultivar, criar ganado, mercadear, etc.   De esta forma todas sus necesidades eran suplidas.  Pero los sacerdotes y levitas no tenían tierras para cultivar, no tenían sustento.  ¿Cómo Dios hace para ser su heredad?   ¿Cómo él hace para proveer sus necesidades?  Núm.18:21 nos dice como Dios lo hace. “Y he aquí yo he dado a los hijos de Leví todos los diezmos en Israel por heredad, por su ministerio, por cuanto ellos sirven en el ministerio del tabernáculo de reunión.”

    Es a través de los diezmos y ofrendas que Dios provee para los sacerdotes y levitas.   Siendo que Dios es la heredad de los ministros del templo, y siendo que de los diezmos y ofrendas que el pueblo trae es que los ministros del templo se nutren, ¿dónde quedaría el nombre de Dios si esas necesidades no son suplidas?   ¿Qué se diría de Dios si sus ministros estuvieran pasando hambre por causa del pueblo?    Es por eso que Dios se aira tanto con el pueblo cuando este deja de ofrendar y diezmar.    Siendo que el diezmo se trae a Dios y no a los hombres, cuando no los traemos le estamos robando a Dios y no a los hombres.   Es cuando Dios dice: ¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas.

    La segunda respuesta a la pregunta ¿Por qué Dios quiere que nosotros demos el diezmo? es que Dios quiere tener un motivo para bendecirnos.   Note que Dios lanza un reto al pueblo (Mal.3:10).   Es la única vez en que Dios se compromete de esta forma en toda la Biblia.   Eso demuestra cuan importante es el asunto de los diezmos para él, al punto que empeña su palabra con nosotros.   Lo primero que Dios hace es exhortarnos a traer los diezmos al alfolí, el lugar de reunión.   El diezmo no se da a alguna organización ni a ningún otro ministerio que no sea la iglesia local donde se persevera, donde Dios lo a puesto para dar y recibir de él.   Note también que la razón de traer el diezmo al alfolí es para que haya alimento en la casa de Dios.    Cuando no se traen los diezmos no hay alimento en la casa de Dios, y cuando no hay alimento los ministros del templo sufren las consecuencias, y cuando ellos sufren las consecuencias tienen que abandonar su trabajo del templo para salir a buscar otros trabajos para poder suplir sus necesidades, y cuando esto ocurre Dios se aira con el pueblo y retira su bendición.

    La vida del rey Ezequías es muy inspiradora.   En uno de los relatos presentado en 2 Crónicas 31:2 encontramos a Ezequías restaurando el servicio del templo.   Puso a los sacerdotes y levitas a ejercer su oficio.    Él mismo contribuyó para los holocaustos y sacrificios.   Luego exhorto al pueblo a traer los diezmos y las ofrendas para que los sacerdotes y levitas tuvieran el sustento diario.   Cuando el pueblo obedeció y comenzó a traer los diezmos y las ofrendas, supliendo así las necesidades de los sacerdotes y levitas Dios les bendijo en gran manera.    Cuando Ezequías llegó y vio los montones que el pueblo había hecho con todo lo que habían traído se maravilló y bendijo a Dios y preguntó por todos aquellos montones.   La respuesta que recibió del sumo sacerdote Azaría fue: “Desde que comenzaron a traer las ofrendas a la casa de Jehová, hemos comido y nos hemos saciado, y nos ha sobrado mucho, porque Jehová ha bendecido a su pueblo; y ha quedado esta abundancia de provisiones.” (2 Crónicas 31:10).   Debemos ver que la bendición de Dios llegó cuando el pueblo comenzó a traer las ofrendas.   Muchos quieren que Dios los bendiga primero para luego traer.   El método de Dios es: Trae primero que yo te voy a bendecir.   Recordemos que la palabra de Dios está empeñada y él no va a fallar en cumplir.

    Esta es la segunda causa de porqué Dios quiere que traigamos nuestros diezmos y ofrendas.   Él nos invita a probarlo en eso.   Cuando hacemos como hizo el pueblo de Israel y actuamos en fe comprometemos a Dios con su palabra, la que nos invita a retarle.  Él no nos va a bendecir porque damos el diezmo, sino porque va a cumplir su palabra.   La prueba de la veracidad de esta palabra esta en esa porción de 2 Crónicas 31:10.   Cuando somos fieles y traemos los diezmos y ofrendas automáticamente la palabra de Dios toma vida y nos bendice.     Satanás sabe eso y trata de robarse la semilla de nosotros para que no obtengamos el fruto de ella, el cual nos llevará a adorar y bendecir más a Dios.

