La Pascua

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Notes & Transcripts

 

La Pascua:

Gratitud a Jesús por la Redención

 

 

“Siendo justificados gratuitamente por su gracia,

 mediante la redención que es en Cristo Jesús”

 (Romanos 3:24)

 

INTRODUCCIÓN

 

            Comenzamos un recorrido por el santuario y las fiestas que celebraban los judíos y nos detendremos en cada una de ellas para enfatizar el tema de la gratitud que nos interesa en esta semana.

            La primera fiesta en la cual deseamos hacer un alto y analizar es la fiesta de la pascua.

 

Origen y significado de la Pascua (Éxodo 12:1-14; Lev. 23:4-5)

 

            La pascua tiene como telón de fondo la liberación de los hebreos de la esclavitud egipcia.

            Es allí donde tiene su origen. Éxodo 12 describe con detalle el origen de esta celebración.          Pensemos en ella como una fiesta de redención, salvación, liberación y protección de una muerte segura si no se hubiese seguido la orden de Dios de tomar el cordero, sacrificarlo y colocar la sangre en las casas.

            La fiesta comenzó a celebrarse en el día 14 del primer mes (v. 3). “El tiempo comienza con la liberación”. La redención que Dios estaba obrando y que obró a favor de Israel dio inicio a un nuevo calendario. Redención implica nuevos comienzos.

            El capítulo 12 presenta los eventos del éxodo desde una dimensión temporal. Al hacer un análisis cuidadoso de la primera pascua, llegamos a la conclusión que se celebró “antes de la gran liberación, no después. El significado original de la primera pascua, por lo tanto, no es recordar sino esperar la salvación” (Jon L. Dybdahl, Éxodo. La Biblia Amplificada, p. 117).

            Como dice un escritor, la primera pascua estaba orientada “hacia el ahora y el futuro” (Éxodo. La Biblia Amplificada, p. 118). Debemos ver esta fiesta realmente como una celebración o fiesta de gratitud. El pueblo debía asumir una actitud de gratitud por la redención, la liberación y la protección.

            Elena de White dice que las ceremonias de la pascua “conmemoraban la liberación de la esclavitud en Egipto y señalaban hacia delante, al sacrificio que los había de librar de la servidumbre del pecado” (PP 581).

            La pascua tiene una dimensión pasada y futura: pasada porque mira hacia atrás, al acontecimiento del éxodo y futura porque mira hacia delante, a la redención en Cristo. Más adelante lo veremos  al conectar la celebración de la pascua con la crucifixión.

 

I. PERSPECTIVA AGRÍCOLA E HISTÓRICA DE LA PASCUA

           

Debemos pensar en la celebración de la pascua desde dos perspectivas muy importantes: la agrícola y la histórica.

En primer lugar, la agrícola porque cuando Israel llegó a establecerse en Canaán, esta fiesta se celebraba durante la cosecha del trigo. Los que iban a la fiesta llevaban sus ofrendas de agradecimiento al santuario con el fin de reconocer las bendiciones de Dios.

            Los peregrinos llevaban un solo destino: el santuario. El santuario era el lugar donde se revelaba la presencia de Dios. Era el lugar especial de encuentro con el Dios de todas las bendiciones (Deut. 26:1-3).

Los peregrinos llevaban un solo espíritu: gratitud. “La alegría de la naturaleza despertaba alborozo en el corazón de Israel y gratitud hacia el Dador de todas las cosas buenas”  (PP 579).

Por lo tanto, esta semana de gratitud debe conducirnos cada noche al Dios del santuario, trayendo un solo espíritu: gratitud por un año de bendiciones.

La otra perspectiva de la pascua era la histórica. Cuando los israelitas se reunían durante la celebración de la pascua era para recordar y vivir la experiencia de redención que Dios les había regalado, después de estar en la esclavitud egipcia.  La redención era un regalo.

“La Pascua fue ordenada como conmemoración del libramiento de Israel de la servidumbre egipcia. Dios había indicado que, año tras año, cuando los hijos preguntasen el significado de este rito, se les repitiese la historia” (DTG 608). La Pascua era la mejor y más excelente historia de la redención que los israelitas podían contar a las generaciones sucesivas.

Israel respondía con ofrendas de agradecimiento. Nadie se presentaba ante Dios con las manos vacías (Éxo. 23:15). Llevaban la mejor ofrenda para el Dios de la redención. Los redimidos iban a encontrarse con el Dios redentor, el Dios Salvador.

