Abriendo Puertas, Soltando Cadenas

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Notes & Transcripts

Después de haberles azotado mucho, los echaron en la cárcel, mandando al carcelero que los guardase con seguridad.  El cual, recibido este mandato, los metió en el calabozo de más adentro, y les aseguró los pies en el cepo.

Hechos 16:23-24

 

    Muchas veces se nos hace sumamente difícil discernir las cosas que nos ocurren.   Dudas vienen a nuestros corazones pensando si lo que ha ocurrido es de Dios o no.  En medio de dicha incertidumbre pensamos y analizamos hasta la saciedad el asunto para ver si así podemos descubrir con mayor claridad la razón de dicho evento.

    Un ejemplo extraordinario es el que vemos en Hechos 16 comenzando en el verso 6 donde podemos ver al apóstol Pablo teniendo una visión donde un varón le rogaba que pasara a Macedonia y les ayudara.  Esta visión se da luego de Pablo haber intentado entrar en Asia y en Bitinia, lugares donde el Espíritu Santo les impidió ir (Hch.16:6-7).

    En la visión no se nos deja saber nada de que ellos quieren oír el mensaje de salvación o que están interesados en Dios.   ¿Cómo Pablo supo que esa visión era de Dios?  En una ocasión, estando orando como a las 9:00pm, el Señor me habló y me dio una dirección.   Simplemente me dijo: “ve a la casa de tu tía Celia”.   En mi corazón no había duda de que ese era el Señor hablándome.  

     El relato de Hechos nos dice que Pablo partió en seguida dando por cierto que Dios los estaba llamando a compartir el evangelio.   En mi caso yo lo que hice fue mirar el reloj.   Viendo que eran las 9:00pm y que el lugar donde ella vivía no era de los mejores, le dije al Señor: “Amen Señor, mañana en mi hora de almuerzo voy a ir”.   Podemos pensar que me faltó fe, pero creo que fue una decisión sabia.    Al otro día, al llegar la hora de almuerzo, fui a visitar a mi tía.   Ella se sorprendió de mi visita.   ¡Los jóvenes no visitan mucho a los adultos!   Cuando entré, ella me dijo que mi prima yacía en cama enferma y me dijo: “Para que Carmen Celia falte al trabajo tiene que estar verdaderamente enferma”.   

    En ese momento yo supe por qué Dios me había mandado a esa casa.   Sin embargo, por mi corta experiencia en el Señor, no supe que hacer y no oré por ella.   Me fui de la casa sin hacer lo que el Señor quería o esperaba que hiciera.   Lloré largamente el haber perdido la oportunidad de ver el poder de Dios en acción y una puerta abierta para proclamar el mensaje de salvación.

     Debemos aprender algo.   Nosotros estamos en los negocios de Dios, por lo tanto cada oportunidad que surja, venga como venga, si no viene una prohibición del Señor, debemos dar por sentado que es una puerta que Dios está abriendo para que nosotros proclamemos su palabra de salvación, a Jesucristo nuestro Señor.

     Pablo no sabía lo que encontraría en Filipo.   Felipe no sabia lo que encontraría cuando el E.S. le dijo: “Levántate y ve hacia el sur, por el camino que desciende de Jerusalén a Gaza, el cual es desierto”.    Yo no sabía con lo que me iba a encontrar en la casa de mi tía.    Lo cierto es que cuando Dios da una orden el propósito siempre será el mismo, el de glorificar a Jesús y proclamar el evangelio.

     Debemos aprender a ser receptivos a la voz de Dios, no solo a la hablada, pero también a la que viene por las circunstancias. 

     Este relato nos abre una puerta para la disertación de esta mañana.    Sin embargo, no queremos iniciar sin antes hacer una breve mención de las dos anteriores predicaciones, las cuales están entrelazadas con esta tercera, queriendo Dios hacer algo extraordinario en nuestras vidas por medio de ellas.    Si estamos dispuestos a seguir la receta de Dios, sin mirar cuan mala puede saber o que aspecto, en ocasiones desagradable, pueda tener, veremos grandes resultados en nuestras vidas.     Dios no mira las cosas como nosotros las miramos.    Nuestra parte es obedecer, la de él es hacer los milagros cuando nosotros obedecemos.