   Hasta aquí estas breves palabras con relación al diezmo.   Miremos ahora lo relacionado a las ofrendas porque los diezmos y las ofrendas son cosas distintas, pero el efecto de no darlas es similar al del diezmo.   Veremos entonces cual es la diferencia entre el diezmo y la ofrenda.   Este conocimiento nos ayudará a valorar más las ofrendas y no menospreciarlas.

 

II)              Ofrendas

     Las ofrendas son parte vital en la ministración a Dios.  En el pasaje de Mal.3:8 vemos a Dios diciéndole al pueblo que le han robado en los diezmos y ofrendas.   Deducimos que las ofrendas son de igual importancia para Dios como lo son los diezmos.   De los diezmos se alimentan los levitas, quienes son los designados a servir en el templo como ayudantes de los sacerdotes.    De las ofrendas comen los sacerdotes, quienes son los responsables directos de los actos de sacrificios y holocaustos (Dt.18:1-5).   Los sacerdotes son también levitas.   Esta tribu es la que escogió Dios para servir en el templo, pero los sacerdotes tienen la responsabilidad mayor.    Similar a lo que ocurre con los levitas y los diezmos ocurre con los sacerdotes y las ofrendas.    El nombre de Dios está puesto como garantía de la provisión de los sacerdotes.   Cuando el pueblo deja de traer las ofrendas las necesidades de los sacerdotes no son suplidas.    Esto irrita a Dios en gran manera.   La razón por la cual el no diezmar u ofrendar irrita tanto a Dios es porque Dios bendice al pueblo para que el pueblo, al traer los diezmos y ofrendas de la bendición de Dios, bendigan a los sacerdotes y levitas.

    Hay una gran diferencia entre los diezmos y las ofrendas.   Los diezmos es una cantidad ya estipulada por Dios.   El hombre no es el que decidió qué porciento darle a Dios, sino que fue Dios mismo el que escogió la cantidad a dar.   Así lo vimos en Gén.14:17-20 cuando Abraham se encontró con Melquisedec.    Por lo tanto traer el diezmo no es algo que realmente asombre o impresione a Dios.     Es como cuando Jesús habló del siervo que llega de trabajar en el campo y antes de servirse él tiene que servir a su amo.   Jesús dijo: “Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos” (Lc.17:7-10).    Así es con el diezmo, no hacemos nada extraordinario al darlo.   Solo estamos haciendo lo que hemos sido llamados a hacer.  

    Sin embargo con la ofrenda es distinto.    Veamos varios versos para poder comprender lo que estamos diciendo.   El primer verso que vamos a considerar es el de 2 Co.9:7.   Notemos que el apóstol comienza diciendo “Cada uno dé como propuso en su corazón”.  No es nada impuesto, sino la decisión de cada uno de dar.   Es un proponer en el corazón de dar alguna ofrenda a Dios.   No es algo impuesto y ya indicado como el caso del diezmo.   Luego el apóstol Pablo añade dos condiciones en las que uno podría dar esa ofrenda, condiciones que no agradan a Dios.   Él dice: “no con tristeza, ni por necesidad”   Dar con tristes es dar sintiendo que se está desprendiendo de algo que no quiere dar.   Dar por necesidad es dar en obligación, bien puede ser porque tiene que pasar al frente a dar la ofrenda y para no pasar el bochorno de no levantarse le es necesidad el hacerlo.   Podría ser también porque se pararon al frente de usted con el plato de las ofrendas y se ve en la necesidad de dar.   Sea cual sea la razón, si damos con tristeza o por necesidad, esa ofrenda no es recibida por el Señor.    El apóstol concluye revelándonos algo del carácter de Dios.   Él dice: “porque Dios ama al dador alegre.”

    Dios no quiere nada forzado de nosotros.    Aun nuestro dar debe ser espontáneo y cargado de alegría.   De esa forma Dios recibe nuestras ofrendas y las multiplica, tanto para los sacerdotes que la reciben como para los que la dan.   

   El segundo verso que queremos mirar es el de 1 Co.16:2.    El apóstol está hablando de la ofrenda para los santos.   Su exhortación es que “Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo”  En la frase “cada uno” no se queda nadie fuera.    Notemos que dice que pongamos aparte algo.  Vemos nuevamente que es algo voluntario, no impuesto.   No hay una cantidad específica, sino que se deja a nuestro criterio.   Sin embargo el apóstol añade algo que debe servirnos de guía para saber cual es la cantidad a sacar aparte.  Él dice: “según haya prosperado”  Cada uno de nosotros sabemos cuanto hemos prosperado.   Dios deja que seamos nosotros los que midamos nuestra prosperidad y así saquemos lo que entendemos va con esa prosperidad que hemos tenido.  