La mejor ofrenda y el mejor sacrificio era un cordero. Era el sacrificio por excelencia. Representaba, rememoraba y recordaba la redención de Dios.

            Pensemos en estos elementos de la pascua y que podemos conectarlo con la crucifixión: cena, cordero, muerte, sangre, liberación. La pascua era una cena, donde la mejor ofrenda que se le entregaba a Dios era un cordero y este cordero debía pasar por la experiencia de la muerte y al sufrir la muerte, como consecuencia de este acto debía derramar su sangre que resultaría finalmente en la liberación y la redención del hombre.

 

II. INTERRELACIÓN ENTRE LA PASCUA Y LA CRUCIFIXIÓN (Mat. 26:27, 28; 27:46; Juan 19:31-37)

 

            Podemos ver conexiones entre la pascua y la crucifixión  de Jesús. Hay varios elementos que nos permiten hacer esta identificación, relación y conexión.

 

  1. Tiempo de la Pascua.

 

El evangelio de Juan presenta esta interconexión. Juan 19:31-37 describe a Jesús muriendo en el tiempo de la pascua. El pasaje dice que “era la preparación de la pascua” (v. 31). La pascua se celebraba en el calendario judío en el día 14 del mes de Abib, pues, Jesús murió en la fecha cuando se llevaba a efecto la celebración de la pascua. Jesús murió en el día en que se sacrificaba el cordero pascual. “Él mismo [Jesús] era el verdadero cordero pascual, y en el día en que se comiera la pascua, iba a ser sacrificado” (DTG 598).

 

  1. Los Huesos Intactos del Cordero.

 

            Un segundo elemento entre la pascua y la crucifixión es el que se menciona en Juan 19:36 que dice: “No será quebrado hueso suyo”. Esta declaración tiene su trasfondo en el Éxodo y con relación a la primera pascua celebrada en la historia de la redención. En Éxodo 12:46 se dice que no debía quebrarse ni un solo hueso del cordero de la pascua.

El evangelio de Juan  describe a los soldados romanos quebrando las piernas de los criminales crucificados a los lados de Jesús (v. 32). Los judíos pidieron a Pilato “que se les quebrasen las piernas” (v. 31). Los soldados obedecieron la orden de Pilato y “quebraron las piernas al primero, y asimismo al otro” (v. 32). Pero el énfasis está puesto sobre Jesús, pues, dice que “como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas” (v. 33). Tres veces en el pasaje se menciona la idea de quebrar los huesos (petición de los judíos y acción de los soldados). Hay un énfasis con relación a este detalle y que Juan nos pone alerta y nos dice que lo tomemos en cuenta. El énfasis se recalca finalmente en el verso 36 y lo enmarca dentro de la celebración de la pascua. No se le quebraron las piernas “para que se cumpliese la Escritura: No será quebrado hueso suyo”.

            Juan hace una aplicación tipológica del cordero de la pascua y nos dice que Cristo es el Verdadero Cordero. “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29).

            Jesús es el verdadero cordero, que muere en la crucifixión y derrama su sangre para darnos vida eterna (Juan 3:16). Somos liberados, salvados, rescatados, justificados y redimidos del pecado por la sangre de Cristo, mediante la sangre de Cristo y en la sangre de Cristo. Somos redimidos por la sangre del Cordero.

            Jesús es el autor de la redención y no sólo su autor sino también consumador de la misma. “Sin derramamiento de sangre no se hace remisión” (Heb. 10:22). San Pablo escribió a los romanos “justificados en su sangre” (Rom. 5:9).

 

   C. Un Cordero sin Mancha.

 

            Un tercer elemento que se menciona en Éxodo 12 y que tuvo su cumplimiento en la muerte de Cristo es, que el cordero pascual debía ser sin defecto (Éxo. 12:5). El Nuevo Testamento confirma este hecho en la persona de Jesús. Jesús se ofreció como una ofrenda perfecta. El apóstol Pedro refleja este pensamiento cuando dice que fuimos “rescatados [redimidos]”  del pecado “con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación” (1 Ped. 1:18,19).

            Jesús es el Cordero inmaculado y se presentó como la mejor ofrenda por el pecado. Esto nos debe llevar a todos a darle a Jesús la mejor ofrenda y ser agradecidos. Si deseamos darle a Jesús una ofrenda de gratitud, bien merece la mejor ofrenda, que no tenga más que una sola característica y cualidad: Perfecta.