    El primer mensaje de esta serie fue “La Paz que Permanece” cuyo texto clave fue Fil.4:7.  Dios quiere que nosotros experimentemos la paz de Dios, la que guarda nuestros corazones y pensamientos.   Pero para poder experimentar dicha paz Dios nos dijo que había tres cosas que se debían cumplir.   La primera es regocijarnos siempre (Fil4:4).   La segunda es que seamos gentiles con todos los hombres (Fil4:5).   Esto es bien importante por que el Señor está cerca.  Y lo tercero es que traigamos a Dios todo en oración acompañado de acciones de gracias (Fil.4:6).   La parte que nos corresponde a nosotros son esas tres y la parte del Señor será mantenernos en paz.

    El segundo mensaje fue “Correr para Obtener” cuyo texto clave fue 1 Co.9:24.   En este mensaje Dios nos estaba dejando saber que estamos en una carrera, no para alcanzar la salvación, pues esa fue alcanzada por Cristo en la cruz y otorgada a nosotros gratuitamente.   Nuestra carrera es para alcanzar el premio, el galardón.    Reconociendo que llegará un día en que estaremos frente al tribunal de Cristo para recibir de él los galardones por lo que hallamos hecho en la tierra, fuere bueno o malo (2 Co.5:10).   También vimos que Juan nos exhortaba diciéndonos que miráramos por nosotros mismos para que recibiéramos galardón completo (2 Jn.8) dejándonos ver que nosotros somos los que marcamos la magnitud del galardón que recibiremos.

    En el incidente que tenemos delante de nosotros para hoy estaremos viendo tres puntos, los cuales considero es lo que el Señor nos quiere hablar en esta mañana.   El primero es “El precio del deber”, el segundo es “Cómo reaccionamos ante las vicisitudes”, y el tercero es “El premio del dolor”.  Dios desea que estemos plenamente convencidos de estos tres aspectos en el caminar cristiano.    Hay un deber, el cual será juzgado por nuestro reaccionar, produciendo así un premio.

 

I)                  El Precio del Deber

Hechos 16:23-24 Después de haberles azotado mucho, los echaron en la cárcel, mandando al carcelero que los guardase con seguridad.  El cual, recibido este mandato, los metió en el calabozo de más adentro, y les aseguró los pies en el cepo.

    Este verso nos dice cuanto los azotaron, mucho.   En el verso anterior, el de Hch.16:22 se nos dice que los azotaron con vara y fue mucho.    Azotar con vara es uno de los dolores más desgarradores.   No solo duele en el momento, sino que continúa doliendo por mucho tiempo.   Es como una gran quemadura.   Pablo, dando algo del testimonio de su vida nos dice que tres veces había sido azotado con varas (2 Co.11:25).    ¡Podemos imaginarnos como y cuan doloroso sería eso!

   En una ocasión escuché a un predicador hablando de el azotar con varas.   El decía que en la época de Pablo el azotar con varas era una de las torturas más dolorosas.   Consistía en quitarle las sandalias a la persona, acostarla en el suelo con los pies levantados, y con unas varas azotar la planta de los pies.   Un primer azote de varas causaba un dolor insoportable.   Dos azotes de varas dejaban a la persona coja.   Tres azotes de varas lo podía dejar lisiado para toda la vida.    Pablo recibió tres.

    Luego de ser azotados, como si esto fuera poco, fueron puesto en la cárcel.   Hoy en día las cárceles son como reformatorios donde los presos tienen derecho a quejarse si no tienen buenos colchones o buena comida, o mucho trabajo y poca diversión, etc.    En P.R. está el caso donde los presos tienen derecho a votar para elegir al gobernador y a los diferentes funcionarios.   Pero en el caso de Pablo y Silas no existía nada de eso.    Solo maltratos, abusos y sufrimientos.   Fueron puestos no solo en la cárcel, sino en la parte más interior.    Estas cárceles no tenían aire acondicionado, ni calefacción.    Mientras más adentro estaba la celda, más pesado y mal oliente era el aire.    La humedad era espantosa y la oscuridad tenebrosa.   Es en ese lugar que metieron a los apóstoles.

     El carcelero, para asegurarse de que los presos no escaparían les aseguró los pies en el cepo.    Veamos la definición del cepo dada por el diccionario de la Biblia “Instrumento que se utilizaba mayormente en las prisiones para inmovilizar a los presos. Consistía de dos tablas que tenían huecos. Se colocaban los pies del prisionero sobre los huecos de una tabla y luego se tomaba la otra poniéndola encima, de forma tal que el hombre no se pudiera mover. Además del aspecto de seguridad, el uso del cepo incluía castigo y tortura”.  