    Es en este punto donde nuevamente hace eco las palabras de Mal.3:8 ¿Robará el hombre a Dios?    Dios sabe exactamente cuanto hemos prosperado, después de todo él es quien nos prospera (Dt.8:18).   

    Es aquí donde se separa el diezmo de las ofrendas.   El diezmo es una cantidad ya señalada por Dios.    Nosotros somos los que señalamos las ofrendas.

    Miremos ahora un punto más que envuelve tanto al diezmo como a la ofrenda.   Es el caso de cuando Jesús llegó al templo y encontró a los cambistas negociando (Jn.2:13-16).  En este relato vemos que estaban los mercaderes vendiendo bueyes, ovejas y palomas.   Estos son animales usados para el sacrificio.   El problema aquí era la actitud con que estaban haciendo lo que hacían.   Eran tan culpables los que vendían como los que compraban.

   Este evento presentado aquí es similar a lo ocurrido con Caín y Abel en Gén.4:3-5.   Caín trajo una ofrenda, Abel trajo de lo mejor.   Dios recibió la ofrenda de Abel, pero no así la de Caín.   No es que la ofrenda de Abel, por ser de animales, Dios la recibió y no la de Caín por ser de viandas.    Vemos que la ofrenda de Abel fue de los primogénitos y de lo más gordo.   Fue una ofrenda escogida y cuidada.   La ofrenda de Caín fue simplemente “una ofrenda”.  

    Nunca a faltado el que busca cualquier oportunidad para hacer negocios.   Ese es el caso cuando Jesús llegó al templo.   Estaban los cambistas y negociantes “supliendo una necesidad del pueblo”, la de los animales para el sacrificio y ofrendas.    Pareciera ser que ya el pueblo no se preocupaba de cultivar y cuidar la ofrenda que iba a traer.   Posiblemente su pensamiento era que como Dios dice en Exo.23:15; Exo.34:2 “Y ninguno se presentará delante de Jehová con las manos vacías;” les era suficiente comprar los animales en el templo sin tener la necesidad de criarlos o cultivarlos, dependiendo el tipo de ofrenda a presentar. 

     Como los judíos de aquel tiempo, nosotros en ocasiones somos similares.    Nuestras ofrendas, y aun el mismo diezmo, han perdido el significado y lo hacemos como forma ritual, como cuando hacemos el pago del automóvil o la tarjeta de crédito.   Tengo que hacerlo.   Sí, con el diezmo es un deber de cada cristiano, pero con la ofrenda es un asunto de voluntad o mejor dicho, un asunto de agradecimiento.  

    Llegamos al templo a mirar cuanto tengo para ver así cuanto puedo dar.   Lo que es peor aun, sacamos un billete de veinte dólares y le decimos al ujier: “voy a dar cinco, me devuelve quince”.   No es asunto de los cinco, sino de la transacción que se está haciendo.   Muchos presentamos las ofrendas de manera descuidada.   Decimos o pensamos: Después de todo estoy trayendo algo.  Lo primero es que la iglesia no es un banco.   Lo segundo es que se supone que lleguemos a la iglesia con nuestro diezmo u ofrenda escogida, sacada desde la casa.   Que lleguemos a la iglesia con una expectación de que vamos a darle a Dios en agradecimiento de sus múltiples bendiciones.   Esta es la clase de ofrenda que Dios recibe y bendice.   Este es un verdadero sacrificio para Él.   

    Finalmente debemos notar un verso más en referencia a no presentarnos ante Dios con las manos vacías.   Me refiero a  Deut.16:16.   Este verso lleva el mismo pensamiento que los otros dos ya mencionados, pero el verso 17 nos añade el mismo pensamiento que nos dice Pablo en 1 Co.16:2 donde nos dice:  “cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado.”   El verso de Deut.16:17 nos dice claramente que la prosperidad o bendición que recibimos viene de Dios.   Observemos como lo dice: “cada uno con la ofrenda de su mano, conforme a la bendición que Jehová tu Dios te hubiere dado.”

    Por lo tanto la ofrenda que traemos es en agradecimiento a la prosperidad que Dios nos ha dado.   Siendo que Dios ha dejado que nosotros seamos los que escojamos la ofrenda que damos, esta reflejará el agradecimiento que tenemos a Dios.    Si damos poco porque hemos sido prosperados poco, Dios se alegrará y la recibirá.   Pero si damos poco habiendo sido prosperado mucho, esa ofrenda Dios no la verá con alegría.

     Quiera Dios y podamos recibir luz en este tópico y podamos ver cuan importante es para Dios.   No porque necesite nuestro dinero, sino porque él es la heredad de sus ministros.  Amen.

 

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