            Debemos responder ante esta redención maravillosa con una vida consagrada, abnegada y dedicada totalmente a Jesús. ¡Gratitud a Jesús por la redención!

            Cristo es nuestra Pascua que ya fue sacrificado por nosotros.

 

III. INTERRELACIÓN ENTRE LA PASCUA Y LA CENA DEL SEÑOR (1 Cor. 5:7; 11:23-26)

           

            Un día antes que Jesús muriera como el Cordero pascual instituyó la celebración de la Cena del Señor. Vemos aquí los mismos elementos de la pascua. Jesús instituye una cena donde se recuerda a Jesús como el cordero pascual que da su vida muriendo en la cruz, cuya sangre derramó con el único propósito de que todos alcancen la redención. Elena de White nos da una visión clara de esta nueva fiesta que Jesús estaba instituyendo, al declarar que “el rito de la cena del Señor fue dado para conmemorar la gran liberación obrada como resultado de la muerte de Cristo” (DTG 608). El apóstol Pablo subraya esta idea teológica cuando aconseja a los creyentes de Corinto que siempre que celebren la Cena del Señor recuerden y anuncien “la muerte del Señor” (1 Cor. 11:26). La pascua era una institución que debía celebrarse “para siempre” (Éxo. 12:24). La cena del Señor debe celebrarse “hasta que él venga” (1 Cor. 11:26) por segunda vez con poder y gloria.

            Debemos aprovechar la Cena del Señor para agradecer por la oportunidad que nos da de recordar su obra redentora en nuestro favor.

 

   A. Dimensión Pasada y Futura de la Cena del Señor.

 

            La Cena del Señor tiene también dos dimensiones así como la pascua: pasada y futura. Estas dos dimensiones las presenta el apóstol Pablo cuando le escribe a los creyentes corintios (1 Cor. 11:26).

1. En primer lugar, pasada porque siempre que se celebre la cena del Señor recordamos la muerte de Jesús. Miramos hacia el pasado, hacia la cruz, hacia el calvario, hacia lo que Jesús hizo por nosotros, hacia la redención pasada.

2. En segundo lugar, es futura porque esperamos ansiosamente que Jesús se manifieste por segunda vez en gloria y majestad. Cuando él venga, se consumará la redención en nuestro favor. “El rito de la comunión señala la segunda venida de Cristo” (DTG 614).

El énfasis en la Cena del Señor está puesto en el tema de la redención.

 

IV. LA CENA ESCATOLÓGICA DEL CORDERO (Luc. 22:15,16; Mat. 26:29; Apoc. 19.7-9; 15:1-3)

 

            Gracias a Dios por el AT. Gracias a Dios por el NT. Gracias a Dios por la Biblia. ¿Por qué gratitud? Porque tenemos un cuadro completo de la historia de la redención cuyos inicios comenzamos a vislumbrar en el Génesis y vemos su consumación en el último libro de la Biblia: el Apocalipsis. El drama de la redención se encuentra a lo largo y ancho de las Escrituras.

 

  A. De la Cena del Señor a la Cena del Cordero

 

            Cuando Jesús instituyó la Cena del Señor quedó interrumpida la pascua. No más pascua. Ahora sería una nueva fiesta: la Cena del Señor. En esa ocasión cuando Jesús instituyó la cena, hizo referencias a una fiesta que se celebrará en la eternidad futura cuando se haya consumado la redención.

            “¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca! Porque os digo que no la comeré más, hasta que se cumpla en el reino de Dios” (Luc. 22:15-16). Hablando del fruto de la vid Jesús dijo: “Desde ahora no beberé… hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre” (Mat. 26:29).

Jesús nos da a entender que se celebrará una pascua especial en el reino de los cielos. Será una fiesta de reunión muy especial, la mejor y mayor reunión pascual de todos los siglos. La reunión de todos los redimidos para estar en la presencia del Dios Redentor en una eternidad sin fin.

                        Hablando Juan del tiempo cuando se consumará la redención hace una invitación a “la cena de las bodas del Cordero” (Apoc. 19:9). La cena del Cordero es la cena escatológica que reunirá a todos los redimidos viviendo eternamente con su supremo Redentor: Jesucristo.

 

  B. Dimensión Pasada y Futura de la Cena del Cordero.

 

La cena del Cordero tiene también dos dimensiones: pasada y futura. Pasada porque los redimidos estarán agradecidos a Jesús por la redención.