    Podemos ver que no había nada de comodidad, placer o deseo en este castigo.   Golpeados con vara, puestos en la cárcel, en la celda de más adentro y con los pies en el cepo.  

     Verdaderamente se cumple la palabra que el Señor le dio a Ananías cuando lo comisionó para que fuera donde Saulo a abrirle los ojos (Hch.9:15-16).    Algunos podríamos pensar que esa palabra era solo para Saulo y que nosotros no tenemos que pasar por esas pesadillas, pero la realidad es otra.   Jesús nos advirtió diciendo que tendríamos aflicciones en el mundo (Jn.16:33).    También dijo que lo que le habían hecho a él nos lo harían a nosotros (Lc.23:31).    El apóstol Pedro añadió que glorifiquemos a Dios cuando padecemos como cristianos (1 P.4:16), y que somos bienaventurados al ser vituperados (1 P.4:14).    El mismo Pablo nos dice que el padecer por Cristo es algo concedido a nosotros (Fil.1:29).

    Pablo tenía muy claro cual era el precio del deber.    Es por eso que en una ocasión dijo que estaba dispuesto, no solo a ser atado por Cristo, sino a morir por él también (Hch.21:13).

   Nuestro llamado es uno de excelencia.  Somos embajadores de Cristo aquí en la tierra, pero esta tierra odia a Dios y a su Cristo.   Por lo tanto nos odia a nosotros también.    Es por eso que cada vez que tiene una oportunidad nos hará la vida difícil para tratar de robarnos la paz y así hacer que nuestro testimonio se atrofie y el nombre de Cristo sea blasfemando.

   De la misma forma que Dios es un Dios personal, así también cada situación es personal en cada uno.   Algunos pasarán por pruebas bien duras.   Tenemos el caso de los hermanos que viven en regímenes dictadores donde el solo decir que somos cristianos nos puede costar la cárcel.   Otros podemos estar en lugares menos violentos, pero aun así sufrimos los embistes del maligno en diversas formas.   Discrímenes, opresiones, mal entendidos intencionados, etc.   Jesús dijo que tendríamos todas estas cosas y muchas más.   Es por eso que el apóstol Pedro nos recuerda que todas estas situaciones no deben tomarnos por sorpresa (1 P.4:12).    Cuando nos vestimos de un pensamiento así los envistes de la vida no nos toman por sorpresa y los podemos enfrentar con gozo sabiendo que Cristo es glorificado en nosotros.

     Todas las pruebas que nos vienen en la vida solo persiguen dos cosas.   La primera es madurarnos más para que podamos crecer en el Señor.    Hay un corito que dice:

Batalla no es batalla, Si no viene la prueba

Si no hay las luchas, Batalla no es batalla

Con Jesús yo iré, Pelearé la batalla

Él conmigo está, Ganaré la batalla

    Debemos saber algo sumamente importante.    Cuando Jesús estaba dando el famoso discurso del Sermón del Monte, él dijo algo que es aplicable a lo que estamos considerando en estos momentos.   En Mt.5:47 él dijo que nosotros debemos hacer de más.   Eso es lo que nos diferencia de los demás.     Es igual cuando estamos en medio de las batallas, nuestras reacciones deben ser distintas a las reacciones de las personas que no conocen a Dios.    Es a través de nuestras reacciones en medio de las pruebas que le daremos verdadera gloria a Dios.     Eso nos lleva a nuestro segundo punto en esta disertación.

 

II)              Cómo Reaccionamos ante las Vicisitudes

    Muchas veces nos encerramos en nuestros problemas y conflictos pensando que nadie nos entiende y que las situaciones nuestras son las peores, siendo nosotros los que más sufrimos y padecemos.   No hay nada peor que la auto compasión donde queremos que todos nos miren y se apiaden de nosotros.   En una ocasión Pedro trató de hacer que Cristo se apiadara de él mismo.    Esto fue cuando Cristo le dijo a sus discípulos abiertamente que tenía que ir a Jerusalén y que estando allí lo arrestarían y lo crucificarían (Mt.16:21-23).   Jesús mismo no estaba dispuesto a que las personas se compadecieran de él, ¿cómo nosotros vamos a estar buscando lo que Cristo no buscó ni permitió?    Debemos armarnos del mismo sentir de Cristo.   El apóstol Pablo estaba armado de este mismo sentir y nos lo explica en forma poderosa en Fil.2:5-8.    Es tiempo que nosotros dejemos de ser niños espiritualmente hablando para que seamos ya hombres y mujeres maduros en el Señor, preparados para soportar todo lo que venga en una actitud sumisa y humilde.

