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Sufrimiento, Escuela de la Fe

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Notes & Transcripts

Juan 11:1-4

1Estaba entonces enfermo uno llamado Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta su hermana. 2(María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, fue la que ungió al Señor con perfume, y le enjugó los pies con sus cabellos.) 3Enviaron, pues, las hermanas para decir a Jesús: Señor, he aquí el que amas está enfermo. 4Oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.

 

   Betania era un pequeño pueblo en la ladera sur este del monte de los Olivos, a unos 3 km al este de Jerusalén, cerca del camino a Jericó.   El significado del nombre Betania es “Casa de miseria”.  Es como el lugar donde reside mi hermana, que se llama “Tierra de cenizas”.   Son nombres pocos agradable, pero sus habitantes lo hacen ser más llevaderos.   Este es el caso de Marta, María y Lázaro, quienes recibieron a Jesús en su casa por primera vez en una visita que Jesús hiciera a esa región (Lc.10:38).   Este fue el inicio de una gran amistad donde Jesús cada vez que estaba en el lugar se hospedaba en la casa de ellos (Mt.21:17).    No solo Jesús era bien recibido, sino que sus discípulos lo eran también (Mr.11:11).   Esto nos deja ver claramente la clase de personas que eran Marta, María y Lázaro.

    Es justo notar también que en ningún momento se hace mención de algún padre o madre viviendo en dicha casa.   Esto nos lleva a pensar que no los tenían o que se habrían independizado.  No sabemos con certeza lo que haya pasado con los padres, pero si sabemos algo, ellos eran muy especiales para Jesús.  

    Cuando miramos lo trayectoria de Jesús antes de llegar a la escena presentada en la porción que nos ocupará el tiempo en esta mañana (Jn.11:1-4) podemos ver que él se encontraba en Jerusalén, caminando en el templo por el pórtico de Salomón.    En esos momento los judíos le rodearon y le hicieron una pregunta, la cual fue “¿Hasta cuándo nos turbarás el alma? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente”(Jn.10:24).  Esta pregunta no venía con deseos de saber si él era o no el Hijo de Dios, sino buscando alguna excusa para apedrearle.   La respuesta de Jesús fue directa y clara, “Os lo he dicho, y no creéis” (Jn.10:25).   Esto provocó gran histeria en los judíos al punto que trataron de atraparlo para matarle, pero Jesús se les escapó (Jn.10:39).  

     Este evento fue el que llevó a Jesús a retornar al otro lado del Jordán donde Juan había estado bautizando (Jn.10:40).   Vemos claramente que una vez llegó allí muchas personas se le juntaron y él comenzó a enseñarles como acostumbraba.   Deducimos que fue así por lo que nos dice la parte final del relato en Jn.10:42) “42Y muchos creyeron en él allí”.

    Debemos observar algo más relacionado a la gran amistad de Jesús con Lázaro y sus hermanas.   En Jn.11:5 se hace la observación de cuanto Jesús les amaba.    Esto es un detalle importantísimo en todo este relato y así lo veremos más adelante.

   Mientras Jesús está al otro lado del Jordán con sus discípulos algo estaba ocurriendo en Betania.  Pero no era solo en Betania, sino en la casa de sus amigos.   El lugar donde Jesús comía, posiblemente se bañaba y dormía.   La casa que albergaba a Jesús cuando estaba en esa área ahora estaba siendo sacudida por la enfermedad de uno de sus integrantes, Lázaro.    Pienso que para Marta y María no habría sido de gran preocupación dicha enfermedad sabiendo que ellos conocían íntimamente al Gran Sanador.    Pienso que dirían para sí, “mandemos a buscar a Jesús.   Cuando oiga nuestro pedido dejará de hacer lo que esté haciendo y no tardará en venir, después de todo somos sus amigos y él nos ama mucho”.    Estos razonamientos eran suficientes para que Marta y María mantuvieran la calma en medio de la tempestad en que se encontraban.   No solo manteniendo la calma y paz de ellas, sino que consolarían a Lázaro diciéndole “no te preocupes, ya mandamos a buscar a Jesús”. 

    Cuando los mensajeros de Marta y María llegaron a donde se encontraba Jesús le dieron el mensaje de ellas.   Es digno ver las palabras de dicho mensaje.   Fue un mensaje breve, pero lleno de fuerza y confianza.   Los mensajeros dijeron: “Señor, he aquí el que amas está enfermo” (Jn.11:3).  No hay mención de nombre alguno en dicho mensaje, pero Jesús sabia, sin dudas ni temor a equivocarse de quien se trataba, de sus queridos amigos.   Es curioso ver como las palabras sobran cuando se está hablando con alguien que se ama y que corresponde a dicho amor.    Mensajes breves, oraciones cortas, frases llenas de gran sentido.   Esto es lo que hace el verdadero amor.   