La cena de las bodas del Cordero se celebrará al concluir el largo día de la historia de esta tierra (7CBA 885). Apocalipsis describe el canto de redención que se entonará en esa eterna cena escatológica “porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación” (Apoc. 5:9). Gratitud a Jesús por la redención obrada en el cruz del Calvario. Además, tiene una dimensión futura porque el objeto y tema de estudio central será la cruz de Cristo. “El misterio del amor redentor, es el tema en el cual desean mirar los ángeles, y será su estudio a través de los siglos sin fin. Tanto los redimidos como los seres que nunca cayeron hallarán en la cruz de Cristo su ciencia y su canción” (DTG 11). A lo largo de la eternidad futura las facultades de la mente intentarán discernir el tema profundo del amor redentor.

 

CONCLUSIÓN

 

            Quiero terminar este mensaje con una historia de redención.

            Ilustración: Conocí a Omar un abril 27 del 2003. Lo escuché cantar. Pero después me informé que apenas tenía un mes de bautizado. ¿Cómo comenzó a conocer del amor redentor de Jesús? En primer lugar, nació en el seno de un hogar católico y su familia recibió la visita de los adventistas durante casi 8 años sin ninguna decisión. En segundo lugar, la familia de Omar se hallaba en un serio peligro de desintegración familiar. La familia estaba a punto de disolverse. Este es el contexto para entender cómo Omar y su familia decidieron después de tanto tiempo entregar sus vidas al Dios Redentor.

Omar  en su  juventud se enredó en los vicios. Sin embargo, Omar conoció a Jesús y su mensaje redentor a la edad de 18 años. Comenzó a recibir estudios bíblicos  y su mente comenzó a apreciar y valorar la belleza del mensaje redentor.

Durante un año Omar recibió estos estudios y finalmente bajó a las aguas redentoras el 6 de abril del 2003. Hoy dedica su tiempo a la iglesia. Canta en las reuniones juveniles y se ha convertido en una inspiración para la iglesia. Hoy dedica y ofrece su vida al Señor y al mismo tiempo lleva a otros el mensaje redentor a través de la Palabra y mediante la música. Unos de sus planes para el futuro es llegar a ser un pastor de la Iglesia Adventista del Séptimo Día y llevar a otros el mensaje redentor de Cristo Jesús. Le pregunté cómo se siente hoy, y esta es su respuesta.

- Realmente no puedo explicar lo que en mi vida sucedió, lo que si sé es que me siento realmente feliz. Porque descubrí que hay alguien que me ama tanto, que me esperó 18 años con gran amor, 18 años en los que pude haber muerto sin ninguna esperanza, años en que rechacé su amor, su bondad y su gran redención.

            - Hoy me siento feliz porque en mi primer año de bautizado y precisamente el día en que cumplí un aniversario de haberme bautizado, vi la mano de mi Redentor llenando 6 votos y ver a esas almas bajar a las aguas redentoras mediante el bautismo. Gracias a Dios porque fue mi primera campaña evangelística y pude ver el amor de Jesús.  Las almas al igual que yo han conocido el amor redentor de Jesús, al igual que yo están agradecidas al Señor.

 

 

 

Llamado a la gratitud.

 

Queridos hermanos, hoy es el primer mensaje de gratitud y extendemos una invitación para dar a Jesús una ofrenda por su amor redentor. Lo que tú le des no se compara con lo que él te ha dado, lo que él te dio, lo que él te seguirá dando y finalmente lo que él te dará: “la corona de vida eterna”.

El mensaje de esta semana es:

 

“DEMOS A JESÚS LA MEJOR OFRENDA

QUE NUNCA LE HEMOS DADO”.

 

            Vengamos este próximo sábado con un solo espíritu: gratitud. Traigamos nuestras ofrendas de gratitud al Señor. ¡Que sea la mejor! ¡Que sea la mejor! ¡Que sea la mejor!

 

            Reflexionando en la gratitud.

 

            “Las bendiciones diarias que recibimos de la mano de Dios, y sobre todo, la muerte [redención] de Jesús para poner la felicidad y el cielo a nuestro alcance, debieran ser objeto de constante gratitud” (PP 294).

 

            Dios manifieste su amor redentor, sus cuidados y sus bendiciones y seamos agradecidos con nuestro Señor Jesucristo que es nuestro Redentor.

 

            ¡Gratitud a Jesús por la Redención!

 

 

 

 

 

 

 

 

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