    La situación que estaba enfrentando Pablo y Silas no era una fácil, pero tampoco era imposible.   Dios estaba con ellos en esa celda y eso hace la gran diferencia.    Muchas personas enseñan que como hijos de Dios que somos no podemos pasar por dificultades y que si en algún momento llegan debemos reprenderlas.    Es interesante ver que tanto Pablo como Silas no estaban llorando o lamentando la suerte que les había tocado vivir.   No estaban en batalla con el enemigo maldiciéndolo o reprendiendo sus circunstancias.  Menos aun no estaban cuestionando al Señor por haber sido azotados con vara, o haber sido puestos en la celda de más adentro y los pies puestos en el cepo.     La razón de la llegada de ellos a Filipo vino por una visión que Dios les dio, pero ¿habrá sido Dios realmente el que les dio esa visión?   ¿No pudo ser el enemigo para tenderles esa trampa y ponerlos en la celda y así callar sus bocas?    Después de todo la Biblia lo que nos dice es que Pablo entendió que Dios los llamaba para que fueran a Macedonia (Hch.16:10).   ¿Sería realmente Dios o fue la emoción de predicar el evangelio?    Para nosotros es fácil ver claramente la mano de Dios en todo este proceso, pues conocemos todo el relato y vemos el final feliz que tiene.    Pero ¿cómo lo verían los discípulos?   O ¿cómo lo vemos nosotros cuando somos los que estamos metidos en el hoyo, en la celda de más adentro, con los pies en el cepo, habiendo sido apaleados antes.    Reaccionaremos como reaccionaron ellos o por el contrario preguntamos, cuestionamos, dudamos, amenazamos, reprendemos, maldecimos, peleamos, nos airamos, frustramos y finalmente cerramos nuestra boca para no alabar a Dios.  

    Las circunstancias adversas son oportunidades para honrar a Dios y darle gloria por su amor, fidelidad y misericordia.    Este relato muestra claramente que Dios no está tanto por nuestras comodidades y bienestar.   Su único objetivo es salvar vidas, pues para eso dio a Cristo.   No fue para que estuviéramos cómodos, sino dispuestos a todo, con el único propósito de que alguien pueda conocer a Cristo y ser arrebatado de las garras del diablo.

    Volvamos con nuestros hermanos Pablo y Silas y veamos cual fue la reacción de ellos ante la adversidad que les tocó vivir.  

Hch.16: 25Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían.

    En lo personal me encantan estos peros de la Biblia.   No son peros de excusas, sino de que algo grande está por suceder.   Recordemos el pero de Hch.12:5 donde se nos dice que la iglesia hacía oración por Pedro cuando este estaba preso.   El resultado fue la liberación de Pedro de la cárcel.   En este caso se nos muestra otro pero.    Ellos han sido azotados con vara, puestos en la cárcel, en la celda de más adentro y los pies en el cepo.  Pero a medianoche.    A medianoche muchos de nosotros estaríamos también despiertos, pero a lo mejor estaríamos despiertos por otras razones.    Mirando nuestra condición, lamentando el haber llegado a Filipos.    Posiblemente pensando, qué salió mal para que acabáramos aquí.   A lo mejor pensaríamos que actuamos muy rápido, que debimos haber pedido confirmación de la visión.   Repito, hay tantas malas enseñanzas sobre el tema de las persecuciones, enfermedades, dolencias, etc. pensando que nada de eso debe ocurrirle a los hijos de Dios, pero vemos claramente que a los hijos de Dios, cuando deciden hacer Su voluntad, veremos milagros y prodigios, pero también veremos dolores y sufrimientos.    Esto que les digo es bíblico. 

   Muchos de nosotros estaríamos preguntándole a Dios que había ocurrido, por qué me dejastes, donde está tu poder ahora que lo necesito.   Posiblemente podríamos estar orando fervientemente a Dios para que nos saque de tal condición, después de todo lo que estábamos haciendo era tu voluntad.  ¡Sácanos de aquí!