    Hace un tiempo atrás escuché una predicación por una señora de nombre Patricia en la cual ella explicaba como ella hizo para ganar el amor de su esposo cuando su matrimonio estaba muerto y en camino seguro a un divorcio.    Ella cuenta que estando un día en la mesa, listos para cenar, se encontraban ella, su esposo y su niña de unos seis años.   Ella observó que su hija quería la mantequilla, la cual estaba al otro lado de la mesa, cerca del papá.   La niña solo miró al papá y luego miró la mantequilla.   Esto fue suficiente para que el papá extendiera la mano y le pasara la mantequilla.   Cuando ella (la mamá) vio eso quedó petrificada ante tanto poder sin decir siquiera una palabra.   Como logró captar la atención de su papá y llevarlo a hacer lo que ella quería.   En ese momento ella determinó descubrir cual era el secreto de tal poder y comenzó a observar a su hija.   Vio que cuando el papá llegaba del trabajo ella salía corriendo a recibirle con besos y abrazos.    Cuando el papá estaba en el patio cortando el césped (sacate) ella salía a empujar la cortadora de césped junto a él.    Cuando este estaba debajo del auto arreglando algo allí estaba ella.    Esta era la clave y ella comenzó a hacerlo.   Al principio el esposo estaba confundido, pero poco a poco fue abriendo una puerta que llevó al matrimonio a restablecerse.   

    Como decimos muchas veces, en el verdadero amor sobran las palabras.   El mensaje de Marta y María llevaba la confianza de un verdadero amor, no solo por parte de ellas a Jesús, sino por parte de Jesús a ellas también.    Es en este punto que podemos ver la importancia de Jn.11:5 donde la Biblia nos hace claro el amor de Jesús por esta familia.    

     Cuando los mensajeros dieron el mensaje, pienso que estarían en espera de una reacción de parte de Jesús.  Posiblemente iban por el camino hablando respecto a dicha reacción.   ¿Cómo reaccionara un hombre como él?   ¿Qué hará?   ¿Saldrá corriendo a sanar a Lázaro?    Pienso que lo menos que ellos habrán pensado fue la respuesta que les daría.    Jesús no titubeó ante la noticia, sino que simplemente le contesto así: “Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella” (Jn.11:4).    Es obvio que cuando se sabe qué es lo que se va a hacer esta respuesta habría sido más que suficiente.   La enfermedad no es para muerte.   Qué más necesitaban los mensajeros saber.    Sin embargo Jesús decidió quedarse dos días más donde estaba.   Estaba realizando una tarea la cual era de suma importancia, estaba salvando vidas del infierno.    Después de todo Lázaro ya era salvo.  

   Los mensajeros habrán regresado algo incómodos al ver que Jesús decidió quedarse y no partir para Judea, pero al menos la respuesta de que la enfermedad no era para muerte sería suficiente para que Marta, Maria y Lázaro mantuvieran su paz. 

   Posiblemente cuando los mensajeros llegaron para dar las buenas de que la enfermedad no era para muerte se encontraron con una de dos escenas.  La primera pudo haber sido que Lázaro estuviera todavía vivo y al dar las buenas nuevas se llenaran de gozo, pero momento después Lázaro moría.  La segunda escena podría ser que ya Lázaro estaba muerto y Marta y María desconsoladas.    Qué posición difícil para estos mensajeros.    Dar unas palabras que ahora no tenían ningún valor, si podemos decir así.   Cuantas preguntas e interrogantes habrán corrido en la cabeza de las hermanas.   Cuanto el enemigo se habrá aprovechado de dicha situación para minar sus cabezas con dudas del amor de Jesús hacia ellas y muy en particular hacia Lázaro.    Algunas preguntas pudieron haber sido ¿Cómo es posible que él se allá quedado allá estando Lázaro enfermo?   ¿Dónde está el amor que nos profesaba?  ¿Cuan importantes realmente somos para él?  ¿Nosotros solo le hemos dado bien a él y así es como nos paga?  

    No sabemos mucho de esta escena, pero el argumento de Marta y Maria al ver a Jesús nos dice algo de ese pensar.    Cuando el vio a Marta y a Maria ambas le hicieron la misma observación “Señor, si tú hubieras estado aquí Lázaro no habría muerto” (Jn.11:21; 32).   Esto nos dice la amargura que había en sus corazones.    No decimos que hayan sido groseras con Jesús, sino que estaban desconsoladas y turbadas.