   La Biblia nos dice que ellos oraban cantando himnos a Dios.    No habían quejas, no habían lamentaciones, o arrepentimientos, o dudas de si realmente entendieron la voluntad de Dios o no.   Solo había oraciones con alabanzas cantando himnos a Dios.   ¡Cuanto tenemos que aprender amados!    Una vez nosotros pasamos a formar parte de la familia de Dios, Él nos recibe como a hijos.    De ese momento en adelante Dios toma control de nuestras vidas.   Es cierto que muchas cosas que nos acontecen son por causa de nuestras malas acciones, actitudes y reacciones, pero aun así Dios no nos deja.   Él continúa trabajando con nosotros porque el objetivo final es llevarnos a la perfección.   Debemos hacernos una pregunta en este punto del relato.  ¿Por qué Pablo y Silas tuvieron que pasar por todo lo que pasaron para llegar hasta el carcelero de Filipos?   ¿Por qué no lo conocieron un día en que este estaba libre del trabajo y le hablaron la palabra de Dios?  El mundo es hostil por naturaleza, esto se debe a la caída del hombre.    Esa hostilidad la volcará contra nosotros.    Cuando comparamos este relato con el de Pedro en la cárcel narrado en Hch.12:6-11, veremos que hay una gran similitud, pero a la vez una gran diferencia.    Ambos fuero puestos en la cárcel por predicar el evangelio.    Ambos estaban siendo custodiados por guardias.    Pablo y Silas contaban himnos a la medianoche,  mientras que Pedro estaba dormido.    Dios envía su ángel para poner en libertad a Pedro, pero Pablo y Silas permanecen presos.     Herodes pensaba matar a Pedro en la mañana, es por eso que Dios actuó rápidamente en el caso de Pedro, pero con Pablo y Silas tenía otro plan porque ellos no estaban en peligro de muerte.   

   Amados, no hay nada oculto delante de Dios.    Él tiene control absoluto de todas las cosas y sabe qué debe hacer y cuando para el bienestar, primeramente de su obra y luego de nosotros.    Decimos constantemente que somos meros instrumentos de Dios, pero no queremos ser tratados como tales.    Como instrumentos de Dios nuestra importancia es secundaria, pues lo primordial es salvar vidas.    Nunca olvidemos que Dios dio a su único y unigénito Hijo por la humanidad y que la voluntad de Él es que todos procedan al arrepentimiento (2 P.3:9).

   En lo personal pienso que Dios no interfiere con las cosas del mundo a menos que nuestra vida corra peligro y no sea el tiempo de nosotros partir.   En el caso de Jacobo (Hch.12:1-2) y Esteban (Hch.7:58-60) Dios permitió que murieran porque su labor había terminado, pero en el caso de Pedro no, porque todavía quedaba mucho por hacer.    Debemos entender que todo lo que ocurre a nuestro alrededor Dios lo permite con un propósito en mente.    Llegamos a la casa de alguien para encontrarnos en medio de una gran pelea.   Entendamos que Dios nos ha enviado a esa casa con el propósito de traer paz o por lo menos calmar la situación.    A lo mejor los integrantes de la casa no lo vean asi, pero no debemos dejarnos mover ni que nuestra paz sea afectada por los insultos y desprecios, pues sabemos que Dios está con nosotros y en esa visita.

    Pablo y Silas no lamentaron su condición, por el contrario fue un gran motivo para cantarle al Señor con himnos.   Pero lo otro que debemos notar en este verso es que la Biblia nos dice claramente “y los presos los oían”.

    Muchas veces no nos percatamos de las personas que están a nuestro alrededor.    Aun sin saberlo siempre alguien está escuchándonos.   ¿Qué oyen ellos de nuestras bocas?   ¿Alabanzas al Señor o quejas y lamentos?    ¿Cómo podríamos hablar del amor de Dios cuando nuestras vidas son una constante queja?    Dios no quiere ni aprueba esa clase de actitud.    Cada situación en nuestras vidas debe ser una de alabanzas al Señor.   Es por eso que vimos en Fil.4:4 que debemos regocijarnos siempre.    Podemos ver aquí que Pablo no hablaba por hablar, sino que vivía lo que hablaba.    Él estaba regocijándose en medio de la situación difícil que estaba viviendo.    Cuando tenemos visión de Dios no vemos los obstáculos, sino las oportunidades.   En mi escritorio tengo un pequeño mensaje donde me recuerda esta gran verdad.   El mismo dice: “Dios decide por lo que vamos a pasar, nosotros decidimos como vamos a pasar por ahí”.    Pablo y Silas decidieron pasar por Filipos dejando una huella de olor grato a Dios.    Es interesante ver que Pablo y Silas cumplieron cabalmente el principio de Fil.4.4-7    Ellos constantemente experimentaban la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento.   Primero, estaban regocijados siempre (Fil.4:4).    Esto lo vemos claramente porque cantaban himnos al Señor.   Segundo, su actitud reflejaba una actitud de gentileza con todos los hombres, incluyendo al carcelero (Fil.4:5).    Este verso añade la frase “el Señor está cerca” dejándonos ver la realidad de la misma.    Es por eso que Pablo y Silas, aun estando en una situación tan crítica podían seguir estando contentos y ser gentiles con los demás.    Sabían que allí estaba el Señor con ellos.   Finalmente Fil.4:6 concluye exhortándonos a traer a Dios todas nuestras congojas en oración y ruegos, con acciones de gracias.   La acción de Pablo y Silas trajo a la realidad la paz de Dios, la que sobrepasa todo entendimiento.

    Estoy seguro que los otros presos estarían anonadados viendo y oyendo a estos dos hombres mal trechos, alabando a Dios.   

    Repito una vez más, ¿qué ven las personas que están a nuestro alrededor?   ¿Qué nos oyen salir de nuestras bocas?   Frustraciones, quejas, etc. o alabanzas a Dios.  

    En nuestra iglesia el lema es “Predicando el evangelio en tiempo y fuera de tiempo, de ser necesario haciendo uso de palabras”.    Nuestra vida debe ser el vivo testimonio de lo que creemos, o por lo menos de lo que decimos creer.    Si realmente creemos que Dios está en control de todas nuestras situaciones, debemos actual en esa convicción y alabarle no importando lo que esté ocurriendo.

    Permítanme terminar esta sección con un pensamiento de Christopher Shaw en su devocional Alza Tus Ojos.   Él dice: “Un líder debe poseer la capacidad, en tiempos de crisis, de poner distancia entre su vida y las circunstancias que lo rodean, para entrar en la presencia de su Dios y procurar allí el alivio que necesita.   Si usted analiza la vida de los grandes siervos de Dios, encontrará sin excepción que cada uno de ellos poseía la capacidad de entrar a un refugio secreto en tiempos de crisis, un lugar donde procuraban la comunión con el gran Dios del universo”.

    Pasemos ahora a nuestro último punto en este gran relato, me refiero al premio del dolor.

 

III)          El Premio del Dolor

    Pensar en un premio en medio del dolor es algo un poco alocado.   Sin embargo debemos saber que nuestro trabajo en el Señor nunca, repito nunca es en vano (Col3:23-24).   ¿Por qué unos sufren tanto dolor y otros no?   Esta es una pregunta que ocupa la mente de muchas personas.   Influenciados por malas enseñanzas algunos llegan incluso a pensar que Dios no los quiere o que se ha olvidado de ellos.    José estuvo preso por trece años.    ¿Se habría olvidado Dios de él?   En ningún momento, él mismo le dice a sus hermanos que Dios fue quien lo trajo a Egipto (Gén.45:8).   También la Biblia nos deja ver durante todo el relato que Dios estaba con José (Gén.38:2; Gén.39:21; 23).    Dios estaba con José, pero aun así él paso por momentos de angustia y dolor dejándonos ver que en ocasiones esas situaciones se dan y Dios está conciente de ellas, pero deja que ocurran porque algo mejor va a ocurrir.    La Biblia nos dice que la mujer en cita sufre en gran manera los dolores de parto, pero una vez da a luz se olvida del sufrimiento (Jn.16:21).   El verso dice “ya no se acuerda de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo”.   

    Cuando Dios permite el dolor en nosotros es por que algo más grande esta por venir.   ¿Podremos nosotros ver eso así?    Cuando entendemos esto hay un gran alivio en nosotros sabiendo que de alguna manera Dios se encargará de darnos un gran premio.  