    Es en este punto que nuestra disertación toma el lugar deseado.   Queremos disertar en tres aspectos importantísimos en la vida cristiana donde el fin es el mismo.     Dios se ha propuesto llevarnos a cada uno de nosotros a una perfección y no cesará su trabajo hasta lograrlo.    Para ello hará lo que tenga que hacer.   Vimos como a Pablo y a Silas les permitió ir por todo lo que fueron con el único propósito de salvar al carcelero de Filipos y su familia.    En esta ocasión estamos viendo por lo que Marta y María están pasando, pero es con un solo propósito y es el de fortalecer la fe de ellas.   Recordemos que Dios tienen los métodos más raros para hacer las cosas y que posiblemente nosotros no podemos ver bien lo que él quiere hacer con nosotros, pero si confiamos y esperamos veremos la obra completada y a  Dios glorificando a Jesús en nuestras vidas.

    Tres aspectos de la fe estaremos viendo en esta mañana.   El primero es “Fortalecer la fe de sus apóstoles”.   La segunda es “Fortalecer la fe de Marta y María”.   Y la tercera es “Dar fe a otros”.   Con la ayuda de Dios asi lo haremos.

I)                 Esta prueba era para fortalecer la fe de sus apóstoles, quienes estaban todavía dudando de la veracidad de Jesús.  

Jn.11: 14Entonces Jesús les dijo claramente: Lázaro ha muerto; 15y me alegro por vosotros, de no haber estado allí, para que creáis; mas vamos a él.

    Son muy pocas las veces que encontramos a Jesús alegrándose, por lo menos registrado en la Biblia,  y esta es una de ellas.   ¡Valla circunstancias para sentirse alegre!   No estaba alegre por que Lázaro había muerto, ni porque Marta y Maria estaban sufriendo.   Su alegría descansaba en el hecho de que una nueva oportunidad había surgido para instruir a sus discípulos en el asunto de la fe.

     La muerte de los santos es llamada con regularidad en la Biblia como un dormir porque eso es lo que es.   Entramos en un reposo.    Claro está que nadie quiere que un familiar cercano muera, pero tenemos, o por lo menos debemos tener la seguridad y certeza de que está en un mejor estado que antes.    Esto es tan cierto que la Biblia nos exhorta a no ser ignorantes en cuanto a los que duermen para que no estemos sin esperanza como los incrédulos (1 Ts.4:13).   La muerte de los santos es ganancia, aun cuando algunos cristianos no lo vean así (Fil.1:21).  

    Como dijimos, la alegría de Jesús era porque a través de este evento los discípulos serían fortalecidos en la fe.    ¡Cuanto ejercicio de fe necesitamos nosotros hoy día!   El problema es que no queremos entrar en el proceso de la prueba, pero esta es la que Dios usa para perfeccionarnos.    En este caso la prueba no era algo que afectara directamente a los discípulos, aunque sí sabemos que ellos gozaban de la misma amistad con esta familia.   Sin embargo, una nueva preocupación surgió en los discípulos cuando Jesús les dijo finalmente que retornaran a Judea.   Ellos dijeron: Rabí, ahora procuraban los judíos apedrearte, ¿y otra vez vas allá? (Jn.11:8).    Es como que Jesús no estaba pendiente ni preocupado de lo que los judíos pudieran hacer, sino que su amigo estaba enfermo y era necesario ir a sanarle.  

     Jesús pudo haber dicho la palabra como hizo en el caso del criado del centurión (Mt.8:8), pero escogió en este caso ir otra vez a Judea.    Vemos aquí el verdadero amor, el que está dispuesto a arriesgarse aun si esto le costara la vida.    Este es el precio de la obediencia a Dios.   Recordemos que él había dicho “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo” (Jn.5:17).    Dios se dirigía a Judea y Jesús le seguía.   Ninguna oportunidad para enseñar a sus discípulos podía ser desperdiciada.   

     Sin embargo, esta prueba no llevaba solo el fin de enseñar a los discípulos.   Había otras personas que serian beneficiadas de este suceso, estas eran Marta y María.   Pasemos, pues a nuestro segundo punto.

II)            Esta prueba era para fortalecer la fe de Marta y María quienes estaban siendo sacudidas por una gran tempestad tanto física como emocional.

Jn.11: 40Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?   Esta respuesta en forma de pregunta viene por que Marta le dice a Jesús que Lázaro lleva cuatro días muerto y ya olía mal.   Sin embargo la respuesta de Jesús lleva en sí misma una verdad inquebrantable.   Para poder ver la gloria de Dios tenemos que creer primero.    La pregunta que nos debemos hacer es ¿habrán creído Marta y María?   En lo personal pienso que no.    Debemos recordar que Jesús se había alegrado por el incidente por que era una gran oportunidad para que las personas creyeran en él, esto incluía a Marta y María.   