    En el caso de Pablo y Silas el premio fue la conversión del carcelero de Filipos y toda su casa.    En el caso de José el premio fue la salvación de su familia de la hambruna que había.   De igual forma en cada uno de nosotros hay un premio aguardando ese tiempo de dolor.   ¿Sabremos esperarlo dando testimonio de nuestra confianza en el Señor por medio de himnos, gentileza y oraciones con acciones de gracias?   

    Deseo apuntar a algo más en este relato.    Si miramos nuevamente el verso base de esta disertación veremos algo sumamente importante para nosotros poder lograr una victoria total.   Refresquemos el verso nuevamente.   Hch.16:23-24 Después de haberles azotado mucho, los echaron en la cárcel, mandando al carcelero que los guardase con seguridad.  El cual, recibido este mandato, los metió en el calabozo de más adentro, y les aseguró los pies en el cepo.

    Debemos observar que en ese momento tanto Pablo como Silas estaban en una celda con cadenas.   En lo físico estaban prisioneros, pero en lo espiritual estaban libres.    Por otro lado el carcelero de Filipos en lo físico estaba libre pero en lo espiritual estaba preso.  Las alabanzas entonadas en la cárcel trajeron a Pablo y Silas libertad física, pero al carcelero de Filipos le trajo libertad espiritual.   Las alabanzas a Dios abren puertas y sueltan cadenas.    Por un lado, los cristianos que están luchando con ataduras, y que han orado mucho, ayunado, reprendido, confesado, y no han visto resultados, a lo mejor la respuesta está en alabar a Dios.   Desenfoquémonos un poco de nuestras limitaciones y enfoquémonos más en adorar a Dios.   La Biblia nos dice claramente que Dios habita en la alabanza de su pueblo y también nos dice que donde está el Espíritu de Dios hay libertad.    No disfrutamos de esa libertad porque estamos absorbidos por nuestras circunstancias las cuales no nos dejan alabar a Dios.    Razonamos y vemos que no hay razón ni motivo para adorar a Dios, sin entender que la misma Biblia nos dice que demos gracias a Dios por todo (1 Ts.5:17).    Ella va más allá, pues nos dice que esa es la voluntad de Dios.    ¿Queremos hacer la voluntad de Dios?   Entonces de nuestros labios tienen que salir expresiones de alabanzas continuamente.

    Hay puertas por las que hemos estado orando mucho para que se abran.    Tratemos la alabanza, es una llave que mueve el brazo de Dios.   Paremos de quejarnos por las circunstancias que nos oprimen y agobian y comencemos a alabar a Dios, Él tiene cuidado de nosotros.  

    Cuando nos disponemos alabar a Dios en todo momento puertas se abren y cadenas son rotas.   No solo ocurre en nuestras vidas, sino que también ocurre con los que nos están escuchando.   El carcelero de Filipos estaba libre físicamente, pero era prisionero en lo espiritual.    Las alabanzas provocaron que Dios hiciera temblar la tierra y quedaran libres en lo natural, pero el verdadero propósito de ese terremoto no era la libertad de Pablo y Silas, sino la libertad espiritual del carcelero y su familia.

    Amados, quiera el Señor y podamos ver que todo lo que ocurre alrededor de nosotros tiene un propósito divino porque Dios está con nosotros.   Es por eso que Ro.8:28 nos dice que todas las cosas obran para bien para nosotros.   No dice algunas, sino todas.   Caminemos en esa convicción y veremos como nuestras vidas serán cambiadas, transformadas y llenas de gozo, paz y amor.

   La primera puerta que debe ser abierta es la puerta de la alabanza a Dios.    Debemos despojarnos del temor.   Pablo y Silas, aun cuando en la cárcel había otros presos, no por eso callaron.   No callemos las alabanzas a Dios en nuestros medios, Dios las desea escuchar.   Aun cuando no sintamos el deseo debemos alabarle.   Es por eso que las alabanzas no deben ser producto de nuestras emociones porque en ocasiones no sentimos el mínimo deseo de alabar; pero cuando obedecemos y le dejamos ver a Dios cuan agradecidos estamos las cadenas que nos atan se sueltan y entramos en una atmósfera de gozo y regocijo en la presencia de Dios.  

   Dios nos ha dado las llaves que abren puertas, entre ellas se encuentra la llave de la alabanza y adoración a Él.   ¿Le daremos uso a esa llave? Amén.

 

 

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