     Cuando hablamos de fe debemos recordar que hay varias clases.    Hay fe para salvación.   Marta y Maria ya habían experimentado y manifestado esa fe.    Podemos ver esto en la respuesta que Marta le da a Jesús ante la afirmación de que él era la resurrección y la vida.   Marta le dijo: “yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo” (Jn.11:27).    Esta afirmación es la garantía de la fe para salvación.    Sin embargo, la fe para ver milagros y sanidades es distinta a esta.   Es aquí donde Marta y Maria fallaron.   Esta fe está basada en las palabras de Jesús.    Recordemos que los mensajeros retornaron a ellas con palabras procedentes de los labios de Jesús donde les dijo: Esta enfermedad no es para muerte... (Jn.11:4).    Es obvio que recibir una palabra así y ver ante nuestros ojos a Lázaro muerto requiere de una grandísima fe.    Pero eso son los que pueden ver los milagros.   

 Notemos también el inicio de la respuesta de Jesús: No te he dicho... (Jn.11:40).    Es algo que Jesús ha estado repitiendo constantemente, no solo a Marta y María, sino a cada uno de nosotros también.    Es una invitación a creer Su palabra, pues esta es perfecta, pura y cargada de poder.  

El resultado fue que Lázaro resucitó, no porque ellas habían creído, sino por que Jesús había dicho que esa enfermedad no era para muerte.   Por lo tanto aun la muerte se tenía que sujetar a Jesús.    Tocó el cuerpo de Lázaro, tocó las emociones de Marte y María, pero no podía tocar la palabra de Jesús.   

Pero todavía quedaban otros que serían afectados, tanto en forma positiva como negativa con el milagro de Lázaro.    Veamos nuestro tercer y último punto de esta mañana.

III)        Esta prueba era para dar fe a otros

Jn.11: 45Entonces muchos de los judíos que habían venido para acompañar a María, y vieron lo que hizo Jesús, creyeron en él.

Jn.11: 46Pero algunos de ellos fueron a los fariseos y les dijeron lo que Jesús había hecho.

     El primer verso nos deja ver que hubo muchos que fueron ganados para el reino por medio de este tremendo milagro.   Por lo tanto esta situación, la cual no era muy favorable para Marta y María trajo salvación a muchos.    Fueron muchas las lágrimas derramadas por estas dos hermanas, quienes estaban angustiadas por la pérdida de su hermano.   Pienso que fueron muchas más las lágrimas derramadas al ver a Lázaro saliendo de la tumba.  

     Muchos de estos que creyeron cuando vieron a Lázaro vivo fueron los mismos que momentos antes decían: ¿No podía éste, que abrió los ojos al ciego, haber hecho también que Lázaro no muriera?(Jn.11:37).     Vemos que la fe de ellos era para ver a Lázaro siendo sanado, pero nunca viéndolo resucitando de los muertos.   Ellos sabían que Jesús podía abrir los ojos a los ciegos, sanar a los cojos, limpiar a los leprosos, pero nunca imaginaron que pudiera resucitar a los muertos. Y no a cualquier muerto, sino a uno que llevaba cuatro días de muerto.   Es por eso que cuando vieron tal milagro no pudieron contener su gozo y creyeron en él.

    Pero vemos que el segundo verso nos dice que algunos de ellos corrieron a los fariseos a contarles lo que Jesús había hecho.   Estos eran espías de los fariseos para ver qué Jesús hacía para poder acusarle.    La resurrección de Lázaro no daba razón alguna para acusar a Jesús, por lo tanto decidieron darle muerte, no por Lázaro, sino porque todos estaban creyendo en él.   Es por causa de este poderoso milagro que los fariseos determinan matar a Jesús.

    Vemos como el obedecer a Dios trajo la muerte a las puertas de Jesús.    Obedecer a Dios llevó a Pablo y Silas a la celda de más adentro.    Obedecer a Dios llevó a Pedro a la cárcel y aser custodiado por diez y seis soldados romanos.    Obedecer a Dios llevó a Esteban y Jacobo a la muerte.    La voluntad de Dios no siempre es agradable de hacer, pero siempre es perfecta.    Cuando obedecemos vemos los resultados aun cuando tengamos que sufrir.

   Recordemos siempre que Dios está dispuesto a hacer lo que sea necesario para salvar alguna vida, aun cuando el precio sea la nuestra.    Como dijera el padre misionero a su hijo cuando se disponía salir a evangelizar a un grupo de indígenas caníbales.    El niño le preguntó al papá si él llevaba su pistola con él.    El padre le contestó que si.   El niño le hizo una segunda pregunta al padre.  La pregunta fue que si él  usaría la pistola si esos indígenas trataban de matarle.   La respuesta del padre fue:   “Hijo, si ellos me matan yo voy directo a la presencia de Dios, pero si yo los mato a ellos van directamente para el infierno.    Yo estoy listo para morir, pero ellos no”.

    Permita el Señor que nosotros podamos llegar a pensar de la misma forma y estemos dispuestos a hacer la voluntad de Dios aun cuando esta sea en contra nuestra.

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